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No sigas a Heraclio (parte 1 de 2): Y la verdad se hizo clara

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Descripción: La historia de dos hombres que optaron por poner en peligro sus vidas eternas en lugar de convertirse al Islam.

  • Por Aisha Stacey (© 2016 NewMuslims.com)
  • Publicado 01 Feb 2016
  • Última modificación 11 Mar 2018
  • Impreso: 13
  • Visto: 3431 (promedio diario: 3)
  • Clasificación: 5 De 5
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En la historia del Islam hay dos hombres prominentes que eligieron no convertirse al Islam a pesar de que la verdad se hizo clara para ellos. Estos hombres entendieron y admiraron el Islam, y cada uno a su manera amaron al Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Ellos fueron el emperador bizantino Heraclio y el amado tío del Profeta, Abu Talib. Ambos hombres reconocieron la belleza del Islam y, sin embargo, cedieron a la presión externa y eligieron no aceptarlo como su religión.

Cuando una persona considera convertirse al Islam, a menudo se enfrenta a presiones externas. ¿Qué dirán mis padres, mi esposa, mi hermano?, se preguntan. ¿Qué pasará con mi trabajo, cómo les diré a mis compañeros que ya no puedo ir con ellos al bar al salir de la oficina? Estas cosas pueden parecer triviales, pero a menudo pueden convertirse en enormes montañas que lleven a la persona a considerar y reconsiderar el asunto una y otra vez. Incluso después de que una persona se convierte al Islam, luego de que la euforia inicial desaparece, podría verse enfrentada a más presiones externas.

Heraclio y Abu Talib son dos ejemplos distintos de cómo uno fácilmente es capaz de poner en riesgo la otra vida por el bien de los asuntos que pertenecen a esta vida temporal.

Heraclio, emperador de Bizancio

En el año 628 de la era común, el Profeta Muhammad le envió una carta a Heraclio invitándolo a aceptar el Islam. Fue una de muchas cartas que el Profeta Muhammad envió a muchos gobernantes jefes de Estado. Cada letra fue diseñada específicamente para la persona a la que el Profeta Muhammad se dirigía. La carta a Heraclio dice, en parte, lo siguiente:

"Escribo esta invitación para llamarte al Islam. Si te haces musulmán serás salvo y Dios duplicará tu recompensa, pero si rechazas esta invitación al Islam cargarás con el pecado de haber desviado a tus súbditos. Así que te insto a prestar atención a lo siguiente: Di: ‘¡Oh, Gente del Libro! Convengamos en una creencia común: No adoraremos sino a Dios, no Le asociaremos nada y no tomaremos a nadie como divinidad fuera de Dios’. Pero si no aceptan, di: ‘Sean testigos de que nosotros solo adoramos a Dios’". Muhammad, el Mensajero de Dios.

Heraclio no destruyó la carta como lo hizo el emperador Cosroes II de Persía, sino que la leyó en voz alta a su séquito y sus ministros. Heraclio también guardó la carta, reflexionó sobre ella e investigó su veracidad. Cuestionó a Abu Sufián, un acérrimo enemigo del Islam y del Profeta, quien se encontraba en sus tierras en un viaje de comercio y negocios, y que fue llamado a la corte para ser interrogado. Abu Sufián habló con la verdad sobre Muhammad y Heraclio pudo establecer la veracidad de la profecía de Muhammad. Heraclio invitó a su corte al Islam. Su reacción a esta invitación fue registrada por Ibn An-Natur:

 "Cuando sus Grandes se hubieron reunido, ordenó que se cerraran todas las puertas de su palacio. Entonces les dijo: ‘Bizantinos, si su deseo es el éxito y si buscan la guía verdadera y quieren que su imperio permanezca, entonces den un juramento de lealtad al Profeta emergente’. Al escuchar esta invitación, los Grandes de la Iglesia corrieron hacia las puertas del palacio como una manada de asnos salvajes, pero hallaron las puertas cerradas. Heraclio, dándose cuenta de su odio hacia el Islam, perdió la esperanza de que ellos alguna vez lo abrazaran y ordenó que fueran devueltos a la sala de audiencias. Una vez regresaron, les dijo: ‘Lo que acabo de decirles fue solo para probar la fuerza de su convicción, y ya la he visto’. La gente se postró ante él y quedaron complacidos con él, y Heraclio se apartó de la fe".

Heraclio estaba obviamente convencido e impresionado con lo que leyó y con los resultados de su investigación. Entonces, ¿por qué se alejó? ¿Fue por temor a perder su poder y su posición? ¿Fue por temor a perder su vida? Claramente, su corazón se inclinó hacia abrazar el Islam y sin duda trató de convencer a su gente, tomando muy en serio el consejo de Muhammad de no desviar a su pueblo. El apego de Heraclio por este mundo probó ser demasiado fuerte. ¡Murió sin haber aceptado jamás el Islam!

Este es un problema que aquellos que están considerando la conversión pueden enfrentar cada día. La decisión de cambiar de religión no debe tomarse a la ligera, pues es un evento que cambia la vida. Sin embargo, el regalo del Islam no debe ser rechazado, pues uno no puede saber si tendrá la oportunidad de contemplarlo de nuevo.

Abu Tálib

El Profeta Muhammad tenía ocho años de edad cuando quedó bajo la protección y tutela de su tío Abu Tálib. Muhammad y Abu Tálib eran muy cercanos, y cuando Abu Tálib debió enfrentar tiempos difíciles, el Profeta Muhammad se hizo cargo de uno de sus hijos, Ali, quien creció para convertirse en yerno de Muhammad y en el Cuarto Califa de la nación islámica. Al predicar el mensaje del Islam, el Profeta Muhammad se puso en grave peligro. Abu Tálib, un hombre muy respetado en La Meca, protegió a Muhammad tanto como pudo. Incluso cuando se le animó a silenciar o controlar a su sobrino, se puso incondicionalmente del lado de Muhammad.

A pesar de que fue uno de los seguidores más constantes del Profeta Muhammad, Abu Tálib eligió no aceptar el Islam. Incluso mientras agonizaba, cuando el Profeta Muhammad le rogó que aceptara el Islam, se negó diciendo que estaba feliz con la religión de sus antepasados. Abu Tálib temía que su reputación y su honor entre la gente de La Meca se vieran arruinados si decidía en su último momento olvidar la religión de su padre y sus abuelos. El mismo honor que le permitió proteger y cuidar al Profeta Muhammad por más de cuarenta años, así como superar períodos de gran privación por el bien de su sobrino, no le permitió abrazar el Islam.

Desde los albores de la profecía de Muhammad, aquellos que quieren abrazar la nueva religión han enfrentado angustias personales y han tomado decisiones difíciles a fin de someterse a la voluntad de Dios. Las presiones externas, como el enojo de los familiares y amigos o perder el trabajo, han hecho que muchos arriesguen su bienestar en el Más Allá. Sería un gran error negociar el Paraíso eterno por los beneficios efímeros y temporales de este mundo.

En el próximo artículo hablaremos sobre cómo una persona puede enfrentar las presiones contemporáneas y ofreceremos algunas pautas para realizar la transición hacia el Islam de forma fácil.

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