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Reflexiones filosóficas (parte 1 de 5)

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Descripción: Esta serie de artículos proporciona un marco conceptual para responder las “grandes preguntas” relacionadas con nuestra existencia. La primera parte discute la necesidad de buscar la verdad.

  • Por Hamza Andreas Tzortzis
  • Publicado 18 Apr 2016
  • Última modificación 18 Apr 2016
  • Impreso: 24
  • Visto: 5224 (promedio diario: 4)
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PhilosophicalReflections1.jpgEstas reflexiones filosóficas son mis ideas sobre la verdad, el éxito, el propósito, la muerte, el pensamiento y la cosmovisión. Están escritas con la intención de expresar el pensamiento inicial que me llevó a mis actuales conclusiones sobre la vida. De forma deliberada, he terminado con preguntas en lugar de respuestas, pues deseo proporcionar un marco conceptual para los lectores que no comparten mi visión del mundo, a fin de que busquen las respuestas por sí mismos. He incluido versículos coránicos relevantes como recursos literarios introductorios para evocar el pensamiento y establecer una escena mental. Este enfoque es un tema importante en el Corán, ya que este a menudo menciona: "¿Acaso no reflexionan?".

Hay un proverbio africano que afirma que "quien hace preguntas no puede evitar las respuestas", así que confío en que estas reflexiones evocarán el pensamiento y facilitarán la orientación para aquellos que la busquen.

Verdad

"La verdad proviene de tu Señor, no seas de los indecisos [aun ante las evidencias irrefutables]". (Corán 2: 147)
"Y no mezclen la verdad con falsedades ni oculten la verdad a sabiendas". (Corán 2: 42)

La cuestión de la verdad ha dejado perpleja la mente de prácticamente todo ser humano que ha vivido en este planeta. ¿Qué es la verdad? ¿Cómo podemos llegar a conocer la verdad? ¿Existe tal cosa llamada verdad? Este tipo de pensamiento se remonta al antiguo filósofo griego Sócrates, quien desde joven se cuestionó y buscó sin cesar la verdad. Sin embargo, en nuestros días no pensamos realmente en conceptos como la verdad. Es probable que hayamos exigido: "¡Dime la verdad!", si sospechamos que un amigo nos traiciona, o "juramos decir la verdad" en una corte legal; pero cuando se trata de nuestra existencia y de cuestionar lo que significa ser humano, nos olvidamos de la verdad y adoptamos por filosofía el escepticismo.

El escepticismo responde de forma negativa la siguiente pregunta: ¿Podemos saber algo? Esto implica, en esencia, la creencia de que la verdad acerca de la vida y del universo jamás puede ser conocida. Fundado por Pirrón de Elis, el escepticismo fue defendido y puesto por escrito por el filósofo griego Sexto Empírico, quien fue el primero en detallar y codificar dicha doctrina. Esta escuela de filosofía es común en la sociedad actual; sin embargo, su enfoque con respecto a la verdad ya no se justifica pues podemos descubrirla, y la única forma de hacerlo es con el cuestionamiento insistente e incesante. Sócrates fue un gran cuestionador y de esta manera logró que sus oponentes se dieran cuenta de la verdad, debido a que él creía que la verdad siempre estaba dentro de nosotros. Por ejemplo, hay muchos principios universales que jamás podremos negar, y negarlos significaría negar el conocimiento mismo. Podemos ilustrar esto tomando dos tablones de madera de la misma longitud: ¿sabemos que son iguales porque tienen el mismo largo o conocemos el concepto de igualdad antes de nuestra experiencia? Esto se debe a que tenemos el concepto innato de igualdad, que nos permite ver que los tablones de madera tienen la misma longitud. Además, sabemos que la mitad de algo es menos que el todo, y sabemos la verdad del hecho de que todos los padres son hombres. Estas ideas y conceptos innatos son conocidos en epistemología como a priori, que significa conocimiento independiente de la experiencia.

Desde una perspectiva práctica, la posición escéptica es insostenible, ya que conocemos la verdad de las leyes de la física que permiten a los puentes soportar grandes pesos, incluyendo las leyes que les permiten a los barcos flotar. Si una posición escéptica fuera asumida cuando construimos nuestras casas, ¿estaríamos de acuerdo en implementar el diseño del arquitecto? El filósofo polaco Leszek Kolakowski escribió:

"Podríamos decir: Bueno, ya que no sabemos nada, ¿qué sentido tiene construir teorías que no tienen base alguna? Pero si los filósofos y eruditos hubieran intentado seriamente conseguir tal serenidad autosatisfecha, ¿habrían sido capaces de construir nuestra civilización? ¿Habría sido inventada la física moderna?"

De modo que existen algunas verdades universales con cuya aceptación podemos sentirnos seguros, y la manera de descubrir nuevas verdades es utilizar estas verdades universales como punto de partida, lo que se denomina fundamentalismo epistémico en el lenguaje de la filosofía.

