Los males de los intereses
Los economistas pueden intentar proponer
numerosas justificaciones para el pago de intereses, pero la prueba verdadera
está en el estudio de los efectos que tienen los intereses. Es importante
señalar que cuando algo está prohibido por Dios, esto no significa que no haya
absolutamente nada benéfico en el asunto o práctica prohibidos. De hecho, uno
puede ser capaz de hallar algo beneficioso aún en las cosas prohibidas. Por
ejemplo, dice Dios en el Corán con respecto al alcohol:
“Te preguntan [¡Oh Muhammad!] a cerca de las
substancias embriagantes y los juegos de apuestas. Diles: Son de gran
perjuicio, a pesar de que también hay en ellos algún provecho para los hombres;
pero su perjuicio es mayor que su provecho”. (Corán 2:219)
Por lo tanto, el punto esencial no es si
hay algún beneficio en algo, sino si es más perjudicial que benéfico. De modo
que los economistas pueden ser capaces de hallar un atisbo de justificación
para el pago de intereses, pero esto definitivamente no es mayor que los daños
que, se puede demostrar, causan los intereses, como se discutirá en esta
sección.
Aún si los intereses son considerados
algún tipo de pago por un factor de producción, tienen algunas características
particulares que los distinguen de los pagos por cualquier otro factor de producción.
Debido a su naturaleza única, conducen a algunos resultados muy preocupantes.
Primero, los intereses conllevan a una
distribución inequitativa del ingreso. Esto puede verse fácilmente tomando un
ejemplo de tres personas. Supongamos que hay tres personas que consumen todo su
ingreso en un año dado, y que uno de ellos comienza con $1.000 en ahorros, el
segundo con $100 y el tercero con cero. Al 10% anual, al finalizar el año la
primera persona tendrá $1.100, la segunda $110 y la tercera cero en sus cuentas.
Si se mantiene la misma situación al año siguiente, la primera persona tendrá
$1.210, la segunda $121 y la tercera tendrá cero. Podemos ver cómo la
distribución crece entre ellos cada año, aún entre el que tiene algunos ahorros
en su cuenta. Este escenario se agrava si la persona más rica también está en
capacidad de aumentar sus ahorros. Supongamos que el más rico agrega mil al
finalizar cada año tendrá $1.100 al final del primer año, agregará $1.000 y
continuará con su 10% de intereses, así que tendrá $2.310 al final del segundo
año, y así sucesivamente. Ahora, una cosa es si este dinero en realidad fue
pagado en razón de algún factor positivo de producción, pero uno realmente no
puede argumentar tal cosa en este caso. El dinero que la gente está haciendo a
través de los intereses puede haber sido desperdiciado, perdido o incluso
robado por la gente que lo pidió prestado, pero aun así uno debe pagar los
intereses. Puede haber sido invertido en un proyecto que arroja sólo pérdidas y
que, por tanto, no produce nada. Pero nada de eso importa, debe pagarse sin
importar si ese “factor de producción” produce algo o no. Este es apenas uno de
los aspectos particulares del dinero y los pagos por dinero. Nadie puede
discutir que esto es justo y que por lo tanto sus resultados son una
distribución inequitativa del dinero.
Por otra parte, la distribución del
ingreso se hace más y más desigual con el tiempo. Uno puede imaginar a algunas
personas manejando millones mientras otras manejan cientos o miles. La disparidad
en sus ingresos por intereses, en efecto, será grande y creciente cada año. En
otras palabras, como escuchamos a menudo, esto lleva a una situación en la que
los ricos cada vez son más ricos y los pobres se mantienen relativamente más
pobres. Tengamos en cuenta que los deudores, que pagan intereses que crecen
cada año, no han sido agregados a la ecuación. En su caso, en la medida en que
los intereses continúan creciendo, su ingreso total es cada vez más consumido
por los intereses, exacerbando aún más la distribución desigual del ingreso.
Alguien podría preguntar si acaso una
distribución inequitativa del ingreso debe considerarse un problema importante.
