|
|
|
|
|
|
Los grandes interrogantes (parte 1 de 3): ¿Quién nos ha creado?
|
Descripción: Aquí presentaremos la respuesta del Islam a la primera de una serie de grandes preguntas: ¿quién nos ha creado?
Por Laurence B. Brown, MD
- Publicado 31 Mar 2008 - Última modificación 12 May 2008
Visto: 862 - Clasificación: Ninguno aun - Clasificado por: 0 Impreso: 27 - Enviado por email: 0 - Comentado: 0
Categoría: Artículos
> Creencias del Islam
> El Propósito de la vida
|
|
Tarde o temprano, en algún momento de nuestra vida, todos nos
preguntamos “¿Quién nos ha creado?” Y “¿para qué estamos en este mundo?”.
De hecho, podríamos preguntar “¿Quién creó
todo este mundo?”; Algunos hablan del Big Bang y la evolución, mientras que
otros hablamos de Dios. Responder “No lo se” no resulta deseable, ya
que si bien esta respuesta no implica negar la existencia de Dios, tampoco la
afirma.
Ahora bien, examinemos brevemente la teoría del Big
Bang; esta teoría, explica el origen del universo a partir de un pequeño núcleo
original o nube de polvo primordial; pero no nos dice nada sobre el
origen de esta nube de polvo primordial o sobre la causa ulterior detrás de estos
fenómenos físicos que describe la teoría, que en definitiva, sólo menciona lo
que ocurre con la materia y la energía, pero no puede explicar de dónde
proviene esta nube de polvo original, que además debió necesariamente
contener toda la materia que conforma nuestra galaxia y de los billones de
galaxias que existen en el universo conocido. Y entonces, ¿de dónde proviene
toda esta materia? ¿Quién o qué creó esta nube de polvo primordial?
De manera similar, la teoría de la evolución intenta explicar
el desarrollo de las especies mediante la clasificación de fósiles, pero no explica
ni se pronuncia sobre el punto central de la vida humana: el alma.
Resulta evidente que quien estudie las ciencias de la
naturaleza, la biología o la física, no tardará en notar que en el universo
está la firma del Creador. Ahora
bien, que la gente decida negar o aceptar estas evidencias es otro asunto. El punto
es, si vemos una pintura, sabemos que hay un pintor, si vemos una escultura, sabemos
que hay un escultor, si vemos una vasija, sabemos que hay un alfarero. Entonces,
cuando vemos la creación ¿porqué no deberíamos suponer que hay un Creador?
Considerar que el universo se formó a partir de una
explosión y luego por una serie de causas aleatorias se llegó a un perfecto
equilibrio, o que la selección natural es suficiente para que se desarrollen
organismos tan complejos como los existentes, es igual a creer que si hacemos
explotar muchas bombas en un campo vacío, tarde o temprano encontraremos que
alguna de las explosiones colocará junto a nosotros un inmaculado Mercedes, es
obvio que estas teorías no son más que el fruto de un ferviente deseo de encontrar
una respuesta, y no mucho más que eso.
Resulta muy evidente que sin un principio ordenador,
todos los complejos sistemas del universo degenerarían en el caos, sin embargo
las teorías del big bang y la evolución, intentan presentar la idea opuesta, en
otros términos, “del caos surge el orden y la perfección”. Pero resulta más
racional suponer que el big bang y la evolución pueden ser procesos controlados.
¿Controlados por quién? Evidentemente por Un Creador.
Existe un cuento árabe sobre un beduino que esperaba
encontrar en el desierto un majestuoso palacio junto a un oasis. Cuando
alguien le preguntó cómo esperaba encontrar esto en un desierto estéril
respondió que, obviamente, por las fuerzas de la naturaleza, el viento cortaría
la piedra y la acomodaría en perfecto orden formando las paredes, cúpulas y
torres, luego despojaría a las ovejas de su lana y tejería hermosos tapices y
alfombras que el mismo viento se encargaría de colocar en la ubicación correcta
en el recién construido palacio, de la misma forma el viento traería madera
para las puertas y ventanas. Además el viento fundiría la arena para producir
cristales hermosos y perfectamente simétricos para las ventanas. Todo el
proceso tardaría millones de años y sólo ocurriría en un solo lugar de la
tierra, y todo por meras coincidencias.
