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El Corán enseña a los musulmanes a
tratar a los no-musulmanes cortésmente en un espíritu de bondad y generosidad, siempre
que no sean hostiles hacia los musulmanes. Dios dice:
“Dios no os prohíbe ser benevolentes y
equitativos con quienes no os han combatido por causa de la religión ni os han
expulsado de vuestros hogares, pues ciertamente Dios ama a los justos. Dios
sólo os prohíbe que toméis como aliados a quienes os han combatido por causa de
la religión y os han expulsado de vuestros hogares o han contribuido a vuestra
expulsión. Y sabed que quienes les tomen como aliados serán inicuos”. (Corán
60:8-9)
Al-Qarafi, un erudito musulmán clásico,
describe la profundidad del significado de “ser benevolentes” en este versículo. Él explica el término:
“…amabilidad
hacia el débil, proveyendo ropa para cubrirlo y hablándole con suavidad. Esto
debe hacerse con afecto y misericordia, no mediante intimidación o degradación.
Por otra parte, tolerar el hecho de que pueden ser vecinos molestos a los que
podrías obligar a mudarse, pero no lo haces por bondad hacia ellos, no por temor
o razones financieras. Además, rezar para que reciban guía y [así] se unan a
las filas de los bendecidos con recompensa externa, asesorándolos en todos los asuntos
mundanos y espirituales, protegiendo su reputación si son expuestos a calumnia,
y defendiendo su propiedad, familias, derechos e intereses. Ayudándolos contra
la opresión y concediéndoles sus derechos”.
Las órdenes divinas para tratar a los
no-musulmanes de esta forma fueron tomadas en serio por los musulmanes. No
fueron sólo versículos para ser recitados, sino Voluntad Divina a ser ejecutada.
El Profeta, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, fue la primera
persona en poner las órdenes divinas en práctica, seguido por sus califas y la
población general de creyentes. La historia de vida del Profeta del Islam
brinda varios ejemplos de este tipo, la coexistencia pacífica con los no-musulmanes.
Algunos de sus vecinos fueron no-musulmanes y el Profeta fue generoso con ellos
e intercambiaban regalos. El Profeta del Islam los visitaba cuando se sentían
enfermos y hacía negocios con ellos. Había una familia judía a la que él daba
caridad con frecuencia, y después de su muerte los musulmanes mantuvieron su
caridad hacia ellos.
Cuando una delegación cristiana de las
iglesias de Etiopía vino a Medina, el Profeta abrió su mezquita para que ellos
se quedaran allí, los organizó con generosidad, y sirvió personalmente sus
comidas. Él dijo:
“Ellos fueron generosos con
nuestros compañeros, así que deseo ser generoso con ellos en persona…”.
…refiriéndose
al tiempo cuando los cristianos dieron asilo a una cantidad de sus compañeros
después que huyeran de la persecución en Arabia y se asilaran en Abisinia. En otro ejemplo, un judío
llamado Zayd bin Sana se acercó al Profeta del Islam para reclamarle una deuda.
Él agarró al Profeta por su túnica y su capa, tirando de él hacia su cara, y
dijo: “Muhammad, ¿no vas a darme lo que me debes? ¡Tú y tu clan Banu Muttalib
nunca pagan las deudas a tiempo!” Omar, uno de los compañeros del Profeta, se
agitó y dijo: “Enemigo de Dios, ¿estoy escuchando realmente lo que acabas de
decirle al Profeta de Dios? ¡Juro por el Único, Quien lo envió con la verdad,
que si no temiera que él me lo recriminara, habría tomado mi espada y habría
cortado tu cabeza!” El Profeta miró calmado a Omar y lo censuró con amabilidad:
“Omar, no es lo que necesitamos
escuchar de ti. Debes aconsejarme que pague mis deudas a tiempo, y solicitarle
a él que cobre de manera respetuosa. Ahora, llévalo, págale su deuda de mi
dinero y dale veinte medidas extra de dátiles”.
El judío quedó
tan agradablemente sorprendido por el comportamiento del Profeta, ¡que de
inmediato declaró su aceptación del Islam!
Los compañeros
del Profeta Muhammad siguieron su ejemplo sobre cómo tratar a los no-musulmanes.
Omar estableció un pago permanente para la familia judía que el Profeta solía
cuidar durante su vida.
Él halló justificación para asignarle fondos a la Gente de la Alianza en el
siguiente versículo del Corán:
“Ciertamente que el Zakat es para los pobres,
los menesterosos, los que trabajan en su recaudación y distribución, aquellos
que [por haber mostrado cierta inclinación por el Islam o haberlo aceptado
recientemente] se desea ganar sus corazones, la liberación de los cautivos, los
endeudados, la causa de Dios y el viajero insolvente. Esto es un deber
prescrito por Dios, y Allah es Omnisciente, Sabio”. (Corán 9:60)
Abdullah ibn Amr, un famoso compañero
del Profeta, daba caridad con regularidad a sus vecinos. Enviaba a su sirviente
a llevar porciones de carne en ocasiones religiosas a su vecino judío. El
siervo, sorprendido, preguntó sobre la preocupación de Abdullah por su vecino judío.
Abdullah le comentó el dicho del Profeta Muhammad:
“El ángel Gabriel fue tan firme en
recordarme que fuera caritativo con mi vecino, que pensé que le asignaría parte
de la herencia (o sea que los hiciese herederos también)”.
Revisando páginas de la historia,
encontramos un ejemplo maravilloso de cómo un gobernante musulmán esperaba que
sus dirigentes trataran a la población judía. El Sultán de Marruecos, Muhammad
ibn Abdullah, publicó un edicto el 5 de febrero de 1864 d.C.:
“Para nuestros empleados civiles y
agentes que desempeñan sus servicios como representantes legales en nuestros
territorios, publicamos el siguiente edicto:
‘Deben tratar con los residentes judíos
de nuestros territorios de acuerdo a los modelos absolutos de justicia
establecidos por Dios. Los Judíos deben ser tratados por la ley sobre una base
de equidad con los demás, de modo que ninguno sufra la menor injusticia,
opresión o abuso. A nadie de dentro o fuera de nuestra propia comunidad le será
permitido cometer ninguna ofensa contra ellos o sus propiedades. Sus artesanos
y obreros no deben ser enlistados en la milicia contra su voluntad, y se les
debe pagar un sueldo completo por su servicio al estado. Cualquier opresión
hará que el opresor esté en la oscuridad el Día del Juicio y no aprobaremos de
nadie tales irregularidades. Toda persona es igual a la vista de nuestra ley, y
castigaremos, con ayuda divina, a cualquiera que cometa errores o agresiones
contra los judíos. Esta orden que hemos declarado aquí es la misma ley que
siempre hemos conocido, establecido y declarado. Hemos publicado este edicto
sólo para afirmar y prevenir a cualquiera que quiera dañarlos, así los judíos
tendrán un mayor sentido de seguridad y quienes deseen dañarlos pueden verse
disuadidos por una mayor sensación de temor’”.
Renault es uno de los historiadores
occidentales imparciales que ha reconocido el trato bueno y justo de los musulmanes
hacia las minorías no-musulmanas. Él comentó:
“Los musulmanes en las ciudades de la
España islámica trataron a los no-musulmanes de la mejor forma posible. A
cambio, los no-musulmanes mostraron respeto por las sensibilidades de los musulmanes,
circuncidaron a sus propios hijos y se abstuvieron de comer cerdo”.
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