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Manejar el dolor en el Islam (parte 5 de 5)

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Descripción: Entonces, ¿cómo deberíamos lidiar con el dolor?

  • Por J. Hashmi (© 2012 IslamReligion.com)
  • Publicado 23 Jan 2012
  • Última modificación 23 Jan 2012
  • Impreso: 185
  • Visto: 18355 (promedio diario: 7)
  • Clasificación: 5 De 5
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Todo lo expuesto en este artículo es muy interesante, pero todo se reduce a la siguiente pregunta: ¿cómo deberíamos lidiar con el dolor cuando ocurre un desastre? Toda persona sobre la tierra enfrentará algún dolor en su vida, algunos más que otros. La gente lidia con el dolor en formas distintas, pero, ¿cómo debe hacerlo un creyente?

La primera cosa de la que debe darse cuenta un creyente es que la calamidad proviene de Dios. El Corán declara:

“Todo proviene de Allah”. (Corán 4:78)

Una vez nos damos cuenta de que proviene de Dios, debemos darnos cuenta de que Dios es El Más Amoroso (Al-Wadud) y El Más Amable (Al-Bar). Por lo tanto, hay algo bueno en todo lo que Dios ha decretado para nosotros, incluso si no lo vemos inmediatamente. Dios Todopoderoso dice:

“Es posible que detestéis algo y sea un bien para vosotros, y que améis algo y sea un mal para vosotros. Allah sabe y vosotros no sabéis”. (Corán 2:216)

El Imam Hasan Al-Basri, un gran erudito del Islam, dijo:

“No se resientan por las calamidades que vienen y los desastres que ocurren, tal vez en algo que no les gusta esté su salvación, y quizás en algo que prefieran esté su perdición”.

Por ejemplo, si un hombre es despedido, quizás esto sea un medio para que consiga un trabajo mejor, al que no podría haber optado si no hubiera sido despedido en primer lugar. Uno de los beneficios de la calamidad es que sabemos con seguridad el hecho de que los pecados de una persona son perdonados por voluntad de Dios. Mus'ab ibn Sa'd ibn Malik narró que su padre dijo:

“Oh Mensajero de Dios, ¿cuáles son las personas más sometidas a pruebas en este mundo?” Él respondió: “Los Profetas, y luego quienes son similares a ellos (es decir, los piadosos y temerosos de Dios). Un hombre será probado de acuerdo a su piedad y su fe. Si el individuo tiene una fe fuerte será probado de manera severa, y si la fe del hombre es débil, será probado en concordancia. Una persona será golpeada por las calamidades hasta que esté libre de pecado”. (Ibn Hibban #2901)

Fadl ibn Sahl dijo:

“Hay una bendición en la calamidad que el hombre sabio no debe ignorar, pues ésta borra los pecados, da la oportunidad de obtener la recompensa por la paciencia, disipa la negligencia, le recuerda a uno las bendiciones en momentos de salud, llama al arrepentimiento, y anima a dar caridad”.

El creyente debe volverse hacia Dios cuando lo golpea una calamidad. De este modo, la calamidad le recuerda al creyente que su único propósito en la vida —la razón de haber sido creado— es adorar sólo a Dios. Este es de hecho el sentido de nuestra existencia y el propósito de nuestra vida. Dios dice en el Corán:

“Por cierto que he creado a los genios y a los hombres para que Me adoren”. (Corán 51:56)

A menudo, cuando la vida es buena y el hombre vive en prosperidad, olvida adorar a su Señor. Es sólo cuando la calamidad lo golpea que recuerda invocar a Dios. Por lo tanto, de esta manera la calamidad sirve como un recordatorio para que cumplamos el propósito por el que fuimos creados. Sheij Al-Islam Ibn Taimiah dijo:

“Una calamidad que te hace volverte hacia Dios es mejor para ti que una bendición que te hace olvidar el recuerdo de Dios”.

El Imam Sufian Az-Zawridijo:

“Lo que no le gusta a un apersona puede ser mejor para ella que lo que le gusta, puesto que lo que no le gusta hace que invoque a Dios, mientras que lo que le gusta hace que se olvide (de la adoración)”.

