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Kenneth L. Jenkins, Pastor y miembro del consejo de la Iglesia Pentecostal, USA (parte 1 de 3)
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Descripción: Un niño confundido en su momento encuentra la salvación a través de la Iglesia Pentecostal y responde su llamado al sacerdocio a los 20 años, luego se convierte en musulmán. Parte 1.
Por Kenneth L. Jenkins
Publicado 22 Dec 2008 - Última modificación 11 Jan 2009
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Categoría: Artículos
> Historias de nuevos musulmanes
> Sacerdotes y religiosos
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Prefacio
Como un antiguo pastor y miembro
del consejo de la iglesia cristiana, es el encargado de iluminar a aquellos
que continúan caminando en la oscuridad. Después de abrazar el Islam, sentí una
necesidad de ayudar a aquellos que todavía no habían sido bendecidos por la luz
del Islam.
Agradezco a Dios Todopoderoso,
por tener piedad de mí, por hacer que conociera la belleza del Islam enseñada
por el Profeta Muhammad y sus piadosos seguidores. Es solo por la piedad de
Dios que recibimos la verdadera guía y la habilidad de seguir el camino
correcto, que lleva al éxito en esta vida y en el Mas Allá.
Gracias a Dios por la bondad
que me ha demostrado a través del Sheik ‘Abdullah bin Abdulaziz bin Baz al
abrazar el Islam. Aprecio y pasaré el conocimiento
adquirido en cada encuentro. Existen muchos otros que me han ayudado alentándome.
De más está decir que agradezco a Dios Todopoderoso, por todos y cada uno de
los hermanos y hermanas que Él ha permitido que cumplan un rol en mi
crecimiento y desarrollo como musulmán.
Rezo para que este pequeño
trabajo sea benéfico para todos. Espero que los
cristianos encuentren que todavía hay esperanza en las condiciones más
caprichosas que prevalecen por encima del bautizo. Las respuestas a los
problemas del cristianismo no se solucionan en el cristianismo mismo, ya que
son, en la mayoría de las instancias, la raíz de sus propios problemas. Por el
contrario, el Islam es la solución a los problemas que plagan al mundo del cristianismo,
así como también los problemas que enfrenta el llamado mundo cristiano en su
totalidad. Que Dios nos guié a todos y nos recompense de acuerdo a nuestros
actos e intenciones.
Abdullah Muhammad al-Faruque
at-Ta’if, Reino de Arabia Saudita.
Comienzos
Desde pequeño fui criado con un
profundo temor de Dios. Criado parcialmente por una abuela que era Pentecostal fundamentalista, la iglesia se convirtió en una parte integral de mi vida en una
edad muy temprana. Cuando cumplí 6 años, sabía muy bien los beneficios que me
esperaban en el Cielo por ser un buen niño y el castigo que me esperaba en el
Infierno si era un niño malo. Mi abuela me enseñó que todos los mentirosos eran
condenados al Infierno, donde arderían por el resto de los tiempos.
Mi madre tenía dos trabajos de tiempo completo
y continuaba recordándome las enseñanzas que me había dado su madre. Mi hermano
menor y mi hermana mayor parecían no tener en cuenta las advertencias de mi
abuela acerca del Mas Allá, como lo hacía yo. Recuerdo ver la luna llena con un
color rojizo, y comenzaba a llorar porque me habían enseñado que uno de los
signos del final del mundo era que la luna se convertiría en algo rojo como la
sangre. Como un niño de ocho años comencé a desarrollar tal miedo hacia lo que
pensaba que eran signos en los cielos y en la tierra del Día del Juicio Final
que comencé a tener pesadillas de cómo sería.
Nuestra casa se encontraba
cerca de un conjunto de vías del tren, y los trenes pasaban frecuentemente.
Puedo recordar despertarme en las noches por los
horrorosos sonidos de las locomotoras pensando que había muerto y que había
resucitado después de oír ese sonido de la trompeta. Estas enseñanzas fueron
incrustadas en mi joven mente a través de una combinación de enseñanzas orales
y las lecturas de una serie de libros para niños conocidos como la Historia de la Biblia.
