La carta del Profeta al Emperador de Bizancio (parte 1 de 3): Introducción
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Descripción: Los antecedentes y el contexto en que la carta fue escrita, el mensaje que contenía y cómo fue recibida.
Por Jeremy Boulter (© 2011 IslamReligion.com)
Publicado 31 Jan 2011 - Última modificación 26 Feb 2012
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> El Profeta Muhammad
> Evidencias de su Profecía
Categoría: Artículos
> Evidencia que el Islam es la verdad
> Evidencias de la profecía de Muhammad
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Organización del artículo
Este artículo es una introducción que es
el antecedente y el contexto de las dos historias que serán relatadas en la
segunda y tercera parte. La historia principal es la narración de Abu Sufian ibn
Harb a Abdullah ibn Abbas sobre su encuentro con
Heraclio, el emperador bizantino, en Jerusalén, registrado en la colección de Sahih
Al-Bujari. Adjunto a esta narración hay otra cuya fuente fue el gobernador
de Jerusalén, Ibn An-Natur. De los eventos registrados en cada historia, es
obvio que la invitación de Heraclio a su pueblo en Homs ocurrió en una fecha
posterior a la reunión de Abu Sufian con él en Jerusalén. Sin embargo, también
parece claro que Heraclio tuvo que haber llamado a Abu Sufian después de que
escuchó noticias del Profeta existente en Arabia. Además, sin lugar a dudas,
cuando Abu Sufian se encontró con Heraclio, este último tenía en su posesión la
carta del Profeta. Así que he dividido la narración de Ibn An-Natur en dos
episodios que coincidentemente ocurren en dos lugares diferentes. El primer
episodio tuvo lugar en Jerusalén, antes de la reunión de Abu Sufian con Heraclio
allí. Mientras que la segunda fue en Homs, después de que Heraclio deja Jerusalén.
Ambas historias fueron narradas por Ibn Abbas.
Abu Sufian ibn Harb
Aunque Abu Sufian eventualmente
abrazó el Islam, por muchos años se opuso amargamente al Profeta y a su misión.
Él fue el líder del clan Omeya de la tribu Quraish, y fue el jefe de toda la
tribu de Quraish, lo que lo hacía uno de los hombres más poderosos de La Meca,
durante la vida del Profeta Muhammad. Su bisabuelo fue Abdul-Shams ibn Abdul Al-Manaf,
hermano de Hashim, el tatarabuelo de Muhammad, por lo que era un primo lejano
suyo. Fue la posición de Abu Sufian lo que lo convirtió en enemigo de Muhammad,
a quien veía como una amenaza a su poder y un blasfemo a los dioses de Quraish.
La enemistad entre Quraish, de quien Abu Sufian era un prominente líder, y los
primeros musulmanes alcanzó tales niveles que hubo numerosas batallas entre las
dos partes, luego de que los musulmanes se asentaron en Medina, en las que él
participó, y fue él quien lideró al ejército de Quraish en Uhud en el año 625 d.C.
Después del pacto de Hudaibia en el año 628 d.C., él llevó una caravana comercial
a la Gran Siria, y fue llamado por el Cesar en Jerusalén. Mientras tanto, el
tratado con Muhammad fue roto por los aliados de Quraish al tiempo que Abu Sufian
estaba en su camino de regreso a La Meca. Sabiendo que los musulmanes estaban
libres del tratado celebrado un año y medio antes, él mismo fue a Medina para tratar
de arreglarlo, pero regresó con las manos vacías. Posteriormente, los
musulmanes tomaron pacíficamente La Meca en el año 630 d.C. anticipando esto,
Abu Sufian dejó la ciudad, pero luego regresó para abrazar el Islam.
