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La idea de que algo es creado por la
nada, de que sale de la nada, es muy diferente de la idea de que se crea a sí
misma. Es extraño, por lo tanto, encontrar a algunos científicos hablando
acerca de ellas como si fueran una y la misma cosa. No es solo Davies quien
confundió estas dos nociones, como podemos ver en la cita mencionada
anteriormente, sino otros también. Taylor nos dice que los electrones se pueden
crear a sí mismos de la nada en la manera en que el Barón Munchausen se salvó a
sí mismo de hundirse en un pantano al halarse a sí mismo de las correas de sus
botas.
Es como si estas partículas especiales fueran capaces de sacarse a
sí mismas por sus propias correas de las botas (las cuales en su caso son las
fuerzas entre ellas) para crearse a ellas mismas de la nada, como el Barón
Munchausen se salva a él mismo sin medios visibles de apoyo... Esta
autosuficiencia ha sido propuesta como un escenario respetable científicamente
para crear un Universo altamente especializado de la nada. (Taylor, 46)
¿Es ciencia o ciencia ficción lo que
nos dice aquí? Taylor sabe y dice que la de Munchausen es solo una historia; lo que él decía haber hecho es algo físicamente imposible
de hacer. A pesar de esto, Taylor quiere explicar por su idea algo que es no
solo real, sino que es de máxima importancia, y de esa forma termina diciendo
algo que es más absurdo que la historia ficticia de Munchausen de salvarse a sí
mismo halándose de la correa de sus botas. Por lo menos Munchausen estaba
hablando de cosas que ya estaban en existencia. ¡Pero las partículas especiales
de Taylor actúan incluso antes de ser creadas! Ellas “se halan a sí mismas por
las propias correas de sus botas... ¡para crearse de la nada!”
Dioses falsos
La tercera alternativa, en lugar de
atribuir la creación de las cosas al verdadero Dios, es atribuirlas a dioses
falsos. De esta forma los ateos tratan de atribuir la creación de cosas
temporales a otras cosas que son ellas mismas temporales (como dijimos antes). Davies
dice:
La idea de un sistema físico conteniendo una explicación de sí misma
puede parecer paradójica para el laico, pero es una idea que tiene cierta
precedencia en la física. Mientras uno puede reconocer (ignorando los efectos
cuánticos) que cada evento es contingente y depende para su explicación de
algún otro evento, no necesita seguir que esta serie continúa sin fin o termina
en Dios. Esto puede estar cerrado en un círculo. Por ejemplo, cuatro eventos u
objetos o sistemas (E1, E2, E3, E4) pueden tener la siguiente dependencia uno
sobre otro: (Davies, 47)
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Pero esto es un claro ejemplo de un círculo
muy vicioso. Tome cualquiera de estos supuestos eventos u objetos o sistemas. Dejemos
que sea E1, y pregunte cómo llego a ser. La respuesta es: fue causado por E4,
el cual lo precedió; pero ¿cuál es la causa de E4? Es E3; y la causa de E3 es
E2, y de E2 es E1. Entonces, la causa de E4 es E1 porque este es la causa de
sus causas. Por lo tanto, E4 es la causa de E1 y E1 es la causa de E4, lo cual
significa que cada uno de ellos precede y es precedido por el otro. ¿Tiene esto
algún sentido? Si estos eventos, etc. son existentes reales, entonces su
llegada a ser no puede haber sido causada por ellos en la forma en que Davies
supone que lo fue. Su causa originadora debe yacer fuera de este círculo
vicioso.
Y el filósofo Passmore nos aconseja comparar
lo siguiente:
(1) cada evento tiene una causa;
(2) para conocer que un evento ha
sucedido uno debe saber cómo éste llegó a ser.