Cada sábado íbamos a la iglesia
vestidos con ropas finas. Mi abuelo nos llevaba. La iglesia duraba horas. Llegábamos
a las once de la mañana y no nos retirábamos hasta las tres de la tarde.
Recuerdo que algunas veces me quedaba dormido en las piernas de mi abuela. A
veces mi hermano y yo teníamos permitido dejar la
iglesia antes de la conclusión de las sesiones dominicales de catequesis y el
servicio de adoración de la mañana para sentarnos con nuestro abuelo en el
patio de las vías del tren para mirar pasar los trenes. El no asistía a la
iglesia, pero se encargaba de que mi familia lo hiciera todos los domingos.
Luego, el sufrió un derrame cerebral que lo dejó parcialmente paralizado, y como
resultado, no pudimos asistir a la iglesia regularmente. Este periodo fue una
de las etapas más cruciales de mi desarrollo.
Re-dedicación
Me sentía aliviado, en algún
sentido, de no tener que asistir a la iglesia, pero sentía la necesidad de ir
por mi cuenta de vez en cuando. A los 16 años, comencé a asistir a la iglesia
de un amigo cuyo padre era pastor. Era un pequeño edificio solo con la familia
de mi amigo, conmigo, y otros compañeros del colegio. Asistí varios meses
antes de que la iglesia cerrara. Después de graduarme de la escuela secundaria e
ingresar a la universidad, redescubrí mi compromiso religioso y me sumergí por
completo a las enseñanzas pentecostales. Fui bautizado y “me llené del Espíritu
Santo”, como se llamaba en ese entonces la experiencia. Como estudiante, rápidamente
me convertí en el orgullo de la iglesia. Todos tenían grandes esperanzas en mí,
y yo era feliz de encontrarme nuevamente en “el camino de la salvación”.
Asistía a la iglesia en todos
los momentos que abría sus puertas. Estudié la Biblia días y semanas. Atendía a conferencias de los eruditos cristianos de mis días, y me percaté
de mi llamado al sacerdocio a los 20 años. Comencé a rezar y me hice conocido rápidamente.
Era extremadamente dogmático y creía que nadie sería salvado a menos que fuese
del grupo de mi iglesia. Categóricamente condené a todos los que no llegaban a
conocer a Dios de la manera en que lo conocía yo. Me enseñaron que Jesucristo
(que la paz y las bendiciones de Dios lo acompañen) y Dios Todopoderoso eran
uno e iguales. Me enseñaron que mi iglesia no creía en la trinidad, pero que Jesús
(que la paz y las bendiciones de Dios lo acompañen) era de hecho, el Padre, el
Hijo y el Espíritu Santo. Traté de comprenderlo aunque debo admitir que
realmente no lo comprendía. En lo que a mi concierne, era la única doctrina que
valía para mi. Admiraba la santa vestimenta de la mujer y el piadoso
comportamiento del hombre. Disfrutaba practicar una doctrina donde se requería
que las mujeres llevaran vestimentas que cubriesen su cuerpo por completo, sin
pintar sus rostros con maquillaje, y comportándose como verdaderas embajadoras
de Cristo. Estaba erróneamente convencido de que finalmente había encontrado en
verdadero camino a la felicidad eterna. Debatía con cualquier persona
perteneciente a una iglesia diferente y los silenciaba por completo con mi
conocimiento de la Biblia. Memoricé cientos de pasajes bíblicos, y esto se
convirtió en una marca registrada de mis oraciones. Sin embargo, aunque estaba
seguro de encontrarme en el camino correcto. Sentía que había una verdad mayor.
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Kenneth L. Jenkins, Pastor y miembro del consejo de la Iglesia Pentecostal, USA (parte 2 de 3)
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Descripción: Un niño confundido encuentra la salvación a través de la Iglesia Pentecostal y responde su llamado al sacerdocio a los 20 años, luego se convierte en musulmán. Parte 2: “No todo lo que brilla es oro”.