El Profeta y el Emperador
El Profeta Muhammad y el
Emperador Heraclio fueron contemporáneos. Nacieron solamente con 5 años de
diferencia, ambos vivieron hasta entrados sus sesenta. El reinado de Heraclio
estuvo marcado por altibajos en su éxito militar. En el año 609 d.C., cuando
tenía 40, Muhammad recibió la primera revelación que marcó el inicio de su misión
profética. En el año 610 d.C. Heraclio depuso a Procus como Emperador y tomó su
lugar; pero el comienzo de su reino estuvo marcado por la derrota de su ejército
en Palestina y Turquía entre los años 614 y 619 d.C.. Estas derrotas y las
subsiguientes victorias que los romanos bizantinos disfrutaron fueron mencionadas
en el Corán en su momento:
“Los bizantinos fueron derrotados
[por los persas] en el territorio [árabe] más bajo [la antigua Siria]; pero
después de esta derrota, ellos [los bizantinos] los vencerán. [Esto sucederá]
dentro de algunos años. Todo ocurre por voluntad de Dios, tanto la anterior
derrota [de los bizantinos] como su futuro triunfo. Y cuando eso ocurra, los
creyentes se alegrarán”. (Corán 30:2-4)
La reconquista por los romanos
de las tierras cedidas a Cosroes comenzó en el 625, y terminó triunfalmente en
el año 627 d.C. Al año siguiente, el Profeta, que la paz y las bendiciones de
Dios sean con él, envió la siguiente Carta a Heraclio en la mano de Dihia Al-Kalbi,
por medio del gobernador de Bosra Al-Sham, en Siria.
La carta
La carta que envió Muhammad está
incorporada en la narración de Abu Sufian, y la reproduciré aquí palabra por
palabra, tal como Heraclio la leyó frente a sus consejeros.
En el nombre de Dios, el
Clemente, el Misericordioso.
Esta carta es de Muhammad,
el siervo y mensajero de Dios, para Heraclio, gobernante de los Bizantinos.
Que la paz sea con
aquellos que siguen el camino recto.
Escribo esta invitación
para llamarte al Islam.
Si aceptas el Islam estarás a salvo, y Dios ha de duplicar tu recompensa; pero
si rechazas esta invitación al Islam, sobrellevarás el pecado del desvío de tus
súbditos.
Por lo que te urjo a lo siguiente:
“Di:
¡Oh, Gente del Libro! Convengamos en una creencia común a nosotros y a vosotros:
No adoraremos sino a Dios, no Le asociaremos nada y no tomaremos a nadie de
entre nosotros como divinidad fuera de Dios. Y si no aceptan, decid: Sed
testigos de nuestro sometimiento a Dios”.
Muhammad, el Mensajero de
Dios.
A diferencia de Cosroes II, a quien le había sido enviada una carta
similar, el emperador bizantino, Heraclio, guardó la carta y procuró encontrar
confirmación concerniente al contenido. Esto fue muy diferente al trato que Cosroes
II, del Imperio Sasánida, dio a su carta y a su mensajero. De acuerdo con Abdullah
ibn Abbas, la carta fue enviada con Abdullah ibn
Hudhafa Al-Sahmi a través del gobernador de Bahrain.
“Cuando Cosroes la leyó,
la rompió en pedazos. Ibn Musaiab dijo: ‘El Mensajero de Dios rogó a Dios
contra ellos diciendo: ‘¡Que Dios los despedace y los disperse totalmente’”. (Sahih Al-Bujari)
El Imperio Sasanida fue casi inmediatamente disuelto en su totalidad,
primero por la derrota que le infligieron los romanos, y luego por el impacto
de la nueva nación musulmana. El Imperio Bizantino, también, mientras estaba
todavía bajo Heraclio, se disolvió en Egipto, Palestina y Siria. Sin embargo, a
diferencia del Imperio Sasánida, el Imperio Bizantino continuó en diversas
formas por otros 800 años, hasta que finalmente Constantinopla cayó, y esto
pudo ser debido al contraste en la forma en que cada carta fue recibida.
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La carta del Profeta al Emperador de Bizancio (parte 2 de 3): La recepción
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Descripción: Los portentos y noticias del Profeta del Islam que llegaron a Heraclio y su confirmación de las credenciales del autor de la carta.
Por Jeremy Boulter (© 2011 IslamReligion.com)
Publicado 07 Feb 2011 - Última modificación 07 Feb 2011
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Heraclio recibe noticias de Muhammad
Ibn An-Natur era el gobernador de Jerusalén
designado por Heraclio, que era la cabeza de los cristianos en la Gran Siria. Ibn
An-Natur narró que una vez, mientras estaba en Jerusalén:
“Heraclio
se levantó por la mañana triste. Alguno de los sacerdotes le preguntó por qué...
