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La falacia histórica de la Expiación (parte 1 de 2): Pablo de Tarso y el concepto de Salvación en el cristianismo

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Descripción: La influencia que Pablo de Tarso y las creencias paganas tuvieron en el concepto de salvación en el cristianismo, y la verdadera enseñanza de Jesús al respecto.

  • Por Aisha Brown
  • Publicado 23 Feb 2009
  • Última modificación 22 Mar 2009
  • Impreso: 268
  • Visto: 12278 (promedio diario: 3)
  • Clasificación: 1.9 De 5
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La salvación se puede definir como la liberación del pecado y de sus penalidades; el camino hacia la salvación, sin embargo, varía de una religión a otra. En el cristianismo, la salvación se consigue por medio de la doctrina de la expiación de los pecados a través del sacrificio de Jesús. Como la naturaleza humana es considerada en el cristianismo como rebelde y pecadora, esta doctrina afirma que Jesús “resarció completamente” a Dios por los pecados del hombre a través de su muerte y resurrección. En resumen, Jesús tomó nuestro lugar y su muerte nos absuelve de nuestros pecados.

Esto es contrario a lo que encontramos en el Antiguo Testamento, donde Dios dice: “No se dará muerte a los padres por la culpa de sus hijos, ni se dará muerte a los hijos por la culpa de sus padres. Cada uno morirá por su propio pecado”. (Deuteronomio 24:16)

El Corán refuta el concepto de que Jesús sea el salvador de la humanidad, con las siguientes palabras:

“... Dios endureció sus corazones por su incredulidad y no aceptaron sino a algunos de los Profetas anteriores. Tampoco creyeron [en el Mesías] y manifestaron contra María una calumnia gravísima [acusándola de inmoral]. Y dijeron: Hemos matado al Mesías, Jesús hijo de María, el Mensajero de Dios. Pero no le mataron ni le crucificaron, sino que se les hizo confundir con otro a quien mataron en su lugar. Quienes discrepan sobre él tienen dudas al respecto. No tienen conocimiento certero sino que siguen suposiciones, y en verdad no lo mataron...” (Corán 4:155-157)

La salvación según Jesús

En ninguno de los cuatro evangelios Jesús afirma explícitamente que murió para salvar a la humanidad del pecado. Cuando un hombre le pregunta qué podía hacer para obtener la vida eterna, Jesús le dijo que viviera de acuerdo a los Mandamientos (Mat. 19: 16,17); en otras palabras, obedecer la Ley de Dios. Ante una pregunta similar que le formuló un experto en la Ley, según los textos del Evangelio de Lucas, Jesús le dijo que amara a Dios y a sus semejantes (Lucas 10:25-28).

El papel de Jesús es claro en el Corán, donde Dios dice:

“El Mesías hijo de María es sólo un Mensajero, igual que los otros Mensajeros que le precedieron, y su madre fue una fiel y veraz creyente. Ambos comían alimentos [como el resto de la humanidad]. Observa cómo les explicamos las evidencias y observa cómo [a pesar de esto] se desvían”. (Corán 5:75)

La misión de Jesús no fue, por lo tanto, establecer un nuevo método para lograr la salvación, mucho menos la fundación de un nuevo sistema de creencias; como incluso la Biblia destaca, Jesús buscó sólo que los Judíos pusieran más énfasis en la rectitud que en los rituales (Mat. 6:1-8).

Pablo de Tarso

Para encontrar el origen de la doctrina de la Expiación, uno no vuelve a las enseñanzas de Jesús, sino a las palabras de Pablo, el verdadero fundador del cristianismo y mentor de sus términos y prácticas actuales.

Como muchos judíos, Pablo no acataba las enseñanzas de Jesús, y él mismo persiguió a sus seguidores por sus creencias poco ortodoxas. Sin embargo, este celoso perseguidor se convirtió en un ardiente predicador a través de una repentina conversión en el año 35 d.C. Pablo afirmó que Jesús resucitado se le apareció y que lo eligió como su instrumento para llevar sus enseñanzas a los gentiles (Gal. 1:11; 12:15,16).

