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Manejar el dolor en el Islam (parte 1 de 5)
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Descripción: Según el Corán, ¿por qué ocurren cosas malas?
Por J. Hashmi (© 2011 IslamReligion.com)
Publicado 09 Jan 2012 - Última modificación 09 Jan 2012
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> Actos de adoración y ritos
> Ética Islámica
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Guerra. Hambruna. Sufrimiento. No pasa
un día sin que el noticiero de la noche no reporte historias horribles de una humanidad
desesperada, y de la miseria mundial. A un nivel más personal, muchos de
nosotros hemos sido afectados por el dolor y la depresión en nuestras vidas
diarias. Un ser querido muerto. Una crisis financiera. Un cónyuge infiel. ¿Por
qué Dios permite que le ocurran cosas malas a la gente buena? Esta es una
pregunta con la que muchas personas de distintas creencias vienen lidiando
desde hace cientos de años. Es uno de los mayores obstáculos a la fe y ha dado
lugar a que innumerables personas no crean por completo en Dios.
Los teístas han tratado de reconciliar
a Dios y al mal en muchas formas. Algunos paganos afirmaban que Dios odia el
mal, pero que es impotente para evitarlo. Esta idea, sin embargo, es rechazada
en el Corán, puesto que cuestiona la condición de Dios como El Omnipotente (Al-Aziz),
El Todopoderoso (Al-Jabar), El Supremo (Al-Qawi), y El Omnímodo (Al-Qadir).
Otros han declarado que quizás Dios es capaz de eliminar el mal, pero no sabe
cuándo ni dónde ocurrirá el mal. Esta idea relega a Dios a un bombero que sólo
llega a la escena de un incendio después que medio edificio se ha quemado. Sin
embargo, esta afirmación también es inaceptable, pues los Nombres de Dios en el
Corán incluyen El Omnisciente (Al-Alim), El Que Todo lo Ve (Al-Basir),
El Que Todo lo Escucha (Al-Sami'), y el Dueño Absoluto y Controlador de
Todo (Al-Malik). De hecho, se considera blasfemo el cuestionar el Poder
de Dios: si Dios quisiera quitar todo el mal de este mundo, nada podría evitar
que Él lo hiciera.
Las religiones politeístas presentan
otra hipótesis. Dios es bueno, pero hay otros dioses malos que frustran su
bondad y diseminan la corrupción en esta tierra. Dios, por lo tanto, está
enfrascado en una lucha con estas otras deidades. Quizás Satanás es un antidios
con el que Dios se encuentra en permanente combate. Sin embargo, esta idea —de
dioses múltiples— es rechazada categóricamente en el Corán, que llama a Dios
como El Uno (Al-Wahid), El Uno y Único (Al-Ahad), El Primero (Al-Awual),
y El Último (Al-Ajir). El Corán insiste en que no hay dioses además de
Dios. Por ejemplo, el Corán dice:
“Vuestra divinidad es Única, no hay otra
salvo Él, Clemente, Misericordioso”. (Corán 2:163)
Con más de mil versículos que reafirman
esto, sería imposible creer en múltiples deidades, en lugar del uno y único
Dios supremo.
Los antiguos gnósticos la pasaron tan
mal tratando de reconciliar el mal de este mundo con Dios, que concluyeron que
Dios Mismo debía ser malo. La gente que sostiene esta afirmación asegura que
Dios no puede ser El Todopoderoso y El Más Amoroso al mismo tiempo. Si Dios es
capaz de quitar el mal y no lo hace, Él debe ser malo. Sin embargo, esta idea
es rechazada sin condiciones en el Corán, que declara que Dios es El Más
Amoroso (Al-Wadud), El Más Considerado (Al-Bar), y El Más Generoso
(Al-Karim). El Corán también se refiere a Dios como El Más
Misericordioso (Al-Rahim), El Más Clemente (Al-Rahmán), El Más
Perdonador (Al-Gafar), El Señor de la Gracia Infinita (Dul Fadl Al-Adhim),
y La Fuente Última de Paz y Seguridad (As-Salam).
Por lo tanto, el Corán afirma que Dios
es tanto el Todopoderoso como el Más Amoroso. Entonces: ¿pueden estas dos
cualidades reconciliarse, dado el hecho de que el mundo está lleno de maldad?
La perspectiva islámica es que Dios causa que ocurran cosas “malas” para
alcanzar un bien mayor. Dios aflige a Sus siervos con sufrimiento para
moldearlos al tipo de gente que Él quiere que sean. A través del sufrimiento,
los seres humanos pueden desarrollar cualidades que duran para siempre: la
constancia y la paciencia ante grandes adversidades, así como una gran humildad
y mansedumbre. Más importante aún, el sufrimiento hace que la gente se vuelva
hacia Dios en busca de ayuda, establece y diferencia a los creyentes verdaderos
de los falsos.
