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La revelación se da cuando Dios imparte
el conocimiento que Él desea a aquellos que ha elegido para que lo reciban. Dios
les da este conocimiento para que lo divulguen a quienes Él desea.
Todos los mensajeros de Dios experimentaron
revelaciones. Dios dice:
“Por cierto que te hemos concedido la
revelación como lo hicimos con Noé y con los Profetas que le sucedieron.
Asimismo revelamos a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob, a las doce tribus, Jesús,
Job, Jonás, Aarón y Salomón. Y concedimos a David los Salmos. Te mencionamos
[¡Oh, Muhammad!] algunos de los Mensajeros que enviamos y otros no. Y sabe que
en verdad Dios habló con Moisés directamente”. (Corán 4:163)
La posibilidad de la revelación divina
no puede ser negada por nadie que crea en la existencia de Dios y su
omnipotencia. Dios mantiene a Su creación en la manera en que a Él le complace.
La conexión entre el Creador y Su creación es a través de Sus mensajeros, y los
mensajeros conocen de Dios sólo lo que Él desea a través de la revelación, ya
sea directa o indirectamente. La racionalidad de la mente no puede rechazar la
posibilidad de la revelación porque nada es difícil para el Creador Todopoderoso.
La naturaleza de la revelación
La revelación no es una experiencia
personal que los profetas experimentan por sí mismos. No es un estado
espiritual que las personas alcanzan haciendo algún tipo de meditación o
ejercicio espiritual. Por el contrario, la revelación es una comunicación
entre dos: Uno que habla, ordena y da; y el otro que es al que se dirige, el
que obedece y recibe. El Profeta Muhammad, que la paz y las bendiciones de Allah
sean con él (como con todos los profetas de Dios), siempre tuvo claro Quién era
el origen de la revelación. Como un ser humano, él sintió su debilidad ante
Dios, sintió temor de Dios en caso de desobedecerle, y anhelaba la misericordia
de Dios.
Él buscó la ayuda de Dios, sometiéndose
a las órdenes que debía cumplir, y en ocasiones fue severamente reprendido por
Dios. El Profeta admitió su absoluta inhabilidad para alterar siquiera una
palabra del libro de Dios. Dios dijo:
“Cuando se les recitan Nuestros claros
preceptos, quienes no esperan comparecer ante Nosotros dicen: Tráenos otro
Corán distinto o modifícalo. Diles [¡Oh, Muhammad!]: No me es permitido
modificarlo, sólo sigo lo que me ha sido revelado. Por cierto que temo que si
desobedezco a mi Señor me azote el castigo de un día terrible. Di: [Acaso no
reflexionáis que] Si Dios no hubiera querido no os lo habría dado a conocer [el
Corán], y yo no os lo habría recitado. Vosotros bien conocéis mi lealtad y
confiabilidad, puesto que viví muchos años entre vosotros antes de la
revelación”. (Corán 10:15-16)
Esto debe dejar perfectamente clara la
diferencia entre la esencia, atributos y las acciones del Creador y las de su
creación.
El Profeta tomó gran cuidado en
distinguir entre sus propias palabras (el hadiz) y las palabras directas de
Dios, aunque ambas eran el resultado de la revelación. Por esta razón, en el
periodo temprano de la revelación él prohibió que cualquier cosa que él dijera
fuera escrita, excepto el Corán. Esto preservó para el Corán su particularidad
de ser la absoluta palabra de Dios, sin ser mezclada con las palabras de las
personas.
El Profeta también hizo una distinción
entre sus palabras que eran su opinión y las que eran parte de la revelación de
Dios.
Él dijo: “Yo soy sólo un ser humano.
Las opiniones pueden ser correctas o equivocadas. Pero cuando yo les digo que
Dios dice algo, sepan que yo jamás atribuiría algo falso a Dios”.
El profeta no tuvo intervención en la
revelación que recibía. La revelación fue una fuerza externa a la persona del
Profeta. Él no era capaz de manipularla en ninguna forma. Esto está evidenciado
por el hecho de que en ciertas crisis que le sucedieron al Profeta o a aquellos
alrededor de él que requerían solución inmediata, el Profeta no tenía
versículos del Corán para recitar a su gente. Tuvo que mantenerse en silencio y
esperar, algunas veces desesperado, hasta que Dios, en Su gran sabiduría,
reveló lo que era necesario.
Un buen ejemplo de esto es cuando
Aisha, la esposa del Profeta, fue acusada de adulterio por los hipócritas
aunque ella era inocente. La gente comenzó a decir cosas que eran dolorosas
para el Profeta, al punto que su corazón estaba a punto de estallar. Él no pudo
prohibir esto. Lo único que pudo decir fue:
“Oh Aisha, he escuchado esto y aquello.
Si eres inocente, Dios mostrará tu inocencia, y si has caído en pecado, pide el
perdón de Dios”.
Un mes completo pasó antes de que la revelación
llegara declarando la inocencia de Aisha y exonerara al hogar del Profeta.
