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Si la materia, el tiempo y el espacio,
todos tuvieron un comienzo, la pregunta que naturalmente viene a la mente es: ¿cómo
llegaron a ser? El Corán nos dice que si una persona no cree en Dios entonces
no puede explicar cómo llegó a ser nada, a menos que dé una de tres explicaciones
insostenibles:
a. o dice que esto fue creado
por la nada, es decir, que simplemente apareció de la nada.
b. o que se creó a sí mismo,
c. o que fue creado por algo
que también fue creado.
Dirigiéndose a los ateos, el Corán dice:
“¿Acaso surgieron de la nada [sin Creador] o
son ellos sus propios creadores? ¿O crearon los cielos y la tierra? En verdad
no tienen fe [para darse cuenta de la verdad]”. (Corán 52:35-36)
El Corán no está diciendo que los árabes,
a quienes se dirigió de hecho, creían que las cosas fueran creadas por la nada,
o que se crearon ellas mismas. Ellos con certeza no reclamaron que ellos fueron
los creadores de los cielos y la tierra; ninguna persona sana lo haría. El
Corán, entonces, está solo dejando claro a los ateos lo absurdo de su posición.
Luego de un estudio cuidadoso de
algunos de los argumentos de muchos filósofos y científicos ateos de Occidente,
he encontrado que ellos, de hecho, caen en estas tres categorías insostenibles. ¿Por qué insostenibles?
¿Fue esto creado de la nada?
Suponga que usted le dijera a alguien
que no había nada, nada en absoluto en cierta región, y entonces ¡he aquí!, un pato apareció vivo y coleando. ¿Por qué
él no le creería a usted a pesar de lo mucho que usted le asegurara que ese era
de hecho el caso? No solo porque él sabe que los patos no vienen a la
existencia de esa forma, como algunos pueden suponer, sino porque creer esto
viola un principio esencial de su racionalidad. Entonces su actitud sería la
misma incluso si la cosa que se le ha dicho que vino de la nada fuera algo de
lo que él nunca hubiera oído antes. Es porque creemos que nada sale de la nada
que seguimos buscando por las causas por las cuales nosotros explicamos la
ocurrencia de eventos en el mundo natural, social o psicológico. Es debido a
este principio racional que la ciencia fue posible. Sin él, no solo nuestra
ciencia, sino nuestra misma racionalidad estaría en peligro. Más aún, la idea
de la causalidad es esencial incluso para la misma identidad de las cosas, como
fue observado por el filósofo musulmán Ibn Rushd (Averroes):
Es auto-evidente que las cosas tienen identidades, y tienen
cualidades en virtud de las cuales cada ser existente tiene sus acciones, y en
virtud de las cuales las cosas tienen diferentes identidades, nombres y
definiciones. Si cada cosa individual no tuviera una acción peculiar, tampoco
tendría una naturaleza peculiar; y si esta no tuviera una naturaleza especial,
no hubiera tenido un nombre y una definición especial. (Tahafut Attahafut,
782-3)
¿Se creó a sí mismo?
Lo absurdo de la idea de algo creándose
a sí mismo es aún más claro. Para que algo pueda crear, debe estar ya
existiendo; pero para que sea creado, debe ser no existente. La idea de algo
creándose a sí mismo es por lo tanto auto-contradictoria.
¿Fue creado por algo que es a su
vez creado?
¿Puede la causa de una cosa temporal
ser en sí misma temporal? Sí, si estamos hablando de causas inmediatas e incompletas
como el comer y la nutrición, el agua y la germinación, el fuego y la quemadura,
etc. Pero estas son causas incompletas. Primero, porque ninguna de ellas es por
sí sola suficiente para producir el efecto que le atribuimos; cada causa
temporal depende para su eficacia de una serie de otras condiciones positivas y
negativas. Segundo, siendo temporales, ellas necesitan ser causadas, y no
pueden por lo tanto ser las causas últimas de la venida a ser de ninguna cosa. Suponga
que lo siguiente sea una serie de efectos y causas temporales: C1, C2, C3, C4… Cn
(etc.), donde C1 es causada por
C2, C2 por C3, y así sucesivamente. Tales causas temporales son causas reales y
son útiles, especialmente para propósitos prácticos y para explicaciones
incompletas; pero si estamos buscando la causa fundamental de la venida a la
existencia de, digamos, C1, entonces C2 ciertamente no es la causa, pues es en
sí causada por C3. Lo mismo puede ser dicho acerca de C3, y así sucesivamente.
Entonces, incluso si tenemos una serie infinita de tales causas temporales, aún
esto no nos dará una explicación final de la venida a la existencia de C1. Ahora pongamos esto en otras palabras: ¿cuándo comenzó a existir C1? Solo
luego de que C2 haya comenzado a existir. ¿Cuándo comenzó a existir C2? Solo
cuando C3 haya comenzado a existir, y así sucesivamente. Por lo tanto, C1 no existirá
hasta que Cn haya comenzado a existir, a ser. El mismo problema persistirá
incluso si vamos más allá de Cn, incluso si vamos hasta la infinidad. Esto
significa que, si C1 dependiera para su existencia de tales causas temporales, nunca
hubiera llegado a existir. No habría ninguna serie de causas reales, sino solo
una serie de inexistencias, como Ibn Taimiah explicó. El hecho, sin embargo, es que hay existencias alrededor de
nosotros; por lo tanto, su causa última debe ser otra cosa distinta a causas
temporales; debe ser una eterna y, por lo tanto, no una causa causada.