El sufrimiento hace que la gente recuerde a
Dios
Los seres humanos tendemos a olvidar a
Dios cuando hay prosperidad y sólo Lo recordamos cuando nos aflige el
sufrimiento. El Corán da el ejemplo de un navío: cuando el barco navega sin
problemas, los ocupantes no recuerdan a Dios, pero cuando el viento amenaza con
volcar el barco, de repente los ocupantes comienzan a rezarle sinceramente a
Dios. El Corán dice:
“Vuestro Señor es Quien impulsa las naves en
el mar para que con ellas podáis procurar Su favor [vuestro sustento]. Él es
Misericordioso con vosotros. Y cuando os alcanza una desgracia en el mar os
dais cuenta de que cuanto invocabais fuera de Dios no puede salvaros, y que
sólo Dios es Quien puede hacerlo. Pero cuando os salva llevándoos a tierra
firme, os alejáis de Él, pues el ser humano es ingrato”. (Corán 17:66-67)
Podemos aplicar este ejemplo a nuestras
vidas diarias. Una persona puede olvidarse de Dios cuando su situación
económica es buena, pero si fuera despedido del trabajo, repentinamente estaría
invocando a Dios por ayuda. Cuando el Profeta Muhammad declaró el Mensaje de
Dios, fueron los pobres y los esclavos quienes constituyeron el grueso de sus
seguidores. Los líderes ricos y prósperos de Meca, por otro lado, continuaron
llevando una vida alejada de Dios. Es bien sabido que la gente rica —como
actores, cantantes y otras celebridades— viven las vidas más impías. Mientras
que los humildes y los necesitados se aferran más a Dios. Esto significa que el
sufrimiento no necesariamente es algo malo, y la prosperidad no necesariamente
es algo bueno. Dios dice en el Corán:
“Es posible que detestéis algo y sea un bien
para vosotros, y que améis algo y sea un mal para vosotros. Dios sabe y
vosotros no sabéis”. (Corán 2:216)
Esto es parte de la psicología humana:
olvidamos a Dios en los buenos tiempos, y lo recordamos en tiempos de crisis.
De modo que Dios nos aflige con pruebas y tribulaciones para que podamos
volvernos hacia Él y buscar Su Gracia. Son incontables las personas que se
volvieron hacia Dios y fueron guiados hacia el Islam después de haber sido
afligidas con sufrimiento tras sufrimiento. Un ejemplo que viene a mi mente es
el del político bien intencionado que intenta hacer el bien, pero una vez
alcanza el poder, el sistema lo corrompe. Pronto, comienza a dar y recibir sobornos,
comienza a vivir la vida impía del político rico, derrochador y extravagante.
De repente, Dios hace que sea arrestado, el hombre pierde su riqueza, su mujer
lo deja, y se hunde en la cárcel. Finalmente, después de haber reflexionado
sobre sus ganancias y pérdidas, el hombre se vuelve hacia Dios. Así, las cosas
malas ocurridas a este hombre provocan que le ocurra un gran bien. Cuando era
próspero, se dirigía hacia el Infierno; pero cuando Dios lo afligió con
angustia, el hombre cambió su curso. El sufrimiento temporal de la cárcel es
sin duda un precio pequeño a pagar por la dicha eterna en el Paraíso. En
conclusión, vemos que Dios hace que ocurran cosas malas a la gente buena, para
que así un bien mayor les llegue a largo plazo.
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Manejar el dolor en el Islam (parte 2 de 5)
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Descripción: El sufrimiento es un medio de purificación.
Por J. Hashmi (© 2011 IslamReligion.com)
Publicado 09 Jan 2012 - Última modificación 09 Jan 2012
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Otro bien que resulta del sufrimiento es que el alma se
purifica a través de él. El Profeta Muhammad declaró:
“Por Aquel en Cuyas Manos está mi
alma (es decir, Dios), ningún creyente es afectado por la fatiga, el cansancio,
la preocupación o el dolor, sin que Dios le perdone algunos de sus pecados,
incluso cuando se pincha con una espina”. (Musnad Ahmad)
Algunas personas describen una sensación de ardor cuando
están muy tristes. A nivel físico, esto puede ser sólo reflujo gastroesofágico
provocado por el estrés y la ansiedad, pero a nivel simbólico representa al
corazón espiritual quemando los pecados como un horno de alta temperatura.
Cuando un creyente es golpeado con sufrimiento, Dios expía algunos de sus
pecados como misericordia. Como consecuencia, esa persona no será castigada por
esos pecados en el Más Allá y, por lo tanto, será llevado hacia el Paraíso.
Quizás un escéptico pueda preguntarse por qué Dios no se
limita a perdonar a Sus siervos sin afligirlos con sufrimiento en esta vida o
en el Más Allá. La respuesta a esto es que Dios de hecho perdona cualquier y
todos los pecados, siempre y cuando Su siervo se dirija penitente hacia Él y
busque Su Gracia y Su Perdón. Al siervo que acude a Dios buscando perdón, Dios
lo perdona sin ningún castigo como penalidad, y sin retribución alguna. Dios borrará
todos sus pecados como si nunca hubieran ocurrido. Según el Profeta Muhammad, quien
se dirige a Dios pidiendo penitencia será perdonado “incluso si ellos (sus
pecados) son (numerosos) como las manchas de espuma en el mar, tan numerosos
como los granos de arena, tan pesados como las montañas, y tantos como las
gotas de lluvia y las hojas de todos los árboles”.
