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Saumya, Exhindú, India

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Descripción: El viaje de una hindú hacia el Islam.

  • Por Aasiya Inaya
  • Publicado 23 Sep 2013
  • Última modificación 23 Sep 2013
  • Impreso: 32
  • Visto: 2844 (promedio diario: 1)
  • Clasificación: 5 De 5
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Cuando la verdad se te revela y quedas cara a cara con ella, ¿cuánto puedes negarte a aceptarla? ¿Cuánto tiempo huirás en negación?

Llega un momento en tu vida cuando tienes que librarte de todas las cadenas que te impiden responder a la Llamada Verdadera.

Es un momento en el que nada más parece importante, y equivale a la llamada del Dios Todopoderoso y Su camino de libertad, felicidad y satisfacción.

Todas las mentiras con las que has estado conviviendo comienzan a desvanecerse, y tus creencias como incrédulo caen como castillo de naipes. Y lo que atestiguas es un momento de Eureka, un momento cuando te das cuenta de la verdad, cuando descubres la belleza del Islam.

Luego, no demores en aceptarlo. Solo tienes que dar un paso audaz para no temer la presión y el desacuerdo sociales. Pues siempre tendrás que luchar por la Verdad y permanecer firme en ella, no importa que sea en contra incluso de los tuyos.

Recuerdo el día en que me paré frente al espejo de mi habitación, mirando vagamente, tratando de buscar algo, pero sin encontrar una respuesta. En retrospectiva, nunca fui ateo, siempre creí que existe Dios, y siendo hindú, existía para mí en miles de formas: desde una roca hasta un árbol, desde un árbol hasta un río, desde un río hasta un pozo (curioso pero cierto). Todos eran objetos de culto para mí pues así me había sido dicho por mi familia y otras tradiciones.

Me enorgullecía ser politeísta, considerando que todos los objetos hechos por Dios merecían ser adorados, y que existía una parte de Dios en ellos, en cada ser, de modo que todos eran dignos de adoración. Podía ser una vaca, un árbol, un río (he dicho que incluso un pozo), ídolos e incluso los propios seres humanos.

Yo detestaba el Islam por ser tan rígido y obstinado en esto. Hallaba a los musulmanes estáticos, viviendo en el pasado, mientras el mundo se movía muy por delante de ellos. Para mí, todas sus creencias eran irracionales (quizás porque nunca me puse a buscar una razón), imprácticas, crueles y obsoletas.

Probablemente no fue mi culpa, se me había hecho mirarlos de este modo. Era una idea preconcebida, que heredé de esta sociedad, que a menudo ha mantenido una imagen negativa del Islam en la mayoría de sus opiniones.

Mi primer encuentro con el Islam fue en la secundaria, donde la mayoría de mis compañeros eran musulmanes, y durante las clases libres solíamos tener discusiones sobre el Islam (en gran parte debido a la propaganda anti Islam hecha por las organizaciones hindús después del 9/11 y los levantamientos Guyarat).

Durante estas charlas ellos trataron de borrar varios conceptos errados que yo tenía respecto al monoteísmo, los derechos de las mujeres, su estatus y otros mitos populares que se han convertido más o menos en clichés.

Sin embargo, esto no me convenció, y seguí manteniendo esas creencias y mi orgullo de ser politeísta. A pesar de eso, ya no era más un anti musulmán, me entristecía el sufrimiento de la gente que era de los nuestros, y que morían simplemente porque practicaban una religión distinta. Me hice más secular en mi forma de ver el mundo.

El crédito principal de que me volviera monoteísta se lo doy a Arya Samaj, una organización hindú que cree que el hinduismo predica el monoteísmo y no los rituales ni la adoración a los ídolos. Después de estar bajo su influencia, dejé de adorar ídolos, de realizar cualquier tipo de ritual, y de ir a los templos.

Estos son los que llamo los pasos que estaba tomando para alcanzar finalmente mi destino, que es el Islam. Pero Arya Samaj tiene sus propios defectos, así que me encontré de nuevo en la misma telaraña, donde los rituales y la adoración al fuego se convirtieron en una parte integral.

Leer Vedas, Manu Smiriti, y otras escrituras, solo me confundió. Todo era filosófico, no había material que pudiera ayudarle a uno a encontrar una respuesta para las preguntas cotidianas.

Mientras estudiaba leyes en la universidad, fue la primera vez que la claridad del Islam se levantó sobre mí. No era más que un cursillo sobre ley familiar —ley hindú y ley islámica respecto a matrimonio, divorcio, sucesión, etc.

Mientras que la ley hindú estaba plagada de varios tecnicismos, confusiones, diferencias de opinión y falta de estabilidad, la ley islámica era clara, precisa y segura.

Aquí cambió mi opinión de la noche a la mañana. Lo que solía considerar estático, me parecía estable. Esto despertó mi curiosidad por leer más al respecto, así que dediqué horas en línea hablando con mis amigos que solían contarme sobre el Islam.

Leí varios enlaces y participé en foros de discusiones. El cambio de mi visión hacia el Islam comenzó a reflejarse en lo que hablaba con mis amigos o las cosas que discutía con ellos.

Por supuesto, este cambio no fue apreciado por ellos, ellos me advirtieron contra los denominados “lavados de cerebro”, cuyo único objetivo es desviar a los hindús hacia el Islam.

Todo esto solía molestarme, tenía miedo de su rechazo. Me sentía como si estuviera engañando a mis amigos y a mi familia haciendo aquello que con lo que ellos estaban en fuerte desacuerdo.

Pero, como dije antes, ¿cuánto tiempo puedes huir de la verdad? No puedes vivir una mentira, y aceptar la verdad necesita coraje. Y como dice el Sagrado Corán:

“¡Oh, creyentes! Sean responsablemente equitativos cuando den testimonio por Dios, aunque sea en contra de ustedes mismos, de sus padres o parientes cercanos, no importa si [el acusado es] rico o pobre: Dios está por encima de ellos. Que los sentimientos no los hagan ser injustos. Si dan falso testimonio o rechazan prestar testimonio [ocultando la verdad], sepan que Dios está bien informado de cuanto hacen.” (Corán 4:135)

Y ese día todos los temores simplemente se alejaron, puesto que si no me hubiera convertido en ese momento creo que nunca lo hubiera hecho. Me habría quedado atrapado en las complejidades del mundo material donde las falsas emociones nos impiden hacer lo correcto.

Aunque mis amigos y los miembros de mi familia aún no son conscientes de ello, pero sin duda voy a decírselos tarde o temprano y espero, in sha Allah (si Dios quiere) que respeten mi decisión.

Alhamdullilah, hoy día soy musulmán, tratando de aprender más y más sobre el Sagrado Corán y las directrices del Profeta Muhammad, que la paz de Dios sea con él. In sha Allah, recorreré este camino de la mejor manera.

Con la ayuda de unos cuantos amigos y de una organización, he aprendido a rezar: Rezo cinco veces al día, alhamdulillah. Le pido a Dios que me dé más fuerza para que pueda mantenerme siempre firme en mi decisión.

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