La importancia de la verdad ha sido enfatizada por muchos pensadores actuales y del pasado. El antiguo filósofo Platón dijo: "¿Acaso no es algo malo ser engañado respecto a la verdad, y no es algo bueno saber qué es la verdad? Pues asumo que por conocer la verdad te refieres a conocer las cosas como son realmente". Entonces, ¿por qué es importante buscar la verdad? El significado de la verdad no es solo intuitivo, es algo que nos da una sensación de realidad, de que las cosas son reales. En ausencia de la verdad, la vida puede parecer irreal e ilusoria en cierto sentido. Además, muchos psicólogos han reconocido que los seres humanos quieren estar en lo correcto y buscan aprender de las normas sociales cuando están inseguros acerca de las cosas, este proceso psicológico se conoce como "influencia social normativa e informacional". Desde este punto de vista, la búsqueda de la verdad es muy importante, ya que tiene la posibilidad de darle forma a lo que somos o a la persona que queremos ser.

Otra forma de ver esto es que no buscar la verdad equivale a mentirnos a nosotros mismos, o incluso a aceptar una mentira, puesto que cualquier cosa distinta de la verdad sería aceptar su opuesto. De modo que la búsqueda de la verdad sería un medio para tratar de ser más sinceros con nuestra propia existencia, pues sería buscar establecer la verdad de quiénes somos y de la vida que estamos viviendo. Finalmente, aferrarse a la visión escéptica de que no hay verdad es autoengañarse, debido a que la afirmación de que no hay verdad es realmente una afirmación falsa, de modo que, ¿cómo podría alguien afirmar que el escepticismo es verdadero, pero todo lo demás no lo es? Esa es la inconsistencia de la visión escéptica; ¡un escéptico afirmaría la verdad del escepticismo, pero negaría todas las demás verdades! En consecuencia, no importa qué posición sostengamos, igual tenemos que aceptar una verdad, y en ese sentido, ¡vamos a comenzar a buscar la verdad!

 

 

Reflexiones filosóficas (parte 2 de 5)

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Descripción: Esta serie de artículos proporciona un marco conceptual para responder las “grandes preguntas” relacionadas con nuestra existencia. La segunda parte nos insta a reflexionar sobre lo que es en realidad el éxito y si nuestra existencia tiene un propósito.

  • Por Hamza Andreas Tzortzis
  • Publicado 18 Apr 2016
  • Última modificación 18 Apr 2016
  • Impreso: 24
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Éxito

"… ellos serán los exitosos". (Corán 7:157)
"Este es el éxito grandioso". (Corán 37:60)

PhilosophicalReflections2.jpgUna de las mejores definiciones de éxito que he encontrado es "la realización de lo que se pretende". Por ejemplo, si tuviera la intención de aprender a conducir y pasara mi examen de conducción, ese sería un éxito. Como seres humanos, intentamos lograr cosas todo el tiempo, obtener un ascenso, ser nuestro propio jefe, ser un buen padre y esposo, viajar por el mundo o escribir un libro. Si logramos o completamos nuestros propósitos y objetivos, entonces podemos afirmar que hemos sido exitosos. Sin embargo, ¿esta visión del éxito es significativa? Yo diría que no lo es.

Si vivimos nuestras vidas para completar las cosas que queremos alcanzar, sin siquiera cuestionarnos la intención de nuestra propia existencia, no le hallaremos ningún sentido principal a nuestras propias vidas. Por lo tanto, nuestra visión del éxito es casi infundada y carente de valor real. Si cada persona completa su vida tratando de alcanzar todas las cosas que hemos mencionado y ni siquiera ha completado el sentido deseado para su vida, ¿pueden llamar a sus vidas exitosas? Incluso podemos preguntar: ¿Realmente importa si es que existieron en lo absoluto? Sus vidas pueden ser de alguna importancia relativa para las cosas que quieren lograr, pero ¿cuál es el sentido principal de completar sus propias vidas?

Veamos las cosas desde una perspectiva científica. Nuestros hijos, nuestros actos, nuestros seres queridos y todo lo que hacemos son solo arreglos de moléculas. Carbono y otros átomos en varias combinaciones conforman nuestras vidas, e incluso las cosas que queremos alcanzar. Desde esta perspectiva, la humanidad no es más importante que un enjambre de moscas o un rebaño de ovejas, pues todas están hechas de lo mismo. Además, si seguimos la línea científica de pensamiento, nuestro final tampoco tiene significado, simplemente morimos y ya. Esto es cierto para cada persona individual. Los logros sorprendentes de los científicos para el avance del pensamiento humano, las investigaciones en curso de la biomedicina para hallar la cura del cáncer, los esfuerzos de los políticos para establecer la justicia y la paz en el mundo, todo esto termina en la nada. Incluso si los seres humanos fuéramos a existir para siempre, la mera duración infinita de nuestras vidas no las haría más significativas, todavía carecerían de significado principal.

