Los intereses y su papel en la economía y la vida (parte 1 de 8): Introducción
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Descripción: Una visión islámica del papel de los intereses en la sociedad actual, con un estudio histórico y contemporáneo. Primera parte: Por qué los musulmanes han implementado la prohibición de los intereses en contraposición al llamado de los secularistas cristianos y judíos a su legalización.
Por Jamaal al-Din Zarabozo (© 2010 IslamReligion.com)
Publicado 15 Nov 2010 - Última modificación 15 Nov 2010
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Introducción
El Diccionario Inglés de Oxford define “Interés” como “dinero pagado por el uso de
dinero prestado (el capital), o por abstenerse de una deuda, de acuerdo con una
relación fija”.
En realidad, los individuos y el mundo
en conjunto probablemente conocen muy bien la carga de los intereses, de modo
que nadie necesita realmente la definición anterior. El interés es algo que
conoce cualquiera que viva en un país capitalista. Ha llegado a ser tan
completamente institucionalizado y aceptado en las economías modernas, que es
prácticamente imposible concebir que haya alguien que se le oponga por completo
y rechace cualquier transacción que involucre intereses. Sin embargo, hay musulmanes
devotos que se rehúsan a tratar con intereses.
La razón real de por qué estos musulmanes
no tratan con intereses es que los intereses han sido prohibidos en la religión
islámica, como se detallará en breve. Al mismo tiempo, sin embargo, los musulmanes
creen que la guía de Dios está basada en Su conocimiento, sabiduría y justicia.
En otras palabras, Dios no prohíbe algo a los humanos sin una razón. Por lo
tanto, definitivamente hay razones sólidas -algunas de las cuales
podemos reconocer claramente- de por qué Dios ha prohibido esta práctica.
En el mundo actual, los musulmanes son
bombardeados constantemente con argumentos que apoyan el manejo de intereses.
Muchos musulmanes han sucumbido a tal presión y a los que suponen argumentos
racionales, lo que los ha llevado a aceptar el concepto de interés.
Por ello, este corto artículo pretende
analizar la postura islámica respecto a los intereses, basado en los textos
básicos de la fe, así como entrar en una discusión racional sobre el interés
para determinar si los argumentos dados a favor de los intereses son realmente
válidos.
La guía de Dios para la humanidad
El Islam enseña que Dios ha sido
misericordioso al brindar a la humanidad una guía para todos los aspectos de la
vida. Esta guía abarca no sólo los actos de culto, sino todo desde la economía
y la ética de negocios hasta las relaciones maritales, las relaciones
internacionales, la ética de la guerra, y así sucesivamente. Uno de los rasgos
distintivos de los musulmanes hoy día es que ellos aún creen en esta guía de
Dios, mientras que la mayoría del resto de la humanidad ha descartado o
invalidado sus enseñanzas religiosas cuando se trata de asuntos “seculares”.
Hay una serie de razones por las que
muchos musulmanes no han seguido el mismo camino de, por ejemplo, numerosos judíos
y cristianos seculares. Una de las razones más importantes es que el musulmán
puede estar seguro de que la revelación que forma las bases de la religión
islámica no ha sido manipulada ni distorsionada desde la época de su manifestación.
En otras palabras, no ha habido interferencia humana o distorsión en la
revelación. Por lo tanto, no hay necesidad de que vengan ahora humanos a
corregir los errores de humanos anteriores, como afirman seculares judíos o cristianos.
Segundo, muchos musulmanes creen que no
existe ninguna evidencia fuerte o convincente de que algo de su religión esté
fuera de contacto con la realidad o resulte impracticable en la época actual.
En el Islam, por ejemplo, nunca ha existido un conflicto entre la religión y la
ciencia que hubiera llevado a una ruptura de la confianza en la iglesia y a una
revuelta generalizada contra la autoridad de la religión, como ocurrió en
occidente.
Mucha gente, incluso algunos musulmanes, han pedido muchos cambios en el Islam pero,
en realidad, los argumentos que han presentado para ello han sido defectuosos y
débiles, para decir lo mínimo. El caso de los intereses, tema de este artículo,
puede tomarse como un ejemplo excelente de esta naturaleza.
Curiosamente, aunque el Islam ha
aparecido mucho en los medios últimamente, ha sido la experiencia de este autor
que muchos no-musulmanes desconocen la posición del Islam frente a los intereses.
Por lo tanto, el presente artículo también arroja luz sobre este tema
importante –un tema que no es un tópico “muerto”, medieval, sino que tiene una
relevancia enorme en el mundo actual–.
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Los intereses y su papel en la economía y la vida (parte 2 de 8): La posición del Islam
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Descripción: Una visión islámica del papel de los intereses en la sociedad actual, con un estudio histórico y contemporáneo. Segunda parte: Un vistazo a algunos textos del Corán y la Sunnah que advierten seriamente contra tomar intereses.
Por Jamaal al-Din Zarabozo (© 2010 IslamReligion.com)
Publicado 15 Nov 2010 - Última modificación 15 Nov 2010
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Los textos islámicos sobre los intereses
Cuando uno lee los textos islámicos
concernientes a los intereses, de inmediato es sacudido por el rigor de las
advertencias contra cualquier participación en los mismos. El Islam prohíbe una
cantidad de actos inmorales, como la fornicación, el adulterio, la
homosexualidad, el consumo de alcohol y el asesinato. Pero la variedad de la
discusión y la extensión de las advertencias por estos otros actos no están al
mismo nivel de aquellas relacionadas con el tomar intereses. Esto llevó a Sayyid
Qutb a escribir: “Ningún otro tema ha sido condenado y denunciado tan
fuertemente en el Corán como la usura”.
El Corán, por ejemplo, contiene los
siguientes versículos en relación a los intereses:
“¡Oh, creyentes! No lucréis con los intereses
con el fin de multiplicar vuestras riquezas, y temed a Dios para que tengáis
éxito. Y precaveos del Fuego que ha sido reservado para los incrédulos”. (Corán
3:130-131)
Esta advertencia bastante fuerte hacia
los creyentes los previene de una consecuencia fatal: ser arrojados al fuego
del Infierno que ha sido preparado para los incrédulos.
Dios también dice:
“Los que lucren con el interés saldrán [de
sus tumbas el Día del Juicio] como aquel al que Satanás ha poseído dejándolo
trastornado. Esto porque dicen que el comercio es igual que el interés; pero
Dios permitió el comercio y prohibió el interés. A quien le haya llegado de su
Señor la prohibición [del interés] y se haya abstenido arrepintiéndose podrá
conservar lo que haya ganado, y lo que cometiere luego de esto estará en manos
de Dios. Y si reincide se contará entre los moradores del Fuego, en el que
sufrirá eternamente”. (Corán 2:275-276)
Estos versículos tienen muchos puntos
de interés para ellos. Comentando respecto a la primera porción de este
versículo, Mawdudi ha escrito:
Así como una persona demente, sin
restricciones de la razón ordinaria, recurre a toda clase de actos desmedidos,
también lo hace quien toma intereses. Persigue su locura por el dinero como si
estuviera demente. Hace caso omiso al hecho de que los intereses cortan las
raíces del amor humano, la fraternidad y la empatía, y socava el bienestar y la
felicidad de la sociedad humana, y que se enriquece a expensas del bienestar de
muchos otros seres humanos. Este es el estado de su “locura” en este mundo: ya
que la gente se levantará en la otra vida en el mismo estado en el que murió en
este mundo, él será resucitado como un lunático.