Dios perdona a aquellos que buscan Su Perdón, y esto es
porque Él ama a aquellos creyentes que se humillan ante Él, a aquellos que
buscan penitencia de Él, y a aquellos cuyos corazones lloran porque Lo han
desobedecido. El Corán dice:
“…ciertamente Dios ama a los que se
arrepienten y purifican”. (Corán 2:222)
Pero, ¿qué hay de aquel que peca y
nunca busca el Perdón de Dios? ¿Qué del que continúa pecando sin planes de
dejarlo? Dios no permite que todos los pecados se queden sin castigo, porque
eso llevaría a la gente a volverse negligente y débil. La aplicación del
castigo sobre esos pecadores es por su propio beneficio, así como la aplicación
del castigo de un padre hacia su hijo es para el beneficio del niño. Por
ejemplo, un niño de seis años de edad mete los dedos en un enchufe eléctrico; su
padre, temeroso de que pueda electrocutarse, lo castiga por ello. Un padre
amenaza con castigar a su hijo sólo para beneficiar al niño, aun cuando el niño
recalcitrante sea demasiado inmaduro para darse cuenta de que el castigo
proviene del amor y la preocupación de su padre. Si el niño pone sus dedos en
el enchufe eléctrico, será él mismo —no su padre— el que resultará
electrocutado. Del mismo modo, si pecamos, lo hacemos en detrimento propio, y
la Gloria de Dios no se ve afectada. El castigo mundanal es, por tanto, un
medio, no el fin: el objetivo del castigo no es castigar, sino más bien servir
como elemento fuerte de disuasión.
Si un padre es demasiado indulgente con su hijo y no
dice nada cuando el niño mete sus dedos en el enchufe, entonces el niño no se
dará cuenta de la gravedad de lo que está haciendo. Él seguirá metiendo los
dedos en el enchufe hasta que un día se electrocute y muera. Del mismo modo, si
Dios no les manda aflicciones a Sus siervos, ellos no se darán cuenta del error
en sus vidas impías hasta que los alcance la muerte espiritual. Por ejemplo, el
marido mujeriego que nunca se da cuenta de que sus indiscreciones destruirán un
día la unidad de su familia, el jugador compulsivo que no se da cuenta de que
su adicción lo llevará a la bancarrota, y el alcohólico que no se da cuenta de
que su bebida lo llevará a una vida de miseria y vacío. Así que Dios envía
castigos a estas personas, no sólo para que expíen sus pecados, sino para alertarlos
y despertarlos de sus caminos perjudiciales.
Imagine un niño que sabe que sus padres no harán nada si
lo sorprenden consumiendo drogas. Esto sería negligencia de sus padres, que lo
llevarían a dañarse a sí mismo sin temer las consecuencias. Por lo tanto, un
padre responsable establecerá ciertas pautas para que el niño sepa que si
consume drogas, será encerrado. Esto hace que el niño se aleje de las drogas
por temor a ser castigado. Del mismo modo, la creación del Infierno —aunque es
un castigo— es también una misericordia hacia la humanidad: a través de la
amenaza que representa, Dios crea mucho bien. El fuego del Infierno es un
castigo con el que Dios amenaza a Sus siervos, para que Le teman y Lo
obedezcan. Esa gente entonces se hace espiritual, recta y bien guiada. Esto no
beneficia a Dios, sino que sólo los beneficia a ellos. Dios no necesita de
ellos, pero ellos necesitan a Dios en sus vidas.
Dios da a Sus siervos muchas oportunidades y
advertencias antes de condenarlos al Infierno. Una analogía de esto es un
oficial de policía que atrapa a una conductora que suele exceder la velocidad.
La primera vez que ella es atrapada a alta velocidad, el oficial de policía le
hace una advertencia. La segunda vez, el policía la multa con $50. La tercera
vez, le da una multa fuerte de $300. La cuarta vez, ella debe realizar horas de
servicio comunitario, y la próxima vez le será suspendida la licencia, etc. La
metodología divina funciona de manera similar: Él aflige a la gente con
castigos menores en su vida mundanal, de modo que se den cuenta del
error de sus vidas. En otras palabras, Dios permite que le ocurran cosas malas
a la gente buena para así castigarla por sus pecados, este castigo sirve como
advertencia de modo que se corrijan a sí mismos en esta vida y evitar de este
modo el castigo en el Más Allá. Seguramente un automovilista preferirá ser
multado con $50 en lugar de ser llevado directamente a la cárcel. Del mismo
modo, un creyente preferirá ser castigado en esta vida en lugar de ser arrojado
al fuego del Infierno en la próxima.
Lo que esto significa es que cuando un creyente es
golpeado por alguna calamidad, hallará sosiego en el hecho de que sus pecados están
siendo perdonados por Dios. Él debe saber que Dios lo compensará por cada mal y
agravio que sufra, y ¡Dios es El Más Justo! El Profeta Muhammad nos dijo que
Dios compensará a Sus siervos incluso por un dolor tan pequeño como una espina
que le pinche la piel. Un creyente que está pasando por un momento difícil no
debe ser ingrato con Dios ni cuestionar la justicia de Dios, puesto que Dios le
compensará todo en la próxima vida. Esta es la Promesa de Dios a la humanidad.
