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Marcela, exmormona, El Salvador

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Descripción: De mormona a musulmana.

  • Por Marcela
  • Publicado 05 May 2014
  • Última modificación 05 May 2014
  • Impreso: 17
  • Visto: 2700 (promedio diario: 1)
  • Clasificación: 3.3 De 5
  • Clasificado por: 3
  • Enviado por email: 0
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Mi historia comienza en El Salvador. Nací en San Salvador, y a la edad de 12 años (hace 19 años) emigré a Australia con mi madre, mi hermano y mi hermana.

Desde el momento en que llegué a Australia, nos recuerdo visitando diferentes iglesias cristianas de distintas sectas, tal como solíamos hacerlo en El Salvador. Por desgracia, ninguna era lo suficientemente sólida para que permaneciéramos en ella. Originalmente, fui bautizada en la Iglesia Católica, y durante mi adolescencia me sentí muy incómoda siendo católica. Comencé a buscar más orientación en el seguimiento de los mandamientos de Dios.

A los 15 años, mi familia y yo comenzamos a asistir a “La iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días”, comúnmente conocida como los “mormones”. Mi tía había sido miembro desde hacía tiempo y nos pareció que tenía más sentido que muchas otras enseñanzas cristianas que habíamos escuchado. Lo único es que, con las cosas buenas, vinieron también muchas otras que no parecían tener ninguna explicación lógica, como el hecho de que hay profetas inspirados con revelaciones dentro de la iglesia. De modo que pensé simplemente que con fe, un día las entendería y tendrían sentido. Pocos meses después, fui bautizada. Pasaron algunos años y realmente me gustaba la iglesia, pero de nuevo encontré que estaba confundida con el hecho de que ellos no parecían creer que hubiera nada de malo con que los jóvenes disfrutaran de la vida nocturna con tal que no bebieran, fumaran ni tomaran malas decisiones.

Como adolescente, ¿podrías decirme cómo es posible disfrutar de todo esto y al mismo tiempo mantenerse lejos de la tentación? Mantenerse lejos de tanta tentación era algo bastante difícil, así que estuve “inactiva” por un tiempo, por decirlo así. A mis 19 años conocí a un hombre que ahora es mi marido. Él es musulmán. En esa época, no era musulmán practicante, pero lo que me gustó de él fue el hecho de que tenía principios y amaba a Dios profundamente. Hablamos de matrimonio y concluimos que queríamos estar juntos. En ese momento, siendo una cristiana inactiva y él musulmán, llegamos a un acuerdo mutuo para casarnos solo a través del registro civil, para evitar cualquier preferencia hacia nuestras respectivas creencias religiosas.

Con el paso de los años, pensé en regresar a la iglesia (a cualquier iglesia), ya que mi amor por Jesús seguía ahí y sentía la necesidad de acercarme a Dios. Pero la idea no tardó en desaparecer, al recordar una de las razones principales por las que dejé de asistir a la iglesia en primer lugar. Había demasiadas peleas, puñaladas por la espalda, y críticas. Esto siempre ha estado ocurriendo en muchas de las iglesias a las que asistí, y me pareció que la gente había olvidado el propósito real de estar allí. Asistir a la iglesia se sentía más como un evento social de los domingos en lugar de una adoración a Dios.

Puedo decir honestamente que, en esa época, el Islam no me interesaba en lo absoluto, y que hacerme musulmana nunca estuvo como una opción en mi lista de preferencias sobre cómo acercarme a Dios. Sencillamente, no me interesaba, hasta hace poco.

Hace unos meses, tuve un sueño que realmente me sacudió. Me sentía muy asustada y me desperté rezando, buscando la guía de Dios.

Dos semanas después, tuve otro sueño muy similar al anterior, y me desperté diciendo en español: “¡En el nombre de Dios Todopoderoso y Misericordiosisimo!”

Oré y le pedí a Dios que me guiara y me ayudara a acercarme a Él y a hacer Su voluntad, y que me mostrara cómo o qué debía hacer para acercarme a Él. Le pedí una y otra vez que si Él quería que volviera a la iglesia para adorarlo, por favor me guiara a la iglesia correcta. Pero más importante aún, Le pedí que me hiciera entender cómo y por qué camino quería que me acercara a Él. También le pedí que me lo dejara tan claro, que mi corazón no pudiera negar nada de Su voluntad.

