La relación entre el Islam y la paz (Salam)
Quizás la mejor forma de comenzar una
discusión sobre la relación entre el Islam, la paz y la seguridad, es repetir
una afirmación que se oye a menudo en boca de los musulmanes por estos días:
“Islam significa paz”. Si quien hace esta afirmación quiere decir que el
significado actual de la palabra Islam es paz, entonces está definitivamente
equivocado. Es verdad que la palabra Islam y la palabra árabe salam que
significa paz, tienen una raíz lingüística común. Esto demuestra que hay una
relación entre ambas. Pero es de vital importancia comprender en qué consiste
esta relación.
La palabra Islam es el sustantivo del
verbo áslama. Este verbo se define como “entregarse o abandonarse a
algo”. Cuando se usa en el lenguaje religioso y con respecto a Dios, significa
“entregarse o abandonarse a Dios voluntariamente”. Así, la palabra Islam hace referencia al acto de una persona que
reconoce a Dios como su Señor, se somete a Él voluntariamente y lo adora.
Comprender esto es de vital importancia
para entender la relación entre el Islam y la paz. El Islam, entendido como la
entrega y sumisión voluntaria a Dios, es lo que conduce a la verdadera paz. La
paz verdadera, tanto interior como exterior, es el resultado de una correcta
implementación del Islam. Por supuesto, a lo que nos referimos no es solamente
a la paz como una ausencia de lucha o conflicto. La paz significa mucho más que
eso. Uno puede estar libre de las guerras y sin embargo estar sumido en la
ansiedad, desesperación y la carencia de paz. Intentamos referirnos a un
significado más completo de la paz. El Islam trae a las personas una
tranquilidad y paz espiritual integrales, que es el resultado de darse cuenta
que uno está creyendo y actuando en concordancia con la guía de su Creador.
Esta paz interior se esparcirá dentro de la familia, la comunidad, la sociedad
y el mundo entero. Es una forma especial de tranquilidad que sólo puede ser producida
por una fe apropiada en Dios. Por eso, Dios dijo:
“Os ha llegado de Dios una luz y un Libro claro,
con el cual Dios guía, a quienes buscan Su complacencia, hacia los caminos de
la paz”. (Corán 5:15-16)
De hecho, Dios convoca a la humanidad a
morar en la paz eterna:
“Dios convoca a la morada donde reina la paz y
guía a quien Le place hacia el sendero recto”. (Corán
10:25)
Para aquellos que siguen Su camino, su
recompensa final será la morada de la paz:
“Y ellos tendrán una morada donde reinará la paz
junto a su Señor”. (Corán 6:127)
En resumen, no es correcto decir que el
Islam significa paz; pero, ciertamente, sólo el Islam, la entrega voluntaria a
Dios, trae verdadera paz.
Cómo el Islam nos acerca y conduce a la paz
Una paz verdadera y completa en el mundo
sólo podrá lograrse cuando cada individuo alcance su propia paz interior. Esto
sólo puede conseguirse a través del Islam, es decir, de la verdadera sumisión a
Dios. Este es el camino que mejor se adapta a la esencia natural del ser
humano. De hecho, el camino de la paz es lo que podríamos llamar la verdadera
vida. Dios dijo:
“¡Oh, creyentes! Obedeced a Dios y al Mensajero
cuando os exhortan a practicar aquello que os da vida”. (Corán 8:24)
Conocer a Dios es lo que puede conducirnos
al verdadero sosiego del alma. Si una persona no conoce a Su Creador, su alma
estará siempre anhelando algo que falta en su vida. Estará siempre agitado y
confuso. Y aún cuando esté buscando a otros señores aparte de Dios,
eventualmente caerá en la desesperación cuando se dé cuenta de que todo aquello
que busca no es el verdadero Ser que su corazón anhela.
El Sheij al-Islam Ibn Taimíyah (que Allah
tenga misericordia de él) escribió:
“Debes saber que la necesidad del ser
humano por Dios , quien merece que se Le adore sin asociarle nada, es una necesidad que
no tiene comparación y sobre la cual uno no puede hacer una analogía. En
algunos aspectos, uno podría compararla con la necesidad del cuerpo por el
agua, es decir con la sed. Sin embargo, aún hay mucha diferencia entre ambas
necesidades.
La realidad de un ser humano está en su
corazón y en su alma. No puede prosperar excepto a través de su relación con
Dios, junto a quien no hay otra divinidad. Por ejemplo, no hay paz en este
mundo excepto en la remembranza de Dios.
Ciertamente, cada ser humano se encontrará
irremediablemente con Él, sin duda debe encontrarse con Él. No hay verdadera
bondad para él si no se reúne con Dios. Si el ser humano experimenta alguna otra alegría, placer o felicidad
que no es Dios, eso no durará por mucho tiempo. La persona sólo la disfrutará
en un momento determinado y durante un tiempo determinado. De hecho, a veces
aquello que disfruta y de lo cual obtiene placer, no le complacerá ni le traerá
verdadera felicidad. A menudo estas cosas lo hieren y le perjudican. Pero Dios
está definitivamente con él bajo toda circunstancia y en todo momento. Donde
sea que él esté, Dios está con él…
Si alguien adora a cualquier otra cosa que
no sea Dios, aún si ama eso y obtiene en este mundo algún placer de ello, eso
lo destruirá de la misma forma que quien ingiere veneno que tiene un sabor
dulce y agradable.
Debes saber que si alguien ama alguna cosa
no por la causa de Dios –es decir, no para complacer a Dios– sino por una razón
diferente; entonces, definitivamente la cosa amada será causa sufrimiento…
Debes saber que si alguien ama alguna otra cosa ajena a la causa de Dios,
entonces la cosa amada causará su condenación y su castigo… Si alguien ama algo
por una razón diferente a la complacencia de Dios, tal cosa lo perjudicará ya
sea que la obtenga o no…”.
Toda la riqueza y los bienes de este mundo
no serán capaces de traerle al ser humano tal sosiego interior. Abu Hurairah
narró que el Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:
“La verdadera riqueza no se alcanza
acumulando propiedades y bienes, sino que reside en la paz interior”.
Otro reporte afirma:
“La verdadera riqueza es la riqueza
del corazón. La verdadera pobreza es la pobreza del
corazón”.
Una vez que el individuo está en paz
consigo mismo, libre de la ansiedad y la insatisfacción interior, puede
entablar relaciones pacíficas con su entorno y con su prójimo. No tendrá
razones para sentir resentimientos hacia el resto del mundo ni podrá culpar a
los demás por su propia falta de paz interior. De hecho, teniendo en cuenta que
su meta está en el Más Allá, no tiene razón aún para sentir ira o envidia hacia
su prójimo por aquello que han recibido en este mundo, cierto es que la ira y
la envidia golpean las raíces mismas de la relación pacífica con otros.
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