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Físicos contemporáneos y la existencia de Dios (parte 1 de 3): La eternidad de la materia
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Descripción: Una evaluación islámica crítica sobre las ideas de algunos físicos contemporáneos. Parte 1: La eternidad del universo y el deterioro de la materia, y las implicaciones del Big Bang.
Por Dr. Jaafar Sheikh Idris
Publicado 23 Mar 2009 - Última modificación 23 Mar 2009
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> Evidencia que el Islam es la verdad
> La existencia de Dios
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El hecho que Dios exista o no, no es,
como tal, parte del estudio de ninguna ciencia empírica, natural o social. Pero
los hechos, o lo que a veces se asume son los hechos de las ciencias naturales,
especialmente la física y la biología, son con frecuencia interpretados para
apoyar un punto de vista u otro. Este no es, por lo tanto, un documento sobre
física, sino acerca de la relación entre la física y la interrogante acerca de
la existencia de Dios. Más específicamente, es principalmente una crítica islámica
racional a las maneras en que los ateos modernos intentan enfrentar el desafío
propuesto por la teoría del Big Bang. No trata sobre las pruebas positivas de
la existencia del Creador; tan solo prueba la invalidez de los argumentos
usados para apoyar el ateísmo.
Uno de los principales argumentos
invocados en apoyo de una forma u otra de ateísmo, ha sido siempre el argumento
de que el mundo, o alguna parte de él, es eterno y, como tal, no necesita un Creador.
Es así como, algunos pensadores griegos creían que los cuerpos celestiales,
especialmente el sol, eran eternos. El argumento principal de uno de ellos,
Galeno, era, de acuerdo con Al-Ghazali, que este ha tenido el mismo tamaño de
manera continua por eones y eones, un hecho que muestra que este no es
perecedero, pues si lo fuera, habría mostrado signos de deterioro, lo cual no
hace. Al-Ghazali dice que no es un buen argumento porque:
Primero: nosotros no aceptamos que la única manera de que una cosa
puede perecer es por deterioro, el deteriorarse es solo una forma de perecer; pero
no es improbable para algo perecer súbitamente mientras está en su forma
completa. Segundo: incluso si aceptamos que no hay perecimiento sin deterioro, ¿de
dónde sabe él que este no sufre ningún deterioro? Su referencia a registros de
observación no es aceptable, porque sus cantidades [las cantidades conocidas
por ellos] son conocidas solo aproximadamente. Entonces, si el sol, el cual se
dice que es ciento setenta veces o más el tamaño de la tierra, fuera a disminuirse por
cantidades del tamaño de las montañas, esto no sería evidente ante los sentidos.
Entonces, él puede estar deteriorándose y puede haber decrecido por cantidades
del tamaño de montañas o más, pero los sentidos no pueden percibir esto...”
(Al-Ghazali, 126).
La conjetura de Al-Ghazali de que el
tamaño del sol pudiera estar disminuyendo fue, como podemos ver ahora, una rara
clarividencia de lo que la ciencia probaría más tarde. Los científicos ahora
nos dicen que el sol de hecho se deteriora, pero mucho más de lo que él pensó, y
que éste finalmente perecerá.
La cantidad de energía liberada por el
sol es tal, que la masa del sol está disminuyendo a razón de 4.3 billones de kilogramos
por segundo. Sin embargo, esto es un tan pequeña fracción de la masa del sol,
que el cambio es difícilmente perceptible…
Se cree que nuestro sol tiene cerca de
4.5 billones de años, y continuará probablemente su actividad actual por otros
4.5 billones de años más (Wheeler, 596).
Si los cuerpos celestes no son eternos,
qué es entonces lo que es eterno, ¿las sustancias de las que esos cuerpos están
hechos? Pero los físicos han descubierto que estos están hechos de moléculas. ¿Entonces,
son las moléculas las que son eternas? No, porque éstas están hechas de átomos.
¿Qué hay acerca de los átomos? Una vez se creyó que ellos eran indivisibles, y que
eran, como tal, la materia inmutable de la cual toda clase de formas pasajeras
de cosas materiales estaban hechas. Esto parecía, en últimas, ser la base sólida
sobre la cual erigir el ateísmo moderno.