Lo grotesco de esta respuesta evidencia nuestro tema
central, un palacio requiere un arquitecto, no coincidencias. Entonces ¿a Qué
o a Quién consideraremos Creador de este complejo universo y de nuestra propia compleja
existencia?
Un argumento clásico de los ateos, es observar las
supuestas imperfecciones en la creación. Argumentan: “¿Cómo puede existir un
Dios si ocurre esto y aquello?”. Este discurso hace referencia desde los
desastres naturales hasta los defectos de nacimiento, desde un genocidio al
cáncer de la abuela. Sin embargo este razonamiento es un sofisma, ya que
implica creer que la creación necesariamente debe ser perfecta, que si existe
un Creador, necesariamente hubiera hecho nuestras vidas perfectas y hubiese
establecido una perfecta justicia en la tierra.
Mmm… parece un argumento muy poco convincente. ¿Hay
otra opción?
Nosotros simplemente diremos que Dios no diseñó la vida
en esta tierra para que sea perfecta, sin embargo, sabemos que existe un premio
o un castigo por nuestras obras, en la otra vida, y que en el día del juicio
Dios evidenciará la perfecta justicia. En apoyo a esta postura podemos
mencionar que los rectos y virtuosos muchas veces sufren injusticias en este
mundo: ¿qué podemos decir sobre los profetas?, ¿y cómo pretendemos alcanzar el
paraíso, sino manteniéndonos firmes en nuestra fe frente a las adversidades de
la vida?
Siguiendo esta línea de razonamiento, espero que por lo
menos lleguemos a un acuerdo acerca del primer “gran interrogante”. ¿Estamos
por lo menos de acuerdo que si nosotros somos creación, Dios es el creador?
Si no consideramos, a pesar de razonar, que Dios es
efectivamente El Creador, no tiene sentido continuar razonando, si por el
contrario, has llegado a la conclusión de que es Dios El Creador, podemos
continuar con la segunda de estas grandes preguntas ¿por qué fuimos creados?. O,
en otras palabras ¿Cuál es el propósito de nuestra vida?
Copyright © 2007 Laurence B. Brown.
About the Author:
Laurence B. Brown, MD, can be contacted at BrownL38@yahoo.com.
He is the author of The First and Final Commandment (Amana Publications)
and Bearing True Witness (Dar-us-Salam). Forthcoming books are a
historical thriller, The Eighth Scroll, and a second edition of The
First and Final Commandment, rewritten and divided into MisGod’ed
and its sequel, God’ed.
|
Las grandes preguntas (parte 2 de 3): El propósito d
|
Descripción: Aquí presentaremos la respuesta del Islam a la segunda de las grandes preguntas que inevitablemente toda persona se plantea en algún momento: ¿Cuál es el propósito de estar aquí?
Por Laurence B. Brown, MD
- Publicado 31 Mar 2008 - Última modificación 31 Mar 2008
Visto: 683 - Clasificación: Ninguno aun - Clasificado por: 0 Impreso: 31 - Enviado por email: 0 - Comentado: 0
Categoría: Artículos
> Creencias del Islam
> El Propósito de la vida
|
|
La primera pregunta que nos planteamos y respondimos en
el artículo anterior fue ¿Quién nos ha creado? Y concluimos, espero que estéis
de acuerdo, que el Creador es Dios. Así como nosotros somos creación, Dios es
El Creador.
Ahora es el turno de nuestra segunda gran pregunta ¿para
qué estamos aquí?
¿Cuál es el objetivo de estar en este mundo? ¿Hacerse
rico y famoso? ¿Tener hijos o hacer música?
Resulta evidente que al morir, resulta inútil haber
logrado ser rico.
Evidentemente este no puede ser el objetivo de nuestro
paso por esta vida, pues aunque viviera en una caverna, de la manera más
sencilla, el hombre se rodea de cosas que fabrica con su trabajo, ¿para qué
hacemos estas cosas?; evidentemente cada una de ellas nos brinda un servicio. Fabricamos
estas cosas para que nos sirvan; trasladando esto a nuestro tema ¿nos ha creado
Dios para servirlo?