Además de los efectos psicológicos sobre los pobres, especialmente si tenemos
en cuenta los medios masivos que resaltan la buena vida y la necesidad de
consumir, hay efectos muy importantes en el mercado en conjunto. En una
economía de mercado, la producción se orientará hacia aquellos que tienen el
dinero para pagar por lo que se produce, independientemente de lo necesarios
que puedan ser otros bienes para la sociedad. Si los ricos desean, demandan y
están dispuestos a pagar mucho dinero por grandes camionetas todoterrenos y
vehículos que consumen mucha gasolina, éstos serán producidos
(independientemente de lo mucho que los ecologistas puedan quejarse). Como la
distribución se hace más y más desigual, más y más recursos serán destinados a
satisfacer las demandas de las clases más ricas. Dado que los recursos son algo
“fijo”, esto significa que menos y menos será dedicado a satisfacer las
necesidades de las clases más pobres. Por otro lado, la menor cantidad de
recursos dedicada a los bienes que consumen los pobres, reduce su oferta y
eleva los precios de tales bienes, lo que perjudica aún más la situación económica
general de la gente pobre. Por ejemplo, uno puede encontrar numerosas clínicas
médicas que atienden a los ricos (aquellos que pueden pagar los tratamientos de
este tipo), aunque estén lejos de ser necesarias, como muchos lugares de
cirugía estética y cosas similares. Al mismo tiempo, vemos que son muy
difíciles de encontrar clínicas que atiendan a los pobres y satisfagan sus
necesidades básicas. Si pudieran pagar más por esos servicios esenciales, en
una economía manejada por el mercado, uno definitivamente encontraría más
clínicas de este tipo, más recursos dedicados a estas necesidades, y precios
menores en el largo plazo para aquello que ellos necesitan. (Además, esta
distribución desigual también tiene fuertes implicaciones para la salud de una
democracia; sin embargo, esa discusión está más allá del alcance de este
artículo.)
Adicionalmente, la carga de intereses
sobre los pobres que caen en deudas los pone en una situación en la que no
pueden avanzar social o económicamente, lo que aumenta la brecha entre ricos y
pobres. La deuda, en sí misma, es una situación difícil para cualquier persona.
Sin embargo, son los pagos de intereses los que convierten la deuda en un
blanco en movimiento, muchas veces algo que la persona sencillamente no puede
seguir. De nuevo, es un falso factor de producción, pero funciona para permitir
que los ricos se hagan más ricos, mientras pone un gran peso en aquellos que
caen en deudas. Quizás todos los lectores estén familiarizados con lo muy
endeudada que se encuentra la sociedad de los Estados Unidos, el país más rico
del mundo. Esto ha afectado no sólo a las clases más bajas sino a muchas de las
clases medias. Algunas personas afligidas no se dan cuenta de que si hacen sólo
los pagos mínimos de las cuentas de sus tarjetas de crédito, por ejemplo, jamás
lograrán limpiar su balance.
Pero, por supuesto, son los más pobres los más afectados. De hecho, el sistema
está ensañado contra ellos, ya que el pobre es la persona con la peor
calificación crediticia y será obligado a pagar las mayores tasas de intereses.
El libro de Mirza Shahjahan Ingreso, Deuda y la Búsqueda de la América Rica:
La Historia Económica de las Ciudades Estadounidenses Medianas y Pequeñas es
un estudio de cómo la deuda y su correspondiente carga de intereses han
afectado a gran parte de la “clase media estadounidense”. La difícil situación de los
pequeños agricultores obligados a pedir préstamos debido a la caída de los
precios de su producción ha sido bien documentada. Muchos de ellos han empeñado
sus preciosos bienes o perdido sus fincas que habían estado en sus familias por
generaciones, simplemente debido a los pagos de los intereses, cuyo ritmo no
podían seguir. Shahjahan encontró que algunos de los pobres pagan más del 15%
de su ingreso anual sólo en pagos de intereses (con la mayoría de los pobres
pagando entre el 8% y el 12%) –sin
mencionar la carga de llamadas y amenazas de los acreedores que los pobres
reciben a menudo–. En sus conclusiones,
Shahjahan afirma:
Tanto las cargas monetarias como las reales
de las deudas han mantenido a muchos deudores en una lucha de toda la vida al
servicio de sus deudas. El tamaño promedio de la deuda de los hogares
endeudados en el período 1990-1993 fue de US$ 32.493, equivalente a casi el
100% del ingreso de dichos hogares. Nuestro estimado de la deuda per cápita
de los hogares para el período 1990-1993 asciende a US$ 12.571. Una deuda de
esta magnitud, combinada con un trabajo temporal y unos ingresos bajos, puede
ser deprimente y producir condiciones psicológicas abrumadoras…
Los pagos de intereses de algunos hogares,
exceden su ingreso en un 15%. Este costo de interés elevado ha sido fuente de
una importante erosión de los ingresos de los hogares.
La mayoría de los hogares –millones de ellos– en las ciudades
medianas, luchan a diario para satisfacer sus necesidades básicas de vida.
Miles de ellos fracasan en proveer una vida decente para sus familias o
brindarle educación superior a sus hijos. Viven endeudados y mueren endeudados.
Esta situación les hace sentir que no llevan una vida plena…
Estos hogares se encuentran atrapados en
una situación de servidumbre económica en la que las rutas de escape más obvias
están obstruidas por las fuerzas institucionales. La adquisición de habilidades
o la educación superior podrían ser la llave que abriera oportunidades reales
para ellos, pero la educación superior es costosa y está más allá del alcance
de la mayoría de los hogares en esas ciudades. Tales hogares no tienen
oportunidades de sobresalir y encuentran que han sido pasados por alto para las
posiciones que anhelan. Esta es la naturaleza de la difícil situación de las
familias de la clase trabajadora en las ciudades pequeñas y medianas de los Estados
Unidos.
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