La ciencia continuó avanzando, sin
embargo, y continuó con su avance avergonzando a los ateos. Pronto fue
descubierto que los átomos no eran constituyentes eternos, últimos, sólidos e
inmutables de la materia como se creía que eran. Como cualquier otra cosa, también
son divisibles, están constituidos por partículas subatómicas las cuales a su
vez son divisibles en constituyentes incluso más pequeños. ¿Hay un fin para
esta divisibilidad? Nadie lo sabe; pero incluso si lo hubiera, esto no sería de
ninguna ayuda para los ateos, pues la ciencia no solo ha mostrado que los
átomos y sus constituyentes son divisibles, sino ha destruido la división entre
materia y energía. Es así como cada pedazo de materia, sin importar lo pequeño
que sea, no solo es teóricamente sino también prácticamente transformable a
energía, y viceversa. El resultado final es que ya no queda ningún existente
real al cual uno pueda apuntar y decir con seguridad: “Esto ha sido siempre
como es ahora, y continuará siéndolo así para siempre”.
Ese descubrimiento debió, por sí solo,
ser suficiente para despejar toda esperanza de anclar el ateísmo en la
eternidad de la materia. Si no lo hizo, la teoría del Big Bang con certeza lo
hará. Fue esta teoría la que le dio el golpe final a la eternidad de cualquier
parte del universo. ¿Por qué?
Los cosmólogos creen que el Big Bang representa no solo la aparición
de la materia y la energía en un vacío preexistente, sino la creación del
espacio y el tiempo. El universo no fue creado en espacio y tiempo; el espacio
y el tiempo son parte del universo creado. (Davies, 123)
El más grande malentendido acerca del Big Bang es que éste empezó
como un trozo de material en alguna parte del vacío del espacio. No fue tan
solo la materia la que fue creada. Entonces, en el sentido de que el tiempo
tienen un comienzo, el espacio también tiene un comienzo. (Boslouh, 46.)
En el principio no había nada, ni el tiempo ni el espacio ni las
estrellas ni los planetas ni las rocas ni las plantas ni los animales ni los
seres humanos. Todo salió del vacío. (Fritzch, 3)
La pregunta de la existencia o la no
existencia de Dios no es, como ya dijimos, el asunto de ninguna ciencia
empírica. Pero los científicos son seres humanos. No pueden evitar pensar
acerca de las implicaciones vitales, aunque no científicas, de sus ciencias. No
pueden incluso evitar tener sentimientos hacia esas implicaciones.
Jasrow dice acerca de Einstein:
Él estaba perturbado con la idea de un universo que estallaba, porque
ello implicaba que el mundo tuvo un comienzo. En una carta a De Sitter, Einstein
escribió: “Esta circunstancia de un universo que se expande me irrita”... Este
es un lenguaje curiosamente emocional para una discusión de algunas fórmulas
matemáticas. Yo supongo que la idea de un comienzo en el tiempo molestaba a Einstein
por sus implicaciones teológicas. (Jasrow, 29.)
Gastro cita reacciones similares de
otros científicos, como Eddington, quien dice que “la noción de un comienzo es
repugnante” para él (122), y atribuye esta reacción emocional al hecho de que
ellos no “conciben el pensamiento de un fenómeno natural que no pueda ser
explicado”,
y comenta sobre tales reacciones de científicos diciendo que ellas proveen:
... una interesante demostración de la respuesta de la mente
científica –supuestamente una mente muy objetiva– cuando la evidencia
descubierta por la misma ciencia lleva al conflicto con los artículos de fe en
nuestra profesión. Resulta ser que los científicos se comportan en la forma que
el resto de nosotros lo hace cuando nuestras creencias están en conflicto con
la evidencia. Nos irritamos, pretendemos que el conflicto no existe o lo
tapamos con frases sin sentido. (Jasrow, 15-16.)
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Físicos contemporáneos y la existencia de Dios (parte 2 de 3): Una serie de causas
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Descripción: Una evaluación islámica crítica de las ideas de algunos físicos contemporáneos. Parte 2: Varias hipótesis de lo que pueden ser las causas de seres o eventos.