Por Kenneth L. Jenkins
Publicado 29 Dec 2008 - Última modificación 29 Dec 2008
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> Historias de nuevos musulmanes
> Sacerdotes y religiosos
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Solía meditar mientras estaba
en soledad y le rezaba a Dios para que me guiara a la religión correcta y que
me perdonara si hacía lo incorrecto. Nunca había tenido contacto alguno con los
musulmanes. Las únicas personas que conocía que afirmaran que el Islam era su
religión eran los seguidores de Elijah Muhammad, a los que llamaban “musulmanes
negros” o “Lost-Found Nation”. Fue durante este período en los setenta cuando
el Pastor Louis Farrakhan reconstruyó lo que se llamaba “La Nación del Islam”. Fui a oír al Pastor Farrakhan invitado por un colega y me encontré con que
era una experiencia que cambiaría mi vida dramáticamente. Nunca en mi vida escuché
a otro hombre negro hablar del modo en que él hablaba. Inmediatamente quise
arreglar un encuentro con él para intentar convertirlo a mi religión.
Disfrutaba evangelizar, deseando encontrar almas pérdidas para salvarlas del
fuego del Infierno, sin importar quienes fuesen.
Después de graduarme comencé a
trabajar tiempo completo. Cuando estaba llegando a la cumbre de mi sacerdocio,
los seguidores de Elijah Muhammad se volvieron más visibles, y agradecía el
esfuerzo de intentar salvar a la comunidad negra de los males que la estaban
destruyendo. Comencé a alentarlos, en algún sentido, comprando su literatura y
hasta encontrándome con ellos para dialogar. Asistía a sus círculos para
descubrir exactamente cuales eran sus creencias. Aunque yo supiese lo sinceros
que eran algunos de ellos, no me convencía la idea de que Dios fuese un hombre
negro. No estaba de acuerdo con su uso de la Biblia para alentar su posición en
ciertos puntos. Había un libro al cual yo conocía bien, y me molestaba
profundamente la que yo pensaba que era su interpretación. Había asistido a escuelas
de estudio de la Biblia locales y sabía bastante acerca de varios aspectos del
estudio de la Biblia.
Después de casi seis años, me mudé
a Tejas y me afilié a dos iglesias. La primera iglesia estaba liderada por un
joven pastor inexperto y con muy pocos conocimientos. Comencé a mirar más
profundamente las escrituras y me percaté que yo sabía más que el actual líder.
Como muestra de respeto, dejé la iglesia y me uní a otra en una ciudad
diferente donde sentí que podía aprender más. El pastor de esta particular
iglesia era muy erudito. Era un excelente maestro pero tenía algunas ideas que no pertenecían a la norma de la organización de la iglesia. Tenía algunos puntos
de vista algo liberales, pero aun así disfrutaba de su doctrina. Estaba pronto
a aprender la lección mas valiosa de mi vida cristiana, que era “no todo lo que
brilla es oro”. A pesar de su apariencia exterior, existían demonios en la
iglesia que nunca pensé que podrían existir. La existencia de estos demonios me
hizo reflexionar profundamente, y comencé a cuestionarme las enseñanzas a las
cuales estaba tan dedicado.
Bienvenidos al Mundo Real de la
Iglesia
Pronto descubrí que había un
alto grado de celos en la jerarquía ministerial. Las cosas ya no eran como yo
estaba acostumbrado que sean. Las mujeres vestían de maneras que me parecían vergonzosas.
La gente se vestía para llamar la atención, generalmente del sexo opuesto. Descubrí
la participación que tenían el dinero y la codicia en la operación de las
actividades eclesiásticas. Existían varias pequeñas iglesias en discordia, y
nos llamaban para reunirse y ayudarlos a juntar dinero para ellos. Me
informaron que si una iglesia no tenía cierta cantidad de adeptos, entonces no debía
perder mi tiempo rezando allí porque no recibiría una amplia recompensa
financiera. Luego expliqué que no actuaba por el dinero y que rezaría incluso
si hubiese solo un miembro presente… ¡y lo haría gratis! Esto causó disturbios.
