|
Guerra. Hambruna. Sufrimiento. No pasa
un día sin que el noticiero de la noche no reporte historias horribles de una humanidad
desesperada, y de la miseria mundial. A un nivel más personal, muchos de
nosotros hemos sido afectados por el dolor y la depresión en nuestras vidas
diarias. Un ser querido muerto. Una crisis financiera. Un cónyuge infiel. ¿Por
qué Dios permite que le ocurran cosas malas a la gente buena? Esta es una
pregunta con la que muchas personas de distintas creencias vienen lidiando
desde hace cientos de años. Es uno de los mayores obstáculos a la fe y ha dado
lugar a que innumerables personas no crean por completo en Dios.
Los teístas han tratado de reconciliar
a Dios y al mal en muchas formas. Algunos paganos afirmaban que Dios odia el
mal, pero que es impotente para evitarlo. Esta idea, sin embargo, es rechazada
en el Corán, puesto que cuestiona la condición de Dios como El Omnipotente (Al-Aziz),
El Todopoderoso (Al-Jabar), El Supremo (Al-Qawi), y El Omnímodo (Al-Qadir).
Otros han declarado que quizás Dios es capaz de eliminar el mal, pero no sabe
cuándo ni dónde ocurrirá el mal. Esta idea relega a Dios a un bombero que sólo
llega a la escena de un incendio después que medio edificio se ha quemado. Sin
embargo, esta afirmación también es inaceptable, pues los Nombres de Dios en el
Corán incluyen El Omnisciente (Al-Alim), El Que Todo lo Ve (Al-Basir),
El Que Todo lo Escucha (Al-Sami'), y el Dueño Absoluto y Controlador de
Todo (Al-Malik). De hecho, se considera blasfemo el cuestionar el Poder
de Dios: si Dios quisiera quitar todo el mal de este mundo, nada podría evitar
que Él lo hiciera.
Las religiones politeístas presentan
otra hipótesis. Dios es bueno, pero hay otros dioses malos que frustran su
bondad y diseminan la corrupción en esta tierra. Dios, por lo tanto, está
enfrascado en una lucha con estas otras deidades. Quizás Satanás es un antidios
con el que Dios se encuentra en permanente combate. Sin embargo, esta idea —de
dioses múltiples— es rechazada categóricamente en el Corán, que llama a Dios
como El Uno (Al-Wahid), El Uno y Único (Al-Ahad), El Primero (Al-Awual),
y El Último (Al-Ajir). El Corán insiste en que no hay dioses además de
Dios. Por ejemplo, el Corán dice:
“Vuestra divinidad es Única, no hay otra
salvo Él, Clemente, Misericordioso”. (Corán 2:163)
Con más de mil versículos que reafirman
esto, sería imposible creer en múltiples deidades, en lugar del uno y único
Dios supremo.
Los antiguos gnósticos la pasaron tan
mal tratando de reconciliar el mal de este mundo con Dios, que concluyeron que
Dios Mismo debía ser malo. La gente que sostiene esta afirmación asegura que
Dios no puede ser El Todopoderoso y El Más Amoroso al mismo tiempo. Si Dios es
capaz de quitar el mal y no lo hace, Él debe ser malo. Sin embargo, esta idea
es rechazada sin condiciones en el Corán, que declara que Dios es El Más
Amoroso (Al-Wadud), El Más Considerado (Al-Bar), y El Más Generoso
(Al-Karim). El Corán también se refiere a Dios como El Más
Misericordioso (Al-Rahim), El Más Clemente (Al-Rahmán), El Más
Perdonador (Al-Gafar), El Señor de la Gracia Infinita (Dul Fadl Al-Adhim),
y La Fuente Última de Paz y Seguridad (As-Salam).
Por lo tanto, el Corán afirma que Dios
es tanto el Todopoderoso como el Más Amoroso. Entonces: ¿pueden estas dos
cualidades reconciliarse, dado el hecho de que el mundo está lleno de maldad?
