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Kenneth L. Jenkins, Pastor y miembro del consejo de la Iglesia Pentecostal, USA (parte 2 de 3)
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Descripción: Un niño confundido encuentra la salvación a través de la Iglesia Pentecostal y responde su llamado al sacerdocio a los 20 años, luego se convierte en musulmán. Parte 2: “No todo lo que brilla es oro”.
Por Kenneth L. Jenkins
Publicado 29 Dec 2008 - Última modificación 29 Dec 2008
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Categoría: Artículos
> Historias de nuevos musulmanes
> Sacerdotes y religiosos
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Solía meditar mientras estaba
en soledad y le rezaba a Dios para que me guiara a la religión correcta y que
me perdonara si hacía lo incorrecto. Nunca había tenido contacto alguno con los
musulmanes. Las únicas personas que conocía que afirmaran que el Islam era su
religión eran los seguidores de Elijah Muhammad, a los que llamaban “musulmanes
negros” o “Lost-Found Nation”. Fue durante este período en los setenta cuando
el Pastor Louis Farrakhan reconstruyó lo que se llamaba “La Nación del Islam”. Fui a oír al Pastor Farrakhan invitado por un colega y me encontré con que
era una experiencia que cambiaría mi vida dramáticamente. Nunca en mi vida escuché
a otro hombre negro hablar del modo en que él hablaba. Inmediatamente quise
arreglar un encuentro con él para intentar convertirlo a mi religión.
Disfrutaba evangelizar, deseando encontrar almas pérdidas para salvarlas del
fuego del Infierno, sin importar quienes fuesen.
Después de graduarme comencé a
trabajar tiempo completo. Cuando estaba llegando a la cumbre de mi sacerdocio,
los seguidores de Elijah Muhammad se volvieron más visibles, y agradecía el
esfuerzo de intentar salvar a la comunidad negra de los males que la estaban
destruyendo. Comencé a alentarlos, en algún sentido, comprando su literatura y
hasta encontrándome con ellos para dialogar. Asistía a sus círculos para
descubrir exactamente cuales eran sus creencias. Aunque yo supiese lo sinceros
que eran algunos de ellos, no me convencía la idea de que Dios fuese un hombre
negro. No estaba de acuerdo con su uso de la Biblia para alentar su posición en
ciertos puntos. Había un libro al cual yo conocía bien, y me molestaba
profundamente la que yo pensaba que era su interpretación. Había asistido a escuelas
de estudio de la Biblia locales y sabía bastante acerca de varios aspectos del
estudio de la Biblia.
Después de casi seis años, me mudé
a Tejas y me afilié a dos iglesias. La primera iglesia estaba liderada por un
joven pastor inexperto y con muy pocos conocimientos. Comencé a mirar más
profundamente las escrituras y me percaté que yo sabía más que el actual líder.
Como muestra de respeto, dejé la iglesia y me uní a otra en una ciudad
diferente donde sentí que podía aprender más. El pastor de esta particular
iglesia era muy erudito. Era un excelente maestro pero tenía algunas ideas que no pertenecían a la norma de la organización de la iglesia. Tenía algunos puntos
de vista algo liberales, pero aun así disfrutaba de su doctrina. Estaba pronto
a aprender la lección mas valiosa de mi vida cristiana, que era “no todo lo que
brilla es oro”. A pesar de su apariencia exterior, existían demonios en la
iglesia que nunca pensé que podrían existir. La existencia de estos demonios me
hizo reflexionar profundamente, y comencé a cuestionarme las enseñanzas a las
cuales estaba tan dedicado.
Bienvenidos al Mundo Real de la
Iglesia
Pronto descubrí que había un
alto grado de celos en la jerarquía ministerial. Las cosas ya no eran como yo
estaba acostumbrado que sean. Las mujeres vestían de maneras que me parecían vergonzosas.
La gente se vestía para llamar la atención, generalmente del sexo opuesto. Descubrí
la participación que tenían el dinero y la codicia en la operación de las
actividades eclesiásticas. Existían varias pequeñas iglesias en discordia, y
nos llamaban para reunirse y ayudarlos a juntar dinero para ellos. Me
informaron que si una iglesia no tenía cierta cantidad de adeptos, entonces no debía
perder mi tiempo rezando allí porque no recibiría una amplia recompensa
financiera. Luego expliqué que no actuaba por el dinero y que rezaría incluso
si hubiese solo un miembro presente… ¡y lo haría gratis! Esto causó disturbios.
Comencé a cuestionar a aquellos a quienes yo creía que tenían conocimientos, sólo
para enterarme de que estaban montando un show. Aprendí que el dinero, el poder
y la posición eran más importantes que enseñar la verdad acerca de la Biblia. Como estudiante de la Biblia, sabía bien que tenía errores, contradicciones e
inventos. Creía que la gente debía ser expuesta a la verdad acerca de la Biblia. La idea de exponer a la gente a tales aspectos de la Biblia era un pensamiento que se le atribuía supuestamente a Satanás. Pero comencé a
interrogar públicamente a mis maestros durante las clases de la Biblia, preguntas que nadie podía responder. Ni siquiera uno podía explicar como Jesús era
supuestamente Dios, y como al mismo tiempo, era supuestamente Padre, Hijo y
Espíritu Santo en uno y aun así no era parte de la trinidad. Varios
predicadores finalmente afirmaron que no lo entendían pero simplemente se les
requería creerlo.
Casos de adulterio y fornicación prevalecían sin
castigo alguno. Algunos predicadores eran encontrados con drogas y habían
destruido sus vidas y las vidas de sus familias. Se descubrió que líderes de
algunas iglesias eran homosexuales. Había pastores incluso culpables de cometer
adulterio con las hijas de los miembros de otras iglesias. Todo esto aparejado
con la falta de respuestas a lo que yo pensaba eran preguntas válidas fue suficiente
para buscar un cambio. Ese cambio llego cuando acepté un trabajo en el Reino de
Arabia Saudita.
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