Por Dr. Jaafar Sheikh Idris
Publicado 30 Mar 2009 - Última modificación 30 Mar 2009
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> Evidencia que el Islam es la verdad
> La existencia de Dios
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Si la materia, el tiempo y el espacio,
todos tuvieron un comienzo, la pregunta que naturalmente viene a la mente es: ¿cómo
llegaron a ser? El Corán nos dice que si una persona no cree en Dios entonces
no puede explicar cómo llegó a ser nada, a menos que dé una de tres explicaciones
insostenibles:
a. o dice que esto fue creado
por la nada, es decir, que simplemente apareció de la nada.
b. o que se creó a sí mismo,
c. o que fue creado por algo
que también fue creado.
Dirigiéndose a los ateos, el Corán dice:
“¿Acaso surgieron de la nada [sin Creador] o
son ellos sus propios creadores? ¿O crearon los cielos y la tierra? En verdad
no tienen fe [para darse cuenta de la verdad]”. (Corán 52:35-36)
El Corán no está diciendo que los árabes,
a quienes se dirigió de hecho, creían que las cosas fueran creadas por la nada,
o que se crearon ellas mismas. Ellos con certeza no reclamaron que ellos fueron
los creadores de los cielos y la tierra; ninguna persona sana lo haría. El
Corán, entonces, está solo dejando claro a los ateos lo absurdo de su posición.
Luego de un estudio cuidadoso de
algunos de los argumentos de muchos filósofos y científicos ateos de Occidente,
he encontrado que ellos, de hecho, caen en estas tres categorías insostenibles. ¿Por qué insostenibles?
¿Fue esto creado de la nada?
Suponga que usted le dijera a alguien
que no había nada, nada en absoluto en cierta región, y entonces ¡he aquí!, un pato apareció vivo y coleando. ¿Por qué
él no le creería a usted a pesar de lo mucho que usted le asegurara que ese era
de hecho el caso? No solo porque él sabe que los patos no vienen a la
existencia de esa forma, como algunos pueden suponer, sino porque creer esto
viola un principio esencial de su racionalidad. Entonces su actitud sería la
misma incluso si la cosa que se le ha dicho que vino de la nada fuera algo de
lo que él nunca hubiera oído antes. Es porque creemos que nada sale de la nada
que seguimos buscando por las causas por las cuales nosotros explicamos la
ocurrencia de eventos en el mundo natural, social o psicológico. Es debido a
este principio racional que la ciencia fue posible. Sin él, no solo nuestra
ciencia, sino nuestra misma racionalidad estaría en peligro. Más aún, la idea
de la causalidad es esencial incluso para la misma identidad de las cosas, como
fue observado por el filósofo musulmán Ibn Rushd (Averroes):
Es auto-evidente que las cosas tienen identidades, y tienen
cualidades en virtud de las cuales cada ser existente tiene sus acciones, y en
virtud de las cuales las cosas tienen diferentes identidades, nombres y
definiciones. Si cada cosa individual no tuviera una acción peculiar, tampoco
tendría una naturaleza peculiar; y si esta no tuviera una naturaleza especial,
no hubiera tenido un nombre y una definición especial. (Tahafut Attahafut,
782-3)
¿Se creó a sí mismo?
Lo absurdo de la idea de algo creándose
a sí mismo es aún más claro. Para que algo pueda crear, debe estar ya
existiendo; pero para que sea creado, debe ser no existente. La idea de algo
creándose a sí mismo es por lo tanto auto-contradictoria.
¿Fue creado por algo que es a su
vez creado?
¿Puede la causa de una cosa temporal
ser en sí misma temporal? Sí, si estamos hablando de causas inmediatas e incompletas
como el comer y la nutrición, el agua y la germinación, el fuego y la quemadura,
etc. Pero estas son causas incompletas. Primero, porque ninguna de ellas es por
sí sola suficiente para producir el efecto que le atribuimos; cada causa
temporal depende para su eficacia de una serie de otras condiciones positivas y
negativas. Segundo, siendo temporales, ellas necesitan ser causadas, y no
pueden por lo tanto ser las causas últimas de la venida a ser de ninguna cosa. Suponga
que lo siguiente sea una serie de efectos y causas temporales: C1, C2, C3, C4… Cn
(etc.), donde C1 es causada por
C2, C2 por C3, y así sucesivamente. Tales causas temporales son causas reales y
son útiles, especialmente para propósitos prácticos y para explicaciones
incompletas; pero si estamos buscando la causa fundamental de la venida a la
existencia de, digamos, C1, entonces C2 ciertamente no es la causa, pues es en
sí causada por C3. Lo mismo puede ser dicho acerca de C3, y así sucesivamente.