Un creyente que es agraviado con pruebas y tribulaciones, debe tomarse en serio
el hecho de que él es uno de los escogidos de Dios, a quien Dios ama tanto que
no lo castigará con el Infierno, sino que en lugar de ello Él desea purificarlo
en esta vida.
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Manejar el dolor en el Islam (parte 3 de 5)
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Descripción: Probando a los creyentes a través de la adversidad.
Por J. Hashmi (© 2012 IslamReligion.com)
Publicado 16 Jan 2012 - Última modificación 16 Jan 2012
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Otra razón por la que Dios envía pruebas y aflicciones a
la gente es que ésta debe ser probada. El Corán declara:
“¿Acaso piensan los hombres que se les dejará
decir: ¡Creemos! sin ser puestos a prueba?” (Corán 29:2)
Este concepto puede ser entendido claramente si tomamos
la analogía del matrimonio. Un hombre puede amar a su esposa y serle leal en
los buenos tiempos, pero cuando las cosas se ponen difíciles, puede que la
abandone. Por ejemplo, si ella es joven y hermosa él la amará; pero si a ella
le da cáncer y por ello pierde su belleza física, el mismo hombre podría
abandonarla. Esto muestra que en realidad él no la amaba verdaderamente. Del
mismo modo, un hombre debe amar a Dios y obedecerlo no sólo en los buenos
momentos, sino también en los tiempos difíciles. Los hipócritas pueden llamar
hacia el Camino de Dios cuando el clima les es benigno, pero tan pronto como se
acerca la tormenta, abandonan su fe en Dios.
Por ejemplo, durante la época del Profeta Muhammad, que
la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, había muchos hipócritas
que se convirtieron al Islam cuando ello les resultaba beneficioso. Al hacerlo,
intentaron alcanzar posiciones de poder en el gobierno islámico. Pero en cuanto
las cosas se pusieron difíciles, comenzaron a mostrar incredulidad, incluso
después de haber declarado que eran creyentes. Cuando un enemigo poderoso
amenazó con destruir la naciente ciudad/estado islámica, los hipócritas
abandonaron su fe. Los enemigos del Islam persiguieron a los primeros
musulmanes, los torturaron, los boicotearon e incluso los asesinaron. Esto
diferenció realmente a los creyentes verdaderos de los falsos: los creyentes
verdaderos se mantienen sinceros hacia Dios, incluso en épocas de grandes
adversidades. Por lo tanto, Dios pone a prueba a la gente para diferenciar a
los creyentes verdaderos de los hipócritas. Dios dice:
“¿Acaso piensan los hombres que se los dejará
decir: ¡Creemos!, sin ser puestos a prueba? Por cierto que probamos a quienes los
precedieron, y Dios bien sabe quiénes son los sinceros y quiénes los mentirosos”.
(Corán 29:2-3)
Esta idea se repite en numerosos versículos del Corán, como
por ejemplo:
“Dios no os dejará en la situación que os
encontráis [conviviendo con los hipócritas] sin distinguir al perverso
[hipócritas e impíos] del virtuoso [creyentes sinceros]”. (Corán 3:179)
El Mensajero de Dios prometió a sus seguidores que al
hacerse musulmanes, alcanzarían el éxito. Cuando el enemigo poderoso
prácticamente arrasaba con los defensores musulmanes, los hipócritas comenzaron
a cuestionar la promesa del Mensajero de Dios, ellos incluso comenzaron a
cuestionar la naturaleza Omnipotente de Dios. El Corán dice:
“Cuando os atacaron por todas partes, el
terror desencajó vuestras miradas, se os subieron vuestros corazones hasta las
gargantas, e hicisteis conjeturas sobre Dios [pensando que no socorrería a los
creyentes]. Allí fueron probados los creyentes, y sacudidos por una fuerte
conmoción. Y dijeron los hipócritas y aquellos en cuyos corazones había dudas
[sobre la Verdad]: Dios y Su Mensajero no nos han hecho más que falsas promesas”.
