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¡Oh! ¡Que los
hombres se introduzcan un enemigo en la boca [alcohol] para que les robe los sesos! ¡Que constituya para nosotros alegría, complacencia,
júbilo y aplauso convertirnos en bestias!” (Cassio, en
la obra Otelo, de William Shakespeare, acto 2do., 3ra. escena)
Un día, cuando salía de la mezquita, el
Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) notó que
su primo y yerno, ‘Ali ibn Abu Talib, estaba visiblemente perturbado. Cuando
el Profeta, preocupado, le preguntó qué le sucedía, ‘Ali simplemente señaló el
cadáver ensangrentado de su querido y apreciado camello. No se trataba de un
camello ordinario, sino del camello de guerra que ‘Ali solía montar en su
valiente defensa de su Profeta y religión en el campo de batalla. ‘Ali le dijo
al Profeta que uno de sus tíos era responsable por la muerte del animal, y así
el Profeta fue a cerciorarse de la historia averiguando qué decía su tío.
Cuando fue a ver a su tío, lo encontró embriagado con
vino. Viendo el desagrado en el rostro de su sobrino, y a pesar de su
embriaguez, el tío se dio cuenta que el Profeta había venido a preguntarle
acerca del camello de ‘Ali. Sin nada bueno para decir en su defensa, el
culpable y borracho tío bramó a su sobrino: “¡Tú y tu padre son mis esclavos!”.
La única respuesta del Profeta al insulto de su tío, fue: “Ciertamente, el
alcohol es la madre de todos los males”.
Y así, en la biografía del Profeta Muhammad,
aprendemos una valiosa lección sobre las colosales y terribles consecuencias de
la ingesta de alcohol. Cualquiera de los actos inspirados por el alcohol en
este breve episodio de la bendita vida del Profeta, habría sido suficiente para
el lector como admonición: ya fuera sobre el camello de ‘Ali, el estado de
embriaguez de un tío del último Profeta de Dios, o el perverso insulto que
lanzó contra su sobrino y su propio fallecido hermano, quien no era otro sino
el padre del Profeta de Dios. Y peor aún si consideramos todos estos crímenes
juntos, sin mencionar los diversos males que indirectamente resultaron del
consumo de alcohol de su tío, tal como la pérdida para la comunidad musulmana
de una de sus bestias de batalla, o el dolor, la angustia, y quizás la
perturbación que debió sentir el Profeta por este trágico asunto familiar. Sin
duda, fue precisamente a causa de que el Profeta reconoció que fue el alcohol
el que dio origen a todas estas faltas y pecados, que lo denunció como “La madre
de todos los males”.
Por eso, encontramos que el Islam ha
prohibido completamente el consumo de alcohol, ya sea en pequeñas o grandes
cantidades. El Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con
él) dijo:
“Si una gran cantidad de alcohol causa
embriaguez, una pequeña cantidad también queda prohibida”.
En esta narración, vemos la perfección del
Islam como religión, su código legal concluyente, y su modo de vida
comprensivo. Como señaló un alemán converso al Islam:
“El Islam valora la salud moral y
espiritual de una nación tanto como su bienestar físico. Considera que todo lo
que interfiere con el buen funcionamiento de la mente o entorpece nuestros
sentidos, reduciendo nuestro sentido del pudor y la responsabilidad o nubla
nuestra percepción de una forma perjudicial, como dañino (esto incluye el
alcohol, como también las drogas). Y, aunque reconoce que las personas
reaccionan de maneras diversas ante el mismo estimulante, no deja en sus manos
el decidir cuán aceptable es para ellos. Demasiadas personas piensan que tienen
el control sobre sus hábitos de bebida, sin embargo siempre terminan tomando
una copa de más. El Islam afirma categóricamente que si una sustancia, en
grandes cantidades, puede destruir la claridad de la mente, entonces es perjudicial
también en pequeñas cantidades. El Islam, por lo tanto, aboga por una total
prohibición de las drogas narcóticas, incluyendo el alcohol. El Islam prohíbe
el uso, y no sólo el abuso de estas sustancias”.
Sí, existen algunos beneficios derivados
de las bebidas alcohólicas. Por ejemplo, el alcohol desinhibe, ayuda a
relajarse y, en pequeñas cantidades, es bueno para la salud del corazón. Sin embargo, como afirma el Sagrado Corán, los perjuicios asociados
con el alcohol sobrepasan sus beneficios. Por lo tanto, en un análisis final,
el alcohol es un enemigo y no un amigo de quien lo consume.
“Te preguntan acerca de las substancias
embriagantes y los juegos de apuestas. Diles: Son de gran perjuicio, a pesar de
que también hay en ellos algún provecho para los hombres”. (Corán 2:219)
El Islam ha proscrito el consumo, la
producción, el transporte y venta de bebidas alcohólicas buscando el beneficio
y mejoramiento del ser humano. De hecho, el mero consumo público de alcohol está considerado un
crimen punible, para el cual se ha legislado un castigo corporal. Y en el Más
Allá, el castigo es verdaderamente terrible:
“Todo embriagante está prohibido.
Dios ha prometido respecto a aquellos que consumen embriagantes, darles de
beber el pus (de los habitantes del Infierno)”.
Para concluir, quizás sería útil que el
lector meditara acerca de las siguientes historias que son bien conocidas, al
menos para muchos musulmanes cautos.
Una vez, una mujer propuso a un hombre
hacer cosas perversas. El hombre, temiendo a Dios, se rehusó rotundamente. Pero
determinada a no dejar escapar a su presa, la mujer le ofreció una de tres
opciones, una más cobarde que la otra: beber alcohol, cometer adulterio, o
asesinar a su hijo de un matrimonio previo. Si el hombre se rehusaba, ella gritaría
que había sido violada. Entonces, después de haber meditado sobre este
problema, el hombre piadoso escogió el que él consideró como el menor de los
tres males. Sin embargo, después de beber el alcohol, el hombre se emborrachó;
y bajo la influencia de esta bebida que le anuló el sano juicio, asesinó a la
criatura y cometió adulterio con esa mujer.
Mediten, y consideren cuán fácilmente una
persona puede degenerarse como ser humano si abraza a la “Madre de todos los males”.
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