Entonces, incluso si tenemos una serie infinita de tales causas temporales, aún
esto no nos dará una explicación final de la venida a la existencia de C1. Ahora pongamos esto en otras palabras: ¿cuándo comenzó a existir C1? Solo
luego de que C2 haya comenzado a existir. ¿Cuándo comenzó a existir C2? Solo
cuando C3 haya comenzado a existir, y así sucesivamente. Por lo tanto, C1 no existirá
hasta que Cn haya comenzado a existir, a ser. El mismo problema persistirá
incluso si vamos más allá de Cn, incluso si vamos hasta la infinidad. Esto
significa que, si C1 dependiera para su existencia de tales causas temporales, nunca
hubiera llegado a existir. No habría ninguna serie de causas reales, sino solo
una serie de inexistencias, como Ibn Taimiah explicó. El hecho, sin embargo, es que hay existencias alrededor de
nosotros; por lo tanto, su causa última debe ser otra cosa distinta a causas
temporales; debe ser una eterna y, por lo tanto, no una causa causada.
Cuando alguien, ya sea científico o no,
insiste en sus creencias erróneas de frente a toda la evidencia, no puede haber
forma para él de apoyar aquellas creencias, excepto al ampararse en argumentos
dudosos, porque ninguna falsedad puede ser apoyada por un argumento válido. Este
ha sido el caso con todos los científicos y filósofos ateos que creen en la
teoría del Big Bang.
Algunos proclamaron descaradamente que la
materia original del universo salió de la nada. De esta forma, Fred Hoyle, quien
abogó por la teoría del estado constante, la cual fue por algún tiempo
considerada como un rival creíble de la teoría del Big Bang, pero que, como su rival,
necesita de la existencia de nueva materia, solía decir:
La pregunta más obvia para hacer acerca de la creación continua es esta:
¿De dónde vino el material creado? Este no viene de ninguna parte. El material simplemente aparece, es creado. En
un tiempo, los átomos que componen la materia no existen, y en un tiempo posterior
existen. Esta puede parecer una idea muy extraña y yo concuerdo que lo es, pero
en la ciencia no importa qué tan extraña una idea pueda parecer siempre y
cuando funcione; esto es para decir, dado que la idea puede ser expresada en
una forma precisa y siempre que sus consecuencias estén de acuerdo con la
observación. (Hoyle, 112)
Cuando Hoyle dijo esto, hubo un alboroto
contra él. Fue acusado de violar un principio fundamental de la ciencia, a
saber, que nada sale de la nada y que de esta manera le estaba ‘abriendo las
puertas a la religión’, tal y como lo expresó un filósofo de la ciencia. Mario Bunge se manifestó así al respecto:
Esta teoría involucra la hipótesis de la creación continua de la materia
ex nihilo (de la nada). Y esto es precisamente lo que se quiere decir
por respetar el determinismo científico incluso en su sentido más amplio, pues
el concepto de emergencia de la nada es característicamente teológico o mágico,
incluso si está disfrazado en forma matemática. (Bunge)
Que la hipótesis de la creación ex
nihilo no es científica, es cierto, pero la reivindicación de que es
característicamente teológica está bastante fuera de lugar. Las religiones
teístas no dicen que las cosas salen de la absoluta nada porque eso contradice el
postulado religioso básico de que son creadas por Dios. Todo lo que la gente
religiosa dice es que Dios crea cosas de la nada, y hay toda la diferencia del
mundo entre estas dos nociones.
Si la creación salida de la nada fue tempranamente
considerada por los ateos como un principio no científico y teológico, este es
ahora reivindicado por algunos como que tiene un estatus científico y es usado
para desacreditar la religión.