(Corán 33:10-12)
La calamidad hizo que los hipócritas expusieran su
incredulidad, mientras que a los creyentes verdaderos sólo los hizo más fuertes
en su fe. El Corán dice de ellos:
“Y cuando los creyentes vieron a los aliados
dijeron: Esto es lo que nos prometió Dios y también Su Mensajero, entonces esto
no hizo sino acrecentarles la fe y el sometimiento a Dios”. (Corán 33:22)
Por lo tanto, Dios pone a prueba a la gente para
diferenciar entre los verdaderos de los falsos. En efecto, ¿cómo puede
determinarse el valor de un objeto a menos que sea puesto a prueba? Un fabricante
de automóviles probará sus autos para probar qué tan rápido pueden correr y
para ver qué tipo de choques pueden soportar. Del mismo modo, Dios pone a Sus
creaciones a prueba, para ver qué tan fieles son, y para ver si lo siguen
siendo cuando Él haga que sufran. ¿Reventarán como un huevo al caer? ¿O serán
como el auto todoterreno que puede soportar mucho? Dios dice:
“Por cierto que os probaremos para distinguir
quiénes de vosotros son los verdaderos combatientes por la causa de Dios que se
mantienen firmes en la fe; y sabed que sacaremos a la luz, mediante vuestras
obras, lo que escondéis en vuestros corazones”. (Corán 47:31)
La adversidad y las aflicciones son en realidad una gran
bendición celestial, puesto que les dan a los creyentes la oportunidad de ganar
buenas obras, siendo pacientes y leales con Dios. Al pasar la prueba que Dios
les pone, estos creyentes abren el camino para entrar al Paraíso (es decir, al
Cielo). Dios dice:
“¿O creéis que vais a entrar al Paraíso sin
pasar por lo mismo que atravesaron quienes os precedieron?” (Corán 2:214)
Y para ello la gente es puesta a prueba con varios
infortunios y tribulaciones: pobreza, hambre, miedo, etc., son las diferentes
formas en que Dios nos prueba. Incluso la pérdida de seres queridos es una de
esas pruebas. Cuando el ingrato pierde a un ser querido, se enoja con Dios,
preguntándole por qué Él hizo que su amado muriera. Pero el creyente agradecido
se mantendrá paciente y someterá toda su voluntad a Dios, y de esta manera,
Dios diferencia al verdadero del falso. Dios dice:
“Y por cierto que os probaré con algo de
temor, hambre, pérdida de bienes, vidas y frutos, pero albricia a los pacientes
[que recibirán una hermosa recompensa]. Aquellos que cuando les alcanza una
desgracia dicen: Ciertamente somos de Dios y ante Él compareceremos. Éstos son a
quienes su Señor agraciará con el perdón y la misericordia, y son quienes
siguen la guía”. (Corán 2:155-157)
La calamidad no necesariamente es la única forma en que
Dios nos prueba. Dios también nos prueba a través de bendiciones, abundancia,
salud, hijos, familia, etc. Lo que la gente hace con tales bendiciones es, de
hecho, una gran prueba. A muchas celebridades y gente rica se les da una gran
riqueza, fama y bienes materiales, pero ellos no son agradecidos con Dios, y en
lugar de ello llevan sus vidas en el pecado y la maldad. Dios dice:
“Y sabed que vuestros bienes y vuestros hijos
son un encanto en esta vida [y pueden distraeros de las órdenes divinas]. Y
ciertamente Dios tiene reservada una inmensa recompensa.” (Corán 8:28)
Por lo tanto, vemos que Dios pone a prueba a la gente
tanto a través de la adversidad como a través de las bendiciones. Pero
independientemente del tipo de prueba, los creyentes son aquellos que se
mantienen agradecidos con Dios. El Corán declara:
“Seréis probados a través de vuestros bienes
y vuestras propias vidas. Y oiréis muchas blasfemias […]; pero tened paciencia,
temed a Dios y sabed que esto requiere de entereza”. (Corán 3:186)
En conclusión, cuando la calamidad le sobreviene a un
creyente, él debe saber que en ello hay mucho de bueno, aunque esto no resulte
aparente al principio. A través de la aflicción se expían los pecados y se
purifica el alma. A través de las pruebas, Dios examina a los leales, y sólo
los determinados serán exitosos. Es sobre esto que Dios les concederá la bondad
a su debido tiempo, ya sea en esta vida o en la vida después de la muerte. Dios
dice:
“Esto no lo lograrán sino quienes son
perseverantes y pacientes”. (Corán 41:35)
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Manejar el dolor en el Islam (parte 4 de 5)
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Descripción: El que es sometido a prueba está en compañía de los justos.
Por J. Hashmi (© 2012 IslamReligion.com)
Publicado 16 Jan 2012 - Última modificación 16 Jan 2012
Visto: 449 (promedio diario: 3) - Clasificación: 5 De 5 - Clasificado por: 1 Impreso: 30 - Enviado por email: 1 - Comentado: 0
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> Ética Islámica
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Cuando la calamidad nos golpea, debemos estar orgullosos
del hecho de que somos similares a los siervos píos de Dios, entre los que
están los Profetas: todos ellos fueron sometidos a pruebas y dificultades. El
Profeta Abraham y su hijo, que las bendiciones de Dios sean con ambos, fueron
probados en la forma más severa. Dios le ordenó al Profeta Abraham que
sacrificara a su hijo Ismael. Cumplir esta orden sin duda alguna debió ser muy
difícil para el Profeta Abraham, y sin duda debió haber sido muy triste por la
idea de perder a su ser querido. Pero el Profeta Abraham perseveró
pacientemente y obedeció a Dios. No sólo esto, sino que incluso el propio Ismael
se mantuvo firme y obediente y se ofreció a sí mismo para ser sacrificado.
