Los musulmanes de cara a los no-musulmanes
Obviamente, la sociedad no consistirá de
sólo musulmanes. Por otra parte, los musulmanes y los no-musulmanes están
siguiendo caminos muy distintos. La vida de un musulmán gira enteramente
alrededor de la creencia correcta en Dios. La actitud de un musulmán hacia los
otros también está determinada por la actitud de los otros hacia Dios. Un musulmán
no puede sentir completa afinidad y amor hacia alguien que le ha dado la
espalda a Dios, rehusándose a entragarse a Él o ridiculizando la creencia en Él.
Simplemente no es natural que haya amor completo entre estos dos tipos de
personas. Sin
embargo, incluso dado este posible sentimiento negativo en el corazón, un musulmán
debe tratar con los no-musulmanes sobre la base de principios justos. Esto
aplica para todos los no-musulmanes. Muchos no-musulmanes no son en modo alguno
antagonistas de los musulmanes, mientras que otros exhiben un claro e
inequívoco desprecio y odio hacia los musulmanes.
Uno de los principios básicos de
comportamiento hacia los no-musulmanes no beligerantes se halla en el siguiente
versículo del Corán:
“Dios no os prohíbe ser benevolentes y
equitativos con quienes no os han combatido por causa de la religión ni os han
expulsado de vuestros hogares, pues ciertamente Dios ama a los justos”. (Corán 60:8)
Una obligación importante hacia los
incrédulos es el trato justo y apropiado. Esto fue descrito por el reconocido
erudito musulmán, el Sheij Ibn Baz, quien dijo:
“[los musulmanes] no deben hacer mal a otra persona con respecto a
su vida, su riqueza o su honor, si el no-musulmán es ciudadano de un Estado
Islámico o ha alcanzado otro tipo de protección. Deben cumplir con los derechos
del otro. No deben dañarlo con respecto a su riqueza, robándole, engañándolo o
estafándolo. No pueden dañarlo en su cuerpo golpeándolo ni matándolo. Tiene una
protección estatal que garantiza la protección de su vida de todas esas cosas”.
Un musulmán puede interactuar con los
no-musulmanes, comprar, vender o rentar de ellos o a ellos, por ejemplo. Incluso en un nivel
social puede haber interacción, tal como asistir juntos a comer. Sin embargo,
tales interacciones son, por naturaleza, limitadas, debido a las diferencias en
las prácticas y costumbres sociales. Quizás uno puede decir que el objetivo
final del musulmán en sus relaciones con los no-musulmanes es presentarles el
Islam, abriendo así la puerta para que haya una relación completa de amor y
hermandad entre ellos. Aún si el no-musulmán es antagónico y ofensivo, el musulmán
sabe que puede repeler su maldad con bondad. Dios dice:
“No se equipara obrar el bien y obrar el mal.
Si eres maltratado responde con una buena actitud [sabiendo disculpar], y
entonces verás que aquel con quien tenías una enemistad se convertirá en tu
amigo ferviente”. (Corán 41:34)
En resumen, como escribió Ibn Baaz:
“Es obligatorio para los musulmanes tratar a los incrédulos de
manera islámica, con un comportamiento apropiado, siempre y cuando ellos no
combatan a los musulmanes. Uno debe ser confiable, no engañarlos ni
traicionarlos, y no mentirles. Si hay una discusión o un debate entre ellos, uno
debe debatir con ellos de la mejor manera y ser justo con ellos en la disputa.
Esto en obediencia a la orden de Dios:
“No discutáis con judíos y cristianos [acerca
de vuestra fe] sino de buen modo, y no lo hagáis con quienes sean irrespetuosos”.