Los existencialistas como Jean-Paul Sartre y Albert Camus entendieron el sinsentido de la vida en ausencia del reconocimiento de nuestra existencia. Es por esto que Sartre escribió sobre la "náusea" de la existencia, y Camus vio la vida como absurda y como indicativo de que el universo no tiene sentido en lo absoluto. El filósofo alemán Friedrich Nietzsche afirmó en declaraciones claras y concisas que el mundo y la historia humana no tienen significado en lo absoluto, ni sentido ni orden racional. Nietzsche argumentó que solo hay un caos sin sentido, un mundo sin dirección que no tiende hacia ningún fin.

Si hallamos el propósito de nuestra existencia, lo que le da significado último a nuestras vidas, y logramos alcanzar y completar dicho propósito, ese, de hecho, sería el éxito verdadero. En contraste con este tipo de pensamiento, alguien puede oponerse afirmando que toda esta discusión supone que algún tipo de entidad metafísica creó todo el universo con algún tipo de propósito. Esto es cierto, pero con eliminar dicho supuesto solo estaríamos presumiendo que el ateísmo es cierto. Adicionalmente, la conclusión lógica del ateísmo es que nuestra existencia misma no tiene sentido, lo que es una conclusión que no muchos ateos quieren seguir debido a que es contraria a nuestra naturaleza innata y a nuestra disposición psicológica. Así que las siguientes preguntas surgen de modo natural: ¿Cuál es el propósito de nuestra existencia, y qué perspectiva podría dar sentido a nuestra continua búsqueda de significado y éxito últimos?

Propósito

"¿A dónde irán?" (Corán 81:26)
"¡Señor nuestro! No has creado todo esto sin un sentido". (Corán 3:190)
"Dios creó esto con un verdadero propósito. Él explica los signos para gente de conocimiento". (Corán 10:5)

El filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein, que inspiró uno de los dos principales movimientos filosóficos del siglo XX, dijo una vez: "No sé por qué estamos aquí, pero estoy bastante seguro de que no es con el fin de disfrutar de nosotros mismos". Wittgenstein no tenía la respuesta para la pregunta eterna de cuál es el propósito de la humanidad, pero señaló que debía haber un propósito, incluso si la respuesta no pudiera ser descubierta intuitivamente. Sin embargo, se puede argumentar que la suposición de que hay un propósito puede ser falsa, y si lo es, entonces no hay nada de qué preocuparse, y todos debemos simplemente seguir viviendo. Como explicó Albert Camus, el filósofo y periodista francoargelino premiado con el Premio Nobel de Literatura: "Nunca vivirás si estás buscando el sentido de la vida". El punto de Camus no es ontológico, no profundiza en la naturaleza de la realidad y su preocupación parece ser existencial; es decir, que lo importante es cómo la vida funciona para ti, la vida del individuo, independientemente de cualquier verdad detrás de la existencia. Así que, a la luz de esto, debemos preguntar: ¿Es razonable creer que tenemos un propósito?

Para responder esto, tomemos los siguientes puntos en consideración:

Probablemente estás leyendo esto en tu habitación, en tu silla, y sin duda llevas algo de ropa encima. Y yo te pregunto: ¿con qué propósito? ¿Por qué llevas ropas y cuál es el propósito que cumple la silla? Ya que estas son preguntas retóricas, no tienes que responderlas, puesto que todos sabemos las respuestas. El propósito de la silla es permitirnos sentarnos soportando nuestro peso; y nuestras ropas cumplen el propósito de mantenernos calientes, ocultando nuestra desnudez y haciéndonos ver bien. Ahora, permíteme transportarte de tu habitación a un bosque en algún lugar del mundo. Este bosque obviamente tiene árboles, y en un árbol en particular hay una polilla. Esta polilla está en este árbol bebiendo su savia, y por debajo de esta polilla hay otra polilla cuyo papel es un poco extraño, pues bebe el excremento de la primera polilla. Esto es debido a que la primera polilla elimina sus residuos de forma casi instantánea mientras bebe la savia. Probablemente estarás pensando a dónde voy con esto; pues bien, primero vamos a discutir cuál es el propósito de la segunda polilla. Su propósito es limpiar el excremento de la primera polilla a fin de evitar que escurra por el árbol y atraiga a hormigas y otros insectos que se animarían a viajar por el rastro y devorarían a la primera polilla. Así que, en términos sencillos, la segunda polilla es la póliza de seguro de la primera polilla.