Esta prueba que Dios le puso al Profeta Abraham fue para
medir su determinación. Si el Profeta Abraham o su hijo hubieran tenido una fe
débil, habrían fallado en esta dura prueba por la que Dios los premió, dándoles
una gran recompensa por su gran fe y obediencia a Él: justo antes que el
Profeta Abraham sacrificara a su hijo, apareció un carnero y Dios le dijo que
lo sacrificara en lugar del muchacho. Como premio, Dios prometió establecerlos
a ellos como líderes en la tierra. Dios dice del Profeta Abraham y su hijo:
“Y luego que ambos se resignaron, y lo echó
sobre la frente [para sacrificarlo], lo llamamos: ¡Oh, Abraham! Has realizado
tu visión. Y por cierto que así retribuimos a los benefactores”. (Corán
37:103-106)
El Corán dice:
“Y cuando Abraham fue puesto a prueba por su
Señor con unas órdenes, las cumplió. Dijo [Dios]: Haré de ti un guía ejemplar
para los hombres”. (Corán 2:124)
Sin duda, cuando se le ordenó al Profeta Abraham que
sacrificara a su hijo, pudo haber sido reacio a este respecto, pero lo hizo por
obediencia a Dios Todopoderoso. Esto nos dice que a uno puede no gustarle algo,
pero puede que haya algo de bueno en ello. Dios dice:
“Es posible que detestéis algo y sea un bien
para vosotros, y que améis algo y sea un mal para vosotros”. (Corán 2:216)
Otro ejemplo que me viene a la mente es el del Profeta
José, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él. El Corán
menciona muchos detalles de las pruebas y tribulaciones que él enfrentó en su
vida. Su padre lo amaba mucho, lo que hizo que sus hermanos estuvieran muy
celosos de él. Ellos conspiraron en su contra y finalmente lo abandonaron en un
pozo profundo. Una caravana de viajeros pasó por el pozo y uno de ellos echó
allí su cubo. Entonces dijo: “¡Buenas noticias! ¡Hay un muchacho!” Y se lo
llevaron como mercancía. Con esto, el Profeta José fue llevado a la lejana
tierra de Egipto como esclavo. Un gobernador egipcio lo compró y el Profeta
José trabajó diligentemente en la distancia. Como estaba al servicio del
gobernador, la prueba se intensificó: la esposa del gobernador, que era muy
hermosa, trató de seducir a José. Esta fue una gran prueba para él, pero
resistió los avances de ella con una perseverancia firme. Un día, la esposa del
gobernador corrió tras el Profeta José para seducirlo por la fuerza, y rasgó su
camisa. Justo en ese instante entró su marido a la habitación. Ella acusó al
Profeta José de violación pero José lo negó, y cuando el gobernador vio su
camisa rasgada por la esposa, le pidió a su esposa que se arrepintiera ante
Dios Todopoderoso. Ella elaboró un plan para tener al Profeta José y le dio dos
opciones, o se sometía a la voluntad de ella o iría a la cárcel. Él escogió la
segunda y fue puesto en prisión por un tiempo.
Cuando somos golpeados con calamidades, debemos pensar
en todas las pruebas por las que pasó el Profeta José: años de esclavitud y
encarcelamiento. Sin embargo, a pesar de todo ello, él se mantuvo firme con
Dios. Nunca se resintió por las calamidades que le habían acontecido, sino que
en lugar de ello utilizaba su tiempo para invocar a su Señor. Fue entonces
cuando —finalmente, después de muchos años— Dios recompensó al Profeta José por
su constancia. Fue en la misma celda en la cárcel que conoció a un hombre que
tuvo un sueño. Dios le dio al Profeta José el don de la interpretación de los
sueños. Y así interpretó el sueño de su compañero de celda, diciéndole que
sería liberado y que trabajaría para el rey. En efecto, la profecía se hizo
realidad y el hombre recibió su libertad y trabajó para el rey.
Un día, el rey tuvo un sueño. La historia es narrada en
el Corán:
“Y dijo el rey: En verdad he visto siete
vacas gordas que se las comían siete vacas flacas, y siete espigas verdes y
otras secas. ¡Oh, cortesanos! Explicadme el sueño, si es que sabéis
interpretarlo”. (Corán 12:43)
El antiguo compañero de celda del Profeta José, que
ahora estaba al servicio del rey egipcio, de inmediato recordó a José. Le
informó al rey acerca de él y así José fue llamado para que interpretara el
sueño, cosa que hizo. El Profeta José le dijo al rey que habrían siete años de
buena cosecha, después de los que vendrían siete años de sequía y hambruna. Le
aconsejó al rey almacenar comida durante los siete años de prosperidad, para
así utilizarla en la época de sequía y hambruna.
El rey quedó tan complacido con el Profeta José que no
sólo lo liberó, sino que lo designó para un cargo elevado en el gobierno. Y así
Dios estableció una gran cantidad de bien a través de la adversidad. Si el
Profeta José no hubiera sido abandonado nunca en un pozo por sus hermanos ni
hubiera sido vendido como esclavo ni hubiera sido encarcelado injustamente,
jamás habría sido hallado por el rey y designado para una posición de tanta
autoridad. De hecho, el Profeta José tuvo que pasar por toda esta tribulación
para alcanzar este rango. Por lo tanto, cuando pasamos por momentos difíciles
en la vida, debemos ser positivos. Puede ser que Dios nos esté impulsando a un
bien mayor que puede ser desconocido para nosotros en ese momento.
