Proyectos comerciales en Texas, Oklahoma y
Florida
Durante los siguientes 30 años mi padre y
yo trabajamos conjuntamente en diversos proyectos comerciales. Tuvimos
programas de entretenimiento, espectáculos y atracciones. Abrimos tiendas de
pianos y órganos en Texas y Oklahoma hasta Florida. Generamos millones de
dólares durante esos años, pero no hallábamos la paz interior que sólo se
encuentra por medio de la verdad y la auténtica visualización de la salvación. Seguramente
te habrás preguntado: “¿Por qué Dios me creó?”, o “¿qué pretende Dios de mí?”; más exactamente, “¿quién es Dios?”, “¿por qué
creemos en el ‘pecado original’?” y “¿por qué los hijos de Adán fueron forzados
a aceptar sus ‘pecados’ y por consiguiente ser castigados para siempre?” Si le
preguntaras a alguien acerca de esto seguramente te responderían que deberías creer
sin preguntar, probablemente te dirían que es un “misterio”: “Tan sólo ten fe,
hermano”.
El concepto de la Trinidad
Aunque resulte extraordinario, la palabra Trinidad
no se encuentra en la Biblia. Su inexistencia es motivo de inquietud para los eruditos
religiosos desde 200 años luego de que Jesús fuera elevado hacia Dios Todopoderoso.
Le pedí a predicadores y ministros que me dieran alguna idea, cualquiera fuere
su especie, de cómo “uno” podría convertirse en “tres” o de cómo y por qué es
posible que Dios, Quien lleva a cabo Su Voluntad sin condicionamientos, simplemente
no perdonó los pecados de la humanidad, sino que en vez de eso descendió a la
Tierra volviéndose una persona y asumiendo los pecados de todo el mundo. Ello,
teniendo en cuenta que este proceso transcurrió mientras Él permanecía siendo Dios
de todo el universo, cuya Voluntad se cumple cuando y como Él quiere. Aparentemente
jamás tuvieron la capacidad de crear una respuesta, sino que se limitaron a expresar
opiniones o extrañas analogías al respecto.
Su padre, ordenado como Ministro sin
denominación
Mi padre era un activo partidario del
trabajo de la iglesia, especialmente de los programas de la escuela eclesiástica.
En 1970 fue ordenado ministro. Él y su esposa (mi madrastra) conocían a muchos
de los pastores y evangelistas de la TV, incluso visitaron a Oral Roberts y
ayudaron a la construcción de la “Torre de Oración” situada en Tulsa, Oklahoma.
Además, fueron importantes defensores de Jimmy Swaggart, Jim y Tammy Fae Baker,
Jerry Fallwell, John Haggi y el principal enemigo del Islam en los Estados
Unidos de América: Pat Robertson.
Distribución de audios de “oración” para Jesús
A comienzos de la década de1980 mi padre y
su esposa trabajaron conjunta y activamente en la grabación y distribución de audios
de “oración” gratuitos a hogares para jubilados, hospitales y asilos para
ancianos. De verdad conseguíamos “reclutar almas para el Señor Jesús” día tras
día.
Conocí a un egipcio
A comienzos de 1991 mi padre empezó a
comerciar con un egipcio y me dijo que deseaba que yo lo conociera. Esta idea me
resultó atractiva al pensar en la posibilidad de degustar cierto sabor
internacional. Ustedes saben, pirámides, esfinge, Río Nilo y todo eso.
Era un “Mozlem”
Luego mi padre mencionó que este hombre
era musulmán… Secuestradores, pone bombas, terroristas y quién sabe qué más. Ante
todo, odiaba la idea de conocer a un “infiel, secuestrador, terrorista, incrédulo”.
A cualquier persona normal le parecería repulsiva dicha idea, no podía creer lo
que escuchaba. ¿Un musulmán? ¡De ninguna manera! Le recordé a mi padre diversas
cosas que habíamos escuchado acerca de estas personas.