Por primera vez una descripción unificada de toda la creación podría
estar a nuestro alcance. Ningún problema científico es más fundamental o más
abrumador que el enigma de cómo el universo llegó a ser. ¿Pudo haber pasado esto sin ningún aporte sobrenatural? La mecánica cuántica parece proveer una salida en la presunción de
vieja data de que ‘usted no puede obtener algo de la nada’. Los físicos están
hablando ahora acerca de ‘el universo que se crea a sí mismo’: un cosmos que
erupciona a la existencia espontáneamente, de la misma forma como una partícula
subnuclear sale de la nada en ciertos procesos de alta energía. La pregunta
acerca de si los detalles de esta teoría están bien o mal no son importantes. Lo
que importa es que ahora es posible el concebir una explicación científica de
toda la creación. (Jastrow, viii)
¿Qué clase de explicación esta? ¿De veras
uno empieza a explicar algo al decir que este algo sale de la nada? ¿De verdad
creen los científicos que la partícula subnuclear referida sale de la nada, en
el sentido de que de verdad sale de la nada y no tiene ninguna relación en
absoluto con nada que la precede? Comentando acerca de lo que Davies decía, un
científico tuvo esto para decir: “Esto, en cualquier caso, es un evento que
ocurre en el espacio y el tiempo, dentro de un dominio bañado en materia y
radiación. La ‘nada’ no es vista en ninguna parte en esta situación”.
Esta misma idea falaz es repetida en un
libro posterior por otro científico ateo, Taylor:
Como tal, hay una probabilidad considerable de que, digamos, una partícula
tal como un electrón aparezca salido del vacío. De hecho, un vacío está lleno
de posibilidades, una de las cuales es la aparición del Universo mismo. Este ha
sido creado de la nada, como lo fue. (Taylor, 22)
¿De qué clase de vacío está hablando
Taylor? Si está usando la palabra en su sentido técnico científico, entonces él,
de hecho, puede hablar de su ser lleno de posibilidades, o de un electrón aparecido
salido de la nada, porque este vacío es de hecho una región no desocupada. Sin
embargo, esto seguramente no es la nada a la que se refiere la teoría del Big Bang.
No hay, por lo tanto, ni siquiera una analogía entre la aparición de una
partícula en un vacío y la aparición de un Universo salido de la absoluta nada.
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Físicos contemporáneos y la existencia de Dios (parte 3 de 3): Espacio para Dios
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Descripción: Una evaluación islámica crítica de las ideas de algunos físicos contemporáneos: Parte 3: La única conclusión para la serie de causas es que hubiera una causa principal y externa que lleva a las otras.
Por Dr. Jaafar Sheikh Idris
Publicado 06 Apr 2009 - Última modificación 06 Apr 2009
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> Evidencia que el Islam es la verdad
> La existencia de Dios
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La idea de que algo es creado por la
nada, de que sale de la nada, es muy diferente de la idea de que se crea a sí
misma. Es extraño, por lo tanto, encontrar a algunos científicos hablando
acerca de ellas como si fueran una y la misma cosa. No es solo Davies quien
confundió estas dos nociones, como podemos ver en la cita mencionada
anteriormente, sino otros también. Taylor nos dice que los electrones se pueden
crear a sí mismos de la nada en la manera en que el Barón Munchausen se salvó a
sí mismo de hundirse en un pantano al halarse a sí mismo de las correas de sus
botas.
Es como si estas partículas especiales fueran capaces de sacarse a
sí mismas por sus propias correas de las botas (las cuales en su caso son las
fuerzas entre ellas) para crearse a ellas mismas de la nada, como el Barón
Munchausen se salva a él mismo sin medios visibles de apoyo... Esta
autosuficiencia ha sido propuesta como un escenario respetable científicamente
para crear un Universo altamente especializado de la nada. (Taylor, 46)
¿Es ciencia o ciencia ficción lo que
nos dice aquí? Taylor sabe y dice que la de Munchausen es solo una historia; lo que él decía haber hecho es algo físicamente imposible
de hacer. A pesar de esto, Taylor quiere explicar por su idea algo que es no
solo real, sino que es de máxima importancia, y de esa forma termina diciendo
algo que es más absurdo que la historia ficticia de Munchausen de salvarse a sí
mismo halándose de la correa de sus botas. Por lo menos Munchausen estaba
hablando de cosas que ya estaban en existencia. ¡Pero las partículas especiales
de Taylor actúan incluso antes de ser creadas! Ellas “se halan a sí mismas por
las propias correas de sus botas... ¡para crearse de la nada!”