Ahora consideremos esto: probablemente no sabías nada sobre esta polilla hace tres minutos, de hecho, si la polilla sufriera una muerte horrible no te habría importado, o al menos no mucho. Sin embargo, le atribuimos un propósito a una criatura tan insignificante; y volviendo con nuestras ropas y la silla, que son objetos inanimados con ninguna facultad emocional ni mental, ¡a ellos también les atribuimos un propósito! Aun así, ¿no le atribuimos un propósito a nuestra existencia? ¿No es eso absurdo?

 

 

Reflexiones filosóficas (parte 3 de 5)

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Descripción: Esta serie de artículos proporciona un marco conceptual para responder las “grandes preguntas” relacionadas con nuestra existencia. En la tercera parte continuamos con la discusión sobre si nuestra existencia tiene algún propósito.

  • Por Hamza Andreas Tzortzis
  • Publicado 25 Apr 2016
  • Última modificación 25 Apr 2016
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PhilosophicalReflections1.jpgCreer que no tenemos ningún propósito no solo es irracional, sino que es problemático a nivel práctico, dado que presenta una indicación de que muchas de las cosas que hemos logrado como seres humanos muy probablemente no habrían ocurrido si mucha de la gente que alcanzó éxitos sorprendentes, incluyendo el descubrimiento de la penicilina, no hubiera tenido motivación para hacer lo que hicieron. Esto es debido a que dichas personas tenían un enfoque de la vida con un propósito que los impulsaba, sin el cual simplemente seríamos animales obedeciendo nuestros instintos, en otras palabras, robots químicos deambulando por ahí a la espera de que el ácido de la batería se seque. Las realidades de una existencia sin sentido también fueron subrayadas por el filósofo Arthur Schopenhauer, que afirmó que el mundo está en bancarrota y no hay razón para regocijarse en su existencia, incluso argumentó que sería mejor si no existiera el mundo y cuestionó si el suicidio era una solución plausible.

¿Por qué es irracional? Bien, es irracional porque si todo lo complejo y diseñado que descubrimos parece tener un propósito, incluyendo la insignificante polilla, así como las cosas que desarrollamos y creamos; entonces, se deduce lógicamente que nosotros tenemos también un propósito. Negar esto sería equivalente a creer cosas sin evidencia alguna, pues no hay evidencia para decir que no tenemos propósito, por el contrario, tenemos evidencia para decir que todas las cosas tienen un propósito y que podemos inferir que nosotros mismos también lo tenemos. Incluso los científicos señalan que es irracional afirmar que nuestro universo es impersonal y que es el producto del azar ciego. Es interesante ver que ellos han explicado que los procesos físicos en el universo tienen algún tipo de propósito; por ejemplo, el astrónomo Sir Fred Hoyle describió el universo con los atributos de Dios, y los físicos Zeldovich y Novikov cuestionaron por qué la naturaleza decidió crear este universo y no otro.

Finalmente, podemos argüir que, sin un propósito, no tenemos realmente un significado profundo para nuestra vida. Por ejemplo, si adoptamos la conclusión lógica de una visión científica apática de nuestra existencia, estamos en un barco que se hunde. Este barco se llama universo, pues, de acuerdo con los científicos, el universo un día sufrirá una muerte térmica, y un día el sol destruirá la Tierra. Por lo tanto, este barco se va a hundir, así que te pregunto, ¿qué sentido tiene reorganizar las sillas de la playa o darle un vaso de leche a la anciana? Como dijo el escritor y ensayista ruso Fyodor Dostoyevsky: "Sin un objetivo y un cierto esfuerzo para alcanzarlo, nadie puede vivir".

Varios argumentos pueden desprenderse de esta discusión. En primer lugar, una visión del mundo sin propósito nos da más libertad para crear propósito para nosotros mismos. Para explicarlo con más detalle, algunos existencialistas han sostenido que nuestra vida en realidad no está basada en nada, y a partir de esa nada podemos crear un nuevo ámbito de posibilidad para nuestras vidas y, por lo tanto, crear un propósito para nosotros mismos. Esta filosofía descansa en la idea de que nada tiene sentido y de que podemos crear un nuevo lenguaje por nuestra propia cuenta a fin de llevar vidas plenas. El defecto de este enfoque es que utiliza un significado para afirmar la falta de significado y también representa un autoengaño, pues niega el propósito pero crea uno para nosotros. Adicionalmente, implica que no hay valores morales y verdades objetivas debido a la ausencia de una base ontológica. Esto va en contra de la intuición y es opuesto a nuestro consenso intercultural de nuestro pensamiento moral. La filosofía de la guerra es un buen ejemplo para mostrar ese tipo de consenso moral. Durante 2.500 años hubo un acuerdo intercultural de que los venenos no debían ser utilizados en la guerra, incluso si eras derrotado. Si bien la gente no siempre cumplía esto en la práctica, estaban de acuerdo con esta regla.