De hecho, el objetivo de nuestra existencia es servir a
Dios, este mensaje lo recibimos en los libros sagrados, de mano de los profetas;
y donde se expresa con mayor claridad es en el Sagrado Corán, el Libro Sagrado
del Islam:
“No he creado a los genios y a los hombres sino para que me
adoren” (Corán 51:56)
Esto nos lleva inmediatamente a cuestionarnos otro
asunto, si en su inmenso conocimiento, Dios nos creó para servirlo ¿cómo lo
serviremos? Sin dudas esta pregunta debe ser respondida por quien nos ha
creado; solamente Dios puede decirnos de que manera debemos servirlo y así
lograr el objetivo de nuestra vida. ¿De qué otra manera podríamos saber cómo
alcanzar el éxito en este asunto? ¿Cómo sabríamos qué es lo que Dios espera de
nosotros?
Ahora bien, Dios nos ha dado una luz así como ha dispuesto que en cierta forma las estrellas visibles en el firmamento resultaran
útiles a los navegantes para orientarse. Dios ha dotado a los animales de
instintos particulares acorde a sus necesidades, algunas aves, emigran en
determinadas épocas del año, y aún si el día está nublado, saben a donde
dirigirse por el reflejo de la luz solar en las nubes, las ballenas también se
desplazan de manera similar sintiendo los campos magnéticos de la
tierra, los salmones, regresan desde el mar abierto a los ríos para desovar, y
lo hacen exactamente al mismo lugar donde nacieron, los delfines de río y otros
seres son prácticamente ciegos, sin embargo, pueden ver con un sentido
de sonar. Algunos organismos marinos, como las anguilas eléctricas son capaces
de generar y percibir campos eléctricos de manera tal que se pueden mover en
las oscuras profundidades del océano; algunos insectos se comunican liberando
ciertas sustancias químicas, de manera tan perfecta que marcan el sendero al
alimento y de regreso a su hogar para sus congéneres; incluso las plantas se
orientan creciendo de manera que alcancen la luz solar que requieran. Dios ha
dotado a cada ser de su creación con guía. ¿Resultaría lógico creer que Dios
no nos ha dado una guía en el aspecto más importante de nuestra existencia,
nuestra raison d’etre, nuestra razón de ser. ¿Acaso Él nos habría
dejado solos, sin herramientas para alcanzar nuestra salvación?
La respuesta es, por supuesto, no, y he aquí, la
revelación.
Meditemos lo siguiente: cada producto tiene sus
características y reglas, a mayor complejidad del producto, mayor complejidad
de carácteres y reglas; cada fabricante provee manuales para el uso correcto de
sus productos. Típicamente, estos manuales comienzan por los cuidados
necesarios y las advertencias sobre el uso inapropiado del producto, pasando
luego a explicar los beneficios del uso correcto y cómo corregir los posibles
inconvenientes para lograr un uso adecuado.
¿Por qué sería diferente en la revelación?
La revelación nos dice que no hacer, que hacer y cómo
hacerlo. Nos muestra nuestras deficiencias y como corregirlas. La revelación
es el gran manual del hombre, que nos dice cómo lograr nuestro buen
funcionamiento y alcanzar los objetivos para los que fuimos creados.
En nuestra vida cotidiana utilizamos artefactos, que si
cumplen con los fines para los cuales fueron fabricados, consideramos exitosos.
Pero cuando un artefacto no cumple la función para la cual fue fabricado, lo
reparamos o lo reciclamos. En otras palabras el artefacto en cuestión es destruido,
y de pronto este razonamiento se torna muy serio, ya que el artefacto en
cuestión aquí somos nosotros, la creación.
Pero hagamos una pausa y consideremos cómo actuamos con
los artículos que llenan nuestras vidas. Mientras hagan lo que esperamos y
deseamos que hagan, estamos contentos con ellos. Pero cuando dejan de
servirnos, generalmente nos libramos de ellos. Algunos se devuelven a la
tienda donde los adquirimos, a otros los damos en caridad, pero de una manera u
otra todos terminan descartados, destruidos, enterrados o quemados.