En segundo lugar, los versículos dejan
claro que hay una diferencia entre las transacciones comerciales legítimas y el
interés. La diferencia entre ellos es tan evidente que el versículo no se
molesta en explicarlos, que es uno de los aspectos estilísticos del Corán. En
tercer lugar, estos versículos claramente expresan que Dios “destruye los
intereses e incrementa las caridades”. Esta es una de las “leyes” de Dios
que la humanidad no necesariamente descubre por sí misma. Los devastadores efectos
negativos de los intereses sobre el individuo, la comunidad y el mundo entero
en esta vida y en la última, sólo son conocidos por Dios. Sin embargo, un
vistazo a algunos de estos efectos negativos demuestra la veracidad de este
versículo, vistazo que será dado más adelante en este artículo. De hecho, tal
vez subrayando el significado de este versículo, el Profeta (paz y bendiciones
de Dios sean con él) dijo también: “Los intereses –aunque sean una gran
cantidad– al final resultarán en una pequeña cantidad”. Indudablemente, en la otra
vida, cuando el individuo se encuentre con Dios, todo lo que haya amasado a
través de este medio ilegal será fuente de su propia destrucción.
Poco después de los versículos
anteriores, Dios dice también:
“¡Oh, creyentes! Temed a Dios y renunciad a
lo que os adeuden a causa de los intereses, si es que sois, en verdad,
creyentes. Y si no dejáis los intereses, sabed que Dios y Su Mensajero os
declaran la guerra; pero si os arrepentís tenéis derecho al capital original,
de esta forma no oprimiréis ni seréis oprimidos”. (Corán 2:278-279)
¿Quién en sus cabales podría exponerse
a una declaración de guerra de Dios y Su Mensajero? Sin lugar a dudas, rara vez
se encuentra una amenaza más fuerte. Al final del versículo, Dios deja claro
por qué los intereses están prohibidos: son un delito. La palabra árabe para
ello es dhulm, que denota a una persona que ha hecho mal, ha dañado o ha
oprimido a otra persona o a su propia alma. Este versículo demuestra que los
intereses no están prohibidos simplemente por alguna regla de Dios sin ninguna
razón que la sustente. Los intereses son definitivamente perjudiciales, y es
por ello que están prohibidos.
Además de los versículos del Corán, el
Profeta Muhammad (paz y bendiciones de Dios sean con él) también hizo muchas
declaraciones relacionadas con los intereses. Por ejemplo, la siguiente
afirmación demuestra claramente la gravedad de este acto:
“Eviten los siete pecados aniquiladores:
asociarle copartícipes a Dios, la hechicería, matar un alma que Dios ha
prohibido –excepto a través del curso debido de la ley–, cobrar intereses,
gastar la riqueza de los huérfanos, huir cuando los ejércitos se encuentran, y
calumniar a las mujeres castas, creyentes e inocentes”. (Bujari y Muslim)
De hecho, otra afirmación del Profeta
(paz y bendiciones de Dios sean con él) debería ser suficiente para mantener a
cualquier persona temerosa de Dios completamente alejada de los intereses. El
Profeta (paz y bendiciones de Dios sean con él) dijo:
“Una moneda de interés que es
gastada a sabiendas por una persona, es peor ante los ojos de Dios que 36 actos
sexuales ilegales”. (al-Tabarani y al-Hakim)
El
Compañero Yabir narró que el Mensajero de Dios (paz y bendiciones de Dios sean
con él) maldijo a quien cobra intereses, a quien paga intereses, a los testigos
de ello [es decir, a los contratos con intereses] y a quienes lo registran.
Entonces dijo: “Todos ellos son iguales”. (Muslim)
Este es un principio básico en el
Islam. Si algo está prohibido y es incorrecto, un musulmán no debe participar
de ello ni apoyarlo en modo alguno. Por lo tanto, ya que el interés está
prohibido, también está prohibido ser testigo en tales contratos, registrarlos,
etc. Las palabras del Profeta también explican que no hay diferencia entre
quien paga intereses y quien los recibe. Esto es porque ambos están
involucrados en una práctica despreciable y, por tanto, son igualmente
culpables.
El Profeta Muhammad (paz y bendiciones
de Dios sean con él) dijo también:
“Si en una ciudad aparecen
abiertamente las relaciones sexuales ilícitas y los intereses, sus habitantes
se han expuesto a sí mismos al castigo de Dios”. (al-Tabarani y al-Hakim)
Esta declaración es una referencia a
una de las “leyes sociales” de Dios. El castigo de Dios puede venir en diferentes
formas en este mundo y en el próximo.
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Los intereses y su papel en la economía y la vida (parte 3 de 8): La religión y los primeros pensadores
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Descripción: Los intereses y la usura en la Biblia (judaísmo y cristianismo), y de acuerdo a los primeros pensadores.
Por Jamaal al-Din Zarabozo (© 2010 IslamReligion.com)
Publicado 22 Nov 2010 - Última modificación 22 Nov 2010
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El Islam, por supuesto, no es la única
religión que ha prohibido los intereses y los consideró una práctica
despreciable. La prohibición de los intereses –al menos en cierta medida– es una ley bien conocida tanto en el Antiguo como en el Nuevo
Testamento de la Biblia. En numerosos pasajes del Antiguo Testamento se hace
referencia a la “usura” o los “intereses”. (Una vez más, usura e intereses
solían ser equivalentes, pero sólo con el tiempo la usura comenzó a significar
una cantidad exorbitante o ilegal de intereses. Por lo tanto, como se señala
más adelante, la Nueva Versión Internacional de la Biblia ha cambiado en
repetidas ocasiones el término utilizado por la Reina Valera Antigua.)
En Deuteronomio 23:19-20 se lee:
“No tomarás de tu hermano logro de
dinero, ni logro de comida, ni logro de cosa alguna que se suele tomar. Del
extraño tomarás logro, mas de tu hermano no lo tomarás, porque te bendiga
Jehová tu Dios en toda obra de tus manos sobre la tierra a la cual entras para
poseerla”. (Reina Valera Antigua)
De igual forma, Éxodo 22:25 afirma:
“Si dieres a mi pueblo dinero
emprestado, al pobre que está contigo, no te portarás con él como logrero, ni
le impondrás usura”. (Reina Valera Antigua)
En Levítico 25:37 se lee:
“No le darás tu dinero a usura, ni
tu vitualla a ganancia”. (Reina Valera Antigua)
En Jeremías 15:10, el Profeta se queja
de que está maldito aunque nunca ha hecho nada como tomar intereses, queriendo
decir que tal maldición sería apropiada para él si fuera uno de los que
toman intereses. Quizás uno de los versículos más duros del Antiguo Testamento
en relación a los intereses es Ezequiel 18:13:
“Que, además, preste dinero con
usura y exija intereses. ¿Tal hijo merece vivir? ¡Claro que no! Por haber
incurrido en estos actos asquerosos, será condenado a muerte, y de su muerte
sólo él será responsable”.
