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Víctor Tununensis, un obispo africano del
siglo VI, relató en sus crónicas (566 d.C.) que cuando Messala fue cónsul en
Constantinopla (506 d.C.), él “censuró y corrigió” los evangelios de los gentiles,
escritos por personas consideradas iletradas por el Emperador Anastasio. El
resultado fue que éstos fueron cambiados para conformar el cristianismo del
siglo VI, el cual difería del cristianismo de los siglos anteriores.
Estas “correcciones” de ninguna manera se
limitaron a los primeros siglos después de Cristo. Sir Higgins dice:
“Es imposible negar que los monjes benedictinos de St. Maur, en lo que
respecta a los idiomas latín y griego, eran muy instruidos y talentosos, y eran
un grupo numeroso de hombres. En el libro de Cleland La vida de Lanfranc, arzobispo
de Canterbury se menciona el siguiente pasaje: “Lanfranc, un monje benedictino,
arzobispo de Canterbury, habiendo encontrado a las Escrituras muy corrompidas
por los copistas, se dedicó él mismo a corregirlas, y también a los escritos de
los sabios, conforme a la fe ortodoxa (secundum fidem orthodoxam)”.
En otras palabras, las escrituras
cristianas fueron reescritas para poder adecuarse a las doctrinas de los siglos
XI y XII, e incluso los escritos de los primeros padres de la Iglesia fueron
“corregidos”, a fin de que los cambios no se descubrieran.
Sir Higgins continúa diciendo: “La misma eminencia protestante tiene este
notable pasaje: ‘La imparcialidad me exige confesar que la ortodoxia ha alterado
algunas partes de los evangelios’”.
El autor luego demuestra cómo se realizó un
masivo esfuerzo en Constantinopla, Roma, Canterbury y en el mundo cristiano en
general, con el fin de “corregir” los evangelios y destruir todos los
manuscritos anteriores a ese periodo.
Theodore Zahan, ilustró los amargos conflictos
dentro de las iglesias establecidas sobre distintos artículos del credo apostólico.
Él señala que los católicos romanos acusan a la Iglesia Ortodoxa Griega de cambiar
el texto de las Sagradas Escrituras adicionando y omitiendo, tanto con buenas
como con malas intenciones. La ortodoxia griega, por otro lado, acusa a los
católicos romanos de alejarse demasiado del texto original en muchas ocasiones.
A pesar de sus diferencias, ambos unen sus fuerzas para condenar a los cristianos
no-conformistas por desviarse del “camino verdadero” y los acusan de herejes.
Los herejes, a su vez, condenan a los católicos por haber “cambiado la verdad como
falsificadores”. El autor concluye: “¿Acaso los hechos no apoyan estas
acusaciones?”
14. “Y con quienes
decían: ‘Somos cristianos’, [también] concertamos el pacto, pero olvidaron
parte de lo que les fue mencionado [en el Evangelio]. Y [por tal motivo]
sembramos entre ellos la enemistad y el odio hasta el Día de la Resurrección; y
[allí] Dios les informará lo que hicieron.
15. ¡Oh, Gente del Libro! Os ha llegado
Nuestro Mensajero para aclararos los preceptos más importantes que habíais
ocultado del Libro y obviar otros. Os ha llegado de Dios una luz y un Libro
claro [el Corán],
16. con el cual Dios guía a quienes buscan Su
complacencia hacia los caminos de la salvación, les extrae con Su voluntad de
las tinieblas hacia la luz y les dirige por el sendero recto. Son incrédulos
quienes dicen: ‘Dios es el Mesías hijo de María’.
17. Di: ‘¿Quién podría impedir que Dios, si así
lo quisiese, hiciera desaparecer al Mesías hijo de María, a su madre y a cuanto
hay en la tierra de una sola vez?’ De Dios es el reino de los cielos y la tierra,
y de todo lo que existe entre ellos. Dios crea lo que Le place y Él tiene poder
sobre todas las cosas.
18. Los judíos y los cristianos dicen: ‘Somos
los hijos de Dios y Sus amados’. Di: ‘¿Por qué, entonces, os castiga por
vuestros pecados? No sois sino como el resto de la humanidad que Él ha creado’.
Perdona a quien Él quiere y castiga a quien Él quiere. De Alá es el reino de
los cielos y la Tierra, y todo lo que existe entre ellos, y ante Él
compareceremos.
19. ¡Oh, Gente del Libro! Os ha llegado
Nuestro Mensajero para adoctrinaros, luego de transcurrir un tiempo en el que
no os fue enviado ningún mensajero para que no digáis: ‘No se nos ha presentado
ningún albriciador ni amonestador’. Ahora, sí os ha llegado un albriciador y
amonestador, y Dios tiene poder sobre todas las cosas.” (Corán
5:14-19)
El mismo San Agustín, un hombre reconocido
y aceptado tanto por protestantes como por católicos, reconoció que había doctrinas secretas en la religión cristiana y que:
“…había muchas cosas verdaderas en la religión cristiana que no eran
convenientes que el vulgo [la gente común] conociera, y que algunas cosas eran
falsas, pero era conveniente que el vulgo creyese en ellas”.
Sir Higgins admite:
“No es incorrecto suponer que en estas verdades escondidas encontramos
parte de los misterios del cristianismo moderno, y pienso que sería difícil negar
que la Iglesia, cuyas más altas autoridades mantuvieron tales doctrinas, no
tendría escrúpulos para retocar las Sagradas Escrituras”.
Incluso las epístolas atribuidas a Pablo no
fueron escritas por él. Después de años de investigación, católicos y protestantes
concuerdan en que de las 13 epístolas atribuidas a Pablo
sólo 7 son realmente suyas. Ellas son: Romanos, 1ra. y 2da. de Corintios, Gálatas,
Filipenses, Filemón y 1ra. de Tesalonicenses.
Las sectas cristianas hasta ahora no han llegado
a un acuerdo sobre la definición exacta de lo que es un libro “inspirado” por Dios.
A los protestantes se les enseña que existen 66 libros verdaderamente
“inspirados” en la Biblia, mientras que a los católicos se
les ha enseñado que existen 73 libros “inspirados”, sin mencionar muchas otras
sectas y sus “nuevos” libros, como los mormones, etc. Como veremos en breve,
los primeros cristianos, por muchas generaciones, no seguían ni los 66 libros
de los protestantes ni los 73 libros de los católicos, sino que ocurría exactamente
lo contrario: ellos creían en libros que, muchas generaciones después, fueron “reconocidos”
como inventados y apócrifos, durante una época más iluminada que la de los
apóstoles.
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