La perspectiva islámica es que Dios causa que ocurran cosas “malas” para
alcanzar un bien mayor. Dios aflige a Sus siervos con sufrimiento para
moldearlos al tipo de gente que Él quiere que sean. A través del sufrimiento,
los seres humanos pueden desarrollar cualidades que duran para siempre: la
constancia y la paciencia ante grandes adversidades, así como una gran humildad
y mansedumbre. Más importante aún, el sufrimiento hace que la gente se vuelva
hacia Dios en busca de ayuda, establece y diferencia a los creyentes verdaderos
de los falsos.
El sufrimiento hace que la gente recuerde a
Dios
Los seres humanos tendemos a olvidar a
Dios cuando hay prosperidad y sólo Lo recordamos cuando nos aflige el
sufrimiento. El Corán da el ejemplo de un navío: cuando el barco navega sin
problemas, los ocupantes no recuerdan a Dios, pero cuando el viento amenaza con
volcar el barco, de repente los ocupantes comienzan a rezarle sinceramente a
Dios. El Corán dice:
“Vuestro Señor es Quien impulsa las naves en
el mar para que con ellas podáis procurar Su favor [vuestro sustento]. Él es
Misericordioso con vosotros. Y cuando os alcanza una desgracia en el mar os
dais cuenta de que cuanto invocabais fuera de Dios no puede salvaros, y que
sólo Dios es Quien puede hacerlo. Pero cuando os salva llevándoos a tierra
firme, os alejáis de Él, pues el ser humano es ingrato”. (Corán 17:66-67)
Podemos aplicar este ejemplo a nuestras
vidas diarias. Una persona puede olvidarse de Dios cuando su situación
económica es buena, pero si fuera despedido del trabajo, repentinamente estaría
invocando a Dios por ayuda. Cuando el Profeta Muhammad declaró el Mensaje de
Dios, fueron los pobres y los esclavos quienes constituyeron el grueso de sus
seguidores. Los líderes ricos y prósperos de Meca, por otro lado, continuaron
llevando una vida alejada de Dios. Es bien sabido que la gente rica —como
actores, cantantes y otras celebridades— viven las vidas más impías. Mientras
que los humildes y los necesitados se aferran más a Dios. Esto significa que el
sufrimiento no necesariamente es algo malo, y la prosperidad no necesariamente
es algo bueno. Dios dice en el Corán:
“Es posible que detestéis algo y sea un bien
para vosotros, y que améis algo y sea un mal para vosotros. Dios sabe y
vosotros no sabéis”. (Corán 2:216)
Esto es parte de la psicología humana:
olvidamos a Dios en los buenos tiempos, y lo recordamos en tiempos de crisis.
De modo que Dios nos aflige con pruebas y tribulaciones para que podamos
volvernos hacia Él y buscar Su Gracia. Son incontables las personas que se
volvieron hacia Dios y fueron guiados hacia el Islam después de haber sido
afligidas con sufrimiento tras sufrimiento. Un ejemplo que viene a mi mente es
el del político bien intencionado que intenta hacer el bien, pero una vez
alcanza el poder, el sistema lo corrompe. Pronto, comienza a dar y recibir sobornos,
comienza a vivir la vida impía del político rico, derrochador y extravagante.
De repente, Dios hace que sea arrestado, el hombre pierde su riqueza, su mujer
lo deja, y se hunde en la cárcel. Finalmente, después de haber reflexionado
sobre sus ganancias y pérdidas, el hombre se vuelve hacia Dios. Así, las cosas
malas ocurridas a este hombre provocan que le ocurra un gran bien. Cuando era
próspero, se dirigía hacia el Infierno; pero cuando Dios lo afligió con
angustia, el hombre cambió su curso. El sufrimiento temporal de la cárcel es
sin duda un precio pequeño a pagar por la dicha eterna en el Paraíso. En
conclusión, vemos que Dios hace que ocurran cosas malas a la gente buena, para
que así un bien mayor les llegue a largo plazo.
|