Hay todavía otros versículos del
Antiguo Testamento que indican la prohibición del interés, pero con los que han
sido presentados debería bastar. El
Diccionario Bíblico de Easton ha resumido la ley mosaica sobre los intereses en
el siguiente pasaje:
La ley mosaica requiere que cuando un
israelita necesita pedir un préstamo, lo que pida le será prestado libremente y
no se le cobrarán intereses, aunque los intereses pueden ser cobrados a un
extranjero (Éxodo 22:25; Deuteronomio 23:19,20; Levítico 25:35-38). Al
cabo de siete años todas las deudas quedan condonadas. A un extranjero, sin
embargo, puede cobrársele el préstamo. En un período posterior de la comunidad
hebrea, cuando se incrementó el comercio, la práctica de obtener usura o
intereses sobre los préstamos, y de las finanzas en el sentido comercial,
creció. Sin embargo, la exigencia de ello a un hebreo era considerada
deshonrosa (Salmos 15:5; Proverbios 6:1,4; 11:15; 17:18;
20:16;
27:13;
Jeremías
15:10).
Infortunadamente, como ocurre a menudo
en cuestiones políticas, el Nuevo Testamento es algo vago en el tema de los
intereses. De acuerdo a la Enciclopedia de la Religión y la Ética, “no
hay preceptos directos [en relación a los intereses] que guíen la consciencia
cristiana”. Sin
embargo, en las enseñanzas atribuidas a Jesús en el Nuevo Testamento, hay
algunos pasajes que parecen estar claramente en contra de la práctica de los
intereses. En un pasaje, se afirma que Jesús dijo:
“Ustedes, por el contrario, amen a
sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio. Así
tendrán una gran recompensa y serán hijos del Altísimo, porque Él es bondadoso
con los ingratos y malvados”. (Lucas 6:35)
En este pasaje, en verdad se le dice a
los cristianos que presten dinero sin esperar siquiera a recibir el capital de
nuevo. Este puede ser considerado uno de los “dichos duros” y, como es bien
sabido, los eruditos cristianos difieren respecto a cómo deben ser
interpretados e implementados estos pasajes.
En Mateo 25:14-28, hay una larga parábola
en la que Dios da diferentes cantidades de monedas (llamadas “talentos”) a
varios siervos. Algunos de ellos invierten el dinero y traen de vuelta más del
que Dios les dio. Sin embargo, la persona a quien Dios dio sólo una moneda es
descrita en el versículo 18:
“Pero el que había recibido un
talento fue, cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor”.
Cuando Dios llama
de nuevo a Sus siervos y les pregunta sobre lo que hicieron con el dinero, el
que recibió sólo un talento dice a Dios:
“Pero acercándose también el que
había recibido un talento, dijo: ‘Señor, te conocía que eres hombre duro, que
siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve
miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo’”. (Mateo
25:24-25)
Entonces el Señor
le responde con severidad:
“Pero su señor le contestó: ‘¡Siervo
malo y perezoso! ¿Así que sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo
donde no he esparcido? Pues debías haber depositado mi dinero en el banco, para
que a mi regreso lo hubiera recibido con intereses. Quítenle el talento y
dénselo al que tiene diez”. (Mateo 25:26-28).
Comentando este
pasaje, la Biblia de Estudio de Ginebra afirma:
Banqueros que tienen sus tiendas o mesas
afuera, donde prestan dinero a interés. La usura o préstamo de dinero con
intereses está estrictamente prohibida por la Biblia (Éxodo 22:25-27; Deuteronomio
23:19,20). Incluso una tasa tan baja como el uno por ciento de
interés fue rechazada (Nehemías 5:11). Este siervo ya le había dicho
dos mentiras. Primero, le dijo a su señor que era un hombre duro o austero.
Esta es una mentira, puesto que el Señor es compasivo y misericordioso. Después,
llamó a su señor ladrón, porque cosecha donde no ha sembrado. Finalmente, el señor
le dice sarcásticamente, ¿por qué no añadir otro insulto a sus injurias y
prestar el dinero a intereses para poder llamar también “usurero” a su señor?
Si el siervo hubiera hecho esto, su señor habría sido responsable por los actos
de su siervo y habría sido culpable de usura.
Con base en el Antiguo y el Nuevo
Testamento, los primeros Concilios de la Iglesia no permitieron los intereses.
Eventualmente, a todos los cristianos se les prohibió recurrir a los intereses,
y no sólo al clero. Padres de la Iglesia, como Santo Tomás de Aquino, se
refirieron a los intereses con cierto detalle. “En el Decreto de Graciano, así
como después en el Tercer Concilio de Letrán (1179), un canon ordenó que ‘los
usureros manifiestos no podrán ser admitidos en la comunión ni, si mueren en su
pecado, recibir cristiana sepultura’”.
El Cuarto Concilio de Letrán de 1215 condenó la práctica pero la permitió a los
judíos. Los católicos se mantuvieron firmes en contra de los intereses hasta el
siglo XIX. Martín Lutero, el líder Protestante del siglo XVI, también condenó
la usura, pero se alega que la permitió en un momento de debilidad humana. Calvino, más que ningún otro, fue el que inició una visión más
suave respecto a los intereses entre los líderes cristianos. Poco a poco la
legislación civil se liberó del Derecho Canónico y los intereses comenzaron a
ser institucionalizados con el tiempo.
No fueron sólo los pensadores
judeocristianos los que condenaron los intereses. De hecho, los filósofos
griegos tuvieron también una visión negativa de los intereses. Aristóteles y
otros líderes eruditos griegos condenaron los intereses. El famoso economista
austríaco Eugen von Böhm von Bawerk (conocido también como Boehm-Bawerk), escribió
en su importante obra Capital e Intereses:
Las
expresiones hostiles del mundo antiguo, no en pocos números, consisten, en
parte, de un número de actos legislativos prohibiendo el tomar intereses, y en
parte, de declaraciones de filósofos como Platón, Aristóteles, los dos Catones,
Cicerón, Séneca y Pantus, etc. Los filósofos griegos consideraban al dinero
como nada más que un medio de intercambio y, por tanto, negaron la
productividad de los préstamos de dinero. Una pieza de dinero no puede
engendrar otra pieza, era la doctrina de Aristóteles. La conclusión obvia era
que el interés es injusto.
Inicialmente, el Imperio Romano
prohibió también el cobro de intereses. Con el surgimiento de las clases de
comerciantes, esta prohibición fue disminuida un poco, pero todavía se
mantenían restricciones severas sobre los préstamos con intereses, así como
leyes para proteger a los deudores.
El personaje de Shakespeare, Shylock, en
El Mercader de Venecia (escrita poco antes del año 1600) muestra cómo
eran despreciados los prestamistas que trataban con intereses. La pregunta
obvia que surge es cómo el interés pasó de ser un acto despreciado y prohibido
a ser socialmente aceptable y una práctica institucionalizada en Occidente.
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Los intereses y su papel en la economía y la vida (parte 4 de 8): De prohibición a justificación
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Descripción: Cómo algo tan despreciado como los intereses pudo ser justificado e incluso institucionalizado como una norma.
