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La termodinámica contradice la evolución (parte 2 de 2)

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Descripción: Es posible darle cierto “orden” a un sistema, pero para que surja un sistema “organizado” tiene que haber consciencia, conocimiento, diseño y planeación.

  • Por A.O.
  • Publicado 29 Jun 2015
  • Última modificación 29 Jun 2015
  • Impreso: 15
  • Visto: 3343 (promedio diario: 4)
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El mito de la "autoorganización de la materia"

Completamente conscientes de que la segunda ley de la termodinámica hace imposible la evolución, algunos científicos evolucionistas han hecho intentos especulativos para lograr la cuadratura del círculo entre los dos, a fin de poder afirmar que la evolución es posible.

Las dos teorías más importantes que han surgido como resultado de este objetivo han sido la teoría de la "autoorganización" y la teoría relacionada de las "estructuras disipativas". La primera sostiene que las moléculas simples pueden organizarse juntas para formar sistemas vivientes complejos; la segunda afirma que sistemas ordenados y complejos pueden surgir en sistemas desordenados altamente entrópicos.

Si revisamos con cuidado toda la literatura evolucionista sobre este tema, podemos ver que los evolucionistas han caído en una trampa importante. A fin de lograr que la evolución encaje en la termodinámica, han estado tratando continuamente de probar que un orden dado puede surgir de sistemas abiertos.

Su problema reside en que confunden (a veces de manera deliberada) dos conceptos diferentes: "ordenado" y "organizado".

Podemos aclarar esto con un ejemplo: imaginemos una playa completamente plana en la costa marítima; cuando una ola fuerte golpea la playa, montículos de arena, grandes y pequeños, forman lomas en la superficie de la arena.

Este es un proceso de "ordenado". La costa marítima es un sistema abierto y el flujo de energía (la ola) que entra puede formar patrones simples en la arena, que pueden verse completamente regulares. Desde el punto de vista termodinámico, el orden puede ser establecido donde nunca antes lo hubo. Pero debemos tener en claro que esas mismas olas no pueden construir un castillo en la arena. Si vemos un castillo allí, no tendremos duda de que alguien lo construyó, puesto que el castillo es un sistema "organizado". En otras palabras, posee un diseño y una información claros. Cada parte de él ha sido hecha por una entidad consciente de una manera planificada.

La diferencia entre la arena y el castillo es que este último es una complejidad organizada, mientras que la primera solo posee orden causado por repeticiones simples. El orden formado por repeticiones es como si un objeto (en otras palabras, el flujo de energía entrando al sistema) hubiera caído sobre la letra "a" de una máquina de escribir, escribiendo "aaaaaaaa" cientos de veces; pero la cadena de letras "a" en un orden repetido, de esta manera no contiene información ni complejidad. Para escribir una cadena compleja de letras que sí contenga información (en otras palabras, una oración con sentido, un párrafo o un libro) es esencial la presencia de inteligencia.

Lo mismo se aplica cuando una ráfaga de viento sopla en un cuarto polvoriento: cuando el viento entra, el polvo que se había estado acumulando en una capa puede reunirse en una esquina de la habitación. Esta también es una situación más ordenada que la que había antes, en un sentido termodinámico, pero las motas de polvo individuales no pueden formar el retrato de alguien en el suelo de una manera organizada.

Esto significa que los sistemas complejos y organizados no pueden ocurrir nunca como resultado de procesos naturales. Aunque pueden ocurrir ejemplos simples de orden de vez en cuando, estos no pueden ir más allá de ciertos límites.

Pero los evolucionistas señalan a este autoordenamiento que surge a través de procesos naturales como la mayor prueba de la evolución, exhibiendo tales casos como casos de "autoorganización". Como resultado de esta confusión de conceptos, ellos proponen que los sistemas vivos pueden desarrollarse por cuenta propia a partir de eventos en la naturaleza y en las reacciones químicas. Los métodos y estudios empleados por Prigogine y sus seguidores, que ya hemos considerado, están basados en esta lógica engañosa.

Sin embargo, como aclaramos al comienzo, los sistemas organizados son estructuras completamente diferentes de los ordenados. Mientras los sistemas ordenados contienen estructuras formadas por simples repeticiones, los sistemas organizados contienen estructuras y procesos altamente complejos, a menudo unos embebidos entre los otros. Para que dichas estructuras puedan existir, son necesarios el conocimiento, la conciencia y la planificación. Jeffrey Wicken, un científico evolucionista, describe la diferencia importante entre estos dos conceptos, de esta manera:

"Los sistemas ‘organizados’ deben ser cuidadosamente diferenciados de los sistemas ‘ordenados’. Ninguna clase de sistema es ‘aleatoria’; pero, mientras los sistemas ordenados son generados de acuerdo a algoritmos simples y, por lo tanto, carecen de complejidad, los sistemas organizados deben ser ensamblados elemento por elemento de acuerdo con un ‘esquema eléctrico’ externo con un alto contenido de información. La organización, por lo tanto, es complejidad funcional y porta información"[1].

Ilya Prigogine —quizás como resultado del pensamiento ilusorio evolucionista— recurrió a confundir estos dos conceptos y expuso casos de moléculas, que se ordenan a sí mismas bajo la influencia de influjos energéticos, como ejemplos de "autoorganización".