(Siendo uno de los que
practicaba la astrología, Heraclio había estado intentando trazar un mapa del
futuro.)
En respuesta a la
pregunta, dijo: ‘Anoche estaba mirando las estrellas, y vi que había aparecido
un líder entre los que practican la circuncisión (y va a conquistar todo
delante de sí). ¿Quiénes son los que practican la circuncisión?’
El sacerdote respondió: ‘Excepto
los judíos, nadie practica la circuncisión, y no debes tener miedo de ellos, sólo
da la orden y todos los judíos que hay en tu reino serán exterminados’.
Mientras discutían esto,
un mensajero enviado por el rey de Ghassan
ingresó para transmitir noticias sobre el Mensajero de Dios a Heraclio.
(Estas noticias puede haber
sido la carta del Profeta)
Habiendo escuchado las
noticias, Heraclio ordenó al sacerdote verificar si el mensajero de Ghassan
estaba circuncidado. Luego de hacerle un examen físico, ellos reportaron que el
hombre estaba circuncidado. Heraclio entonces preguntó al mensajero sobre las
costumbres de los árabes. El mensajero respondió: ‘Los árabes también practican
la circuncisión’.
Luego de escuchar esto,
Heraclio dijo: ‘El reinado de los árabes ha comenzado y está a punto de
manifestarse’”.
La siguiente historia fue tomada
de las narraciones hechas por los compañeros del Profeta. Esta historia fue
contada por Abu Sufian a Abdullah Ibn Abbas, quien se la narró también a otros. Ibn Abbas era un estudiante
muy devoto de Muhammad, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, y un
erudito muy respetado.
El encuentro de Abu Sufian con Heraclio
Cesar
En el año 629 d.C., tres años
antes de la muerte del Mensajero de Dios, Heraclio reconquistó Jerusalén,
cargando triunfantemente lo que se dijo era la cruz original que veneraban los
cristianos, y que Cosroes II había tomado como botín 15 años antes. Mientras residía allí, la
carta de Muhammad fue enviada, quizá un año antes llegó a sus manos. Cuando la
leyó, él solicitó la presencia de alguien que perteneciera a la gente del autor
en el territorio que él controlaba, y le informaron sobre la caravana de Abu
Sufian de La Meca, que se encontraba comerciando en las cercanías. Él, junto a
sus compañeros, fue citado a la corte del Emperador en Jerusalén. Abu Sufian se
presentó ante Heraclio, quien se encontraba rodeado de su corte.
Las preguntas hechas por Heraclio y
sus respuestas
Heraclio llamó a su intérprete
para cuestionarlos, y preguntó quién era el familiar más cercano en parentesco
entre ellos al hombre que decía ser profeta.
Abu
Sufian contestó: “Yo soy su familiar más cercano (en
este grupo)”.
Heraclio: “¿Cuál es tu grado de parentesco?”
Abu
Sufian dijo: “Él es mi primo lejano”.
Dijo
Heráclio: “¡Acérquenlo!”, y los compañeros de Abu Sufian fueron puestos a su
espalda. Luego le dijo a su interprete: “Dile a sus
compañeros que voy a interrogarlo sobre el hombre que dice ser profeta; así que,
si me miente, inmediatamente desmientan sus palabras”.
“¿Cuál es su linaje entre
vosotros?”. Preguntó el
Emperador Romano.
“Él es de buen linaje
entre nosotros”. Dijo Abu
Sufian.
Luego,
el emperador preguntó: “¿Alguien ha clamado antes de él
lo que él reclama ahora? ¿Ha habido algún rey entre sus antepasados? ¿Acaso
vosotros lo habéis acusado de mentiroso antes de que dijera lo que dice?”
A
todo ello respondió Abu Sufian: “No”.
Preguntó: “¿Y quienes lo siguen? ¿Los poderosos o los débiles?”
Dijo
Abu Sufian: “Los débiles”.
Preguntó: “¿Aumenta o disminuye (el número de sus seguidores)?” Contestó: “Aumentan”.
Preguntó: “¿Alguno ha renegado de su religión después de haberla aceptado?”
Contestó: “No”.