Otra aseveración incluye la posición de los evolucionistas de que nuestro propósito es propagar nuestro ADN, como afirma Richard Dawkins en su publicación El gen egoísta, al decir que nuestros cuerpos han sido desarrollados solo para hacer eso. El problema con este análisis es que relega nuestra existencia a un accidente casual a través de un proceso biológico muy largo; en esencia, el valor de nuestra vida pierde su significado y la moralidad queda relegada al gusto de cada uno, como afirma Michael Ruse, un filósofo de la ciencia:

"La moral es una adaptación biológica igual que lo son las manos, los pies y los dientes… La moral es solo una ayuda para la supervivencia y la reproducción, y cualquier significado más profundo es ilusorio".

La perspectiva evolutiva crea más problemas de los que resuelve, pues no puede dar una explicación adecuada a la consciencia y a la presencia de nuestras facultades racionales. Tomando la consciencia como ejemplo, ¿cómo puede una realidad subjetiva inmaterial provenir de una sustancia material? La consciencia no es una cosa física ni está contenida en ninguna célula ni estructura biológica. La realidad más indiscutible e intuitiva es que todos somos conscientes, pero no podemos describir o explicar qué es esta consciencia. Una cosa de la que podemos estar seguros es de que la consciencia no puede ser explicada química ni biológicamente, y la principal razón de ello es que la evolución no descubrió la consciencia, en realidad es al revés. Que la evolución trate de explicar la verdad de la consciencia equivale a argumentar en círculo. Incluso los científicos reconocen esto: el físico Gerald Schroeder señala que no existe diferencia real entre un montón de arena y el cerebro de Einstein. Los que defienden una explicación física para la consciencia deberían contestar preguntas más grandes, como esta: "¿Cómo pueden ciertos fragmentos de materia crear de repente una nueva realidad que no tienen parecido alguno con la materia?".

Así que, si la consciencia no se puede explicar físicamente, entonces la siguiente pregunta a plantear es: ¿Cómo llegó a ser? La historia del universo indica que la consciencia simplemente surgió espontáneamente y que el idioma apareció sin ningún precursor evolutivo. Incluso los neoateos no han podido ponerse de acuerdo en términos de la naturaleza de la consciencia ni de su fuente, puesto que ninguna explicación física es suficientemente coherente para convencer. El propio neoateo Richard Dawkins admite la derrota en lo relacionado con la consciencia; él afirma: "No sabemos. No la entendemos".

En conclusión, hay más razones para creer que tenemos un propósito más profundo que las otras opciones de falta de propósito y la propagación fría y sin valor de nuestro ADN. Darnos cuenta de que tenemos un propósito es la mejor explicación a través de las inferencias que hacemos en relación con el universo y las cosas que nos rodean. Incluso, se le atribuye al filósofo escocés David Hume haber dicho: "Un hombre sabio ajusta su creencia a la evidencia", de modo que, en este caso, sería sabio concluir que los seres humanos tienen un propósito, y no olvidemos que esto nos alimenta con una explicación más significativa de nuestra existencia. Sin embargo, la siguiente pregunta surge de forma natural: ¿Cuál es nuestro propósito?

 

 

Reflexiones filosóficas (parte 4 de 5)

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Descripción: Esta serie de artículos proporciona un marco conceptual para responder las “grandes preguntas” relacionadas con nuestra existencia. La cuarta parte nos recuerda que pensar en la muerte es la fuerza impulsora detrás de las reflexiones acerca de las cuestiones que realmente importan, y da inicio a la discusión sobre el proceso de pensamiento que debe utilizarse para alcanzar las conclusiones correctas.

  • Por Hamza Andreas Tzortzis
  • Publicado 25 Apr 2016
  • Última modificación 25 Apr 2016
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Muerte

 "Toda alma probará la muerte". (Corán 21:35)
"La muerte los alcanzará donde quiera que se encuentren, aunque se refugien en fortalezas inexpugnables". (Corán 4:78)

La muerte es algo en lo que nosotros, como seres vivos, no nos gusta pensar. Nos hace darnos cuenta en nuestro interior de que todo lo que hemos logrado alcanzar y construir en este mundo ya no va a ser más. De manera significativa, nos despierta al hecho brutal de que no existiremos ya más en el planeta. Ha habido muchos filósofos sobre la muerte; por ejemplo, los pensadores han discutido que la muerte es una interrupción de la vida, como el sueño o una enfermedad, solo que permanente. Otros explicaron que la muerte debe ser considerada parte de la vida, algo a lo que toda persona debe llegar a fin de vivir bien, parte de lo que está involucrado en la aceptación de nuestra finitud. Algunos pensadores afirmaron que la muerte debe considerarse como una transición de esta vida hacia otra vida, la vida eterna de felicidad o de dolor.