(Corán 29:46)
Está prescrito para los musulmanes que los inviten al bien, les
adviertan y sean pacientes con ellos, al mismo tiempo que sean solidarios y
amables. Esto es porque Dios ha declarado:
“Convoca al sendero de tu Señor con sabiduría
y bellas palabras. Arguméntales de la mejor manera. Tu Señor sabe bien quién se
extravía de Su camino y quién sigue la guía”. (Corán 16:125)
Dios también dice:
“…hablad cortésmente…”. (Corán 2:83)
Los musulmanes de cara a la sociedad en
conjunto
Cuando un musulmán acepta vivir en una
sociedad dada, está en esencia haciendo un pacto con ese país, de que él va a
cumplir con las leyes de su Estado. Él no tiene el derecho a violar las leyes
de ese país simplemente porque es un musulmán y el país no es un Estado
Islámico. Así, todos los principios de comportamiento apropiado que han sido
descritos en este capítulo se aplican a un musulmán viviendo dondequiera que
pueda vivir. En varios países hoy en día, muchas cosas pueden ser legales pero
están prohibidas para un musulmán. Estas cosas legales simplemente son evitadas
por el musulmán. Él debe también exigir sus derechos legales para asegurarse
que no es forzado a hacer nada que esté prohibido en el Islam. En general, sin
embargo, debe estar entre los ciudadanos respetuosos de la ley.
Además de eso, un musulmán debe ser una
ventaja para cualquier sociedad en la que viva. Debe ser un ciudadano modelo en
muchas formas. Como se describió anteriormente, debe ser un buen vecino. Tiene
la obligación de promover el bien y prevenir el mal donde sea que viva.
Adicionalmente, debe evitar y oponerse a lo que muchas sociedades ven como los
mayores crímenes, como son el asesinato, el robo, la extorsión, etc. Por otra
parte, debe mantenerse alejado del uso del alcohol y las drogas, y de esta
forma no sobrecargar a la sociedad en su conjunto con sus propias debilidades y
adicciones. Finalmente, debe ser justo y equitativo en todas sus relaciones con
los demás miembros de la sociedad.
El Islam reconoce el hecho de que es
natural para un individuo amar a su país y tener una afinidad por la tierra en
la que creció. Cuando los musulmanes fueron forzados a emigrar de La Meca,
cuando estaba bajo el control de los politeístas, muchos de ellos expresaron su
amor por esta ciudad. Por tanto, es natural para los musulmanes desarrollar un
amor por cualquier tierra en la que se encuentren, incluso si el país no es un Estado
Islámico. También es natural para los musulmanes desear lo mejor para su tierra
natal. Pero, infortunadamente, esta idea de lo que es mejor de nuevo puede no
ser compartida o apreciada por otros. Por ejemplo, los musulmanes pueden desear
ver el fin de las apuestas, la prostitución y la pornografía. Los musulmanes
creen que esto es lo mejor para toda persona consciente, musulmanes tanto como
no-musulmanes. Sin embargo, muchos no-musulmanes no comparten este sentimiento.
Ahí está el meollo del asunto. Teóricamente hablando, sin embargo, en las
sociedades “libres” contemporáneas esto puede no ser un problema. Los
musulmanes deben ser capaces de aferrarse a sus valores y costumbres sin hacer
daño a los demás, mientras los otros siguen la cultura dominante en tierras
no-musulmanas. Si los países “libres” no están dispuestos a brindar a los
musulmanes este derecho, significa que ellos no tienen voluntad real de vivir
según sus propios ideales. No es que los musulmanes estén tratando de causarles
daño, ellos simplemente están tratando de ser buenos ciudadanos mientras viven
una forma de vida diferente a la cultura dominante.
Conclusiones
Aún en sociedades pluralistas, las
enseñanzas islámicas contribuyen a la cohesión social. Primero, el principal
obstáculo para tal cohesión, el racismo y el prejuicio, ha sido removido.
Segundo, un amor fuerte y un lazo es creado entre aquellos que comparten la fe
Islámica. Tercero, instrucciones claras y decisivas de justicia y
comportamiento apropiado son dadas para tratar con aquellos fuera del lazo de
la fe. Cuarto, los musulmanes entienden su responsabilidad hacia aquellos que
los rodean y, por tanto, contribuyen al bienestar de todos, mejorando aún más
los buenos sentimientos y la cohesión dentro de la sociedad.
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