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En el año 988 d.C., el Príncipe Vladimir, soberano de Rusia, optó
por el cristianismo ortodoxo como la religión de su Estado. La leyenda dice que
sus embajadores estaban mucho más impresionados con el oro y la grandiosidad de
las catedrales bizantinas, especialmente la iglesia de Santa Sofía en
Constantinopla (actualmente la Mezquita Haya Sofía de Estambul) de lo que
estaban con el simple y austero arte decorativo que presentaban las mezquitas
en las cercanías del Volga, en Bulgaria. Pero otra razón por la cual el
príncipe ruso favorecía al cristianismo por encima del Islam, según relatan las
crónicas, es que los rusos amaban el alcohol. La abstinencia absoluta del
alcohol que practican los musulmanes era un sacrificio demasiado grande para
los hombres de Vladimir. Y, lamentablemente, parece que su insaciable sed de
“un buen trago”, particularmente vodka, ha contagiado a la nación rusa desde
entonces.
De acuerdo a un reporte publicado en
el año 2000,
al menos un tercio de los hombres rusos mueren borrachos, y más de la mitad de
ellos muere en una etapa avanzada de intoxicación alcohólica. Con un promedio
de 57.4 años, los hombres rusos tienen el nivel de expectativa de vida más bajo
de Europa. Aunque las enfermedades del corazón, los accidentes y suicidios
abarcan cerca de un 75% de las muertes de los hombres, raramente están sobrios
cuando mueren. Escrito en el periódico Kommersant, en un comentario
sobre un estudio realizado a lo largo de tres años, en hombres de entre 29 y 55
años en Moscú y Udmurita:
“Todos están borrachos: los
asesinos y sus víctimas, los que se ahogan, suicidas, conductores de
automóviles y peatones muertos en accidentes de tráfico, las víctimas de
ataques al corazón y úlceras”.
Aunque describen un escenario
desolador, estas estadísticas no sugieren ni deben sugerir que el alcoholismo
debe ser tomado como una característica endémica de los rusos, ni de ninguna de
las otras naciones de los Hijos de Adán. Como remarcó el vicepresidente de la
Organización Nacional de Musulmanes Rusos, el señor Cherniyenko:
“Uno podría decir que beber vino o
vodka es un aspecto significativo de la cultura rusa; sin embargo, yo puedo ser
un buen ruso y no beber alcohol… La mayoría de los problemas sociales en Rusia
son causados por el consumo de alcohol. Si nosotros pudiéramos introducir
algunos valores sociales islámicos, la sociedad y el país entero se
fortalecerían”.
Buscando mucho más lejos en
Occidente, cruzando el Atlántico (o al este, cruzando el Estrecho de Bering),
encontramos al gran rival de Rusia durante la Guerra Fría, los Estados Unidos;
vemos que esta nación norteamericana no es precisamente mucho mejor en todo lo
relacionado a las muertes y daños causados por la bebida. De acuerdo a un
estudio de la Asociación Médica Estadounidense en 1988, cerca de 100 000
muertes y pérdidas de 85.8 billones de dólares están relacionadas con el abuso
de alcohol, y entre el 25 y 40% de las camas de hospitales están ocupadas por
pacientes tratados por complicaciones inducidas por el alcohol. El alcohol es
también una de las principales causas de accidentes de tráfico en Estados
Unidos; y en 1996 solamente, 17 126 personas fueron asesinadas en accidentes
relacionados con el alcohol, de acuerdo a las estadísticas gubernamentales. El
alcohol es también la principal causa de la ruptura de familias en Estados
Unidos. En otro reporte publicado por el Centro de Control y Prevención de las
Enfermedades de Estados Unidos en el año 2006, pruebas realizadas en víctimas
de suicidios demostraron en 13 estados que el 33.3% (uno de cada tres) tenía
alcohol en su sangre. Pero, nuevamente, apartando las estadísticas, no hay nada
intrínseco a la psicología estadounidense que explique el abuso del alcohol. Si
les quitáramos las botellas a los estadounidenses, como sucede en los países
islámicos, se registrarían resultados diferentes.
“Nuestros reportes de
enfermedades han bajado, nuestros niveles de daños y accidentes han bajado,
nuestros incidentes de indisciplina han bajado, y la salud de la fuerza ha
subido. Por lo tanto, debe haber algún resultado altamente terapéutico en el
hecho de que no hay alcohol disponible en ninguna parte del Reino (de Arabia
Saudita)”. (General Norman Schwarzkopf, comandante de las fuerzas aliadas en la
Guerra del Golfo Pérsico, explicando al Congreso de Estados Unidos cómo la
escasez de alcohol ayudó y mejoró a los soldados estadounidenses. 13 de Junio
de 1991)
Ni siquiera los nonatos están a salvo
de los peligros del alcohol. El síndrome de alcoholismo fetal es una terrible
enfermedad causada por la exposición al alcohol en el útero. La enfermedad
afecta de uno a dos bebés de cada 1 000 nacimientos en todo el mundo, y trae
como resultados daños físicos y neurológicos crónicos. De acuerdo a un estudio
alemán de 10 años, los síntomas incluyen daños a largo plazo en el cerebro y
deformidades físicas temporales, incluyendo microcefalia y crecimiento
atrofiado. Para evitar el síndrome de alcoholismo fetal, no sólo se les
recomienda a las madres evitar completamente la ingesta de alcohol durante el
embarazo, sino que los doctores también recomiendan a los hombres la
abstinencia por varios meses antes de la concepción.
“¿…no se abstendrán entonces?” (Corán 5:91)
Suicidios, homicidios, violencia
doméstica, traumatismos, vandalismo, daños para quien lo consume y aún para los
niños por nacer, todas estas son las terribles consecuencias del consumo de
alcohol. Y sin embargo, las enfermedades del alcohol son fácilmente evitadas
por los adherentes a la religión islámica, o por aquellos que se encuentran
viviendo en áreas donde se observan las leyes islámicas.
Sobre si el alcoholismo es
ciertamente una enfermedad, no es menos que una enfermedad maligna y fatal, una
a la que los musulmanes piadosos son inmunes, aún cuando sea una enfermedad
que:
·
Se vende en botella.
·
Es promocionada en los
periódicos, revistas, radio y televisión.
·
Es comprada voluntariamente.
·
Tiene licencia para contagiarse
y esparcirse.
·
Produce réditos al gobierno.
·
Provoca muertes violentas en las
carreteras.
·
No tiene causas virales ni
bacteriales.
·
Arruina la salud y conduce a la
autodestrucción.
·
Destruye la vida familiar e
incrementa el crimen.
“Satanás sólo pretende sembrar entre
vosotros la enemistad y el odio valiéndose del vino y de los juegos de azar, y
apartaros del recuerdo de Dios y la oración. ¿Acaso no vais a absteneros?”
(Corán 5:90-91)
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