El Corán
Cuando mi hermano volvió a
Londres, trajo consigo una traducción del Corán, la cual me regaló. Él no se
había convertido al Islam, pero percibió algo especial en esa religión, y pensó
que yo también encontraría algo en ella.
Cuando recibí el libro, encontré
una orientación que me explicaría todo – quién era yo; cuál era el objetivo de
esta vida; cuál era la realidad y cuál sería la realidad; y de dónde provenía –
me di cuenta de que esa era la verdadera religión; no la religión en el sentido
en el que la entiende en Occidente, no la religión que solo sirve para cuando
uno es anciano. En Occidente, quien desea adoptar una religión y convertirla
en su forma de vida es considerado un fanático. Yo no era un fanático; al
principio estaba confundido entre el cuerpo y el alma. Luego me di cuenta de
que el cuerpo y el alma no están separados y que no hace falta recluirse en las
montañas para ser religioso. Debemos seguir la voluntad de Dios. Luego
podemos superar incluso a los ángeles. Lo primero que quise hacer en ese
momento fue ser musulmán.
Me di cuenta de que todo le
pertenece a Dios, que Él todo lo creó y que el cansancio no se apodera de Él. Entonces
comencé a perder la vanidad, porque hasta ese momento creía que la razón por la
que estaba donde estaba era por mi propia grandeza. Pero me di cuenta de que
no me había creado a mí mismo, y que el único fin de mi presencia aquí era
transmitir las enseñanzas que habían sido perfeccionadas por la religión que
conocemos como El Islam. En ese momento, comencé a descubrir mi fe. Me sentía
musulmán. Al leer el Corán, me di cuenta de que todos los Profetas enviados
por Dios trajeron el mismo mensaje de monoteísmo. ¿Por qué entonces los judíos
y los cristianos eran diferentes? Ahora sé que los judíos no aceptaron a Jesús
como el Mesías y que tergiversaron sus libros sagrados. Incluso los cristianos
alteran la Palabra de Dios y llaman a Jesús hijo de Dios. Todo comenzó a tener
más sentido. Esa es la belleza del Corán; te invita a que reflexiones con la
razón, a no adorar al sol o a la luna sino a Quien los ha creado. El Corán le
pide al hombre que reflexione en el sol y la luna y en la creación en general.
¿Te das cuenta de lo diferente que es el sol de la luna? Están a distintas
distancias de la Tierra, pero nos parecen del mismo tamaño; en ocasiones, uno
parece superponerse sobre el otro.
Incluso cuando algunos astronautas
van al espacio, ven el tamaño insignificante de la Tierra y la grandeza del espacio se vuelven creyentes, porque han visto una de las Señales de
Dios.
Cuando leí más el Corán,
hablaba de la oración, la bondad y la caridad. Aún no era musulmán, pero
sentía que la única respuesta para mí era el Corán, y Dios me lo había enviado,
y en un principio lo mantuve en secreto. Pero el Corán también habla en
distintos niveles. Comencé a entenderlo en otro nivel, donde el Corán dice: “Ciertamente
los creyentes son todos hermanos entre sí”. Por lo tanto, en ese momento quise
conocer a mis hermanos musulmanes.
La Conversión
Luego decidí viajar a Jerusalén
(como lo había hecho mi hermano). En Jerusalén, fui a una mezquita y me senté.
Un hombre me preguntó qué quería. Le dije que era musulmán. Me preguntó mi
apellido. Le dije “Stevens”. Quedó confundido. Luego me sumé a la oración,
pero sin mucho éxito. De regreso en Londres, conocí a una hermana llamada
Nafisa. Le dije que quería adoptar el Islam, y me indicó que fuera a la Mezquita New Regent. Esto fue en 1977, aproximadamente un año y medio después de haber
recibido El Corán. Me había dado cuenta de que tenía que librarme de mi vanidad,
librarme de Satán, y tomar un rumbo. Por eso un viernes, luego de la oración
en congregación, fui donde el Imán (el que dirige la oración) y pronuncié mi testimonio
de fe islámico (Shahaadah). Había alcanzado la fama y la fortuna. Pero la
orientación era algo que me evadía, sin importar cuánto lo intentara, hasta que
me mostraron el Corán. Ahora me daba cuenta de que podía ponerme en contacto
directo con Dios, a diferencia del Cristianismo o cualquier otra religión. Como
me dijo una vez una mujer hindú: “Ustedes no entienden a los hindúes. Nosotros
creemos en un solo Dios; utilizamos estos objetos (ídolos) sólo para
concentrarnos”. Lo que ella decía era que para llegar a Dios, uno debe tener
asociados intermediarios, ídolos que cumplen ese fin. Pero el Islam elimina
todas esas barreras. Lo único que separa a los creyentes de los incrédulos es la
oración. Ese es el proceso de purificación.
Por último, quiero decir que
todo lo que hago es para complacer a Dios y pido a Dios que ustedes obtengan al
menos algo de inspiración de mis experiencias. Aún más, me gustaría destacar
que no me contacté con ningún musulmán antes de adoptar el Islam. Leí primero
el Corán y luego me di cuenta de que ninguna persona es perfecta. El Islam es
perfecto, y si imitamos la conducta del Profeta, tendremos éxito en esta vida y
en el más allá.
Que Dios nos oriente a seguir
el camino del pueblo de Muhammad, la paz y la bendición de Dios sean con él. ¡Amín!
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