Cuando alguien, ya sea científico o no,
insiste en sus creencias erróneas de frente a toda la evidencia, no puede haber
forma para él de apoyar aquellas creencias, excepto al ampararse en argumentos
dudosos, porque ninguna falsedad puede ser apoyada por un argumento válido. Este
ha sido el caso con todos los científicos y filósofos ateos que creen en la
teoría del Big Bang.
Algunos proclamaron descaradamente que la
materia original del universo salió de la nada. De esta forma, Fred Hoyle, quien
abogó por la teoría del estado constante, la cual fue por algún tiempo
considerada como un rival creíble de la teoría del Big Bang, pero que, como su rival,
necesita de la existencia de nueva materia, solía decir:
La pregunta más obvia para hacer acerca de la creación continua es esta:
¿De dónde vino el material creado? Este no viene de ninguna parte. El material simplemente aparece, es creado. En
un tiempo, los átomos que componen la materia no existen, y en un tiempo posterior
existen. Esta puede parecer una idea muy extraña y yo concuerdo que lo es, pero
en la ciencia no importa qué tan extraña una idea pueda parecer siempre y
cuando funcione; esto es para decir, dado que la idea puede ser expresada en
una forma precisa y siempre que sus consecuencias estén de acuerdo con la
observación. (Hoyle, 112)
Cuando Hoyle dijo esto, hubo un alboroto
contra él. Fue acusado de violar un principio fundamental de la ciencia, a
saber, que nada sale de la nada y que de esta manera le estaba ‘abriendo las
puertas a la religión’, tal y como lo expresó un filósofo de la ciencia. Mario Bunge se manifestó así al respecto:
Esta teoría involucra la hipótesis de la creación continua de la materia
ex nihilo (de la nada). Y esto es precisamente lo que se quiere decir
por respetar el determinismo científico incluso en su sentido más amplio, pues
el concepto de emergencia de la nada es característicamente teológico o mágico,
incluso si está disfrazado en forma matemática. (Bunge)
Que la hipótesis de la creación ex
nihilo no es científica, es cierto, pero la reivindicación de que es
característicamente teológica está bastante fuera de lugar. Las religiones
teístas no dicen que las cosas salen de la absoluta nada porque eso contradice el
postulado religioso básico de que son creadas por Dios. Todo lo que la gente
religiosa dice es que Dios crea cosas de la nada, y hay toda la diferencia del
mundo entre estas dos nociones.
Si la creación salida de la nada fue tempranamente
considerada por los ateos como un principio no científico y teológico, este es
ahora reivindicado por algunos como que tiene un estatus científico y es usado
para desacreditar la religión.
Por primera vez una descripción unificada de toda la creación podría
estar a nuestro alcance. Ningún problema científico es más fundamental o más
abrumador que el enigma de cómo el universo llegó a ser. ¿Pudo haber pasado esto sin ningún aporte sobrenatural? La mecánica cuántica parece proveer una salida en la presunción de
vieja data de que ‘usted no puede obtener algo de la nada’. Los físicos están
hablando ahora acerca de ‘el universo que se crea a sí mismo’: un cosmos que
erupciona a la existencia espontáneamente, de la misma forma como una partícula
subnuclear sale de la nada en ciertos procesos de alta energía. La pregunta
acerca de si los detalles de esta teoría están bien o mal no son importantes. Lo
que importa es que ahora es posible el concebir una explicación científica de
toda la creación. (Jastrow, viii)
¿Qué clase de explicación esta? ¿De veras
uno empieza a explicar algo al decir que este algo sale de la nada? ¿De verdad
creen los científicos que la partícula subnuclear referida sale de la nada, en
el sentido de que de verdad sale de la nada y no tiene ninguna relación en
absoluto con nada que la precede? Comentando acerca de lo que Davies decía, un
científico tuvo esto para decir: “Esto, en cualquier caso, es un evento que
ocurre en el espacio y el tiempo, dentro de un dominio bañado en materia y
radiación. La ‘nada’ no es vista en ninguna parte en esta situación”.
Esta misma idea falaz es repetida en un
libro posterior por otro científico ateo, Taylor:
Como tal, hay una probabilidad considerable de que, digamos, una partícula
tal como un electrón aparezca salido del vacío. De hecho, un vacío está lleno
de posibilidades, una de las cuales es la aparición del Universo mismo. Este ha
sido creado de la nada, como lo fue. (Taylor, 22)
¿De qué clase de vacío está hablando
Taylor? Si está usando la palabra en su sentido técnico científico, entonces él,
de hecho, puede hablar de su ser lleno de posibilidades, o de un electrón aparecido
salido de la nada, porque este vacío es de hecho una región no desocupada. Sin
embargo, esto seguramente no es la nada a la que se refiere la teoría del Big Bang.
No hay, por lo tanto, ni siquiera una analogía entre la aparición de una
partícula en un vacío y la aparición de un Universo salido de la absoluta nada.
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