Los científicos estadounidenses Charles B. Thaxton, Walter L. Bradley y Roger L. Olsen, en su libro titulado El misterio del origen de la vida, explican este así hecho:

"En cada caso, los movimientos aleatorios de moléculas en un fluido son remplazados espontáneamente por un comportamiento altamente ordenado. Prigogine, Eigen y otros han sugerido que una clase similar de autoorganización puede ser intrínseca a la química orgánica y potencialmente puede explicar las macromoléculas extremadamente complejas que son esenciales para los seres vivos. Pero tales analogías tienen escasa relevancia para la cuestión del origen de la vida. Una razón importante de ello es que no pueden distinguir entre orden y complejidad. La regularidad u orden no sirve para almacenar las grandes cantidades de información requeridas por los seres vivos. Una estructura muy irregular pero específica es requerida, en lugar de una estructura ordenada. Este es un defecto grave en la analogía ofrecida. No hay ninguna conexión aparente entre el tipo de orden espontáneo que ocurre por el flujo de energía a través de dichos sistemas y el trabajo necesario para construir macromoléculas de información periódica e intensiva, como el ADN y las proteínas"[2].

Y así es como los mismos científicos explican la falta de profundidad lógica y la distorsión al afirmar que el agua que se vuelve hielo es un ejemplo de cómo el orden biológico pudo surgir de manera espontánea:

"A menudo se ha argumentado, por analogía con la cristalización del agua en hielo, que los simples monómeros se pueden polimerizar en moléculas complejas, como las proteínas y el ADN. Esta analogía es claramente inapropiada, sin embargo… Las fuerzas de enlaces atómicos hacen entrar a las moléculas de agua en un arreglo cristalino organizado cuando la agitación térmica (o la fuerza impulsora de entropía) se hace lo suficientemente pequeña al bajar la temperatura. En cambio os monómeros orgánicos, como los aminoácidos, se resisten por completo a combinarse a cualquier temperatura, y no se puede ni pensar en que entren en un arreglo ordenado"[3].

Ilya Prigogine, uno de los proponentes más famosos de la autoorganización, dedicó su carrera entera a reconciliar la evolución con la termodinámica, pero él mismo admitió que no existe ninguna similitud entre la cristalización del agua y el surgimiento de estructuras biológicas complejas:

"El asunto es que en un sistema no aislado existe la posibilidad de la formación de estructuras ordenadas, de entropía baja, a temperaturas lo suficientemente bajas. Este principio de ordenación es responsable de la aparición de estructuras ordenadas, como los cristales, así como del fenómeno de las transiciones de fase. Lamentablemente, este principio no puede explicar la formación de las estructuras biológicas"[4].

En resumen, ningún efecto químico ni físico puede explicar el origen de la vida, y el concepto de "autoorganización de la materia" se mantiene como una fantasía.

La autoorganización: Un dogma materialista

Entonces, ¿por qué los evolucionistas continúan creyendo en conjeturas como la de la "autoorganización de la materia" que no tienen base científica? ¿Por qué están tan determinados a rechazar la consciencia y la planificación que tan claramente pueden ser vistos en los sistemas vivientes?

La respuesta a estas preguntas yace escondida en la filosofía materialista sobre la cual la teoría de la evolución está construida. La filosofía materialista cree que solo existe la materia, por esa razón los seres vivos tiene que ser explicados con base en la materia. Fue esta dificultad la que dio origen a la teoría de la evolución y, sin importar cuántos conflictos presente dicha teoría con la evidencia científica, es defendida solo por esa razón. Un profesor de química de la Universidad de Nueva York, el experto en ADN Robert Shapiro, explica esta creencia de los evolucionistas acerca de la "autoorganización de la materia" y el dogma materialista que subyace en su centro, de la siguiente manera:

"Otro principio evolutivo es, por lo tanto, necesario para atravesar el abismo entre las mezclas de la simple química natural y el primer replicador eficaz. Este principio aún no ha sido descrito en detalle ni demostrado, pero es muy esperado y se le han dado nombres, como química evolutiva y autoorganización de la materia. La filosofía del materialismo dialéctico da por hecho que existe tal principio, tal como fue aplicado al origen de la vida por Alexander Oparin"[5].

Las verdades que hemos estado examinando aquí demuestran con claridad la imposibilidad de la evolución de cara a la segunda ley de la termodinámica. El concepto de la "autoorganización" es otro dogma que los científicos evolucionistas están tratando de mantener vivo a pesar de la evidencia científica en su contra.



Pie de página:

[1] Jeffrey S. Wicken, The Generation of Complexity in Evolution: A Thermodynamic and Information-Theoretical Discussion. Journal of Theoretical Biology, vol. 77, Abril 1979, p. 349.

[2] Charles B. Thaxton, Walter L. Bradley & Roger L. Olsen, The Mystery of Life’s Origin: Reassessing Current Theories, 4a edición, Dallas, 1992, p. 151.

[3] C. B. Thaxton, W. L. Bradley, and R. L. Olsen, The Mystery of Life’s Origin: Reassessing Current Theories, Lewis y Stanley, Texas, 1992, p. 120.

[4] I. Prigogine, G. Nicolis ve A. Babloyants, Thermodynamics of Evolution. Physics Today, Noviembre, 1972, vol. 25, p. 23.

[5] Robert Shapiro, Origins: A Sceptics Guide to the Creation of Life on Earth. Summit Books, Nueva York, 1986, p. 207.

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