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La carta del Profeta al Emperador de Bizancio (parte 1 de 3): Introducción

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Descripción: Los antecedentes y el contexto en que la carta fue escrita, el mensaje que contenía y cómo fue recibida.

  • Por Jeremy Boulter (© 2011 IslamReligion.com)
  • Publicado 31 Jan 2011
  • Última modificación 26 Feb 2012
  • Impreso: 367
  • Visto: 9339 (promedio diario: 4)
  • Clasificación: 4 De 5
  • Clasificado por: 4
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Organización del artículo

Este artículo es una introducción que es el antecedente y el contexto de las dos historias que serán relatadas en la segunda y tercera parte. La historia principal es la narración de Abu Sufian ibn Harb a Abdullah ibn Abbas sobre su encuentro con Heraclio, el emperador bizantino, en Jerusalén, registrado en la colección de Sahih Al-Bujari. Adjunto a esta narración hay otra cuya fuente fue el gobernador de Jerusalén, Ibn An-Natur. De los eventos registrados en cada historia, es obvio que la invitación de Heraclio a su pueblo en Homs ocurrió en una fecha posterior a la reunión de Abu Sufian con él en Jerusalén. Sin embargo, también parece claro que Heraclio tuvo que haber llamado a Abu Sufian después de que escuchó noticias del Profeta existente en Arabia. Además, sin lugar a dudas, cuando Abu Sufian se encontró con Heraclio, este último tenía en su posesión la carta del Profeta. Así que he dividido la narración de Ibn An-Natur en dos episodios que coincidentemente ocurren en dos lugares diferentes. El primer episodio tuvo lugar en Jerusalén, antes de la reunión de Abu Sufian con  Heraclio allí. Mientras que la segunda fue en Homs, después de que Heraclio deja Jerusalén. Ambas historias fueron narradas por Ibn Abbas.

Abu Sufian ibn Harb

Aunque Abu Sufian eventualmente abrazó el Islam, por muchos años se opuso amargamente al Profeta y a su misión. Él fue el líder del clan Omeya de la tribu Quraish, y fue el jefe de toda la tribu de Quraish, lo que lo hacía uno de los hombres más poderosos de La Meca, durante la vida del Profeta Muhammad. Su bisabuelo fue Abdul-Shams ibn Abdul Al-Manaf, hermano de Hashim, el tatarabuelo de Muhammad, por lo que era un primo lejano suyo. Fue la posición de Abu Sufian lo que lo convirtió en enemigo de Muhammad, a quien veía como una amenaza a su poder y un blasfemo a los dioses de Quraish. La enemistad entre Quraish, de quien Abu Sufian era un prominente líder, y los primeros musulmanes alcanzó tales niveles que hubo numerosas batallas entre las dos partes, luego de que los musulmanes se asentaron en Medina, en las que él participó, y fue él quien lideró al ejército de Quraish en Uhud en el año 625 d.C. Después del pacto de Hudaibia en el año 628 d.C., él llevó una caravana comercial a la Gran Siria, y fue llamado por el Cesar en Jerusalén. Mientras tanto, el tratado con Muhammad fue roto por los aliados de Quraish al tiempo que Abu Sufian estaba en su camino de regreso a La Meca. Sabiendo que los musulmanes estaban libres del tratado celebrado un año y medio antes, él mismo fue a Medina para tratar de arreglarlo, pero regresó con las manos vacías. Posteriormente, los musulmanes tomaron pacíficamente La Meca en el año 630 d.C. anticipando esto, Abu Sufian dejó la ciudad, pero luego regresó para abrazar el Islam.