En resumen, la revelación no tiene nada
que ver con las elecciones o deseos de quien las recibe. Es un evento externo e
inusual. Es una fuerza de conocimiento, porque da conocimiento. Libre de error,
viene sólo con la verdad y sólo guía hacia la verdad.
Cómo la revelación llega a los ángeles y los
profetas
En el Corán está mencionado que Dios le
habla a los ángeles. Dios dice:
“Y cuando tu Señor les dijo a los ángeles: Yo
estoy con vosotros, inspiradles valor a los creyentes…”. (Corán 8:12)
La revelación a los ángeles ocurre
cuando Dios les habla a ellos y los ángeles escuchan de Él.
La revelación a los mensajeros humanos
de Dios llega directamente o a través de un intermediario. En el caso de que
haya un intermediario, es el ángel Gabriel quien trae la revelación. Hay dos
formas en que esto ocurre:
1. El ángel vendría a él con
una voz que asemeja el sonido de una campana. Esta es la forma más severa en
que la revelación venía a un mensajero. La fuerza de tal sonido demandaba la
atención completa de la persona a la cual había sido dirigida. Cuando las
revelaciones llegaban de esta manera, eran extremadamente exigentes con las
facultades de los mensajeros.
2. El ángel vendría en la forma
de un hombre. Esta forma era más fácil que la anterior, porque la forma del
mensajero angelical era familiar al mensajero humano y, por lo tanto, más fácil
de relacionarse.
Ambas formas fueron mencionadas por el
Profeta a Al-Hariz b. Hisham cuando este le preguntó cómo le llegaba la revelación.
El Mensajero de Dios dijo:
“A veces viene a mí como el sonido
de una campana, y esta es la más difícil para mí. Pesa sobre mí y yo me empeño
en memorizar lo que dice. Y otras veces el ángel viene a mí en forma de hombre
y me habla, y yo me esfuerzo por memorizar lo que él dice”.
Las revelaciones sin intermediario ocurren
de dos formas:
1. Un sueño agradable. Aishah
relató:
“Comenzó como un sueño agradable
mientras dormía. No tendría un sueño sin que se concretara como la luz clara
del día”.
Esto fue para preparar al Mensajero de
Dios para recibir la revelación en despierto. Todo el Corán fue revelado
mientras el Profeta estaba despierto.
La historia de Abraham, cuando fue
ordenado sacrificar a su hijo, demuestra cómo el sueño puede ser una forma de
revelación sobre la que es obligatorio actuar. Dios dijo:
“Y le albriciamos con un niño que sería
paciente y tolerante. Y cuando éste alcanzó la pubertad, [Abraham] le dijo:
¡Oh, hijito mío! En verdad he visto en el sueño que te sacrificaba; mira pues,
qué opinas. Dijo: ¡Oh, padre mío! Haz lo que te es ordenado; por cierto que me
encontrarás, si Allah quiere, entre los pacientes. Y luego que ambos se
resignaron y lo echó sobre la frente [para sacrificarlo], le llamamos: ¡Oh,
Abraham! Has realizado tu visión. Y por cierto que así retribuimos a los
benefactores. En verdad, esta es una verdadera prueba. Y lo rescatamos [a su
hijo], ordenando a Abraham que sacrificara en su lugar un animal e hiciera una
gran ofrenda. Y dejamos su historia [la de Abraham] para la posteridad, para
que cuando Abraham sea recordado entre Mis criaturas, digan: ¡La paz sea con
Abraham! Así es como recompensamos a los benefactores. En verdad, él era uno de
Nuestros siervos creyentes”. (Corán 37:101-111)
Si ese sueño no hubiera sido una
revelación a la que se tuviera que obedecer, Abraham nunca hubiera procedido a
sacrificar a su hijo, pero, de hecho, casi lo hizo. Él sólo se detuvo porque
Dios se lo ordenó y le ordenó sacrificar otra cosa en su lugar.
Los sueños agradables no son sólo para
los profetas. También ocurren a los creyentes, aunque no son una revelación. El
mensajero de Dios dijo:
“Nada queda de la profecía excepto
las visiones verídicas” Cuando fue preguntado sobre las visiones verídicas, dijo:
“Los sueños”.
2. Dios habla directamente
detrás de un velo: Esto sucedió al Profeta Moisés. Dios dijo:
“Y cuando Moisés acudió al encuentro y su
Señor le habló…”. (Corán 7:143)
Dios también dijo:
“Te mencionamos [¡Oh, Muhammad!] algunos de
los Mensajeros que enviamos y otros no. Y sabe que en verdad Dios habló con
Moisés directamente”. (Corán 4:164)
Esto también le pasó al Profeta
Muhammad en su viaje nocturno y ascenso a los cielos, y su Señor le habló.
Todas estas formas de revelación están
mencionadas en el Corán. Dios dice:
“Dios no habla con los Mensajeros
directamente, sino que lo hace detrás de un velo [como lo hizo con Moisés], o
enviando un mensajero [el ángel Gabriel] para transmitirle por Su voluntad lo
que Él quiera de la revelación, o mediante inspiraciones divinas; porque es
Sublime, Sabio”. (Corán 42:51)
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