Comencé a cuestionar a aquellos a quienes yo creía que tenían conocimientos, sólo
para enterarme de que estaban montando un show. Aprendí que el dinero, el poder
y la posición eran más importantes que enseñar la verdad acerca de la Biblia. Como estudiante de la Biblia, sabía bien que tenía errores, contradicciones e
inventos. Creía que la gente debía ser expuesta a la verdad acerca de la Biblia. La idea de exponer a la gente a tales aspectos de la Biblia era un pensamiento que se le atribuía supuestamente a Satanás. Pero comencé a
interrogar públicamente a mis maestros durante las clases de la Biblia, preguntas que nadie podía responder. Ni siquiera uno podía explicar como Jesús era
supuestamente Dios, y como al mismo tiempo, era supuestamente Padre, Hijo y
Espíritu Santo en uno y aun así no era parte de la trinidad. Varios
predicadores finalmente afirmaron que no lo entendían pero simplemente se les
requería creerlo.
Casos de adulterio y fornicación prevalecían sin
castigo alguno. Algunos predicadores eran encontrados con drogas y habían
destruido sus vidas y las vidas de sus familias. Se descubrió que líderes de
algunas iglesias eran homosexuales. Había pastores incluso culpables de cometer
adulterio con las hijas de los miembros de otras iglesias. Todo esto aparejado
con la falta de respuestas a lo que yo pensaba eran preguntas válidas fue suficiente
para buscar un cambio. Ese cambio llego cuando acepté un trabajo en el Reino de
Arabia Saudita.
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Kenneth L. Jenkins, Pastor y miembro del consejo de la Iglesia Pentecostal, USA (parte 3 de 3)
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Descripción: Un niño confundido encuentra la salvación a través de la Iglesia Pentecostal y responde su llamado al sacerdocio a los 20 años, luego se convierte en musulmán. Parte 3: “Nacimiento de la oscuridad a la luz”.
Por Kenneth L. Jenkins
Publicado 12 Jan 2009 - Última modificación 12 Jan 2009
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> Historias de nuevos musulmanes
> Sacerdotes y religiosos
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Un Nuevo Comienzo
No fue mucho después de mi
llegada a Arabia Saudita que vi una inmediata diferencia en el estilo de vida
de la gente musulmana. Eran diferentes de los seguidores de Elijah Muhammad y
del Pastor Louis Farrakhan ya que eran de todas las nacionalidades, colores y
lenguajes. Inmediatamente expresé mi deseo de aprender más acerca de esta
peculiar religión. Me deslumbraba la vida del Profeta Muhammad y quería saber más.
Solicité libros a uno de los hermanos que buscaba activamente personas para adherirse al Islam. Me entregaron todos los libros posibles. Leí todos y cada uno de
ellos. Luego me entregaron el Sagrado Corán y lo leí por completo varias veces en cuatro meses. Formulé pregunta tras pregunta y recibí
respuestas satisfactorias. Lo que me pareció es que los hermanos no querían impresionarme
con su sabiduría. Si un hermano no sabía como responderme a una pregunta,
simplemente me decía que no sabía como responderme y que tendría que buscar a
alguien que si supiera. Al día siguiente me brindaba la respuesta. Note la
humildad de las vidas de estas misteriosas personas del Medio Oriente.
Estaba sorprendido de ver a la
mujer cubrirse a si misma de pies a cabeza. No veía ninguna jerarquía
religiosa. Nadie competía por una posición religiosa. Todo esto era hermoso,
¿Pero como podía abandonar la enseñanza que me había sido
inculcada desde mi infancia? ¿Y la Biblia? Sabía que había algo de verdad en
ella aunque había sido cambiada y revisada en numerosas oportunidades. Luego me
entregaron un video de un debate entre el Sheik Ahmed Deedat y el Reverendo Jimmy
Swaggart. Después de ver el debate me convertí inmediatamente en musulmán.