Por lo tanto, siempre que una calamidad golpea, debemos mostrar nuestra gratitud a Dios diciendo: “Todas las alabanzas son para Dios (Al-Hamdu Lil-lah). El Profeta Muhammad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, comentó:

“¡Qué maravilloso es el caso del creyente! Pues sus asuntos son todos buenos y esto sólo aplica al creyente. Si algo bueno le ocurre, es agradecido por ello y esto es bueno para él. Y si algo malo le ocurre, lo tolera con paciencia y esto es bueno para él”.  (Sahih Muslim)

Cuando el Sheij Al-Islam Ibn Taimiah fue encarcelado injustamente, él lo consideró como una bendición que sus enemigos habían habilitado para él. Sheij Al-Islam utilizó ese tiempo para incrementar su adoración a Dios. Dijo:

“¿Qué pueden hacerme mis enemigos?... Mi encarcelamiento es un retiro religioso (una oportunidad para adorar a Dios), mi ser asesinado es martirio, y mi ser expulsado de mi ciudad es un viaje”.

El Profeta Muhammad dijo:

“No hay un musulmán que sea golpeado por una calamidad y (luego) diga lo que Dios ha ordenado (decir): ‘En verdad, a Dios pertenecemos y a Él regresaremos; oh Dios, recompénsame por mi aflicción y compénsame con algo mejor’, al que Dios no lo compense con algo mejor”. (Sahih Muslim)

Debemos recordar que Dios prueba a aquellos que más ama. El Profeta dijo:

“La mayor recompensa viene con las mayores pruebas. Cuando Dios ama a la gente, la prueba. Quien lo acepte, ganará Su agrado”. (At-Tirmidhi)

Y el Profeta también dijo:

“El camino hacia el Paraíso está rodeado de dificultades”.

La calamidad y el dolor  son formas en que obtenemos el perdón por nuestros pecados en esta vida, para que no debamos enfrentar el castigo por ellos en la otra vida. El Profeta Muhammad dijo:

“Las pruebas continuarán haciendo sufrir a los hombres y mujeres creyentes —respecto a sí mismos, sus hijos y su riqueza— hasta que vuelvan a Dios libres de pecado”. (Al-Tirmidhi)

Dios no envía calamidades sobre nosotros para destruirnos, ni para quebrantar nuestra voluntad ni para acabar con nosotros, sino más bien como una forma de validarnos, de poner a prueba nuestra paciencia y nuestra fe. Si no fuera por las pruebas y las tribulaciones, una persona se haría arrogante, negligente y dura de corazón, lo que la llevaría a los abismos del Infierno. Por lo tanto, es de hecho una Misericordia de Dios que Él nos envíe este remedio para curarnos de estas enfermedades del corazón, y para eliminar todos los elementos malvados en nuestra personalidad que pueden conducir a nuestra perdición.

Cuando alguna calamidad nos golpea en esta vida, debemos recordar que Dios nos recompensará, pero debemos mostrar paciencia. La recompensa final ni siquiera será en esta vida sino en la siguiente, y en ello hallamos consuelo. Abu Sufian perdió su ojo en la batalla mientras defendía a los musulmanes. El Profeta le preguntó si prefería tener su ojo en esta vida o en la siguiente, y Abu Sufian le respondió que prefería tener la recompensa en la otra vida. Abu Sufian, de hecho, perdió también su otro ojo.

Dios dice:

“Así es como concedemos Nuestra misericordia a quien Nos place, y no dejamos que se pierda la recompensa de los benefactores [en esta vida]. Y la recompensa de la otra vida para los creyentes piadosos será mejor aún”. (Corán 12:56-57)

Un creyente nunca debe desesperar de la Misericordia de Dios, no debe pensar que Dios no va a sacarlo de este atolladero. De hecho, el nombre de Satanás en árabe (Iblis) proviene de la raíz ablasa, que significa “desesperar”. Cierta calamidad golpeó a Satanás (él fue “degradado” cuando el Profeta Adán fue creado). En lugar de pensar que esto era algo bueno procedente de Dios, Satanás perdió la esperanza en la Misericordia de Dios y acto seguido comenzó su forma de vida hedonista. Del mismo modo, cuando la calamidad golpea a algunas personas, éstas recurren a la bebida y a otros mecanismos pecaminosos para disminuir su dolor. Pero los creyentes no caen en la desesperación, sino que se vuelven hacia Dios en adoración. Dios le asegura a Su creación:

“Juro por la mañana, por la noche cuando cubre con su oscuridad, que tu Señor [¡Oh, Muhammad!] no te abandonó ni te aborreció jamás, y la otra vida será mejor para ti que ésta. Y ciertamente tu Señor te agraciará [en esta vida y en la otra], y te complacerás”. (Corán 93:1-5)

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