El Profeta y el Emperador

El Profeta Muhammad y el Emperador Heraclio fueron contemporáneos. Nacieron solamente con 5 años de diferencia, ambos vivieron hasta entrados sus sesenta. El reinado de Heraclio estuvo marcado por altibajos en su éxito militar. En el año 609 d.C., cuando tenía 40, Muhammad recibió la primera revelación que marcó el inicio de su misión profética. En el año 610 d.C. Heraclio depuso a Procus como Emperador y tomó su lugar; pero el comienzo de su reino estuvo marcado por la derrota de su ejército en Palestina y Turquía entre los años 614 y 619 d.C.[1]. Estas derrotas y las subsiguientes victorias que los romanos bizantinos disfrutaron fueron mencionadas en el Corán en su momento:

“Los bizantinos fueron derrotados [por los persas] en el territorio [árabe] más bajo [la antigua Siria]; pero después de esta derrota, ellos [los bizantinos] los vencerán. [Esto sucederá] dentro de algunos años. Todo ocurre por voluntad de Dios, tanto la anterior derrota [de los bizantinos] como su futuro triunfo. Y cuando eso ocurra, los creyentes se alegrarán”. (Corán 30:2-4)

La reconquista por los romanos de las tierras cedidas a Cosroes comenzó en el 625, y terminó triunfalmente en el año 627 d.C. Al año siguiente, el Profeta, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, envió la siguiente Carta a Heraclio en la mano de Dihia Al-Kalbi, por medio del gobernador de Bosra Al-Sham, en Siria.

La carta

La carta que envió Muhammad está incorporada en la narración de Abu Sufian, y la reproduciré aquí palabra por palabra, tal como Heraclio la leyó frente a sus consejeros.

En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso.

Esta carta es de Muhammad, el siervo y mensajero de Dios, para Heraclio, gobernante de los Bizantinos.

Que la paz sea con aquellos que siguen el camino recto.

Escribo esta invitación para llamarte al Islam[2]. Si aceptas el Islam estarás a salvo, y Dios ha de duplicar tu recompensa; pero si rechazas esta invitación al Islam, sobrellevarás el pecado del desvío de tus súbditos[3]. Por lo que te urjo a lo siguiente:

“Di: ¡Oh, Gente del Libro! Convengamos en una creencia común a nosotros y a vosotros: No adoraremos sino a Dios, no Le asociaremos nada y no tomaremos a nadie de entre nosotros como divinidad fuera de Dios. Y si no aceptan, decid: Sed testigos de nuestro sometimiento a Dios”[4].

Muhammad, el Mensajero de Dios[5].

A diferencia de Cosroes II, a quien le había sido enviada una carta similar, el emperador bizantino, Heraclio, guardó la carta y procuró encontrar confirmación concerniente al contenido. Esto fue muy diferente al trato que Cosroes II, del Imperio Sasánida, dio a su carta y a su mensajero. De acuerdo con Abdullah ibn Abbas, la carta fue enviada con Abdullah ibn Hudhafa Al-Sahmi a través del gobernador de Bahrain.

“Cuando Cosroes la leyó, la rompió en pedazos. Ibn Musaiab dijo: ‘El Mensajero de Dios rogó a Dios contra ellos diciendo: ‘¡Que Dios los despedace y los disperse totalmente’”. (Sahih Al-Bujari)

El Imperio Sasanida fue casi inmediatamente disuelto en su totalidad, primero por la derrota que le infligieron los romanos, y luego por el impacto de la nueva nación musulmana. El Imperio Bizantino, también, mientras estaba todavía bajo Heraclio, se disolvió en Egipto, Palestina y Siria. Sin embargo, a diferencia del Imperio Sasánida, el Imperio Bizantino continuó en diversas formas por otros 800 años, hasta que finalmente Constantinopla cayó, y esto pudo ser debido al contraste en la forma en que cada carta fue recibida.



Footnotes:

[1] Heraclio. (2006), Encyclopædia Britannica. Tomado en agosto  22,  2006, de la Encyclopædia Britannica Premium Service.

[2] Que nadie tiene derecho a ser adorado salvo Dios, y que Muhammad es Su Mensajero.

[3] A la vez que su propio pecado por rechazar el mensaje.

[4]  Corán 3:64.

[5] Esta carta fue preservada en algunos libros de historia, y un ejemplo escaneado de la carta original se encuentra en Khan, Dr. Majid Ali (1998). Muhammad The Final Messenger. Islamic Book Service, New Delhi, 110002 (India). Una de estas cartas enviadas a un gobernante cristiano se encuentra guardada en el museo Topkapi de Estambul.

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