Mentiras que nos contaban acerca de los musulmanes
y el Islam:
No creen en Dios, veneran una caja negra
en el desierto y besan el suelo cinco veces al día. ¡De ninguna manera! No quería
conocer a ese musulmán… ¡De ninguna manera! Mi padre insistió en que lo
conociera y me aseguró que era una persona muy agradable. Esto era demasiado
para mí; especialmente ya que todos los evangélicos con los que solíamos viajar
odiaban de sobre manera a los musulmanes y al Islam. De hecho nos mentían para
asustarnos y para que las personas temieran al Islam. Así que, ¿por qué querría
conocer a estas personas?
Idea: “Convirtámoslo en cristiano”
Entonces se me ocurrió una idea: “podemos
convertir a este hombre en un cristiano”. Por ende, me rendí y accedí a la
reunión, aunque de acuerdo a mis términos. Acepté conocerlo un domingo después
de la iglesia ya que habríamos rezado y estaríamos en buenos términos con el
Señor. Llevaría mi Biblia bajo mi brazo como de costumbre, mi cruz grande y brillante
colgando y mi gorra que dice: “Jesús es el Señor”. Mi esposa y mis dos jóvenes hijas
llegaron, estábamos preparados para nuestro primer encuentro con los musulmanes.
¿Dónde está?
Cuando entré a la tienda y le pregunté a
mi padre dónde estaba el musulmán, apuntó y dijo: “Se encuentra justo allí”.
Estaba confundido. Ese no podía ser el musulmán. De ninguna manera.
¿Turbante y barba?
Esperaba encontrar un hombre inmenso con túnica
y batas ondeando, un gran turbante sobre su cabeza, una barba larga que llegaría
a su pecho, cejas que atravesarían su frente de lado a lado y una espada o una
bomba bajo su abrigo.
Ni
barba ni turbante [¡de hecho no tenía cabello alguno!]
Este hombre no usaba barba, a decir
verdad, no tenía cabello alguno en su cabeza, era prácticamente calvo. Lo mejor
de todo es que era muy agradable, saludaba con una calurosa bienvenida y apretón
de manos. Esto no tenía sentido; pensaba que eran terroristas y pone bombas. ¿De
qué se trataba todo esto?
Necesita a Jesús
No hay problema. Me pondré a trabajar
inmediatamente con este tipo. “En nombre de Jesús” necesita ser “salvado”; el
Señor y yo lograremos hacerlo.
Introducción e interrogatorio
Luego de una rápida introducción, le
pregunté:
“¿Usted cree en Dios?”
Dijo: “Sí”. - (¡Bien!)
Entonces pregunté: “¿Cree en Adán y Eva?”
Dijo: “Sí”. - (¡Muy bien!)
Otra vez pregunté: “¿Qué me dice de
Abraham, cree en él y en cómo trató de sacrificar a su hijo por Dios?”
Respondió: “Sí”. – (¡Aún mejor!)
Nuevamente pregunté: “¿Y Moisés, los diez mandamientos, la separación del Mar Rojo?”
Nuevamente respondió: “Sí”. – (¡Mejor
todavía!)
Luego inquirí otra vez: “¿Y los demás
profetas, David, Salomón y Juan el Bautista?”
Dijo: “Sí”. – (¡Genial!)
Volví a preguntar: “¿Cree en la Biblia?”
Volvió a responder: “Sí”. – (¡Bien!)
Finalmente, le llegó el momento a la gran
pregunta: “¿Cree en Jesús, y en que fue el Mesías (Cristo) de Dios?”
Y nuevamente me respondió: “Sí”. –
(¡Fantástico!)
En fin, esto sería más fácil de lo que
pensaba, él estaba prácticamente listo para ser bautizado, sólo que no lo
sabía. ¡Y yo era justamente el indicado para llevarlo a cabo!
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