La credibilidad de Pablo en cualquier caso es cuestionable, considerando que: (1) Hay cuatro versiones contradictorias de su aparente “conversión” (Hechos 9:3-8; 22:6-10; 26:13-18; Gal. 1:15-17); (2) La Biblia dice, en pasajes como Núm. 12:6, Deut. 18:20 y Ez. 13:8-9, que las revelaciones vienen SÓLO de Dios, y (3) Hechos registra numerosos desacuerdos entre los otros discípulos y Pablo en lo que respecta a sus enseñanzas.

La experiencia y la observación le enseñaron a Pablo que divulgar sus enseñanzas entre los judíos no era posible; por lo tanto, eligió dirigirse a los no judíos. Al hacer esto, sin embargo, Pablo ignoró un mandamiento directo de Jesús con respecto a la divulgación del mensaje a otros que no fuesen judíos (Mat. 10:5-6).  En pocas palabras, Pablo dejó de lado las enseñanzas de Jesús en su deseo de éxito.

La influencia pagana                  

Entre los paganos de los tiempos de Pablo, existía una gran variedad de dioses. Aunque estos dioses tuviesen diferentes nombres y fuesen seguidos por personas de diferentes áreas del mundo –Adonis por Siria, Dionisio por Tracia, Atis por Frigia, por ejemplo– el concepto básico en cada cultura era el mismo: estos hijos de los dioses tuvieron muertes violentas y luego resucitaron para salvar a su gente.

Como los paganos tenían dioses salvadores en sus viejas religiones, no querían nada menos de la nueva; no pudieron aceptar ningún tipo de deidad invisible. Pablo era algo complaciente, llamaba hacia un salvador de nombre Jesucristo, hijo de Dios, que murió y resucitó para salvar a la humanidad del pecado (Rom. 5:8-11; 6:8-9).

La Biblia misma destaca el error del pensamiento de Pablo. Mientras que cada uno de los cuatro evangelios contiene una versión de la crucifixión de Jesús, estas versiones son relatos de segunda mano; ninguno de los discípulos de Jesús fue testigo de ellas, ya que habían huido abandonándolo en el Jardín (Marcos 14:50).

En el Antiguo Testamento, Dios dice que “el colgado del árbol” –crucificado– está “bajo la maldición de Dios” (Deut. 21:23).  Pablo esquivó esto diciendo que Jesús se hizo a sí mismo maldito para cargar con los pecados del hombre (Gal. 3:13); haciendo esto, sin embargo, Pablo dejó de lado la Ley de Dios.

La resurrección, donde Pablo dice que Jesús “conquistó” la muerte y el pecado para la humanidad (Rom. 6:9,10), juega un papel tan importante que quien no crea en ella no es considerado un buen cristiano (1 Cor. 15:14).

Aquí, también, la Biblia le da poco apoyo a las afirmaciones de Pablo; primero que nada, no sólo no hubo testigos oculares de la resurrección, sino que todas las versiones de los tiempos que le siguieron a la resurrección se contradicen entre sí; por ejemplo, quién fue a la tumba, qué sucedió allí, e incluso dónde y ante quién se apareció Jesús (Mat. 28; Marcos 16; Lucas 24; Juan 20).

Segundo, aunque el cristianismo afirma que el cuerpo luego de la resurrección será espíritu (1 Cor. 15:44), Jesús obviamente no había cambiado, ya que comió con sus discípulos (Lucas 24:30, 41-43) y les permitió tocar sus heridas (Juan 20:27).  Finalmente, en el cristianismo se dice que Jesús, como hijo divino,  comparte los atributos de Dios; uno no puede dejar de preguntarse, sin embargo, cómo puede ser posible que Dios muera...

En su deseo por ganar almas entre los paganos, Pablo simplemente reeditó una cantidad de creencias paganas de las cuales salió el esquema de salvación del cristianismo actual. Ningún profeta –incluido Jesús mismo– enseñó esos conceptos; Pablo fue su único autor.

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