Pregunto
Heraclio: “¿Él ha roto los pactos?”
Contestó: “No, pero acabamos de pactar una tregua y no sabemos ahora qué es
lo que va a hacer”.
Preguntó: “¿Vosotros le habéis hecho la guerra?”
Contestó: “Sí”.
Dijo: “¿Y cómo ha ido la guerra con él?”
Contestó: “A veces él gana las batallas y otras veces nosotros las ganamos”.
Dijo
Heraclio: “¿Qué os ordena?”
“Nos ordena adorar sólo a Dios y no asociar nada con Él,
renunciar a los ídolos que nuestros ancestros solían adorar. Nos ordena rezar,
hacer caridad, ser castos (dentro del matrimonio), cumplir nuestras promesas y tratar
bien a nuestros parientes”.
Abu Sufian admitió después que
él hubiera mentido sobre el Profeta si no hubiera temido a la vergüenza de
tener a sus colegas (escuchando detrás de él) y que se difundiera que era un
mentiroso. Por lo que contestó tan verazmente como pudo. También, mencionó la
parte en la que él temía una traición de Muhammad y quienes le seguían porque
esa fue la mejor oportunidad que tuvo para deslizar un concepto negativo sobre
él.
El Emperador evalúa el
interrogatorio
Luego de interrogar a Abu Sufian
sobre el Profeta, Heraclio decide comunicarle sus conclusiones sobre el
encuentro. Su intérprete tradujo su análisis.
Dijo: “Te he preguntado sobre su abolengo y afirmaste que él tiene entre
vosotros el mejor linaje. Y así es como los mensajeros son suscitados: entre
los más nobles de su pueblo.
Te pregunté si alguien
había sostenido lo mismo (su condición de profeta) antes que él, y tú afirmaste
que no. Si hubieras dicho que otros hicieron antes tal afirmación, yo hubiera
pensado que es un hombre que se deja llevar por lo que se dijo con anterioridad.
Te pregunté: ¿Acaso lo
acusabais de mentiroso antes de que dijera lo que dice? Dijiste que no.
Entonces supe que si no mentía sobre la gente, menos mentiría sobre Dios.
Te he preguntado si hubo
algún rey entre sus antepasados y afirmaste que no. Si lo hubiera habido,
pensaría que es un hombre reclamando el reino de sus antepasados.
Te pregunté sobre sus
seguidores, si son de los débiles o de los poderosos. Dijiste que son de los
débiles. Y así son los seguidores de los mensajeros.
Te pregunté: ¿Alguien ha
renegado de su religión después de haberla aceptado? Afirmaste que no. Así es
la fe cuando entra en la profundidad del corazón.
Te pregunté: ¿Aumentan o
disminuyen (sus seguidores)?, y tú afirmaste que aumentaban. Así es la fe
cuando se perfecciona.
Te pregunté si habías
estado en guerra con él y afirmaste que sí, y que la guerra entre él y vosotros
había sido oscilante, a veces lo favorecía a él y a veces a vosotros. Así son
probados los mensajeros antes de que llegue la victoria final.
Te pregunté si rompía sus
pactos y tú dijiste que no. Así son los mensajeros, ellos nunca rompen sus
pactos.
Luego, te pregunté qué les
ordenaba, y has dicho que él les ordena adorar sólo a Dios y no asociar nada
con Él, renunciar a los ídolos que sus ancestros solían adorar. Les ordena
rezar, hacer caridad, ser castos (dentro del matrimonio), cumplir las promesas,
y eso es lo que ordena un profeta”.
Esto demuestra que el César de
los Bizantinos reconoció a Muhammad como un mensajero de Dios.
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La carta del Profeta al Emperador de Bizancio (parte 3 de 3): Heraclio invita a sus súbditos
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Descripción: El reconocimiento de que Muhammad era un profeta, la invitación hecha por Heraclio a sus súbditos y la reacción de éstos. Una discusión sobre la leyenda de que la carta fue transmitida como herencia.