En el transcurso de esa semana tuve un tercer sueño. Estaba en el auto dirigiéndome a una montaña muy alta. No estoy segura si yo conducía o no. Pero en cuanto el carro estuvo cerca de la cima, tuve el presentimiento de que algo malo iba a ocurrir. Miré por la ventana del carro y vi que había llegado al punto más elevado de la montaña, y puede ver un lago azul en el fondo. Era tan pequeño, que apenas se podía ver el agua azul en él. En esa fracción de segundo, el auto perdió el control. Hice un gran esfuerzo por recuperar el control del volante, pero fue imposible. Recuerdo haber pensado que la muerte me había llegado y no tenía ya oportunidad ni esperanza de sobrevivir, y que en cuanto el auto se fuera al precipicio, moriría.

Tenía mucho miedo y frustración porque no había posibilidad de salvación. Estaba realmente enfrentando la muerte.

Comencé a sentirme muy estresada por el miedo, mientras el carro caía hacia el lago en la distancia. Cuando el carro estaba cayendo, escuché una voz fuerte que resonaba por las montañas. Era tan fuerte que las montañas se sacudían. La voz era fuerte, pero hermosa. Era tan hermosa que me dio paz y me hizo perder el miedo de morir, pero lo más importante fue la paz que me dieron las palabras que decía.

Entonces, escuché la voz por segunda vez. Esta vez, duró un tiempo más largo. Un color naranja brillante apareció entre las montañas, era el amanecer. A medida que el carro se acercaba al suelo para chocar, un camino apareció de la nada. Era el camino hacia mi salvación. Pero lo que realmente me salvó, fueron las palabras pronunciadas por esta voz a través de las montañas; esas palabras fueron: “Al-lah Akbar”. El llamado a la oración, el Adhan, realizado por el almuecín de la mezquita.

Me desperté al instante, y estaba tan emocionada que no podía dejar de llorar. Creo que en serio lloré durante unas buenas dos horas, pero era el sentimiento más hermoso que jamás había tenido. No podía hablar, y mi esposo me preguntaba qué me ocurría. Le conté mi sueño. Entonces le dije que quería leer el Corán. Sentía que esto había sido un mensaje de Dios queriendo que yo buscara el conocimiento.

A la siguiente mañana, comencé a buscar en el Islam. Es extraño, en los últimos 13 años, había estado rodeada de muchos musulmanes y nunca me había dado cuenta de la verdadera belleza del Islam. Recuerdo a mi cuñado, un musulmán practicante, explicándome la divinidad exclusiva de Dios y la importancia de adorar solo a Dios, y que ningún otro ser puede ser adorado junto con Él ni en lugar de Él, pero mi corazón estaba completamente sellado. Nunca estuve interesada en saber nada al respecto. De hecho, en ocasiones me sentía ofendida y quería decirle cuán desviado estaba. Me había convencido de que no había religión correcta, o por lo menos no una para mí, definitivamente.

Cuando estuve buscando el conocimiento, investigué mucho y aprendí bastante. Empecé incluso a relacionarme por correo electrónico con personas de conocimiento del otro lado del mundo. Descubrí que el Islam es no solo para la gente de Oriente Medio ni solo para los árabes, como piensa la mayoría de la gente. El Islam es para todos sin importar su raza, nacionalidad o entorno étnico. Es para aquellos que realmente aman las enseñanzas de Jesús (la paz sea con él) como lo hago yo. Es para aquellos que aman a todos los siervos, Mensajeros y Profetas de Dios, y más importante, para aquellos que reconocen la importancia de los beneficios que se obtienen cuando uno adora realmente a Dios y solo a Dios.

Alhamdu lil-lah (todas las alabanzas son para Dios) estaba muy fascinada con el tesoro que acababa de descubrir, la verdad hermosa, las evidencias y los beneficios de las enseñanzas del Islam. Leí la historia del cristianismo y estudié algunos versículos de la Biblia. No solo leí la visión islámica, sino la historia real de todas esas creencias que me tuvieron cegada para que las siguiera durante muchos años.

