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Así como la sinceridad es la piedra
angular de la rectitud en el carácter del musulmán y el trampolín de su virtud,
el engaño, su opuesto, es el cimiento de la depravación e impulso de su
perversidad. Así como la integridad de una persona se origina en su interior –es
decir que refleja un estado de fe verdadera– la deshonestidad, la mentira y la traición
también reflejan el estado de su interior. Es por ello que Dios menciona la
sinceridad como lo opuesto a la hipocresía:
“Dios [decidió probaros en la fe] para
recompensar a los sinceros por su sinceridad y castigar a los hipócritas si Él
quiere, o [por Su voluntad los guíe y] los perdone; en verdad Dios es
Absolvedor, Misericordioso”. (Corán 33:24)
…y la razón por la cual menciona a la
sinceridad como un distintivo de integridad:
“Para recompensar a los
sinceros por su sinceridad...”
No es de extrañarnos, entonces, que las
personas más virtuosas e íntegras: los profetas de Dios y sus discípulos incondicionales fueron calumniados, enfrentados,
oprimidos y rechazados por quienes se entregaron a la deshonestidad, el engaño y
la hipocresía.
“… inventan mentiras quienes no creen en los
signos de Dios. Ellos son los mentirosos”. (Corán 16:105)
Eso es referente al engaño en la fe. Respecto
al engaño en las obras, Dios determina en el Corán:
“Él es Quien creó la muerte y la vida para
probaros y distinguir quién de vosotros obra mejor. Él es Poderoso, Absolvedor”.
(Corán 67:2)
Un contemporáneo al período temprano del
Islam, el estudioso Fudail Bin Iyad, comentó en una explicación sobre dicho
versículo:
“‘…quién de vosotros obra mejor’ significa ‘el más correcto y sincero’. Si la obra
es sincera aunque no sea correcta no será aceptada; y si es correcta a pesar de
no ser sincera, tampoco será aceptada. ¡No será aceptada hasta que sea tanto
sincera como correcta!”
Un ejemplo cotidiano sobre cómo la sinceridad
y la rectitud en las obras se ven subvertidas por el engaño se encuentra en el
comercio. El Profeta expresó en relación a ello:
“Si (ambas partes que se encuentran
para comerciar) son sinceros y aclaran (la totalidad de cualquier deficiencia de
sus artículos), su transacción será bendecida. Pero si mienten y ocultan (cualquier
deficiencia de sus artículos), las bendiciones de su transacción serán anuladas”.
¿Y el discurso engañoso? El engaño de la palabra,
a lo que comúnmente se refiere como mentira, es una particularidad rechazada
por el mundo entero –incluso si sus habitantes cayeran en ésta de vez en cuando–.
Después de todo, hasta Dios prometió castigar incluso a su último y más
grandioso Profeta en caso que mintiera...
“Y si [el Profeta] hubiera inventado algunas
mentiras sobre Nosotros le habríamos tomado fuertemente, luego le habríamos
cortado la arteria vital, y ninguno de vosotros habría podido impedirlo”. (Corán
69:44-7)
…entonces, ¿cómo podría ser aceptable
mentir si no lo es para el Profeta? Él mismo afirmó:
“La fe del siervo no será correcta hasta
que su corazón sea correcto, y su corazón no será correcto hasta que sus
palabras no sean correctas; y el hombre que no proteja de su daño a su vecino
no ingresará al Paraíso”.
El Profeta señaló: “Una persona miente
y miente hasta que es registrada ante Dios como mentirosa”. (Sahih Al-Bujari)
Por lo tanto, quien habitualmente miente es
despreciado, verdadera y totalmente despreciado por todos –incluso por su
propia gente– ya que nadie puede confiar en un mentiroso, ni siquiera otros mentirosos.
Así como la transparencia en el discurso es una señal de sinceridad, la ambigüedad,
insinuación, sarcasmo y toda forma de engaño y artificios orales son
considerados en el Islam como reprobables. Aún el mentir en broma fue condenado
por el Profeta cuando expresó:
“Garantizo una morada en el Paraíso a
quien deje de mentir, incluso tratándose de una broma”.
...y sus palabras:
“¡Desgraciado el que genere risa a
cuestas de la mentira! ¡Pobre de él, pobre de él!”
El amigo más íntimo del Profeta y su sucesor
temporal inmediato, Abu Bakr As-Şiddiq (El Sincero, nombrado de
ese modo por el Profeta debido a la sinceridad de su fe), advirtió:
“Cuidado con la mentira, pues la
mentira es opuesta a la fe (verdadera)”.
La hija de Abu Bakr, Aisha, quien fue la
amada esposa del Profeta, dijo:
“No había rasgo más detestable para el
Mensajero de Dios –que la paz y las bendiciones de Dios sean con él– que la
mentira”.
Debe ser suficiente para renunciar a la
mentira el saber que ha sido mencionada como un rasgo de la más desgraciada de
las condiciones: la hipocresía. El Profeta Muhammad dijo:
“Las características del hipócrita
son tres: cuando habla miente; cuando se compromete a un juramento lo quiebra;
y cuando le es confiado algo traiciona dicha confianza”.
No solamente aprendemos de la aversión de
la mentira en sí misma, sino que el Islam, por misericordia, también nos educa
sobre los peligros a los que indirectamente nos puede llevar la mentira.
Aishah nos informa que el Profeta invocaba
a su Señor, suplicando: “¡Oh Dios! En ti busco refugio de todas las
faltas y las deudas”. Se le preguntó al Profeta: “¡Oh, Mensajero de Dios,
frecuentemente buscas refugiarte en Dios para no tener deudas”. El Profeta,
que la paz y la misericordia de Dios sean con él, respondió: “Si una persona
se encuentra endeudada miente cuando habla y rompe sus promesas”.
El Profeta le ordenó a sus seguidores
explícitamente:
“Deja lo que te causa duda por lo que
no te hace dudar. Pues en la sinceridad yace la tranquilidad y en la mentira yace
la duda”.
Luchar por alcanzar sinceridad de espíritu,
palabra y obras es una cuestión que requiere de suma firmeza por parte del
creyente, al igual que extrema vigilancia frente a los peligros del engaño, el disimulo,
la traición y la hipocresía:
“Dios [decidió probaros en la fe] para
recompensar a los sinceros por su sinceridad y castigar a los hipócritas si Él
quiere, o [por Su voluntad los guíe y] los perdone; en verdad Dios es
Absolvedor, Misericordioso”. (Corán 33:24)
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