Por Jamaal al-Din Zarabozo (© 2010 IslamReligion.com)
Publicado 22 Nov 2010 - Última modificación 22 Nov 2010
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Con el tiempo, se consideró que la
prohibición de los intereses no era más que un dogma religioso que debía ser
eliminado. No podía permitirse más que la religión manejara la economía. Este
fue el sentimiento expresado por el famoso historiador económico Richard Tawney
cuando declaró: “Todo el esquema del pensamiento medieval intentó tratar los
asuntos económicos como parte de una jerarquía de valores que abarcaba todos
los intereses y actividades, de los cuales el vértice era la religión”. Al mismo tiempo, sin
embargo, parece que el cambio de actitud que tuvo lugar no se basó en razones
puramente económicas. Lawrence Dennis declaró:
Aristóteles, los Canónicos Católicos
Romanos, la Torá Judía… todos prohibieron los préstamos con intereses o
denunciaron los intereses como usura. Los préstamos con intereses surgieron en
los siglos medievales, en gran medida, como un asunto de servir a los príncipes
que necesitaban y no podían reunir dinero suficiente para la guerra y otros
propósitos públicos. Contrariamente a las ideas actuales, los préstamos no se
desarrollaron originalmente como una forma de financiamiento comercial. Los
venecianos, holandeses, hanseáticos, británicos y otros comerciantes, hasta el
siglo XVII financiaron sus operaciones con aportes de capital de los socios.
Dennis afirma además:
Los Canónicos Católicos no desaprobaban los
beneficios de empresas comerciales, alquiler por el uso de la tierra o venta de
los frutos de la tierra u otro capital. Ellos desaprobaron el cobro de
intereses sobre dinero prestado. Durante el Período de la Reforma, los
intereses pasaron a ser racionalizados principalmente por los protestantes a forma
de evitar objeciones canónicas. La Iglesia Católica nunca abandonó su actitud
frente a la usura, pero la consintió o toleró en los préstamos, con base en
ciertos supuestos. Este consentimiento moral de la Iglesia Católica y el
respaldo positivo de los comerciantes calvinistas, llegaron a ser incorporados
en las leyes y en los pensamientos y patrones de comportamiento de las sociedades
modernas.
Las racionalizaciones a las que se
refiere Dennis se pueden ver en una serie de comentarios sobre la Biblia. A
pesar de que los textos del Antiguo Testamento son muy claros en su condena de
los intereses, esto no impidió que los eruditos más tarde ignoraran o
distorsionaran visiblemente esta prohibición.
Por ejemplo, el Comentario Conciso de Henry a Levítico 25:37 declara:
Y hasta el momento esta ley se mantiene,
pero no puede jamás ser considerada vinculante cuando se pide dinero prestado
para la compra de tierras, para el comercio, o para otras mejoras, puesto que
es razonable que el prestamista comparta el beneficio con el prestatario. La
ley aquí está claramente indicada para el alivio de los pobres, para quienes a
veces es una caridad tan grande el prestarles libremente como el darles.
Esta explicación es
refutable en su propia cara, ya que los intereses nunca han tenido que ver con
que el prestamista comparta el beneficio con el prestatario. Si ese fuera el
caso, muchos de los males de los intereses serían eliminados. Del mismo modo,
en el comentario de Jameison-Fausset-Brown se afirma:
“La usura fue condenada severamente (Salmos 15:5,
Ezequiel
18:8,17), pero la prohibición no puede ser considerada como
aplicable a la práctica moderna de los hombres de negocios, pidiendo préstamos
y prestando a tasas legales de interés”.
¿Cómo puede este
acto pasar de ser condenado severamente a no ser aplicable a la “práctica
moderna de los hombres de negocios”? No se ofrece lógica o evidencia para
semejante salto. Igualmente, en su comentario de Deuteronomio 23:19-20, el comentario de
Jameison-Fausset-Brown afirma:
“No has de prestar con usura
a tu hermano… A un extranjero le puedes prestar a usura —Los Israelitas
vivían en un estado simple de la sociedad y, por lo tanto, se les animó a
prestarse uno a otro de manera amistosa, sin ánimo alguno de ganancia. Pero el
caso era diferente con los forasteros, que participaban en los negocios y el
comercio, pidiendo prestado para aumentar su capital, y resultaba razonable
esperar que pagaran intereses sobre sus préstamos”.
De nuevo, no se
brinda evidencia para esta proposición (sin embargo, parece haber la actitud de
que los textos sagrados no son capaces de expresarse a sí mismos
adecuadamente). De hecho, incluso un economista famoso estaba dispuesto a
proporcionar comentarios bíblicos. Paul Samuelson escribió en su texto clásico
sobre economía: “Las expresiones bíblicas en contra del interés y la usura se
refieren claramente a los préstamos concedidos para el consumo y no con
fines de inversión”.
Con la eliminación de las objeciones
“escolásticas”, se convirtió en el papel de la naciente ciencia de la economía
el justificar el pago de intereses. Esto, por lo visto, es mucho más difícil de
lo que parece. Haberler sin duda tenía razón cuando declaró:
La teoría de los intereses ha sido por
largo tiempo un punto débil en la ciencia de la economía, y la explicación y la
determinación de las tasas de interés sigue dando lugar a más desacuerdos entre
los economistas que cualquier otra rama de la teoría general económica.
En realidad, entre los economistas, “no
hay una única teoría adecuada y generalmente aceptada de intereses que pueda
dar una explicación racional al origen y la causa de los intereses”.
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Los intereses y su papel en la economía y la vida (parte 5 de 8): Explicaciones y teorías
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Descripción: Las diversas formas en que los pensadores del pasado han tratado de conjurar explicaciones para la existencia de los intereses.
Por Jamaal al-Din Zarabozo (© 2010 IslamReligion.com)
Publicado 29 Nov 2010 - Última modificación 29 Nov 2010
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La mera plétora de opiniones que
intentan explicar la existencia de los intereses y justificar su pago –acompañada por las críticas creíbles de
todos esos notables y respetados economistas– debería ser una señal para todos de que
algo no está bien. En la historia del pensamiento económico, se pueden
encontrar las siguientes teorías que justifican los intereses (entre otras):
(1) Las “Teorías Descoloridas”
(como las llama Boehm-Bawerk): Estas fueron desarrolladas por Adam Smith,
Ricardo y otros economistas tempranos. Esta teoría tiene muchos defectos,
incluyendo que confunden los intereses con la utilidad bruta del capital. Ricardo
además trazó todo el valor del capital hasta el trabajo –pero de alguna manera falló en tener en
cuenta que el trabajo nunca era el que recibía el pago por ese valor.
(2) Las Teorías de Abstinencia:
Este tipo de teorías aparecen de vez en cuando. Los economistas descubrieron
que la “abstinencia” no es una buena palabra a utilizar y a menudo utilizan otros
términos, como “espera” (al estilo de Marshall). El interés es, en esencia, el
salario que uno recibe por “esperar” o “abstenerse” del consumo inmediato. Esta
teoría falla porque parece pensar que el ahorro es la única función del
interés, lo que se ha comprobado como falso.
(3) Teoría de la Productividad:
Los proponentes de esta teoría ven a la productividad como algo inherente al
capital y, por lo tanto, a los intereses, como un simple pago por tal
productividad. La teoría, tal como la presentó Say, asume que el capital
produce plusvalía; pero, de nuevo, no hay prueba alguna que respalde tal
afirmación. Lo máximo que se puede pretender es que cierto valor ha sido
creado, que es un pago al capital, pero no se puede demostrar que el valor exceso
o superávit ha sido creado, que es la esencia de su declaración de que el
interés está justificado. Por supuesto, estas teorías también ignoran por
completo los factores monetarios en el análisis de los intereses.