De manera análoga, un empleado que se niega a cumplir
con su trabajo, inevitablemente termina por ser despedido.
Ahora pensemos un instante en esto, en este mundo, las
cosas que no cumplen su función no terminan bien. Quien considere que los
ejemplos de esta vida pueden ser transpolados al campo de la religión podría
pasar todo el día elaborando ideas en torno a esto.
Sin embargo, no debemos descartar este ejemplo, ¿no
están el nuevo y el antiguo testamento repletos de analogías? Y ¿no hablaba
Jesús con parábolas?
Entonces, tal vez debamos tomar estos ejemplos con
seriedad.
Sí, sin duda debemos tomar estos ejemplos seriamente. Es
evidente que los castigos y el tormento del fuego infernal no son asuntos que
debamos tomar a la ligera.
Copyright © 2007 Laurence B. Brown.
About the Author:
The author can be contacted at BrownL38@yahoo.com.
He is the author of The First and Final Commandment (Amana Publications)
and Bearing True Witness (Dar-us-Salam). Forthcoming books are a
historical thriller, The Eighth Scroll, and a second edition of The
First and Final Commandment, rewritten and divided into MisGod’ed
and its sequel, God’ed.
|
Los grandes interrogantes (parte 3 de 3): La necesidad de la Revelación
|
Descripción: Aquí presentaremos la respuesta del Islam a la segunda de las grandes preguntas que inevitablemente toda persona se plantea en algún momento: parte 3.
Por Laurence B. Brown, MD
- Publicado 31 Mar 2008 - Última modificación 31 Mar 2008
Visto: 584 - Clasificación: Ninguno aun - Clasificado por: 0 Impreso: 28 - Enviado por email: 0 - Comentado: 0
Categoría: Artículos
> Creencias del Islam
> El Propósito de la vida
|
|
En las dos primeras partes de esta serie de artículos,
hemos buscado juntos la respuesta a dos grandes interrogantes: ¿Quién nos ha
creado? Y: ¿Para qué Dios nos situó aquí?, y concluimos que Dios nos ha creado
para servirlo. Naturalmente, nuestra tercera pregunta será: Si nuestro
Creador nos ha colocado aquí para servirlo y adorarlo ¿Cómo debemos hacer esto?
Sin embargo mucha gente cuestionará nuestra afirmación
sobre la necesidad de una revelación, y dirán: ¿Para qué la necesitamos? ¿Es
realmente bueno recibir la revelación? ¿No es mejor servir a Dios como
nosotros creamos conveniente?
Para reafirmar la necesidad de la revelación,
expondremos los siguientes puntos: En nuestro primer artículo dijimos que este
mundo tiene muchas injusticias, y sin embargo, nuestro Señor es Justo, Él no ha
establecido una supremacía evidente de la justicia en esta vida, pero sí en la
otra. Además, la justicia requiere cuatro cosas para predominar: una corte
(por ejemplo, el día del juicio); un juez, (Evidentemente el Creador); testigos
(los hombres, las mujeres, los ángeles) y un libro que exprese claramente la
ley por la cual se juzga (la revelación). Ahora bien, un juicio no sería justo
si no se informó a quienes son juzgados durante su vida de la ley que debían
seguir; de otra manera, sin revelación, Dios sería injusto al juzgar sin haber
hecho previamente descender la ley revelada a quienes juzga, y esta
información, debió llegarles mientras actuaban.
¿Para qué es necesaria la revelación? Sin leyes, las
personas no pueden llegar a acuerdos en ningún asunto ¿Cómo podrían llegar a
comprender lo que Dios les ha ordenado hacer, entonces?
Segundo, nadie puede escribir un manual de instrucciones
tan bien como el fabricante. Dios es el creador, nosotros la creación, y por lo
tanto nadie puede conocer lo que se espera de nosotros, más que el Creador. ¿Acaso
están los empleados capacitados para informarse a sí mismos de su trabajo, de
qué y cómo deben cumplir sus tareas? ¿Acaso todos los ciudadanos están
capacitados para escribir sus propias leyes? ¿No? Pues bien, ¿Por qué
creeríamos que estamos capacitados para escribir nuestra propia religión? La
historia nos muestra con claridad lo que ha ocurrido cuando los hombres ceden a
seguir sus propios caprichos.
