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En las dos primeras partes de esta serie de artículos,
hemos buscado juntos la respuesta a dos grandes interrogantes: ¿Quién nos ha
creado? Y: ¿Para qué Dios nos situó aquí?, y concluimos que Dios nos ha creado
para servirlo. Naturalmente, nuestra tercera pregunta será: Si nuestro
Creador nos ha colocado aquí para servirlo y adorarlo ¿Cómo debemos hacer esto?
Sin embargo mucha gente cuestionará nuestra afirmación
sobre la necesidad de una revelación, y dirán: ¿Para qué la necesitamos? ¿Es
realmente bueno recibir la revelación? ¿No es mejor servir a Dios como
nosotros creamos conveniente?
Para reafirmar la necesidad de la revelación,
expondremos los siguientes puntos: En nuestro primer artículo dijimos que este
mundo tiene muchas injusticias, y sin embargo, nuestro Señor es Justo, Él no ha
establecido una supremacía evidente de la justicia en esta vida, pero sí en la
otra. Además, la justicia requiere cuatro cosas para predominar: una corte
(por ejemplo, el día del juicio); un juez, (Evidentemente el Creador); testigos
(los hombres, las mujeres, los ángeles) y un libro que exprese claramente la
ley por la cual se juzga (la revelación). Ahora bien, un juicio no sería justo
si no se informó a quienes son juzgados durante su vida de la ley que debían
seguir; de otra manera, sin revelación, Dios sería injusto al juzgar sin haber
hecho previamente descender la ley revelada a quienes juzga, y esta
información, debió llegarles mientras actuaban.
¿Para qué es necesaria la revelación? Sin leyes, las
personas no pueden llegar a acuerdos en ningún asunto ¿Cómo podrían llegar a
comprender lo que Dios les ha ordenado hacer, entonces?
Segundo, nadie puede escribir un manual de instrucciones
tan bien como el fabricante. Dios es el creador, nosotros la creación, y por lo
tanto nadie puede conocer lo que se espera de nosotros, más que el Creador. ¿Acaso
están los empleados capacitados para informarse a sí mismos de su trabajo, de
qué y cómo deben cumplir sus tareas? ¿Acaso todos los ciudadanos están
capacitados para escribir sus propias leyes? ¿No? Pues bien, ¿Por qué
creeríamos que estamos capacitados para escribir nuestra propia religión? La
historia nos muestra con claridad lo que ha ocurrido cuando los hombres ceden a
seguir sus propios caprichos.
¿Cuantos malos líderes han diseñado sus propias
religiones y leyes, sumiéndose ellos y a sus seguidores en el desastre en este
mundo y en algo peor en la otra vida?
Pero en definitiva ¿por qué no podemos diseñar nuestra
propia religión? ¿Por qué no podemos establecer nuestras propias leyes
trascendentes? Es evidente que el concepto de lo que es bueno, varía de
una persona a otra. Para unos, es llevar una vida de elevada moral e higiene;
para otros es vivir el máximo de libertad posible, prescindiendo de todo freno
a sus pasiones. De la misma manera, la forma en la cual debemos adorar y
servir a Dios, no es comprendida igual por todas las personas.
Evidentemente nadie puede ir a comer a un restaurante o
a comprar algo a un mercado, y pagar con una divisa diferente a la que acepta el
vendedor.
Con la religión ocurre lo mismo.
Si las personas desean que Dios acepte sus actos de
adoración y de servicio a Él, deben realizar los actos que Él desea, y estos
están detallados en la revelación.
Lo que Dios ordena, es obediencia a la revelación.
Imaginemos que tienes en tu casa varios hijos, que
obedecen las reglas de la casa que les has explicado, de pronto un día,
uno de ellos reclama que seguirá sus propias reglas, que él ha ideado. ¿Cómo
responderías?
Tal vez lo harías con la frase ¡Agarra tus nuevas
reglas, y vete al infierno! Bien, nosotros somos la creación de Dios,
vivimos en el universo que Él ha creado, y ha impuesto sus reglas a todo, incluyéndonos
a nosotros, de acuerdo a lo que acabamos de razonar… ¿Qué nos dirá Dios si
pretendemos dejar de lado sus reglas y reemplazarlas por las normas que
inventamos?
Debemos meditar sinceramente estos asuntos. Debemos
reconocer que cada cosa agradable que nos ocurre, es un regalo de nuestro
Señor, y un motivo por el cual debemos agradecerle.
¿Acaso no agradecemos a quien nos hace un regalo antes
de usar lo que nos ha regalado?
Y aún así, muchas personas disfrutan de los dones que
Dios les ha regalado y nunca en toda su vida le dan gracias.
La poetisa inglesa Elizabeth Barrett Browning, habla de lo
irónico que resulta el lamento del hombre:
Y los labios dicen a menudo: “Dios nos ha castigado”.
Y nunca dicen “Loado sea Dios que nos dio esto.”
¿Acaso no debemos estar agradecidos por lo que Dios nos
da? ¿No debemos agradecerle ahora y el resto de nuestra vida? ¿No debemos
volvernos a Él?
Deberás reconocer que la respuesta a estas preguntas es
“Sí”.
Nadie dotado de entendimiento puede meditar en todo esto
sin responder igual. Pero he aquí un problema, Muchos de ustedes contestaron
Sí, sabiendo bien que su corazón no está con la Biblia. O quizás tu corazón
está con la Biblia, pero no completamente. Tú has aceptado que existe un
Creador, has aceptado que le debemos a este Creador adoración y servicio, pero
aún no sabemos exactamente cómo lo adoraremos y lo serviremos,
desafortunadamente, esto no puede ser respondido en un artículo, estas
respuestas requieren todo un libro.
Copyright © 2007 Laurence B. Brown.
About the Author:
The author can be contacted at BrownL38@yahoo.com. He is the author of The First and
Final Commandment (Amana Publications) and Bearing True Witness (Dar-us-Salam).
Forthcoming books are a historical thriller, The Eighth Scroll, and a
second edition of The First and Final Commandment, rewritten and divided
into MisGod’ed and its sequel, God’ed
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