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El Islam invita a todo lo que es bueno y
advierte contra todo lo que es malo. Entre aquellos actos buenos y virtuosos se
encuentra el visitar a los enfermos y afligidos. Cuando la gente se visita unos
a otros en la buena salud, los lazos de amistad y hermandad se estrechan. ¿Y
qué cuando la gente se visita en momentos de enfermedad y cuando la salud falla
o se es pobre? Ilustrando la empatía que los musulmanes deben mostrar por los
demás, el Profeta Muhammad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean
con él, dijo:
“Los creyentes son en su amor y
misericordia mutuos es como un cuerpo viviente: si una parte siente dolor, todo
el cuerpo sufre de insomnio y fiebre”.
Visitar a los enfermos está entre las
señales más claras del amor, misericordia y empatía mutuos. Más que eso, visitar
a los enfermos es una gran responsabilidad que todo musulmán tiene el deber de
cumplir. El Profeta Muhammad dijo:
“Los derechos de un musulmán sobre
otro musulmán son seis… Cuando te encuentras con alguien, lo saludas con el salam
(decir: as-salamu alaikum); cuando te invita, aceptas su invitación;
cuando te consulta sobre un asunto, le das un consejo sincero; cuando estornuda
y alaba a Dios, le pides a Dios que tenga misericordia de él; cuando está
enfermo lo visitas, y cuando se muere lo acompañas (en su funeral)”.
En esta narración profética, vemos que
el musulmán es animado a preocuparse por su hermano en el Islam durante las
tres fases de su existencia terrenal: su salud, su enfermedad y su muerte.
Mientras esté con buena salud, el
musulmán está obligado a saludar a su hermano en la fe con el saludo de paz y
protección, a aceptar sus invitaciones y a darle un consejo sincero.
Luego, cuando el musulmán está
sufriendo un resfriado, una alergia o cualquier otra cosa que lo haga
estornudar, su hermano en el Islam está obligado a pedirle misericordia a Dios
por él. Del mismo modo, cuando la enfermedad del musulmán es tal que está
incapacitado, su hermano en el Islam está obligado a visitarlo.
Finalmente, cuando el musulmán deja
esta vida, su hermano en la fe está obligado a acompañarlo en su funeral,
oración fúnebre y entierro.
La gran recompensa que espera a quienes
visitan al enfermo, fue pronunciada por el Profeta cuando explicó:
“Cuando un musulmán visita a su hermano enfermo, es como si estuviera cosechando
frutos en el Paraíso, hasta que vuelva a su casa”.
Y el Mensajero de Dios, el Misericordioso,
también dijo:
“Un visitante que camina a visitar
a una persona enferma estará caminando en la misericordia de Dios. Cuando el
visitante se sienta con el enfermo, se verá inmerso en la misericordia de Dios
hasta que regrese”.
Dios mismo explicó la importancia y la
enorme recompensa de visitar a los enfermos. El Profeta dijo:
“El Día de la Resurrección, Dios
el Poderoso y Majestuoso dirá: ‘¡Oh, hijo de Adán! Me enfermé y no me
visitaste’ La persona dirá: ‘¡Oh, Señor!, ¿cómo podía visitarte si eres el
Señor de todo lo que existe?’ Dios dirá: ‘¿No sabías que mi siervo fulano se
enfermó y no lo visitaste? ¿No sabías que si lo visitabas, me habrías
encontrado con él?’” (Sahih Muslim)
Como con todas las demás acciones
virtuosas y los deberes nobles, el Profeta Muhammad dio el ejemplo. Él se tomó
el tiempo de visitar personalmente a los enfermos, y también preguntó por ellos
a través de otros.
Mientras estaba en La Meca, por
ejemplo, una mujer pagana se dedicó a tirar basura sobre el Profeta cada vez
que pasaba frente a la casa de ella. Un día, la ausencia notable de la persona
que abusaba del Profeta le preocupó tanto que preguntó por ella. Cuando se
enteró que estaba enferma, la visitó. Ella se sorprendió tanto por su
misericordiosa preocupación que abrazó el Islam.
“No se equipara obrar el bien y obrar el mal.
Si eres maltratado responde con una buena actitud [sabiendo disculpar], y
entonces verás que aquel con quien tenías una enemistad se convertirá en tu
amigo ferviente”. (Corán 41:34)
El Compañero erudito Anas bin Malik, relató
también el siguiente episodio de la vida del último Profeta de Dios para la
humanidad:
“Un joven judío que servía al Profeta
cayó enfermo, así que el Profeta dijo: ‘Vamos a visitarlo’. Ellos (el
Profeta y sus ilustres Compañeros) fueron a visitarlo y encontraron a su padre
sentado a su cabecera. El Mensajero de Dios dijo: ‘Proclama que no hay
deidad merecedora de ser adorada sino sólo Dios, e intercederé por ti cuando se
te llame a rendir cuentas en el Día de la Resurrección’. El joven miró a su
padre, y el padre le dijo: ‘¡Obedece a Abul-Qasim (Muhammad)!’ Entonces,
el muchacho pronunció: ‘No hay divinidad digna de ser adorada sino sólo Dios, y
Muhammad es el último Mensajero’. El Mensajero de Dios dijo entonces: ‘Todas
las alabanzas son para Dios, Quien lo salvó del fuego del Infierno’”.
De estos dos ejemplos de la vida del
Profeta, encontramos que no es una precondición que el enfermo a ser visitado
esté en las filas del Islam. Sin embargo, de estos dos ejemplos encontramos que
el acto de visitar al enfermo y al que sufre, como lo ejemplificó el Profeta Muhammad,
puede ser una experiencia tan emocionante y conmovedora que puede incluso curar
la más fatídica de las enfermedades: la incredulidad.
“Hay un bello ejemplo en el Mensajero de
Allah [de valor y firmeza en la fe] para quienes tienen esperanza en Allah,
[anhelan ser recompensados] en el Día del Juicio y recuerdan frecuentemente a
Allah”. (Corán 33:21)
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