|
Algunas personas dicen que, así como los
mismos títulos Alfa y Omega se utilizan para Dios y también para Jesús, esto
demuestra que ellos son uno y el mismo. Se argumenta aún más allá, aseverando
que estas expresiones significan la eternidad del Padre y el Hijo.
Isaías 44:6 dice: “Esto es lo que el
Señor dice: el Rey de Israel y Redentor, el Señor, El Altísimo, Yo soy el primero
y Yo soy el último; aparte de Mí no hay ningún Dios”.
Apocalipsis 1:8: “Yo soy el Alfa y
Omega, el principio y el fin, el Señor que es y que era, y que será por
siempre, el Omnipotente”. Y en Apocalipsis 1:11: “Yo soy Alfa y Omega, el
primero y el último”.
Apocalipsis 22:13: “Yo soy el Alfa y Omega, el
primero y el último, el principio y el fin”.
Mediante el análisis, podemos ver que esta noción
encierra varios problemas:
Primero: El Apocalipsis es un libro poco confiable. Su autoridad fue
cuestionada por muchos de los primero cristianos y los padres de la Iglesia,
como Marción, Cayo de Roma, Dionisio de Alejandría, Amfilocius de Iconium,
Gregorio de Nacianzo, Cirilo de Jerusalén y el mismo concilio de Laodicea en el
año 360 d.C. El autor del Apocalipsis se identifica a sí mismo como un tal Juan, y
lo más probable es que no se trate del apóstol Juan, porque el estilo del libro
es completamente diferente al del Evangelio de Juan. Además del nombre de este autor, muy poco es conocido sobre él. Martin
Lutero criticó este libro. Él escribió en su prólogo al Libro del Apocalipsis:
“Acerca del Apocalipsis de Juan, dejo a
todos libres para sostener sus propias opiniones. No puedo obligar a
nadie a seguir mi opinión o juicio. Yo digo lo que pienso. Me
resulta extraña más de una cosa en este libro, y esto me hace considerarlo ni
apostólico ni profético… Muchos de los padres (de la iglesia) también
rechazaron hace mucho tiempo este libro… Para mí ésta es la razón para no
sostener una opinión favorable de él: Cristo no se enseña ni se sabe de él
aquí”
Aún en nuestros días, los estudiosos luteranos ponen el
Apocalipsis de Juan en una categoría separada de libros dudosos.
Segundo: Alfa y Omega son la primera y la última letra del alfabeto griego
respectivamente. Los estudiosos bíblicos no están completamente seguros del
verdadero significado de la frase “el Alfa y Omega”. No puede ser
estrictamente literal, porque ni Dios ni Jesús revelaron ni hablaron en lengua
griega. Lenski concluye: “Es infructuoso investigar en la literatura judía o
pagana el origen de algo que se parezca a este nombre ‘Alfa y Omega’. En
ninguna parte hay una persona, mucho menos una persona divina, llamada ‘Alfa y Omega’
o, en hebreo, ‘Álef y Tau’“. Aunque no hay evidencia alguna en las fuentes históricas de que
alguien haya sido llamado “el Alfa y Omega”, Bullinger dice que la frase “es un
hebraísmo, de uso común entre los comentaristas judíos de la antigüedad para
designar el todo o algo del principio al fin; por ejemplo, “Adán trasgredió la
ley completa, de Álef a Tau”. Las mentes eruditas más lúcidas han concluido que la frase tiene
algo que ver con empezar y terminar algo, o la integridad de un todo.
Tercero: La doctrina de Alfa y Omega es un ejemplo triste e infortunado de cómo
la humanidad ha tergiversado la Palabra de Dios. Esto demuestra cómo la
doctrina es torcida por los hombres para justificar falsas creencias. La frase:
“yo soy Alfa y Omega, el primero y el último” (Apocalipsis 1:11), que se
encuentra en la Biblia KJV (King James Version), no estaba en los textos
griegos originales. ¡Por consiguiente, la frase “el Alfa y Omega” no se encuentra
en ningún texto antiguo; no está mencionada, ni siquiera aparece como una nota
a pie de página, en ninguna traducción moderna!
A continuación leemos Apocalipsis 1:10-11según
diferentes traducciones:
RVR 1995
Estando yo en el Espíritu[y] en el día del Señor[z]
oí detrás de mí una gran voz, como de trompeta, que decía: «Yo soy el Alfa y la
Omega, el primero y el último.[ab] Escribe en un libro lo que ves y envíalo a
las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira,
Sardis, Filadelfia y Laodicea».
LBLA
Estaba yo en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz,
como sonido de trompeta, que decía: Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a
las siete iglesias: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.
BLS
Pero un domingo, quedé bajo el poder del Espíritu Santo. Entonces escuché
detrás de mí una voz muy fuerte, que sonaba como una trompeta. Esa voz me
dijo: “Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias de la
provincia de Asia, es decir, a las iglesias de Éfeso, Esmirna, Pérgamo,
Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.”
NVI
En el día del Señor vino sobre mí el Espíritu, y oí detrás de mí una voz
fuerte, como de trompeta, que decía: «Escribe en un libro lo que veas y envíalo
a las siete iglesias: a Éfeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardis, a Filadelfia y a Laodicea. »
DHH
Y sucedió que en el día del Señor quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás
de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, que me decía: “Escribe en un
libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a
Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.”
|