Dioses falsos
La tercera alternativa, en lugar de
atribuir la creación de las cosas al verdadero Dios, es atribuirlas a dioses
falsos. De esta forma los ateos tratan de atribuir la creación de cosas
temporales a otras cosas que son ellas mismas temporales (como dijimos antes). Davies
dice:
La idea de un sistema físico conteniendo una explicación de sí misma
puede parecer paradójica para el laico, pero es una idea que tiene cierta
precedencia en la física. Mientras uno puede reconocer (ignorando los efectos
cuánticos) que cada evento es contingente y depende para su explicación de
algún otro evento, no necesita seguir que esta serie continúa sin fin o termina
en Dios. Esto puede estar cerrado en un círculo. Por ejemplo, cuatro eventos u
objetos o sistemas (E1, E2, E3, E4) pueden tener la siguiente dependencia uno
sobre otro: (Davies, 47)
_-_Room_for_God_001.jpg)
Pero esto es un claro ejemplo de un círculo
muy vicioso. Tome cualquiera de estos supuestos eventos u objetos o sistemas. Dejemos
que sea E1, y pregunte cómo llego a ser. La respuesta es: fue causado por E4,
el cual lo precedió; pero ¿cuál es la causa de E4? Es E3; y la causa de E3 es
E2, y de E2 es E1. Entonces, la causa de E4 es E1 porque este es la causa de
sus causas. Por lo tanto, E4 es la causa de E1 y E1 es la causa de E4, lo cual
significa que cada uno de ellos precede y es precedido por el otro. ¿Tiene esto
algún sentido? Si estos eventos, etc. son existentes reales, entonces su
llegada a ser no puede haber sido causada por ellos en la forma en que Davies
supone que lo fue. Su causa originadora debe yacer fuera de este círculo
vicioso.
Y el filósofo Passmore nos aconseja comparar
lo siguiente:
(1) cada evento tiene una causa;
(2) para conocer que un evento ha
sucedido uno debe saber cómo éste llegó a ser.
El primero simplemente nos dice que si estamos interesados en la
causa de un evento, siempre habrá esa causa para que nosotros la descubramos. Pero
nos deja libre para empezar y detenernos en cualquier punto que escojamos en la
búsqueda por causas; podemos, si queremos, proseguir a buscar la causa de la
causa y así sucesivamente ad infinitum, pero no necesitamos hacerlo. Si
hemos encontrado una causa, hemos encontrado una causa, lo que sea que la causa
pueda ser. La segunda aseveración, sin embargo, nunca nos dejaría afirmar que
nosotros conocemos que un evento ha sucedido... pues si no podemos saber que un
evento ha sucedido a menos que conozcamos el evento que es su causa, entonces
igualmente no podemos saber que la causa-evento ha tenido lugar a menos que
sepamos su causa, y así sucesivamente ad infinitum. Para resumir, si la
teoría debe cumplir su promesa, la serie debe detenerse en alguna parte, y sin
embargo la teoría es tal que la serie no puede detenerse en ninguna parte; a
menos que, es decir, una reivindicación del privilegio sea sostenida para un
cierto tipo de evento, por ejemplo, la creación del Universo. (Pasture, 29)
Si usted piensa acerca de ello, no hay
diferencia real entre estas dos series como Ibn Taimiah claramente explicó hace
mucho tiempo (Ibn Taimiah, 436-83). Uno puede poner la primera serie así: para
que un evento suceda, su causa debe suceder. Ahora, si la causa es en sí misma
causada, entonces el evento no sucederá a menos que su causa-evento suceda, y
así sucesivamente, ad infinitum. No tendremos, por lo tanto, una serie
de eventos que de hecho sucedieron, sino una serie de no eventos. Y porque
sabemos que allí hay eventos, concluimos que su causa última real no pudo haber
sido ninguna cosa temporal o una serie de cosas temporales, ya sea finita o
infinita. La principal causa debe ser de una naturaleza que es diferente a la
de las cosas temporales; esta debe ser eterna. ¿Por qué digo ‘principal’? Porque,
como dije antes, los eventos pueden ser vistos como causas reales de otros eventos,
mientras los reconozcamos como siendo incompletos y causas dependientes que son,
y como tales no las causa que explican la llegada a ser de algo en sentido
absoluto, lo cual es para decir que ellas no pueden tomar el lugar de Dios.