¿Cuantos malos líderes han diseñado sus propias
religiones y leyes, sumiéndose ellos y a sus seguidores en el desastre en este
mundo y en algo peor en la otra vida?
Pero en definitiva ¿por qué no podemos diseñar nuestra
propia religión? ¿Por qué no podemos establecer nuestras propias leyes
trascendentes? Es evidente que el concepto de lo que es bueno, varía de
una persona a otra. Para unos, es llevar una vida de elevada moral e higiene;
para otros es vivir el máximo de libertad posible, prescindiendo de todo freno
a sus pasiones. De la misma manera, la forma en la cual debemos adorar y
servir a Dios, no es comprendida igual por todas las personas.
Evidentemente nadie puede ir a comer a un restaurante o
a comprar algo a un mercado, y pagar con una divisa diferente a la que acepta el
vendedor.
Con la religión ocurre lo mismo.
Si las personas desean que Dios acepte sus actos de
adoración y de servicio a Él, deben realizar los actos que Él desea, y estos
están detallados en la revelación.
Lo que Dios ordena, es obediencia a la revelación.
Imaginemos que tienes en tu casa varios hijos, que
obedecen las reglas de la casa que les has explicado, de pronto un día,
uno de ellos reclama que seguirá sus propias reglas, que él ha ideado. ¿Cómo
responderías?
Tal vez lo harías con la frase ¡Agarra tus nuevas
reglas, y vete al infierno! Bien, nosotros somos la creación de Dios,
vivimos en el universo que Él ha creado, y ha impuesto sus reglas a todo, incluyéndonos
a nosotros, de acuerdo a lo que acabamos de razonar… ¿Qué nos dirá Dios si
pretendemos dejar de lado sus reglas y reemplazarlas por las normas que
inventamos?
Debemos meditar sinceramente estos asuntos. Debemos
reconocer que cada cosa agradable que nos ocurre, es un regalo de nuestro
Señor, y un motivo por el cual debemos agradecerle.
¿Acaso no agradecemos a quien nos hace un regalo antes
de usar lo que nos ha regalado?
Y aún así, muchas personas disfrutan de los dones que
Dios les ha regalado y nunca en toda su vida le dan gracias.
La poetisa inglesa Elizabeth Barrett Browning, habla de lo
irónico que resulta el lamento del hombre:
Y los labios dicen a menudo: “Dios nos ha castigado”.
Y nunca dicen “Loado sea Dios que nos dio esto.”
¿Acaso no debemos estar agradecidos por lo que Dios nos
da? ¿No debemos agradecerle ahora y el resto de nuestra vida? ¿No debemos
volvernos a Él?
Deberás reconocer que la respuesta a estas preguntas es
“Sí”.
Nadie dotado de entendimiento puede meditar en todo esto
sin responder igual. Pero he aquí un problema, Muchos de ustedes contestaron
Sí, sabiendo bien que su corazón no está con la Biblia. O quizás tu corazón
está con la Biblia, pero no completamente. Tú has aceptado que existe un
Creador, has aceptado que le debemos a este Creador adoración y servicio, pero
aún no sabemos exactamente cómo lo adoraremos y lo serviremos,
desafortunadamente, esto no puede ser respondido en un artículo, estas
respuestas requieren todo un libro.
Copyright © 2007 Laurence B. Brown.
About the Author:
The author can be contacted at BrownL38@yahoo.com. He is the author of The First and
Final Commandment (Amana Publications) and Bearing True Witness (Dar-us-Salam).
Forthcoming books are a historical thriller, The Eighth Scroll, and a
second edition of The First and Final Commandment, rewritten and divided
into MisGod’ed and its sequel, God’ed
|
|
|
|
|
|
En linea diariamente:
De para
(Acorde al horario de su ordenador)
|
| |
Sus favoritos |
 |
|
Sus favoritos está vacio. Puede agregar artículos a esta lista con Herramientas del artículo. |
| |
Su historial |
 |
|
|