El Profeta Salomón también fue probado, pero en una
forma diferente. A él le fueron dados riqueza y poder inmensos. La historia
atestigua el hecho de que la riqueza y el poder corrompen. Sin embargo, el
Profeta Salomón fue uno de los pocos reyes que se mantuvieron piadosos y
temerosos de Dios. El Corán dice:
“Por cierto que probamos a Salomón […].
Entonces, [Salomón] se dirigió a su Señor”. (Corán 38:34)
De hecho, todos los Profetas de Dios fueron
puestos a prueba. Esto muestra que Dios pone pruebas sobre Sus siervos justos,
y debemos sentirnos orgullosos de estar en su compañía. También debemos emular
su comportamiento, que fue mantenerse firmes en tiempos de tribulación.
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Manejar el dolor en el Islam (parte 5 de 5)
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Descripción: Entonces, ¿cómo deberíamos lidiar con el dolor?
Por J. Hashmi (© 2012 IslamReligion.com)
Publicado 23 Jan 2012 - Última modificación 23 Jan 2012
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Categoría: Artículos
> Actos de adoración y ritos
> Ética Islámica
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Todo lo expuesto en este artículo es muy
interesante, pero todo se reduce a la siguiente pregunta: ¿cómo deberíamos
lidiar con el dolor cuando ocurre un desastre? Toda persona sobre la tierra
enfrentará algún dolor en su vida, algunos más que otros. La gente lidia con el
dolor en formas distintas, pero, ¿cómo debe hacerlo un creyente?
La primera cosa de la que debe darse
cuenta un creyente es que la calamidad proviene de Dios. El Corán declara:
“Todo proviene de Allah”. (Corán 4:78)
Una vez nos damos cuenta de que
proviene de Dios, debemos darnos cuenta de que Dios es El Más Amoroso (Al-Wadud)
y El Más Amable (Al-Bar). Por lo tanto, hay algo bueno en todo lo que
Dios ha decretado para nosotros, incluso si no lo vemos inmediatamente. Dios
Todopoderoso dice:
“Es posible que detestéis algo y sea un bien
para vosotros, y que améis algo y sea un mal para vosotros. Allah sabe y
vosotros no sabéis”. (Corán 2:216)
El Imam Hasan Al-Basri, un gran
erudito del Islam, dijo:
“No se resientan por las calamidades
que vienen y los desastres que ocurren, tal vez en algo que no les gusta esté
su salvación, y quizás en algo que prefieran esté su perdición”.
Por ejemplo, si un hombre es despedido,
quizás esto sea un medio para que consiga un trabajo mejor, al que no podría
haber optado si no hubiera sido despedido en primer lugar. Uno de los
beneficios de la calamidad es que sabemos con seguridad el hecho de que los
pecados de una persona son perdonados por voluntad de Dios. Mus'ab ibn Sa'd ibn
Malik narró que su padre dijo:
“Oh Mensajero de Dios, ¿cuáles son
las personas más sometidas a pruebas en este mundo?” Él respondió: “Los
Profetas, y luego quienes son similares a ellos (es
decir, los piadosos y temerosos de Dios). Un hombre será probado de acuerdo
a su piedad y su fe. Si el individuo tiene una fe fuerte será probado de manera
severa, y si la fe del hombre es débil, será probado en concordancia. Una
persona será golpeada por las calamidades hasta que esté libre de pecado”. (Ibn
Hibban #2901)
Fadl ibn Sahl dijo:
“Hay una bendición en
la calamidad que el hombre sabio no debe ignorar, pues ésta borra los pecados,
da la oportunidad de obtener la recompensa por la paciencia, disipa la
negligencia, le recuerda a uno las bendiciones en momentos de salud, llama al
arrepentimiento, y anima a dar caridad”.
El creyente debe volverse hacia Dios
cuando lo golpea una calamidad. De este modo, la calamidad le recuerda al
creyente que su único propósito en la vida —la razón de haber sido creado— es
adorar sólo a Dios. Este es de hecho el sentido de nuestra existencia y el
propósito de nuestra vida. Dios dice en el Corán:
“Por cierto que he creado a los genios y a
los hombres para que Me adoren”. (Corán 51:56)
A menudo, cuando la vida es buena y el
hombre vive en prosperidad, olvida adorar a su Señor. Es sólo cuando la
calamidad lo golpea que recuerda invocar a Dios. Por lo tanto, de esta manera
la calamidad sirve como un recordatorio para que cumplamos el propósito por el
que fuimos creados. Sheij Al-Islam Ibn Taimiah dijo:
“Una calamidad que te hace volverte
hacia Dios es mejor para ti que una bendición que te hace olvidar el recuerdo
de Dios”.