Sea cual sea nuestra opinión acerca de la muerte, una cosa en la que todos podemos estar de acuerdo es que es algo en lo que no pensamos lo suficiente. Esto puede sonar morboso, pero hay un valor profundo en reflexionar sobre la muerte, que da lugar a que nos demos cuenta de que todos somos seres humanos con una vida breve. Nuestros egos ya no se verán tan importantes, nuestros apegos y deseos por el mundo material son puestos en perspectiva y nuestras vidas son cuestionadas, y todo ello es una fuente de gran beneficio, como dijo el teólogo y filósofo del siglo XI Al Ghazali: "…en el recuerdo de la muerte hay recompensa y mérito". Contemplar la muerte nos hace pensar y nos da esa ventana en nuestras vidas para reflexionar realmente sobre la naturaleza efímera de nuestra existencia.

A la luz de la muerte, ¿cómo deberíamos ver la vida? ¿Qué nos dice acerca de la importancia que le atribuimos a las cosas, y como le da sentido a nuestra existencia? Si vemos la vida a través del lente de la muerte, parece que nos encontramos en un espacio emocional e intelectual donde realmente podemos evaluar nuestra situación en este planeta. ¿Cómo llegamos a existir? ¿Qué debería estar haciendo aquí? ¿A dónde voy? La muerte es la fuerza impulsora detrás de esas preguntas críticas, porque en el momento en que reconocemos que esta vida es corta y que vamos a dar nuestro último aliento cualquier día, eso nos pone todo en perspectiva.

Así que, reflexionemos sobre la muerte: imagina que estás aquí en este momento y al siguiente ya no estarás nunca más. Probablemente has experimentado el fallecimiento de seres queridos, ¿cómo te sentiste? ¿No hubo una sensación de soledad, vacío y falta de apego a las cosas que solías tomarte muy en serio? Ahora, si fueras a probar la muerte en este mismo instante, como lo hará todo ser humano, ¿eso qué significaría para ti? ¿Qué te hubiera gustado hacer de forma distinta si tuvieras la oportunidad de volver atrás? ¿Qué pensamientos e ideas tomarías más en serio? ¿Y cuál sería tu perspectiva si pudieras volver a vivir tu vida una vez que hubieras experimentado la realidad trágica de la muerte?

Lo triste acerca de la muerte es que no podemos volver para cambiar nuestras perspectivas ni para pensar sobre la vida ni para desaviar nuestro punto de vista y separarnos de la naturaleza vacía de la vida mundanal. Lo bueno, sin embargo, es que podemos reflexionar profundamente sobre la muerte y, lo mejor de todo, es que podemos hacer esos cambios ahora, en este mismo instante.

Pensamiento

 "… para gente que reflexiona". (Corán 10:24)
"… Y [Dios] enseñó a Adán los nombres de todas las cosas…". (Corán 2:31)
"¿Acaso no van a razonar?" (Corán 6:32)
"¿Acaso no reflexionan sobre sí mismos?" (Corán 30:8)

¿Cómo deberíamos pensar? ¿Cómo podemos entender el mundo que nos rodea? ¿Qué métodos debemos utilizar para obtener una verdadera comprensión del mundo? Estas preguntas han intrigado las mentes de muchos grandes pensadores a lo largo de la historia. Nuestra tradición humana está llena de debates y discusiones tratando de hallar las respuestas. Personajes como Locke, Hume, Kant y muchos otros han tratado de dar respuestas y arrojar luz sobre el eterno debate con respecto a nuestro entendimiento del mundo. Algunos de estos pensadores, como Locke, afirmaron que nuestro conocimiento del mundo está limitado a nuestras percepciones, es decir, el conocimiento depende de nuestra experiencia sensorial, lo que se conoce en epistemología como a posteriori, y que forma la tradición empírica en la filosofía.

Locke argumentó que nuestras mentes son una hoja en blanco, una tabla rasa esperando ser escrita por nuestra experiencia. Otros pensadores como Leibniz afirmaron, en su Nouveax Essais sur l’entendement humain, que los seres humanos tenemos conceptos e ideas que son necesarios para entender el mundo que nos rodea, lo que significa que el conocimiento puede ser obtenido de manera independiente a la experiencia sensorial, lo que se conoce como a priori en epistemología, y forma la tradición racionalista en la filosofía. La opinión de Leibniz parece ser una posición más fuerte pues tiene más sentido; sin embargo, algunos filósofos y científicos niegan esto y afirman que no pueden pensar en ningún ejemplo de cosas que puedas saber sin la experiencia sensorial. Eso no es cierto, podemos tomar los siguientes ejemplos en consideración:

·       Los círculos no tienen esquinas.

·       4+4 = 8.

·       El tiempo es irreversible.

·       Todo lo que tiene un inicio para su existencia, tiene una causa.

·       El todo es mayor que su mitad (¡solo come media manzana!).