(4) Teorías del Uso: “Boehm
rechazó la validez de la hipótesis de que al lado de cada bien de capital había
un ‘uso’ del mismo, que era un bien económico independiente con un valor
independiente. Él destacó asimismo que ‘en primer lugar, simplemente no hay tal
cosa como un uso independiente del capital’ y, consecuentemente, éste no puede
tener un valor independiente, ni su participación puede generar un ‘fenómeno de
exceso de valor’. Asumir tal uso es crear una ficción injustificable que
contraviene todos los hechos”.
(5) Teorías de Remuneración: Este
grupo de economistas considera que los intereses son la remuneración de una
“labor realizada” por el capitalista. Aunque apoyada por economistas ingleses,
franceses y alemanes, tal vez este punto de vista no necesite comentarios.
(6) Teorías Eclécticas (combinación
de teorías tempranas, como las de Productividad y de Abstinencia): Afzal-ur-Rahman
escribe:
“Esta línea de pensamiento parece
revelar un síntoma de insatisfacción con la doctrina de los intereses, como ha
sido presentada y discutida por los economistas en el pasado y el presente. Y,
como ninguna teoría única sobre el tema es considerada satisfactoria por sí
misma, la gente ha intentado hallar una combinación de elementos de diferentes
teorías en aras de encontrar una solución satisfactoria al problema”.
(7) Teoría Moderna de la
Fructificación: Henry George desarrolló esta teoría, pero nunca tuvo el peso
suficiente para hallar muchos, o siquiera algunos, seguidores.
(8) Teoría Modificada de la
Abstinencia: Otra teoría única, propuesta por Schellwien; nunca tuvo mucho
impacto.
(9) Teoría Austríaca (El Agio o Teoría de la Preferencia
Temporal): Esta es la visión que Boehm-Bawerk respaldó. De acuerdo con esta
teoría, los intereses surgen “a partir de una diferencia de valor entre los
bienes presentes y los futuros”. Cassel ha criticado esta teoría en detalle. No
es más que una sofisticación de la teoría de “espera”.
(10)Teorías Monetarias (Teoría de
los Fondos para Préstamos, Teoría de Preferencia por la Liquidez, Teoría de
Existencias y Flujos, Concepto de Patrimonio de Preferencia): Más
recientemente, los economistas han tratado de introducir y enfatizar la
influencia de los factores monetarios en el tema de los intereses. En realidad,
sin embargo, el énfasis aquí comienza a pasar de por qué se pagan intereses a
qué determina la tasa de interés vigente. “De acuerdo con Robertson, los
intereses en la teoría de preferencia por la liquidez se reducen a nada más que
una prima de riesgo de las fluctuaciones sobre las que no estamos seguros. Esto
deja a los intereses suspendidos en un vacío, por decirlo así, existen
intereses porque hay intereses”.
Críticas similares se han hecho a otras visiones en esta familia de teorías.
(11)Teoría de la Explotación: Incidentalmente,
los economistas socialistas han considerado siempre a los intereses como
explotación. Cabe recordar que los “padres fundadores” de la teoría capitalista,
Adam Smith y Ricardo, creían que la fuente de todo valor no es más que el
trabajo. Si esto es cierto, entonces todos los pagos deben hacerse sobre el
trabajo y los intereses son una forma de explotación.
En un par de sitios, Afzal-ur-Rahman ha
proporcionado conclusiones excelentes respecto a estas diferentes teorías de
los intereses. Él afirma:
Un estudio crítico de la historia del desarrollo del fenómeno de los
intereses ha mostrado que los intereses se pagan a un factor independiente de
la producción, que puede ser llamada espera, aplazamiento, abstinencia, uso,
etc. Pero todas estas teorías han sido incapaces de responder o probar por qué
se pagan intereses o deben ser pagados a este factor. Algunos señalan la
necesidad de esperar, otros la necesidad de abstenerse o aplazar, pero ninguna
de estas explicaciones responde la pregunta. Ni la mera necesidad de esperar o
aplazar o abstenerse, ni el mero uso o la productividad del capital, son
suficientes para probar que los intereses son un pago necesario por el empleo
de capital en la producción. Además, estas teorías no han logrado explicar cómo
un factor variable puede determinar en modo alguno un factor fijo como la tasa
de interés. ¿Cómo podría una teoría así ser válida o sostenible?
Después, escribe:
Las teorías monetarias, como las teorías de productividad marginal,
no han hecho intento alguno por responder la pregunta: ¿por qué deben pagarse
intereses? O, ¿por qué se pagan intereses? Ellas simplemente ignoran esta
pregunta y se refugian en la teoría del valor. Dicen que, como todas las demás
cosas, el precio del capital está determinado por la demanda y la oferta de
dinero. Pero parece que han olvidado la diferencia básica entre los dos
problemas. La teoría del valor es un problema de intercambio, mientras la
teoría de los intereses es un problema de distribución. Tanto la teoría de
fondos para préstamos como la teoría de la preferencia por la liquidez son básicamente
teorías de oferta y demanda de los intereses, y los explican en relación a las
teorías de oferta y demanda para fondos de préstamos y para dinero
respectivamente. Pero no brindan ninguna justificación al fenómeno de los
intereses. Aún si el capital tiene derecho a una compensación apropiada como
recompensa por su contribución a la creación de riqueza, “éste sólo puede sacar
su parte del aumento de la riqueza nacional en proporción a su contribución a
tal aumento. No se puede permitir que salga corriendo con su pedazo de pastel,
establecido de antemano y sin relación alguna con las realidades de la
producción”.
De acuerdo con Boehm-Bawerk, el estudio de todas estas teorías “revela el
desarrollo de tres conceptos básicos esencialmente divergentes del problema de
los intereses”. Un grupo, los representantes de la teoría de la productividad,
trata el problema de los intereses como un problema de producción. Los
exponentes socialistas de las teorías de la explotación tratan el problema de
los intereses como un mero problema de distribución, mientras que el tercer
grupo, los que apoyan las teorías monetarias, buscan en la teoría de los
intereses el problema del valor. No hay duda de que todos estos teóricos,
habiendo sido confundidos por la magnanimidad y la omnipresencia del fenómeno
de los intereses, han evitado el tema principal de por qué se pagan intereses.
En efecto, ellos han invertido todas sus energías en resolver el problema de la
espera o abstinencia o productividad o “valor del trabajo” o “determinación del
valor”, y no han dicho nada respecto al origen o la justificación de la
institución de los intereses.
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Los intereses y su papel en la economía y la vida (parte 6 de 8): Los males de los intereses I
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Descripción: Las diferentes formas en las que los intereses han perjudicado a la sociedad.