El Imam Sufian Az-Zawridijo:
“Lo que no le gusta a un apersona puede
ser mejor para ella que lo que le gusta, puesto que lo que no le gusta hace que
invoque a Dios, mientras que lo que le gusta hace que se olvide (de la
adoración)”.
Por lo tanto, siempre que una calamidad
golpea, debemos mostrar nuestra gratitud a Dios diciendo: “Todas las alabanzas
son para Dios (Al-Hamdu Lil-lah). El Profeta Muhammad, que la
misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, comentó:
“¡Qué maravilloso es el caso del
creyente! Pues sus asuntos son todos buenos y esto sólo aplica al creyente. Si
algo bueno le ocurre, es agradecido por ello y esto es bueno para él. Y si algo
malo le ocurre, lo tolera con paciencia y esto es bueno para él”. (Sahih
Muslim)
Cuando el Sheij Al-Islam Ibn
Taimiah fue encarcelado injustamente, él lo consideró como una bendición que
sus enemigos habían habilitado para él. Sheij Al-Islam utilizó ese
tiempo para incrementar su adoración a Dios. Dijo:
“¿Qué pueden hacerme mis enemigos?...
Mi encarcelamiento es un retiro religioso (una oportunidad para adorar a Dios),
mi ser asesinado es martirio, y mi ser expulsado de mi ciudad es un viaje”.
El Profeta Muhammad dijo:
“No hay un musulmán que sea
golpeado por una calamidad y (luego) diga lo que Dios ha ordenado (decir): ‘En
verdad, a Dios pertenecemos y a Él regresaremos; oh Dios, recompénsame por mi
aflicción y compénsame con algo mejor’, al que Dios no lo compense con algo
mejor”. (Sahih Muslim)
Debemos recordar que Dios prueba a
aquellos que más ama. El Profeta dijo:
“La mayor recompensa viene con las
mayores pruebas. Cuando Dios ama a la gente, la prueba. Quien lo acepte, ganará
Su agrado”. (At-Tirmidhi)
Y el Profeta también dijo:
“El camino hacia el Paraíso está
rodeado de dificultades”.
La calamidad y el dolor son formas en
que obtenemos el perdón por nuestros pecados en esta vida, para que no debamos
enfrentar el castigo por ellos en la otra vida. El Profeta Muhammad dijo:
“Las pruebas continuarán haciendo
sufrir a los hombres y mujeres creyentes —respecto a sí mismos, sus hijos y su
riqueza— hasta que vuelvan a Dios libres de pecado”. (Al-Tirmidhi)
Dios no envía calamidades sobre
nosotros para destruirnos, ni para quebrantar nuestra voluntad ni para acabar
con nosotros, sino más bien como una forma de validarnos, de poner a prueba
nuestra paciencia y nuestra fe. Si no fuera por las pruebas y las
tribulaciones, una persona se haría arrogante, negligente y dura de corazón, lo
que la llevaría a los abismos del Infierno. Por lo tanto, es de hecho una
Misericordia de Dios que Él nos envíe este remedio para curarnos de estas
enfermedades del corazón, y para eliminar todos los elementos malvados en
nuestra personalidad que pueden conducir a nuestra perdición.
Cuando alguna calamidad nos golpea en
esta vida, debemos recordar que Dios nos recompensará, pero debemos mostrar
paciencia. La recompensa final ni siquiera será en esta vida sino en la
siguiente, y en ello hallamos consuelo. Abu Sufian perdió su ojo en la batalla
mientras defendía a los musulmanes. El Profeta le preguntó si prefería tener su
ojo en esta vida o en la siguiente, y Abu Sufian le respondió que prefería
tener la recompensa en la otra vida. Abu Sufian, de hecho, perdió también su
otro ojo.
Dios dice:
“Así es como concedemos Nuestra misericordia
a quien Nos place, y no dejamos que se pierda la recompensa de los benefactores
[en esta vida]. Y la recompensa de la otra vida para los creyentes piadosos
será mejor aún”. (Corán 12:56-57)
Un creyente nunca debe desesperar de la
Misericordia de Dios, no debe pensar que Dios no va a sacarlo de este
atolladero. De hecho, el nombre de Satanás en árabe (Iblis) proviene de
la raíz ablasa, que significa “desesperar”. Cierta calamidad golpeó a
Satanás (él fue “degradado” cuando el Profeta Adán fue creado). En lugar de
pensar que esto era algo bueno procedente de Dios, Satanás perdió la esperanza
en la Misericordia de Dios y acto seguido comenzó su forma de vida hedonista.
Del mismo modo, cuando la calamidad golpea a algunas personas, éstas recurren a
la bebida y a otros mecanismos pecaminosos para disminuir su dolor. Pero los
creyentes no caen en la desesperación, sino que se vuelven hacia Dios en
adoración. Dios le asegura a Su creación:
“Juro por la mañana, por la noche cuando
cubre con su oscuridad, que tu Señor [¡Oh, Muhammad!] no te abandonó ni te
aborreció jamás, y la otra vida será mejor para ti que ésta. Y ciertamente tu
Señor te agraciará [en esta vida y en la otra], y te complacerás”. (Corán
93:1-5)
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