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El ayuno no fue realizado únicamente por los musulmanes.
Ha sido practicado por siglos en distintas ceremonias religiosas por cristianos,
judíos, confucionistas, hindúes, taoístas, etc. Dios menciona este hecho en el
Sagrado Corán:
“¡Oh, creyentes! Se os prescribió el ayuno
al igual que a quienes os precedieron, para que alcancéis la piedad.” (Corán
2:183)
Algunas sociedades ayunan para prevenir
catástrofes o para cumplir una penitencia. Algunas tribus de México y los
incas del Perú hacían ayunos de penitencia para apaciguar a sus dioses. Antiguas
naciones del Viejo Mundo, como los asirios y los babilonios, ayunaban como penitencia.
Los judíos realizan el ayuno como una manera de penitencia y de purificación
anualmente en el Día de Expiación o Yom Kippur. En este día no se permiten ni
la bebida ni la comida.
Los primeros cristianos asociaban el
ayuno con la penitencia y la purificación. Durante los primeros dos siglos de
su existencia, la iglesia cristiana estableció el ayuno como una preparación
voluntaria para recibir los sacramentos de la comunión y el bautismo, así como
para el ordenamiento de los sacerdotes. Más tarde, estos ayunos se volvieron
obligatorios, y otros días fueron agregados. En el siglo 6, el ayuno fue
expandido a 40 días, en el cual una comida era permitida. Después de la reforma,
el ayuno se realizó en casi todas las iglesias protestantes y fue declarado de
carácter opcional en algunos casos. Los protestantes más estrictos, sin
embargo, declararon no sólo los festivales de la iglesia, sino sus fiestas
tradicionales también.
En la Iglesia Católica Apostólica Romana,
el ayuno puede incluir abstinencia parcial de comida y bebida o abstinencia
total. Los días de ayuno de los católicos apostólicos romanos son miércoles de
ceniza y viernes santo.
El ayuno tomó otra forma en Occidente:
la huelga de hambre, una manera de ayuno, que en los tiempos modernos se ha
vuelto un recurso político después de haber sido popularizado por Mahatma Gandhi,
líder de la lucha por la libertad en la India, que ayunaba para presionar a que
sus seguidores obedecieran sus preceptos de no violencia.
El Islam es la única religión que ha
retenido las dimensiones exteriores y espirituales del ayuno a través de los
siglos. Los motivos y deseos egoístas distancian al hombre de su Creador. Las
emociones humanas negativas son el orgullo, la avaricia, la gula, la lujuria, la
envidia y la ira. Estas emociones naturales son difíciles de controlar, por
eso la persona debe luchar por controlarlas. Los musulmanes ayunamos para
purificar nuestra alma, y poner un freno a las emociones humanas más
incontrolables y salvajes. La gente toma dos extremos con respecto a ellas. Algunos
dejan que estas emociones controlen sus vidas, lo que llevó al barbarismo entre
los antiguos y al materialismo de la cultura del consumismo en los tiempos
modernos. Otros intentan negar y suprimir completamente toda necesidad física,
lo cual los llevó al monasticismo.
El Cuarto Pilar del Islam, el ayuno,
ocurre una vez al año durante el noveno mes lunar, el mes de Ramadán, el noveno
mes del calendario islámico, en el cual:
“…el Corán fue enviado como guía para las
personas” (Corán 2:185)
Dios en Su infinita misericordia ha
eximido a los enfermos, viajantes y todos aquellos que no puedan soportar el
ayuno por impedimentos médicos.
El ayuno ayuda a los musulmanes a
desarrollar su auto control, ganar un mejor conocimiento de las gracias de Dios
y una mayor compasión por los despojados. Ayunar en el Islam incluye
abstenerse de los placeres del cuerpo entre el amanecer y la puesta del sol. No
sólo la comida está prohibida, sino también cualquier actividad sexual. Todas
las cosas que se consideran prohibidas, lo son más aún en este mes, por su
santidad. En todos y cada uno de los momentos del ayuno, la persona suprime
sus pasiones y deseos, por amor a Dios. Esta conciencia del deber y espíritu
de paciencia ayuda a reforzar la fe. El ayuno ayuda a la persona a ganar auto
control. Aquel que se abstiene de las cosas permitidas como la comida y la
bebida es muy probable que se sienta consciente de sus pecados. La espiritualidad
ayuda a romper los hábitos de la mentira, la lujuria en el sexo, el chisme y la
pérdida de tiempo. Estar hambriento y sediento parte del día nos hace sentir en
carne propia la situación de los 800 millones de personas hambrientas en el
mundo. Después de todo, ¿Cómo podría alguien interesarse por el hambre del
prójimo si nunca la ha sentido en carne propia? Por eso Ramadán es también un
mes de caridad y bondad.
Al atardecer, se rompe el ayuno con una comida ligera conocida
como iftâr. Las familias y los amigos comparten una comida especial
por la noche, que incluye platos especiales y dulces servidos solamente en esta
época del año. Muchos concurren a las mezquitas para la oración de la noche,
seguida por oraciones especiales recitadas sólo durante Ramadán. Algunos
recitan el Corán completo como un acto especial de adoración, y las
recitaciones públicas del Corán se escuchan a lo largo de toda la noche. Las
familias se levantan antes del amanecer para comer su primera comida del día, que los sostiene hasta el atardecer. Cerca del final de Ramadán los musulmanes
conmemoramos la ‘Noche del Decreto’, cuando fue revelado el Sagrado Corán. El
mes de Ramadán termina con una de las dos mayores celebraciones islámicas, la Fiesta de la Finalización del ayuno, llamada Eid al-Fitr. En este día, los musulmanes
alegremente celebramos la finalización del mes de Ramadán y como de costumbre
se distribuyen regalos a los niños. Los musulmanes debemos ayudar a los pobres
a poder disfrutar de esta fiesta distribuyendo el zakat-ul-fitr, una
caridad especial de carácter obligatoria para que todos puedan disfrutar la alegría
de ese día.
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