Por Jamaal al-Din Zarabozo (© 2010 IslamReligion.com)
Publicado 29 Nov 2010 - Última modificación 29 Nov 2010
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Los males de los intereses
Los economistas pueden intentar proponer
numerosas justificaciones para el pago de intereses, pero la prueba verdadera
está en el estudio de los efectos que tienen los intereses. Es importante
señalar que cuando algo está prohibido por Dios, esto no significa que no haya
absolutamente nada benéfico en el asunto o práctica prohibidos. De hecho, uno
puede ser capaz de hallar algo beneficioso aún en las cosas prohibidas. Por
ejemplo, dice Dios en el Corán con respecto al alcohol:
“Te preguntan [¡Oh Muhammad!] a cerca de las
substancias embriagantes y los juegos de apuestas. Diles: Son de gran
perjuicio, a pesar de que también hay en ellos algún provecho para los hombres;
pero su perjuicio es mayor que su provecho”. (Corán 2:219)
Por lo tanto, el punto esencial no es si
hay algún beneficio en algo, sino si es más perjudicial que benéfico. De modo
que los economistas pueden ser capaces de hallar un atisbo de justificación
para el pago de intereses, pero esto definitivamente no es mayor que los daños
que, se puede demostrar, causan los intereses, como se discutirá en esta
sección.
Aún si los intereses son considerados
algún tipo de pago por un factor de producción, tienen algunas características
particulares que los distinguen de los pagos por cualquier otro factor de producción.
Debido a su naturaleza única, conducen a algunos resultados muy preocupantes.
Primero, los intereses conllevan a una
distribución inequitativa del ingreso. Esto puede verse fácilmente tomando un
ejemplo de tres personas. Supongamos que hay tres personas que consumen todo su
ingreso en un año dado, y que uno de ellos comienza con $1.000 en ahorros, el
segundo con $100 y el tercero con cero. Al 10% anual, al finalizar el año la
primera persona tendrá $1.100, la segunda $110 y la tercera cero en sus cuentas.
Si se mantiene la misma situación al año siguiente, la primera persona tendrá
$1.210, la segunda $121 y la tercera tendrá cero. Podemos ver cómo la
distribución crece entre ellos cada año, aún entre el que tiene algunos ahorros
en su cuenta. Este escenario se agrava si la persona más rica también está en
capacidad de aumentar sus ahorros. Supongamos que el más rico agrega mil al
finalizar cada año tendrá $1.100 al final del primer año, agregará $1.000 y
continuará con su 10% de intereses, así que tendrá $2.310 al final del segundo
año, y así sucesivamente. Ahora, una cosa es si este dinero en realidad fue
pagado en razón de algún factor positivo de producción, pero uno realmente no
puede argumentar tal cosa en este caso. El dinero que la gente está haciendo a
través de los intereses puede haber sido desperdiciado, perdido o incluso
robado por la gente que lo pidió prestado, pero aun así uno debe pagar los
intereses. Puede haber sido invertido en un proyecto que arroja sólo pérdidas y
que, por tanto, no produce nada. Pero nada de eso importa, debe pagarse sin
importar si ese “factor de producción” produce algo o no. Este es apenas uno de
los aspectos particulares del dinero y los pagos por dinero. Nadie puede
discutir que esto es justo y que por lo tanto sus resultados son una
distribución inequitativa del dinero.
Por otra parte, la distribución del
ingreso se hace más y más desigual con el tiempo. Uno puede imaginar a algunas
personas manejando millones mientras otras manejan cientos o miles. La disparidad
en sus ingresos por intereses, en efecto, será grande y creciente cada año. En
otras palabras, como escuchamos a menudo, esto lleva a una situación en la que
los ricos cada vez son más ricos y los pobres se mantienen relativamente más
pobres. Tengamos en cuenta que los deudores, que pagan intereses que crecen
cada año, no han sido agregados a la ecuación. En su caso, en la medida en que
los intereses continúan creciendo, su ingreso total es cada vez más consumido
por los intereses, exacerbando aún más la distribución desigual del ingreso.
Alguien podría preguntar si acaso una
distribución inequitativa del ingreso debe considerarse un problema importante.
Además de los efectos psicológicos sobre los pobres, especialmente si tenemos
en cuenta los medios masivos que resaltan la buena vida y la necesidad de
consumir, hay efectos muy importantes en el mercado en conjunto. En una
economía de mercado, la producción se orientará hacia aquellos que tienen el
dinero para pagar por lo que se produce, independientemente de lo necesarios
que puedan ser otros bienes para la sociedad. Si los ricos desean, demandan y
están dispuestos a pagar mucho dinero por grandes camionetas todoterrenos y
vehículos que consumen mucha gasolina, éstos serán producidos
(independientemente de lo mucho que los ecologistas puedan quejarse). Como la
distribución se hace más y más desigual, más y más recursos serán destinados a
satisfacer las demandas de las clases más ricas. Dado que los recursos son algo
“fijo”, esto significa que menos y menos será dedicado a satisfacer las
necesidades de las clases más pobres. Por otro lado, la menor cantidad de
recursos dedicada a los bienes que consumen los pobres, reduce su oferta y
eleva los precios de tales bienes, lo que perjudica aún más la situación económica
general de la gente pobre. Por ejemplo, uno puede encontrar numerosas clínicas
médicas que atienden a los ricos (aquellos que pueden pagar los tratamientos de
este tipo), aunque estén lejos de ser necesarias, como muchos lugares de
cirugía estética y cosas similares. Al mismo tiempo, vemos que son muy
difíciles de encontrar clínicas que atiendan a los pobres y satisfagan sus
necesidades básicas. Si pudieran pagar más por esos servicios esenciales, en
una economía manejada por el mercado, uno definitivamente encontraría más
clínicas de este tipo, más recursos dedicados a estas necesidades, y precios
menores en el largo plazo para aquello que ellos necesitan. (Además, esta
distribución desigual también tiene fuertes implicaciones para la salud de una
democracia; sin embargo, esa discusión está más allá del alcance de este
artículo.)
Adicionalmente, la carga de intereses
sobre los pobres que caen en deudas los pone en una situación en la que no
pueden avanzar social o económicamente, lo que aumenta la brecha entre ricos y
pobres. La deuda, en sí misma, es una situación difícil para cualquier persona.
Sin embargo, son los pagos de intereses los que convierten la deuda en un
blanco en movimiento, muchas veces algo que la persona sencillamente no puede
seguir. De nuevo, es un falso factor de producción, pero funciona para permitir
que los ricos se hagan más ricos, mientras pone un gran peso en aquellos que
caen en deudas. Quizás todos los lectores estén familiarizados con lo muy
endeudada que se encuentra la sociedad de los Estados Unidos, el país más rico
del mundo. Esto ha afectado no sólo a las clases más bajas sino a muchas de las
clases medias. Algunas personas afligidas no se dan cuenta de que si hacen sólo
los pagos mínimos de las cuentas de sus tarjetas de crédito, por ejemplo, jamás
lograrán limpiar su balance.
Pero, por supuesto, son los más pobres los más afectados. De hecho, el sistema
está ensañado contra ellos, ya que el pobre es la persona con la peor
calificación crediticia y será obligado a pagar las mayores tasas de intereses.