Por Jeremy Boulter (© 2011 IslamReligion.com)
Publicado 14 Feb 2011 - Última modificación 14 Feb 2011
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Categoría: Artículos
> El Profeta Muhammad
> Evidencias de su Profecía
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> Evidencia que el Islam es la verdad
> Evidencias de la profecía de Muhammad
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La lectura pública de la carta
Luego de que Heraclio
confirmara que creía en Muhammad como profeta, él dijo:
“Yo sabía que él iba a aparecer, pero
no me imaginaba que fuera entre ustedes. Si lo que has dicho es verdad, él ha
de gobernar la tierra que está bajo mis pies. Si supiera que fuera a
encontrarme con él en persona, yo haría el camino para verlo, y cuando
estuviera ante él le lavaría los pies”.
Esto tuvo lugar luego de la
historia narrada por Ibn An-Natur en la que Heraclio quiso saber el futuro a
través de las estrellas. Aparentemente “sabía”, o al menos sospechaba, que un
poderoso profeta aparecería entre los árabes. Fue en esta instancia que
solicitó que le trajeran la carta que había recibido del Mensajero de Dios para
ser leída ante su asamblea.
“Cuando Heraclio terminó
con su discurso y leyó la carta, hubo un gran vocerío y llantos en la corte
real, y los mecanos fueron expulsados de allí. Abu Sufian le dijo a sus compañeros:
‘El asunto de Ibn abi-Kabsha
es tan prominente que incluso el rey de los Bani-Asfar (los de piel blanca) le
temen”.
Abu
Sufian luego le dijo al narrador: “Entonces supe, por Dios, que el asunto de Muhammad terminaría
triunfante, hasta que finalmente Allah guió mi corazón a abrazar el Islam”.
Heraclio en Homs
Mientras tanto, de acuerdo con
la narración de Ibn An-Natur, Heraclio escribió una carta a su amigo en Roma
sobre la carta que había recibido,
que tenía un conocimiento en el que él confiaba, comparable al suyo. Cuando él
dejo Jerusalén
para ir a Homs en Siria, donde esperaba la respuesta.
“Cuando recibió la
respuesta de su amigo, vio que él coincidía sobre los signos que indicaban la
aparición de este nuevo líder, y que este líder era el profeta esperado. Debido
a eso, Heraclio invitó a todos los nobles de Bizancio a una asamblea en el
palacio de Homs.
Cuando los nobles llegaron
a la asamblea, él ordenó que todas las puertas del palacio fueran cerradas.
Luego, salió a su encuentro y dijo: ‘Oh bizantinos, si desean el éxito y desean
la guía correcta y desean que su imperio permanezca, entonces juren fidelidad
al nuevo profeta que acaba de salir’.
Al escuchar su discurso,
los líderes de la iglesia dieron la vuelta y fueron hacia las puertas del
palacio como una manada de asnos, pero encontraron las puertas cerradas.
Heraclio comprendiendo su rechazo al Islam, perdió la esperanza de que llegaran
a abrazar el Islam, y entonces ordenó que sean traídos de vuelta a la sala de
audiencias. Luego de que retornaron, les dijo: ‘Lo que dije hace unos instantes
fue sólo para probarlos en su fortaleza y convicción, la cual acabo de ver’.
La gente se postró ante él
y se complacieron de sus palabras, y Heraclio se apartó de la fe”.
Sobre los eventos de Homs se ha
producido una leyenda. Se dice que Heraclio primero les sugirió a sus obispos
que abrazaran el Islam, pero cuando estos se negaron, él sugirió que el Imperio
pagara un tributo al Profeta del Islam. Cuando ellos también se negaron, él
sugirió firmar la paz con los musulmanes y llegar a un pacto de no agresión.
Cuando se negaron a esto, él dejó Siria para ir a Bizancio, y abandonó todo
interés en preservar para el imperio la zona sur y este de Antioquia, nunca
enfrentando a los musulmanes en persona y enviando generales incompetentes para
defender la zona del Medio Oriente. Lo que es seguro es que trató el tema de la
carta y la profecía con mucha seriedad, e hizo todo esfuerzo posible para
influir en su pueblo antes de que le dieran la espalda.