·       La causalidad

Tomemos la causalidad como un ejemplo para ilustrar que no podemos confiar solo en la experiencia sensorial. La causalidad puede ser conocida sin experiencia debido a que la llevamos a toda nuestra experiencia, en lugar de que nuestra experiencia nos la brinde a nosotros. Es como ponerse unas gafas de color amarillo, todo se ve amarillo no porque así sean las cosas que hay en el mundo, sino debido a los cristales a través de los cuales estamos observando las cosas. El argumento de que esto es solo una suposición no es cierto, ya que sin la causalidad no seríamos capaces de tener el concepto del mundo real, y no entenderíamos nuestra experiencia sensorial. Tomemos el siguiente ejemplo en consideración: imagina que estás mirando la Casa Blanca en Washington D. C. Tus ojos pueden pasar de la puerta a los pilares, y a continuación a la azotea y finalmente al jardín frontal. Contrasta esto ahora con otra experiencia, estás en el río Támesis en Londres y ves pasar un bote. ¿Qué dicta el orden en que tienes estas experiencias? Cuando miras a la Casa Blanca tienes la opción de mirar la puerta primero y luego los pilares, etc. Sin embargo, con el bote no tienes opción ya que el frente del bote es lo primero en aparecer.

El punto aquí es que no habrías podido ser capaz de hacer la distinción de que algunas experiencias son ordenadas por ti mismo y otras son ordenadas independientemente, a menos que tuvieras la idea innata de la causalidad. En ausencia de causalidad, nuestra experiencia sería muy diferente de como es, sería solo una secuencia única de experiencias, una cosa tras otra.

Así que parece que la forma correcta de formar conclusiones es utilizando nuestras ideas innatas y las experiencias del mundo a nuestro alrededor; en otras palabras, utilizando el pensamiento racional o lo que algunas personas llaman "la razón". Confiar solo en nuestra experiencia del mundo material no es suficiente como método de pensamiento, ya que no sería capaz de confirmar verdades políticas, verdades morales, verdades matemáticas, verdades lógicas, y no olvidemos mencionar una verdad fundamental como la causalidad.

 

 

Reflexiones filosóficas (parte 5 de 5)

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Descripción: Esta serie de artículos proporciona un marco conceptual para responder las “grandes preguntas” relacionadas con nuestra existencia. La quinta parte continúa con la discusión sobre el proceso de pensamiento que se debe emplear para alcanzar las conclusiones correctas, y explica que los fundamentos intelectuales de cualquier visión del mundo deben ser evaluados para juzgar la validez de su verdad.

  • Por Hamza Andreas Tzortzis
  • Publicado 02 May 2016
  • Última modificación 02 May 2016
  • Impreso: 23
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Aunque podemos entender el mundo a nuestro alrededor utilizando el pensamiento racional, ¿cómo podemos formular un argumento o verificar nuestras conclusiones? Bien, esto radica en el estudio de la lógica, que esencialmente significa los principios del razonamiento, con un énfasis particular en la estructura de nuestros argumentos.

Ilustremos el uso de la lógica en el siguiente ejemplo: si nuestra amiga María dice "Juan viene a cenar esta noche", y David dice "María no viene a cenar esta noche", ¿lo que ellos dicen es consistente? Bien, la lógica nos dice que, si ellos se están refiriendo a la misma persona y al mismo día, entonces sus afirmaciones no serían consistentes. Sin embargo, si se están refiriendo a una persona distinta o a un día diferente, entonces sus afirmaciones sí serían consistentes.

Combinemos entonces los dos procesos. Juan dice: "Todo lo que comienza a existir tiene una causa, y el universo comenzó a existir; por lo tanto, el universo tuvo una causa". Ahora, desde una perspectiva lógica, ese es un argumento válido ya que la afirmación "por lo tanto, el universo tuvo una causa" sigue la lógica de las dos primeras afirmaciones. Pero esto no significa que sea racional ni razonable. A fin de descubrir que es razonable, tendríamos que investigar nuestras ideas innatas y nuestra experiencia sensorial para poder ver si las dos primeras afirmaciones son ciertas. Si lo son, entonces la conclusión es que no solo sería un argumento válido, sino que también sería un argumento sólido.

Confiar solo en el empirismo no nos daría una respuesta, ya que nos llevaría a suspender el juicio sobre si el universo tiene una causa o no, pues esto no se puede detectar. Sin embargo, esto sería equivalente a negar la existencia de nuestra tátara tátara tátara tatarabuela, porque no hay evidencia empírica de su existencia. Puedes argüir: "¡Pero entonces yo no estaría aquí hoy día!". Eso es cierto, pero eso sería utilizar el pensamiento racional para llegar a esa conclusión, ya que has deducido que debiste tener una tátara tátara tátara tatarabuela puesto que todos los seres humanos debieron tener una abuela para poder existir.