El libro de Mirza Shahjahan Ingreso, Deuda y la Búsqueda de la América Rica:
La Historia Económica de las Ciudades Estadounidenses Medianas y Pequeñas es
un estudio de cómo la deuda y su correspondiente carga de intereses han
afectado a gran parte de la “clase media estadounidense”. La difícil situación de los
pequeños agricultores obligados a pedir préstamos debido a la caída de los
precios de su producción ha sido bien documentada. Muchos de ellos han empeñado
sus preciosos bienes o perdido sus fincas que habían estado en sus familias por
generaciones, simplemente debido a los pagos de los intereses, cuyo ritmo no
podían seguir. Shahjahan encontró que algunos de los pobres pagan más del 15%
de su ingreso anual sólo en pagos de intereses (con la mayoría de los pobres
pagando entre el 8% y el 12%) –sin
mencionar la carga de llamadas y amenazas de los acreedores que los pobres
reciben a menudo–. En sus conclusiones,
Shahjahan afirma:
Tanto las cargas monetarias como las reales
de las deudas han mantenido a muchos deudores en una lucha de toda la vida al
servicio de sus deudas. El tamaño promedio de la deuda de los hogares
endeudados en el período 1990-1993 fue de US$ 32.493, equivalente a casi el
100% del ingreso de dichos hogares. Nuestro estimado de la deuda per cápita
de los hogares para el período 1990-1993 asciende a US$ 12.571. Una deuda de
esta magnitud, combinada con un trabajo temporal y unos ingresos bajos, puede
ser deprimente y producir condiciones psicológicas abrumadoras…
Los pagos de intereses de algunos hogares,
exceden su ingreso en un 15%. Este costo de interés elevado ha sido fuente de
una importante erosión de los ingresos de los hogares.
La mayoría de los hogares –millones de ellos– en las ciudades
medianas, luchan a diario para satisfacer sus necesidades básicas de vida.
Miles de ellos fracasan en proveer una vida decente para sus familias o
brindarle educación superior a sus hijos. Viven endeudados y mueren endeudados.
Esta situación les hace sentir que no llevan una vida plena…
Estos hogares se encuentran atrapados en
una situación de servidumbre económica en la que las rutas de escape más obvias
están obstruidas por las fuerzas institucionales. La adquisición de habilidades
o la educación superior podrían ser la llave que abriera oportunidades reales
para ellos, pero la educación superior es costosa y está más allá del alcance
de la mayoría de los hogares en esas ciudades. Tales hogares no tienen
oportunidades de sobresalir y encuentran que han sido pasados por alto para las
posiciones que anhelan. Esta es la naturaleza de la difícil situación de las
familias de la clase trabajadora en las ciudades pequeñas y medianas de los Estados
Unidos.
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Los intereses y su papel en la economía y la vida (parte 7 de 8): Los males de los intereses II
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Descripción: Las diferentes formas en las que los intereses han perjudicado a la sociedad. Parte 2: Los perjuicios devastadores de los intereses a nivel internacional.
Por Jamaal al-Din Zarabozo (© 2010 IslamReligion.com)
Publicado 06 Dec 2010 - Última modificación 05 Dec 2010
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A nivel internacional, la situación es
mucho más devastadora y peligrosa. No hay duda de que cuando se mira desde una
perspectiva internacional, los intereses matan a la gente. La servidumbre a la
deuda de los países menos desarrollados hoy día es tan grande que éstos se ven
obligados a sacrificar necesidades esenciales en salud y alimentación. Resulta
mortificante pensar que un número incalculable de niños mueren a diario en
países subdesarrollados debido a la “herramienta” del capitalismo moderno: los
intereses. Algunos gobiernos africanos son forzados a gastar más en pagar la
deuda que lo que gastan en salud o educación.
En este contexto, el PNUD (1998)
predijo que si la deuda externa de los 20 países más pobres del mundo fuera
condonada, ello salvaría la vida de 20 millones de personas antes del año 2000.
En otras palabras, eso significa que la deuda no condonada fue responsable de
la muerte de 130.000 niños semanalmente hasta el año 2000.
Ken Livingston, Alcalde de Londres, afirmó
que el capitalismo global mata a más gente anualmente que los que murieron a
manos de Adolf Hitler. Culpó al FMI y al Banco Mundial por la muerte de
millones de personas debido a su negativa a facilitar la carga de la deuda. Susan
George declaró que cada año desde 1981, entre 15 y 20 millones de personas
mueren innecesariamente debido a la carga de la deuda, “porque los gobiernos
del Tercer Mundo han tenido que reducir el agua potable y los programas de
salud para cumplir con sus pagos”.
La deuda, con su asociado volumen
creciente de intereses, es peligrosa para cualquier nación, porque significa
pérdida de soberanía y de control.
Este aspecto, por cierto, no es casual. Los países menos desarrollados –en
especial sus gobernantes y clases altas corruptas– no están libres de culpa en
relación a la cuestión de la deuda que han acumulado. Al mismo tiempo, si no
piden y obtienen la deuda, serán definitivamente presionados para que lo hagan.
Caufield señaló:
Así ha sido con el Banco Mundial, las operaciones de reembolso se
han hecho cada vez más el total de sus préstamos. El resultado ha sido una
acumulación de deuda por parte de los que adeudan al Banco –y una consecuente
pérdida gradual de soberanía–. Ningún acreedor está dispuesto a extender una y
otra vez los plazos para el pago de la deuda sin asegurarse cierto control
sobre la forma en que el deudor maneja sus negocios. En los primeros tiempos,
las grandes potencias no dudaron en utilizar la fuerza militar para doblegar a
los deudores recalcitrantes a su voluntad. En su ensayo clásico Deudas
Públicas, publicado en 1887, el economista estadounidense Henry Carter
Adams escribió que “la concesión de créditos exteriores es el primer paso hacia
el establecimiento de una política exterior agresiva y, bajo ciertas
condiciones, conlleva inevitablemente a la conquista y la ocupación”.
El enfoque del Banco hacia sus deudores
no es tan crudo. En lugar de enviar a los Marines, ofrece consejos sobre cómo
los países deben manejar sus finanzas, hacer sus leyes, proveer servicios a sus
pueblos, y manejarse a sí mismos en el mercado internacional. Sus poderes de
persuasión son grandes, debido a la convicción universal de que si el Banco
decide aislar a un prestatario, todos los demás poderes importantes nacionales
e internacionales seguirán esa misma línea. Por lo tanto, debido al exceso de
préstamos –nacido de una inconsistencia subyacente en su misión– el Banco ha
agregado a su propio poder, a la vez que ha empobrecido a sus prestatarios.
El ahora famoso libro de John Perkins, Confesiones de un Sicario
Económico,
detalla las intrigas económicas contemporáneas. Al describir su trabajo de
evaluación de proyectos, escribió:
El aspecto tácito de cada uno de esos proyectos era que tenían la
intención de crear grandes beneficios para los contratistas, y hacer muy
felices a un puñado de familias ricas e influyentes en los países receptores,
asegurando, al mismo tiempo, la dependencia financiera a largo plazo y, por lo
tanto, la lealtad política de los gobiernos alrededor del mundo. Mientras mayor
fuera el préstamo, mejor. El hecho de que la carga de la deuda puesta sobre un
país privaría a sus ciudadanos más pobres de salud, educación y otros servicios
sociales por décadas, no era tenido en cuenta.
La obra de Perkins ha sido seguida por Un
juego tan antiguo como el Imperio: El Mundo Secreto de lo Sicarios Económicos y
la Red Global de Corrupción, editado por Steven Hiatt.Hiatt
escribe:
La deuda mantiene a los países del Tercer Mundo bajo control.
