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Cada uno de los profetas, incluyendo a Abraham,
Moisés, Jesús y Muhammad, enseñaron que lo que las personas deciden hacer
respecto a la creencia en Dios y la obediencia a Él tendrá influencia
definitiva en el resultado final de sus asuntos. Los seres humanos tienen una
tremenda habilidad para amar y ser gentiles, o para odiar y ser destructivos. Esto
significa que a pesar de que todos ellos hayan nacido con almas iguales, no
permanecen iguales. El libre albedrío es el regalo de Dios más difícil de comprender
y apreciar. El objetivo del libre albedrío es dar sentido a la moral humana,
sin él no existiría el buen o mal comportamiento y simplemente seríamos autómatas.
Si no pudiéramos hacer elecciones verdaderamente
libres, entonces no seríamos juzgados ya que eso iría totalmente en contra de
la justicia. Cuando las personas no son libres para hacer elecciones, entonces
no pueden ser consideradas responsables. ‘A’ishah narró que el Profeta, la paz
y las bendiciones de Allah sean con él, aclaró que aquellos cuya libertad o
intelecto fueran limitados –por ejemplo, los niños y los ignorantes, o aquellos
cuyo equilibrio mental estuviese perturbado– no deberían ser considerados
moralmente responsables por sus acciones, ya sea ante un tribunal de justicia
de la Shari’ah (o el tribunal del Reino Unido, para el caso) o en el Juicio por
venir.
Entonces, ¿qué pasa con el concepto islámico
de Al-Qader (la principal doctrina del control completo y absoluto de
Dios respecto al cumplimiento de los eventos) o el Destino? ¿Cómo alguien
equilibra la idea de que Dios conoce absolutamente todo con la idea del libre
albedrío? ¿Si Dios conoce anticipadamente todo lo que va a ocurrir, entonces la
vida de una persona está totalmente predestinada? Además, si Dios no interviene
para evitar que ocurran determinadas cosas, ¿podríamos decir que solo Él es
responsable por ellas? Esto está conectado con el problema del “mal”. ¿Quién
es responsable por el mal, si Dios es en última instancia responsable por todo?
¿Puede un ladrón alegar inocencia diciendo que no es culpable porque seguramente
estaba predestinado para robar?
Muchas personas piensan que los musulmanes
son fatalistas y creen que –ya que “todo está escrito” y que Dios conoce todo
anticipadamente– todo está predeterminado. La mente humana no puede solucionar
completamente este problema, pero el hecho de que Dios haya enviado mensajeros
con revelaciones ciertamente indica que se espera que los seres humanos escuchen
y luego tomen sus decisiones y así adapten sus vidas de acuerdo a ello (vea Corán
6:91; 23:73). De hecho, Dios reveló:
“En verdad, Dios no cambia la condición de la
gente mientras estos no se cambien a sí mismos”. (Corán 13:11)
Esto indudablemente parece indicar que los
seres humanos tienen el poder de cambiar a través de su propio libre albedrío,
y esas decisiones cambian su destino. Debe ser verdad que Dios conoce todo y toda
posibilidad, pero los seres humanos no. Entonces, si un ser humano escoge una
cosa en particular, habrá una consecuencia en particular que llevará a una
conclusión en particular. Si el ser humano escoge un curso diferente de
acción, entonces la consecuencia y la conclusión serán distintas. Si tú decides
tomar un frasco completo de calmantes, seguramente morirás esta tarde; pero si decides
tomar sólo dos comprimidos, eso puede curar tu migraña y quizá vivas hasta los
cien años. Dios conoce todos los posibles resultados pero Él te deja a ti la
decisión. Nosotros no podemos comprenderlo, pero Dios sí, Su inteligencia es infinitamente
mayor y totalmente distinta a la nuestra.
La verdad se encuentra en el mundo de Al
Gaib (asuntos que se encuentran más allá de la percepción humana). Todo
lo que los creyentes pueden hacer es pedir la guía para sus vidas. Puede que
no seamos capaces de ver el camino a la distancia, pero podemos rezar para que
Dios nos muestre el siguiente paso, un paso a la vez. Si fuera imposible para
las personas escoger debido a que sus futuros y destinos ya se encuentran definidos,
no solamente Dios sería injusto, sino que no tendría sentido intentar vivir una
vida recta. El fatalismo lleva a la desesperación, a la impotencia y al pesimismo,
y dificulta a las personas esforzarse para mejorar su entorno y el de aquellos
que lo rodean.
¿Qué quiere Dios para nosotros? Él quiere
que alcancemos la felicidad y el éxito. Él quiere que encontremos la verdadera
libertad. Si la verdadera libertad trae la felicidad, entonces parece que las
cosas no son exactamente como algunas personas piensan. Yo debería ser feliz
por ser libre para poder tener una relación con una persona distinta cada semana,
o para saciarme con una comida sabrosa pero poco saludable; o para gastar una
fortuna en ropas, joyas o discos compactos de música pop; o fumar o quedarme
fuera hasta tarde preocupando a mis padres; o no hacer mis tareas o trabajos de
casa; o divertirme con mis enemigos; o ganar mucho dinero de manera deshonesta;
o ser famoso y admirado por muchas personas. Seguramente
esas son las cosas que hacen felices a las personas, ¿cierto?
Cómo sería de simple si fuera solamente
eso. Es muy fácil para Satanás engañar a las personas, el camino que lleva a
la destrucción es muy tentador y agradable. Pero deténgase y piense. Muchas
de las personas más ricas y poderosas del mundo son las más solitarias. Las personas que comen sin límite sufren todos los problemas y miserias del sobrepeso. Aquellos que son
perezosos y evitan aprender y esforzarse en su juventud, despiertan a la
realidad de sus vidas fallidas cuando es demasiado tarde. Los que fuman
alegremente morirán jóvenes de cáncer o insuficiencia cardiaca, causando un
gran dolor a quienes los aman. Las personas que son promiscuas usualmente terminan
sufriendo y con niños que descuidan, abandonan (sobre todo los padres jóvenes) o
matan en un aborto (las madres jóvenes).
La verdadera felicidad es ocuparse de lo
que Dios nos ha ofrecido y nos ha dado en confianza por este corto periodo de
tiempo: nuestro cuerpo, nuestra familia, nuestros talentos, nuestra
sensibilidad hacia los demás. Eso no significa ser libres para saciar nuestras
pasiones y deseos con cosas que sabemos muy bien que nos lastimarán y
lastimarán a otros en su momento. Y aquí está lo curioso del asunto: la
persona que renuncia a ese tipo de libertad egoísta y decide ser siervo de Dios,
siempre será verdaderamente libre. Ellos sabrán que hicieron su mejor elección,
sus conciencias estarán limpias, sentirán paz interior y estarán llenos de
esperanza, y nunca serán esclavos de sí mismos ni de ninguna otra persona o
cosa.
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