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Los matrimonios del Profeta Muhammad (parte 2 de 2): Una vida humilde

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Descripción: Los matrimonios que el Profeta Muhammad contrajo en las diferentes etapas de su vida.  Parte 2: Una mirada a algunos aspectos de la vida humilde del Profeta y cómo se relacionan con las razones por las que él contrajo sus matrimonios.

  • Por IslamReligion.com
  • Publicado 04 Apr 2011
  • Última modificación 04 Apr 2011
  • Impreso: 148
  • Visto: 7650 (promedio diario: 3)
  • Clasificación: 5 De 5
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  • Enviado por email: 1
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La cuarta etapa

Con la conquista de La Meca en el año 8 H.; la guerra terminó en su mayor parte. Después de esto, el Profeta no volvió a casarse. Esto muestra que él agregaba esposas a su familia sólo en la época de inestabilidad y guerra, tanto para protegerlas a ellas y a sus hijos, como para expandir y estabilizar la nación musulmana.

El hecho de que el Profeta Muhammad llevara una vida virtuosa fue admirado por sus adversarios, y a esto se refiere el Corán cuando Dios desafía a sus detractores preguntándoles de forma retórica si pueden hallar algún defecto moral en su vida. Él le dijo al Profeta Muhammad que:

“… (Di), Vosotros bien conocéis mi lealtad y confiabilidad, puesto que viví muchos años entre vosotros antes de la revelación”. (Corán 10:16)

Nadie fue capaz de encontrar ninguna falta en su carácter que pudiera ser utilizada en su contra. Asumiendo, en contra de toda evidencia, que él era un impostor y el autor personal del Corán, ¿habría presentado su vida virtuosa como prueba de su declaración de ser Profeta de Dios?

Su humilde forma de vida

 Aquellos pocos años en Medina en los que se llevaron a cabo la mayoría de sus matrimonios, no fueron años de lujo y comodidad. Por el contrario, su vida fue dura, empañada con la lucha a muerte contra los incrédulos. Grandes ejércitos estaban a las puertas de Medina listos para aplastar a los musulmanes, y gran parte de Arabia se había unido en contra suya. Las batallas debieron ser luchadas en rápida sucesión, sin tiempo para descansar en los laureles de la victoria o las cenizas de la derrota entre ellas. Para un líder responsable, no había tiempo para entregarse a las pasiones, ni siquiera el hombre ordinario que tuviera tal inclinación hallaría fácil el satisfacer sus pasiones en tales tiempos.

Huérfano desde pequeño, llegó a ser el gobernante de una Arabia unificada, pero eso no cambió su sencilla forma de vida. Comía la misma comida humilde y vestía la misma ropa que había llevado desde su juventud, quizás incluso más simple y humilde que entonces. El mobiliario de su dormitorio consistía de una estera hecha de hojas de palmera datilera, que le dejaba marcas en el cuerpo; uno de sus más cercanos compañeros le dijo al respecto:

“Oh, Mensajero de Dios, los líderes de los Persas beben en copas de oro y plata, ¿y tú vives así?” (Ahmed)

  Él a menudo se iba a la cama en la noche sin comer, y en su casa pasaban días sin que se encendiera fuego para cocinar. Cuando esto ocurría, toda la familia debía sobrevivir con dátiles y agua, a pesar del hecho de que el tesoro público estaba a su disposición. El Profeta pudo haber vivido con comodidad si lo hubiera deseado, ya que sus seguidores, algunos de los cuales eran muy ricos, estaban dispuestos a sacrificar cualquier cosa por él. Sin embargo, debido a la orden de Dios respecto al comportamiento de los Profetas, él no aceptaría caridad para sí mismo ni para su familia. Más aún, ya fuera en tiempos de pobreza o de riqueza, él no era un hombre dedicado a los placeres de esta vida mundana.

Sus noches

El Profeta Muhammad tuvo muchas esposas, pero no dedicaba la mayor parte de la noche en el disfrute conyugal con ellas. El Profeta fue ordenado por Dios:

 “Levántate en la noche y ora gran parte de ella, la mitad, o un poco menos”. (Corán 73:2-4)

Sus esposas describieron cómo sus pies se inflamaban de estar de pie orando. Esta ocupación habitual y constante claramente no pertenece a la vida de un hombre entregado a los placeres sensuales.

La vida sencilla de sus esposas

Después de la migración a Medina, el comercio próspero cambió la condición de los musulmanes. Las conquistas trajeron comodidades a la vida, y las esposas del Profeta naturalmente desearon compartir las comodidades legítimas de la vida. Sin embargo, Dios reveló:

 “¡Oh, Profeta! Diles a tus mujeres: Si preferís la vida mundanal y sus placeres transitorios, venid que os dejaré en libertad [divorciándoos] de buena forma. Pero si preferís a Allah y a Su Mensajero, y la morada que os aguarda en la otra vida, ciertamente Allah tiene una magnífica recompensa para quienes de vosotras obren el bien”. (Corán 33:28-29)

A todas las esposas se les ofrecieron alternativas, pero ni una sola de ellas lo dejó por una vida más cómoda. Si ellas hubieran sospechado que él era un impostor, o hubieran encontrado al menos una falla en su carácter, o incluso si hubieran realmente deseado la vida cómoda que se les ofrecía como alternativa a estar casadas con él, simplemente pudieron haberlo dejado. En lugar de ello, cada una de ellas eligió el honor de ser su esposa. De seguro si él hubiera sido un hombre sensual, no les hubiera negado a sus esposas deseos como éste, ni hubiera estado dispuesto a divorciarlas a todas si se hubieran inclinado, aunque fuera un poco, hacia los placeres mundanos que ahora tenían a su disposición.

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