Dependientes de las ayudas, los refinanciamientos de los préstamos, y las
renovaciones de deuda para sobrevivir –sin importar su desarrollo real–, han
sido obligados a reestructurar sus economías y reescribir sus leyes para
satisfacer las condiciones establecidas en los programas de ajuste estructural
del FMI y las condiciones del Banco Mundial.
La situación actual de la deuda, con el
papel principal que los intereses están jugando en ella, es potencialmente muy
devastador para el mundo entero. En Tendencias Globales 2015, la Agencia
Central de Inteligencia (CIA) reconoció:
La marea creciente de la economía global creará muchos ganadores
económicos, pero no levantará todavía todos los barcos. Generará conflictos
locales y extranjeros, garantizando una brecha entre ganadores y perdedores
regionales cada vez más amplia que la existente hoy día. La evolución de la
globalización será inestable, marcada por volatilidades financieras crónicas y
brechas económicas crecientes. Regiones, países y grupos, sintiéndose que han sido
dejados atrás, enfrentarán la profundización de su estancamiento económico, su
inestabilidad política y alienación cultural. Se fomentará el extremismo
político, étnico, ideológico y religioso, junto con la violencia que a menudo
lo acompaña.
Noreena Hertz tiene un capítulo
excelente en su libro La Amenaza de la Deuda: Cómo la deuda está destruyendo
el mundo en desarrollo… y nos amenaza a todos, en el que delinea muchos de
los peligros que la deuda masiva –y de nuevo, que no sería tan masiva sin el
aspecto siempre creciente de los intereses– representa para el mundo actual.
Ella detalla los peligros del extremismo, terrorismo, el agotamiento de los
recursos naturales mundiales, y más. Para citar sólo un aspecto, ella escribe:
La fea progenie de la deuda –pobreza, desigualdad e injusticia– son
también llamados a justificar, e incluso a legitimar, actos de extrema
violencia. Hace sólo unas semanas, fue atacado el World Trade Center. El
importante comentarista africano Michael Fortin escribió: “Tenemos que reconocer
que este acto deplorable de agresión pudo haber sido, al menos en parte, un
acto de venganza por parte de personas desesperadas y humilladas, aplastadas
por el peso de la opresión económica practicada por los pueblos de Occidente”. El
lenguaje de Fortin – “aplastadas”, “opresión”, “desesperadas”, “humilladas”– es
deliberadamente evocador. Y está manifiestamente claro que hay un público al
que tales palabras le resuenan poderosamente.
En realidad, aún hay más perjuicios
relacionados con los interese que podrían ser discutidos, pero lo anterior
debería ser suficiente para los propósitos de este artículo.
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Los intereses y su papel en la economía y la vida (parte 8 de 8): La solución islámica
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Descripción: Una solución islámica al modelo de intereses, y cómo la economía puede seguir creciendo sin ellos.
Por Jamaal al-Din Zarabozo (© 2010 IslamReligion.com)
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La solución islámica
La solución islámica al tema de los
intereses se basa en dos principios básicos:
(1) Si una persona desea prestar
dinero a otra con el fin de ayudarla, este acto debe estar basado en los
“principios fraternales”, y es absolutamente inaceptable cargar cualquier
interés en tal caso. No ayuda para nada a otra persona el cargarla con un ciclo
de deuda en el que ésta deberá pagar más de lo que le fue prestado. Este
principio importante se aplica en la actualidad, hay países que realmente
ayudan y brindan asistencia a otros países, en lugar de chuparles la sangre en
un patrón de dependencia y de carga de deuda.
(2) Si una persona desea utilizar
su dinero para hacer más dinero, entonces debe estar dispuesto a poner su
dinero en riesgo. En otras palabras, no puede garantizar por sí mismo un
rendimiento fijo (cuya cantidad crece con el tiempo) que sea independiente del
resultado de la inversión en la que su dinero es utilizado. Si la persona pone
su dinero en riesgo, merece tener parte en las ganancias. Sin embargo, esto
también significa que acepta perder si se producen pérdidas. Este es un sistema
que está basado en la justicia. Cuenta también con numerosos beneficios. Quien
invierte se preocupa por los resultados de su inversión, y no puede exigir su “pedazo
de pastel” independientemente de lo que pueda ocurrir con el deudor.
Esta solución islámica funciona tanto
para individuos como para la sociedad en conjunto. Los bancos son esencialmente
intermediarios financieros. Ellos toman dinero de quienes tienen exceso de dinero
(ahorros) y lo dan a quienes necesitan dinero para invertirlo. Los intereses no
son necesarios para que tal sistema funcione. El banco y sus depositantes
(accionistas) invierten, en lugar de simplemente prestar, sus posesiones. El
dinero se pone en riesgo y el retorno a los depositantes se hará con base en
las ganancias obtenidas en las respectivas inversiones. Bajo condiciones
normales de crecimiento económico, si el banco es lo suficientemente grande y
diversifica su cartera, tiene prácticamente “garantizado” un retorno positivo
en sus inversiones totales. Por lo tanto, aquellos que invierten su dinero con
el banco recibirán un retorno positivo sobre su dinero, sin que éste sea
garantizado o fijado antes de tiempo.
Numerosas instituciones financieras
“islámicas” se han establecido por todo el mundo actualmente. Ellas han
establecido el principio de evitar intereses, y algunas de ellas han prosperado.
Conclusiones
En su mayor parte, la “civilización
moderna” ha decidido dar la espalda a la Guía Divina (principalmente debido a
la experiencia en Occidente con el cristianismo) y ha tratado de construir sus
propios sistemas económicos y políticos, leyes internacionales y demás. Al
hacerlo, sin embargo, han debido admitir que están intentando algo que está más
allá de sus capacidades. Las ciencias sociales son muy distintas de las
ciencias físicas. No hay laboratorios en los que los humanos puedan ser
ingresados para determinar cuáles pueden ser los mejores resultados bajo
diferentes escenarios (e incluso se tendría que asumir que los humanos siempre
reaccionan de la misma manera bajo las mismas circunstancias).
En el ámbito de la economía, la primera
cosa que viene a la mente es el colapso de las teorías del socialismo y del
comunismo. Uno debe, sin embargo, echar también un vistazo más cercano al
capitalismo y qué tan lejos está su realidad de lo que se supone debe ser. Los
primeros teóricos capitalistas visionaron una teoría que daría lugar al “mejor
de todos los mundos posibles”. Sin embargo, sus teorías estaban basadas en
supuestos que nunca fueron y jamás serán cumplidos. Ellos asumieron la
competencia perfecta, el conocimiento perfecto, el comercio libre, y así
sucesivamente. Una vez que estas hipótesis no se cumplen, como inevitablemente
ocurrió, no conducen al “mejor de los mundos posibles”. En su lugar, llevan
fácilmente a un mundo de explotación, en el que los ricos se hacen más ricos y
los pobres más pobres. Una de las fuerzas que subyacen en este sistema es la
institucionalización de los intereses.
Dios ha bendecido a los seres humanos
con la guía del Corán, un libro que ha sido minuciosamente preservado desde su
revelación. Este Libro contiene la guía que la humanidad necesita para llevar
una vida exitosa en este mundo y en el más allá. Por lo tanto, no es de
extrañar que este Libro prohíba y condene absolutamente los intereses en la
forma más radical.
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