Me llevaron a la oficina del
Sheik Abdullah bin Abdulaziz bin Baz para declarar
oficialmente mi aceptación del Islam. Fue allí que me aconsejaron como
prepararme para el largo camino que me esperaba. Fue realmente un nacimiento
de la oscuridad a la luz. Me preguntaba que pensarían mis compañeros de la Iglesia al enterarse de que había abrazado el Islam. Luego me enteré. Regresé a los Estados
Unidos de vacaciones y fui severamente criticado por mi “falta de fe”. Se me
pusieron muchas etiquetas, desde renegado hasta réprobo. Los líderes de las
iglesias dijeron a las personas que ni siquiera recordaran mis plegarias.
Aunque parezca extraño, no me molestó. Me sentía tan feliz de que Dios
Todopoderoso, haya elegido guiarme que nada mas importaba.
Ahora solo quería transformarme
en un dedicado musulmán como lo había sido cristiano. Esto, por supuesto, se
refiere al estudio. Me percaté de que una persona puede crecer tanto como
quiera en el Islam. No hay monopolio de sabiduría, es libre para todo el que
desee aprovechar la oportunidad de aprender. Me dieron un set de Sahih Muslim
como regalo de parte de mi maestro del Corán. Fue allí que vi la necesidad de
aprender acerca de la vida, dichos y prácticas del Profeta Muhammad, que la paz
y las bendiciones de Dios lo acompañen. Leí y estudié la mayor cantidad de
colección de Hadices disponibles en inglés como pude. Me di cuenta de que mi
conocimiento de la Biblia era un activo ahora muy útil para lidiar con los
antecedentes cristianos. La vida ha tomado un significado totalmente diferente.
Uno de los cambios más profundos es el resultado de conocer que en la vida hay
que prepararse para el Mas Allá. También fue una nueva experiencia saber que
somos recompensados incluso por nuestras intenciones. Si tu intención es hacer
el bien, entonces eres recompensado. Era bastante diferente en la Iglesia. La actitud era que “El camino hacia el Infierno es pavimentado con las buenas intenciones”. No había modo de ganar. Si pecabas, tenías que confesarte con el pastor,
especialmente si el pecado era mayor, como el adulterio. Eras juzgado
estrictamente por tus acciones.
El Presente y el Futuro
Después de una entrevista con
el periódico de Al-Madinah me preguntaron acerca de mis actividades actuales.
En la actualidad, mi meta es aprender árabe y continuar estudiando para ganar
un mayor conocimiento acerca del Islam. Actualmente estoy estudiando el asunto
de la dawah y me llaman para enseñar a no-musulmanes
que vienen de antecedentes cristianos. Si Dios, Todopoderoso, me lo permite,
espero escribir más acerca del tema de la religión comparativa.
Es el deber de los musulmanes a
través del mundo trabajar para difundir el conocimiento del Islam. Como alguien
que ha pasado tanto tiempo como profesor de la Biblia, siento el especial deber de enseñar a las personas los errores, contradicciones e
invenciones del libro en el que creen millones de personas. Una de las mayores alegrías
es saber que no tengo que discutir tanto con los cristianos, porque era un
profesor que aprendió la mayoría de sus técnicas de disputa utilizadas. También
aprendí cómo discutir utilizando la Biblia para defender el cristianismo. Al
mismo tiempo sabía los argumentos para cada argumento que nosotros, los
pastores, teníamos prohibido discutir o divulgar.
Rezo para que Dios nos perdone
a todos por la ignorancia y nos guie por el camino que
nos lleva al Paraíso. Toda alabanza se debe a Dios. Que Dios alabe a Su último mensajero,
el Profeta Muhammad, su familia, compañeros, y aquellos que siguen su guía.
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