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Las recompensas por visitar al enfermo
son grandes, tanto en número como en magnitud. El Profeta Muhammad dijo:
“Si un hombre visita a su hermano
musulmán enfermo, es como si caminara recogiendo los frutos del Paraíso hasta
que se siente, y cuando se sienta es bañado en misericordia; y si esto fue por
la mañana, setenta mil ángeles rezan por él hasta la noche; y si fue por la
noche, setenta mil ángeles rezan por él hasta la mañana”. (At-Tirmidhi)
Y él, que la paz y las bendiciones de
Dios sean con él, también dijo:
“Quienquiera que visite a una
persona enferma está rodeado de misericordia hasta que se sienta, y cuando se
sienta se sumerge completamente en ella”. (Silsilah As-Sahihah)
Y el Profeta también dijo:
“Cualquiera que visite a una
persona enferma o visite a un hermano en el Islam, un pregonero le grita: ‘Que
seas feliz, que tus pasos sean bendecidos, y que ocupes una posición digna en
el Paraíso’”.
La felicidad y el optimismo son
virtudes islámicas cuando surgen de la confianza y la esperanza en Dios. Del
mismo modo, la tristeza y el pesimismo son pecados cuando reflejan un estado de
desesperación en el Todopoderoso. Por lo tanto, independientemente de qué tan
grave o “incurable” sea la enfermedad, quien visita al enfermo debe animarlo
con la esperanza en Dios, Quien tiene el poder sobre todas las cosas,
incluyendo la enfermedad crónica y hasta la terminal.
“¿Acaso Quien tiene poder sobre todas las
cosas no es capaz de resucitar a los muertos?” (Corán 75:40)
“Es a Allah que los creyentes deben
encomendarse”. (Corán 3:122)
Además de tratar de ayudar al enfermo a
olvidar su dolor, sufrimiento, incomodidad y dificultad –aunque sea sólo por un
momento–, el visitante debería servir también para levantarle el ánimo, animar
su espíritu y fortalecer su determinación. Abdullah bin Abbas, el primo y
Compañero del Profeta, relató que cuando visitaban a una persona, el Mensajero
de Dios decía:
“Sé firme, que Dios te purifica”.
(Sahih Al Bujari)
Es más, el visitante debe aprovechar la
ocasión de su visita para recordarse a sí mismo y al que visita sobre su
dependencia total y absoluta de Dios, que es mejor sufrir en esta vida en lugar
de la próxima; y que Él, el Altísimo, recompensará al creyente que es paciente
y firme cuando es puesto a prueba.
“La piedad no consiste en orientarse hacia el
oriente o el occidente, sino que consiste en creer […] ser paciente en la
pobreza, la desgracia y en el momento del enfrentamiento con el enemigo”. (Corán
2:177)
Hablar con tacto es aconsejable durante
los mejores tiempos. El que visita al enfermo debe ser especialmente sensible y
cuidadoso con sus palabras mientras está en presencia del que sufre. Después de
todo, agravar la angustia del paciente puede llevarlo a que empeore su
condición física. Y el hecho de que una persona esté incapacitada por su
enfermedad no significa que pierda su derecho a ser obedecido en su propia casa,
ni que su privacidad pueda ser irrespetada. El erudito del Islam, Imam Ibn
Abdul-Barr, escribió en su libro de jurisprudencia islámica, Al Kafi:
“Si visitas a una persona sana o
enferma, debes sentarte donde te digan. Los anfitriones saben mejor cómo
asegurar la privacidad de su hogar. Visitar a una persona enferma es una Sunnah
confirmada. La mejor visita es la más corta. El visitante no debe pasar mucho
tiempo con la persona enferma, a menos que sean amigos cercanos y la persona
enferma disfrute de su compañía”.
En cuanto a la duración de la visita,
si el visitante es sincero en su intención, una vez ha logrado el objetivo de
su visita, no tendría ninguna razón para agobiar al enfermo con una estadía
prolongada y molestias innecesarias. El erudito sirio Shaij Abdul-Fatah Abu Ghuddah,
escribió en su libro de modales islámicos:
“La duración de la visita no debe ser
mayor que el tiempo entre los dos sermones del viernes. A este respecto, se
dijo que la visita debería ser suficiente como para transmitir saludos y deseos,
para preguntar al enfermo cómo está, para rezar por su recuperación y para
salir inmediatamente después de ofrecerle la despedida”.
El punto es que el visitante debe
mostrar compasión en todo momento y oportunidad: compasión a través de lo
apropiado de sus palabras, compasión a través de lo correcto de su conducta, y
compasión a través de la brevedad de su estadía; todo con la certeza de que
haciendo esto lo hará merecedor de la compasión de Dios, como dijo Su Amado
Profeta:
“Muestra misericordia a aquellos
en la tierra, y Aquel sobre los cielos tendrá misericordia de ti”.
Y de los actos más compasivos está
emular la Sunnah del Profeta Muhammad al visitar al enfermo. Esto es
porque decir y hacer lo que él hizo es la forma más segura de lograr el éxito en
esta vida y en la otra, tanto para el visitante como para el que es visitado.
De las muchas narraciones proféticas que nos han llegado a este respecto, está
la narración de A’isha, la esposa del Profeta, cuando dijo:
“Si alguien se enfermaba, el
Profeta pasaba su mano derecha sobre él mientras decía la siguiente oración:
‘¡Oh Señor de la humanidad!, quita el sufrimiento, brinda recuperación, no hay
cura sino Tu cura que no deja lugar a enfermedad’”. (Sahih Al-Bujari, Sahih
Muslim)
También, es parte de la práctica del
Profeta cuando visitaba a los enfermos, decir:
“No te preocupes. Es una limpieza
y una purificación (de los pecados), si Dios quiere”. (Sahih Al Bujari)
Deseemos y
recemos porque cada aflicción que experimentemos sea una bendición, una limpieza
y una purificación tanto de nuestro cuerpo como de nuestra alma de todo daño e
impureza. Y que nuestra visita a otros durante su enfermedad nos dé a nosotros
y a ellos recompensas de Él, Quien es el Altísimo. Y en Dios nos refugiamos.
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