El primero simplemente nos dice que si estamos interesados en la
causa de un evento, siempre habrá esa causa para que nosotros la descubramos. Pero
nos deja libre para empezar y detenernos en cualquier punto que escojamos en la
búsqueda por causas; podemos, si queremos, proseguir a buscar la causa de la
causa y así sucesivamente ad infinitum, pero no necesitamos hacerlo. Si
hemos encontrado una causa, hemos encontrado una causa, lo que sea que la causa
pueda ser. La segunda aseveración, sin embargo, nunca nos dejaría afirmar que
nosotros conocemos que un evento ha sucedido... pues si no podemos saber que un
evento ha sucedido a menos que conozcamos el evento que es su causa, entonces
igualmente no podemos saber que la causa-evento ha tenido lugar a menos que
sepamos su causa, y así sucesivamente ad infinitum. Para resumir, si la
teoría debe cumplir su promesa, la serie debe detenerse en alguna parte, y sin
embargo la teoría es tal que la serie no puede detenerse en ninguna parte; a
menos que, es decir, una reivindicación del privilegio sea sostenida para un
cierto tipo de evento, por ejemplo, la creación del Universo. (Pasture, 29)
Si usted piensa acerca de ello, no hay
diferencia real entre estas dos series como Ibn Taimiah claramente explicó hace
mucho tiempo (Ibn Taimiah, 436-83). Uno puede poner la primera serie así: para
que un evento suceda, su causa debe suceder. Ahora, si la causa es en sí misma
causada, entonces el evento no sucederá a menos que su causa-evento suceda, y
así sucesivamente, ad infinitum. No tendremos, por lo tanto, una serie
de eventos que de hecho sucedieron, sino una serie de no eventos. Y porque
sabemos que allí hay eventos, concluimos que su causa última real no pudo haber
sido ninguna cosa temporal o una serie de cosas temporales, ya sea finita o
infinita. La principal causa debe ser de una naturaleza que es diferente a la
de las cosas temporales; esta debe ser eterna. ¿Por qué digo ‘principal’? Porque,
como dije antes, los eventos pueden ser vistos como causas reales de otros eventos,
mientras los reconozcamos como siendo incompletos y causas dependientes que son,
y como tales no las causa que explican la llegada a ser de algo en sentido
absoluto, lo cual es para decir que ellas no pueden tomar el lugar de Dios.
¿Cuál es la relevancia de esta charla
sobre cadenas después de todo? Ha debido existir alguna excusa para ello antes
del advenimiento del Big Bang, pero ha debido estar claro para Davies en
particular que no hay para nada lugar para ello en la visión del mundo de una
persona que cree que el universo tuvo un comienzo absoluto.
El hecho de que todo alrededor de
nosotros es temporal y que no pudo haber sido creado excepto por un Creador
eterno, ha sido conocido para los seres humanos desde el amanecer de su
creación, y es aún la creencia de la asombrosa mayoría de la gente por todo el
mundo. Sería, por lo tanto, un error
recibir de este documento la impresión de que sujeta la existencia de Dios a la
verdad de la teoría del Big Bang. Esa no es ciertamente mi creencia ni fue este
tampoco el propósito de este documento. En lugar de eso, la idea principal de
este escrito ha sido que, si un ateo cree en la teoría del Big Bang, entonces
él no puede evitar admitir que el Universo fue creado por Dios. Esto, de hecho,
es lo que algunos científicos francamente admitieron y lo que otros
dubitativamente insinuaron hacer.
No hay lugar para suponer que la materia y la energía existieron
antes y que fueron repentinamente envueltas en la acción. ¿Pues qué podría
distinguir ese momento de todos los otros momentos en la eternidad?... Es más
simple postular la creación ex nihilo (de la nada), si consideramos a la
voluntad Divina como la nada. (Jastro, 122)
Acerca de (cuál fue) la primera causa del universo en el contexto de
la expansión, eso ya vuelve al lector, pero nuestro cuadro estaría incompleto
sin Él. (Jasrow, 122)
Esto significa que el estado inicial del universo ha debido ser
cuidadosamente escogido, más aún si el caliente modelo del Big Bang fue correcto
ya desde del comienzo del tiempo. Sería muy difícil explicar por qué el universo
debió haber empezado justo en esta forma, excepto como el acto de un Dios quien
pretendió crear seres como nosotros. (Hawking, 127)
Referencias
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Nuevos descubrimientos en la Habilidad Creativa de la Naturaleza para Ordenar el
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materia: El universo del comienzo al final. Basic Books Inc Publishers. New
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Muhammad Ibn Rushd. Tahafut at-Tahafut. Editado por Sulayman Dunya. Dar
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Ahmad Ibn Abd al Halim. Minhay as Sunna al Nabawiya. Editado por Dr.
Rashad Salim, Imam Muhammad Ibn Saud Islamic University. Riyadh. AH 1406
(1986)
Jastrow, Robert. Dios y los
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Hoyle, Fred. La Naturaleza del
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Kirkpatrick, Larry D. y Wheeler, Gerald F. Physics. Una Visión del Mundo. Nueva York.
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Pasture, J. A. Razonamiento
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Taylor, John. Cuando el reloj marcó
cero: Límites Últimos de la Ciencia. Picador. London. 1993.
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