La herencia
El historiador, As-Suhayli fue
la fuente de otras dos historias asociadas con la carta a Heraclio, las cuales
Ibn Hayar incluyó en su comentario de las historias antes mencionadas. Él comentó que As-Suhayli
recordó haber oído sobre una carta que se guardaba en un cofre de joyas hecho
de diamantes, lo que mostraba el alto estatus de su dueño, que había dejado
como herencia, incluso hasta ese día, y había llegado a las manos del rey de la
Franja. Sus descendientes pensaban que
había llegado a sus manos en el momento de la conquista de Toledo; y el comandante del ejército
musulmán, Abdul Malik bin Saad llegó a conocer de la misma a través de uno de
estos descendientes
en el siglo XII. Algunos de los compañeros de Abdul Malik relataron que el comandante
del ejército de los musulmanes se sentó con el Rey de la Franja, que sacó la carta de su cofre
de joyas. Cuando Abdul Malik vio el cofre se dio cuenta de que era muy antiguo,
y le preguntó si podía besar la venerable antigüedad. Sin embargo, el rey de la
Franja se negó a dejarlo.
As-Suhayli dijo además que le
habían transmitido en más de una fuente que el jurista Nuraddin ibn Saygh Ad-Dimashqi
dijo que él había oído que Sayfuddin Flih Al-Mansuri fue enviado con un regalo
por el rey Al-Mansur Qalun
al Rey de Marruecos,
que entonces envió el regalo al rey de la Franja a cambio de un favor no
mencionado que fue concedido. El rey de la Franja invitó al mensajero a
permanecer en su reino por un tiempo, pero éste rechazó la oferta. Antes de
irse, sin embargo, el rey preguntó a Sayfuddin si le gustaría ver un objeto
valioso que podría ser de interés para él (como musulmán). Entonces, fue traído
un cofre lleno de compartimientos, cada compartimiento lleno de tesoros.
Desde uno de los
compartimientos sacó una caja larga, fina, con incrustaciones de diamantes. La
abrió y sacó un pergamino. El documento antiguo estaba dañado y la escritura
poco clara, pero la mayor parte del cuerpo había sido preservado al ser
guardada entre dos telas seda. El rey de la Franja dijo: “Esta es la carta que
mi antecesor, el César, recibió de su Profeta, que ha sido transmitida a mí
como una reliquia. Nuestro antepasado dejó un testamento, que sus descendientes
deben mantener esta herencia si desean que su reino siga gobernando. Con ella
estamos fuertemente protegidos, siempre y cuando respeten la carta y la mantengan
oculta. Así el reinado nos ha sido otorgado”.
Exactamente qué tan válida es
la afirmación de que el reino de Heraclio (que había sido oficialmente César de
todo el Imperio Romano) había descendido a él es cuestionable, ya que el
Imperio Bizantino aún existía en el este, y seguiría por otros 150 años. Sin
embargo, Heraclio podría haber enviado la carta a Roma, como se mencionó
anteriormente, y la carta podría haber permanecido allí y ser pasada a los
emperadores visigodos cuando Carlo Magno fue coronado Emperador en Roma por el
Papa León III en el 800 d.C.
No podemos decir
categóricamente que la carta en realidad sobrevivió durante tantos siglos, a
pesar de que estas historias apuntan a esa posibilidad. Una de las cartas del
Profeta todavía existe en su pergamino original en el museo de Topkapi.
Conclusión
Muchos pueden pensar que
Heraclio secretamente se convirtió en musulmán, porque trató de afirmar la
veracidad de la profecía de Muhammad considerando sus antecedentes,
motivaciones y los efectos en su pueblo, su carácter, logros y su mensaje. A
juzgar por su respuesta a Abu Sufian y la invitación a sus nobles y
personalidades en Homs, parece haber estado convencido de que Muhammad era
sincero. Tal vez su corazón se inclinó hacia el monoteísmo expresado por
Muhammad en su carta, y desde luego intentó seguir su consejo para evitar cargar
con el pecado del desvío de su pueblo. Sus súbditos, sin embargo, mostraron un
evidente rechazo, y él se rindió ante la presión, incapaz de someterse a esta
nueva fe por temor a la rebelión de su pueblo. Por esta razón, al igual que el
tío del Profeta, Abu Talib, quien creía que Muhammad era un profeta y lo
protegió durante toda su vida hasta que murió, pero aun así no se islamizó
debido a la vergüenza social ante su gente, Heraclio murió sin abrazar el Islam
y creer en el Profeta de Dios.
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