Esta es la forma en la que todos nosotros deberíamos comenzar a pensar sobre la vida y el universo, para así poder llegar a las conclusiones correctas utilizando argumentos válidos.

Cosmovisión

 "Es posible que les disguste algo y sea un bien para ustedes, y es posible que amen algo y sea un mal para ustedes. Dios conoce [todo] pero ustedes no". (Corán 2:216)

Vive y deja vivir, no les hagas daño a los demás y estarás bien. Eso tiene sentido, ¿verdad? Incluso hasta el punto en que no debería ser cuestionado. Pero, ¿por qué es esto? ¿Por qué nosotros aceptamos automáticamente ciertas ideas y rechazamos otras? ¿Por qué ciertos puntos de vista nos parecen agradables y nos desagradan otros, sin siquiera pensar en ellos?

La respuesta radica en el concepto de una cosmovisión. Una cosmovisión es una filosofía de vida que nos permite darle sentido a nuestra existencia y a nuestras experiencias cotidianas. La cosmovisión que adoptamos afecta la forma en que procesamos las ideas, y nos permite entender la sociedad y nuestro lugar en ella. Una cosmovisión es importante en particular asociación con nuestra sociedad actual, debido a que el mundo contemporáneo ha tenido un efecto enorme sobre la psicología humana. Parece que somos incapaces de lidiar con los cambios impredecibles y la cada vez mayor complejidad de la vida, con los consiguientes estrés, incertidumbre y frustración que se hacen comunes, y nuestras mentes están sobrecargadas de información. Una cosmovisión es el marco que une todo esto y nos permite entender la complejidad de la vida y su imprevisibilidad, nos ayuda a tomar decisiones críticas que darán forma a nuestro futuro y a nosotros mismos, y nos ayuda a tener una visión más amplia.

La cosmovisión varía y puede extenderse desde algo poco profundo a algo muy amplio y extenso. Una cosmovisión superficial es una que apenas nos da el margen para reaccionar a las experiencias cotidianas, como el trabajo y los amigos. Este tipo de cosmovisión suele formarse a través de nuestras experiencias previas en la vida y se desarrolla al crear patrones de entendimiento del mundo contemplando nuestra historia personal en él. Este tipo de cosmovisión es problemática, ya que nos impide progresar al mantener una fijación inflexible sobre el pasado, sin posibilidad de ver el mundo en una forma positiva o distinta que nos dé la oportunidad de transformación. Es limitada en su alcance y solo se hace tan amplia como tus experiencias, y nuestras experiencias individuales son muy limitadas.

Una cosmovisión amplia, como discutió el filósofo Leo Apostel, lo abarca todo en la vida, e incluye varios componentes, por ejemplo, proporciona un modelo para el mundo al responder la pregunta básica: "¿Quiénes somos?". Además, proporciona una explicación para responder a: "¿Por qué el mundo es como es?", y "¿de dónde venimos?". Otra parte importante de una cosmovisión amplia incluye extrapolar del pasado hacia el futuro para responder la pregunta: "¿Hacia dónde vamos?". Debe tratar de responder qué es bueno y qué es malo, en otras palabras, incluye moral y ética, mientras nos brinda un sentido de propósito, una dirección y objetivos para nuestros actos. Además, la respuesta a la pregunta "¿para qué?" puede ayudarnos a entender el verdadero significado de la vida; y una cosmovisión amplia debe responder a: "¿Cómo debemos actuar?". De esa manera, nos ayuda a resolver problemas prácticos. Finalmente, una cosmovisión amplia debe responder la pregunta: "¿Qué es cierto y qué es falso?". Esto es equivalente a lo que en filosofía se denomina "epistemología" o "teoría del conocimiento", por lo que nos permitiría distinguir entre lo que es correcto y lo que es incorrecto.

Para cualquier situación hay varios resultados posibles, todos los cuales son dictados por la cosmovisión que adopta la persona. En lugar de discutir los actos, o frutos, de una cosmovisión, los fundamentos de la cosmovisión deben ser desafiados y validados. De modo que la cosmovisión que es más correcta o que tiene fundamentos intelectuales más fuertes debe ser aquella a adoptar.

Por esta razón, cuando se mira el Islam, el objetivo principal no debe ser una evaluación de los derechos de la mujer, la forma de vestir o los casos explotados de forma sensacionalista por los medios de comunicación, ya que la evaluación de los mismos estará sesgada de acuerdo con tu cosmovisión actual. En lugar de ello, los fundamentos intelectuales de cualquier cosmovisión deben ser evaluados por su veracidad, y aquella cosmovisión que tiene mayores razones en su verdad debe ser la que debemos adoptar, puesto que estará en línea con el principio de que lo que sea que trae verdad es verdadero.

Entonces, ¡que comience el viaje!

 

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