¿Cuál es la relevancia de esta charla
sobre cadenas después de todo? Ha debido existir alguna excusa para ello antes
del advenimiento del Big Bang, pero ha debido estar claro para Davies en
particular que no hay para nada lugar para ello en la visión del mundo de una
persona que cree que el universo tuvo un comienzo absoluto.
El hecho de que todo alrededor de
nosotros es temporal y que no pudo haber sido creado excepto por un Creador
eterno, ha sido conocido para los seres humanos desde el amanecer de su
creación, y es aún la creencia de la asombrosa mayoría de la gente por todo el
mundo. Sería, por lo tanto, un error
recibir de este documento la impresión de que sujeta la existencia de Dios a la
verdad de la teoría del Big Bang. Esa no es ciertamente mi creencia ni fue este
tampoco el propósito de este documento. En lugar de eso, la idea principal de
este escrito ha sido que, si un ateo cree en la teoría del Big Bang, entonces
él no puede evitar admitir que el Universo fue creado por Dios. Esto, de hecho,
es lo que algunos científicos francamente admitieron y lo que otros
dubitativamente insinuaron hacer.
No hay lugar para suponer que la materia y la energía existieron
antes y que fueron repentinamente envueltas en la acción. ¿Pues qué podría
distinguir ese momento de todos los otros momentos en la eternidad?... Es más
simple postular la creación ex nihilo (de la nada), si consideramos a la
voluntad Divina como la nada. (Jastro, 122)
Acerca de (cuál fue) la primera causa del universo en el contexto de
la expansión, eso ya vuelve al lector, pero nuestro cuadro estaría incompleto
sin Él. (Jasrow, 122)
Esto significa que el estado inicial del universo ha debido ser
cuidadosamente escogido, más aún si el caliente modelo del Big Bang fue correcto
ya desde del comienzo del tiempo. Sería muy difícil explicar por qué el universo
debió haber empezado justo en esta forma, excepto como el acto de un Dios quien
pretendió crear seres como nosotros. (Hawking, 127)
Referencias
Al Ghazali, Abu Hamid. Tahafut al
Falasifa. Editado por Sulayman Dunya. Dar al Ma'arif. Cairo. 1374 (1955)
Berman, David. Una Historia de Ateísmo
en Inglaterra, Londres y Nueva York. Routledge. 1990.
Boslough, John. El Universo de Stephen
Hawking: una Introducción al más notable Científico de nuestro Tiempo.
Avon Books. Nueva York. 1985.
Bunge, Mario. Causalidad: El Lugar
del Principio Causal en la Ciencia Moderna. The world publication Co. Nueva
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Carter, Stephen L. La Cultura de la
Descreencia: Cómo la Ley y la Política Americanas Trivializan la Devoción
Religiosa. Basic Books. Harper Collins. 1993.
Diccionario Científico Conciso. Oxford University Press. Oxford. 1984
Davies, Paul. (1) El Plano Cósmico:
Nuevos descubrimientos en la Habilidad Creativa de la Naturaleza para Ordenar el
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Fritzsch, Harald. La creación de la
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York. 1984.
Ibn Rushd, al Qadi Abu al Walid
Muhammad Ibn Rushd. Tahafut at-Tahafut. Editado por Sulayman Dunya. Dar
al Ma'arif. Cairo. 1388 (1968.)
Ibn Taimiah, Abu al Abbas Taqiyuddin
Ahmad Ibn Abd al Halim. Minhay as Sunna al Nabawiya. Editado por Dr.
Rashad Salim, Imam Muhammad Ibn Saud Islamic University. Riyadh. AH 1406
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Jastrow, Robert. Dios y los
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Hawking, Stephen. Una Breve Historia
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Hoyle, Fred. La Naturaleza del
Universo. Mentor Books. Nueva York. 1955.
Kirkpatrick, Larry D. y Wheeler, Gerald F. Physics. Una Visión del Mundo. Nueva York.
Saunders College Publishing. 1992.
Newton, Sir
Isaac. Optica. Dover Publications Inc. Nueva York. 1952.
Pasture, J. A. Razonamiento
Filosófico. Nueva York. 1961.
Taylor, John. Cuando el reloj marcó
cero: Límites Últimos de la Ciencia. Picador. London. 1993.
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