¿Quién hubiera pensado que escuchar el llamado a la oración no solo me salvaría en mi sueño, sino que sería la verdad y la salvación que había estado buscando en la realidad? Dios había respondido mis oraciones.

Puse de lado mis sentimientos espirituales y miré la evidencia que tenía frente a mí, y mi conclusión fue esta:

Ash-hadu an la ilaha il-la Al-lah, wa ash-hadu anna Muhammadan rasulul Al-lah”.

“Doy testimonio de que no hay divinidad verdadera excepto Dios, que nadie tiene derecho a ser adorado sino solo Dios (y que Dios no tiene hijos ni asociados); y doy testimonio de que Muhammad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, fue un Profeta verdadero (y un Mensajero) enviado por Dios”.

Ahora, en 2010, tras 13 años de haberme casado con mi esposo, me he convertido al Islam. Mi esposo aún se sorprende de que haya entrado al Islam, así como su familia y, por supuesto, la mía. Pero cuando uno sabe que todo lo que está haciendo es por la causa de Al‑lah, y por nadie más que Él, eso se siente muy bien.

Algunos de mis amigos más cercanos me apoyaron muchísimo cuando supieron que el Islam me había dado paz interior y humildad. Otros creen que me he convertido en una extremista porque rezo 5 veces al día y he cambiado mi forma de vestir por completo, Alhamdu lil-lah.

Cuando comencé a rezar, recuerdo haberme sentido muy extraña al comienzo, pero me pareció muy bien la segunda vez. El Islam no es solo una religión, sino que es una forma de vida.

Alhamdu lil-lah, vestir el hiyab ahora me hace sentir muy libre y respetada. La gente que no me conoce tiene la impresión automáticamente de que provengo de Oriente Medio, y cuando descubren que soy latinoamericana, se sorprenden, pues una musulmana latina en Australia es algo muy extraño. Yo aún no he conocido a una. Ellos me preguntan por qué el cambio tan dramático, pero Alhamdu lil-lah, es algo bueno, porque me da la oportunidad de darles una pequeña explicación sobre la belleza y las maravillas del Islam. Vestir el hiyab contribuye a los buenos valores que la mayoría de nosotros hemos perdido. El hiyab no es una responsabilidad, es un derecho que me ha dado mi Creador, Quien sabe más que nosotros. Definitivamente siento que estoy contribuyendo a la sociedad actual para que las mujeres dejen de estar sometidas a tener que vestirse o comportarse de cierta forma para encajar. No puedo expresar cuán feliz soy, Alhamdu lil-lah, de que Al‑lah me haya guiado hacia Su camino; y sé que todos planeamos cosas, pero Al‑lah es el mejor de los planificadores. Tal como dice la aleya (versículo) del Corán:

“Él es Quien da la vida y da la muerte, y cuando decreta algo dice: ‘¡Sé!’, y es”. (Corán 40:68)

En apenas unas semanas, supe que este era el camino correcto. Mi corazón sintió todo lo opuesto al rechazo que había tenido por el Islam. Convertirme al Islam me ayuda a esforzame por estar a Su lado en el Más Allá, mi vida en la Tierra no es para siempre. Por lo tanto, tengo que esforzarme por ser una buena sierva de Dios para estar un día en el Paraíso. La felicidad que tengo aquí no es eterna, pero si vuelvo al lado de mi Creador, tendré felicidad eterna.

Por favor, pídele solo a Dios, con total sumisión, que te guíe, y busca el conocimiento, pues serás recompensado por tu Creador.

Mi nombre es Marcela, nací en El Salvador, y estoy muy orgullosa de ser musulmana. Estoy realmente agradecida con Al‑lah por haberme guiado hacia el Islam. Aquellos a quienes Al‑lah guía nunca podrán ser desviados. In sha Al-lah (si Dios quiere) mi historia será un estímulo para atraer a más latinos a la verdadera belleza del Islam.

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