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La Ley Islámica protege los derechos
humanos básicos como la preservación de la vida, la propiedad y el honor, tanto
para los musulmanes como para los no-musulmanes. Ya sea que los no-musulmanes fueran
residentes o visitantes, tienen garantizados estos derechos. Dichos derechos no
pueden ser retirados excepto en un caso justificado permitido por la ley. Por
ejemplo, a un no-musulmán no se le puede matar a menos que sea culpable de
asesinato. Dios dice:
“Diles: Venid que os informaré lo que vuestro
Señor os ha prohibido: No debéis asociarle nada y seréis benevolentes con
vuestros padres, no mataréis a vuestros hijos por temor a la pobreza, Nosotros
Nos encargamos de vuestro sustento y el de ellos, no debéis acercaros al
pecado, tanto en público como en privado, y no mataréis a nadie que Dios
prohibió matar, salvo que sea con justo derecho. Esto es lo que os ha ordenado
para que razonéis”. (Corán 6:151)
El Profeta del Islam declaró que la
vida de los residentes y visitantes no-musulmanes es inviolable cuando dijo:
“Quien mata a una persona con la
que tenemos un tratado, no se acercará al Paraíso lo suficiente como para
percibir su perfume, y eso que este perfume puede percibirse tan lejos como la
distancia recorrida en cuarenta años de viaje”. (Bujari)
El Islam no permite asaltar a un no-musulmán,
violar su honor o propiedad, o dañarlo. Si alguien roba a un dhimmi,
debe ser castigado. Si alguien pide prestado a un dhimmi, la propiedad
debe ser devuelta. El Profeta del Islam dijo:
“Debes saber que no es lícito para
ti tomar la propiedad de la Gente de la Alianza a menos que sea (en pago) por
algo”.
También dijo:
“De hecho, Dios, el Poderoso y
Majestuoso, no te ha permitido entrar a las casas de la Gente de la Alianza
excepto con su permiso, ni ha permitido que golpees a sus mujeres, ni comas sus
frutas si te dan lo que es obligatorio para ellos [del yizia]”. (Abu Dawud)
Hay una historia interesante de la era
de Ahmad ibn Tulun de Egipto. Un día, un monje cristiano fue al palacio de
Tulun para quejarse de su gobernador. Al verlo, un guardia le preguntó sobre el
problema. Después de haber comprobado que el gobernador había tomado 300
dinares del monje, el guardia se ofreció a pagarle al monje con la condición de
que no se quejara, y el monje aceptó su oferta.
El incidente llegó hasta Tulun quien
ordenó al monje, al guardia y al gobernador que se presentaran en su corte.
Tulun le dijo al gobernador: “¿No están todas tus necesidades satisfechas con
un ingreso suficiente? ¿Tienes necesidades que justifiquen tomar lo de otros?’
El gobernador reconoció la fuerza de su
argumento, aún así Tulun le siguió preguntando, y eventualmente lo removió de
su puesto. Tulun luego le preguntó al monje cuánto había tomado de él el
gobernador, y el monje le dijo que habían sido 300 dinares. Tulun dijo: “Es una
pena que no dijeras 3000, pues él necesita un castigo mayor, pero sólo puedo
basarme en tu declaración”, y tomó el dinero del gobernador, devolviéndoselo al
monje.
Los no-musulmanes tienen el derecho de
que su honor sea protegido. Este derecho se extiende no sólo a los no-musulmanes
residentes, sino también a los visitantes. Todos ellos tienen el derecho a
estar seguros y protegidos. Dios dice:
“Si alguno de los idólatras te pidiera protección, ampárale para
que así recapacite y escuche la Palabra de Dios, luego [si no reflexiona]
ayúdale a alcanzar un lugar seguro; esto es porque son gente ignorante”. (Corán 9:6)
El derecho de asilo hace obligatorio
para todo musulmán respetar y defender el asilo concedido por otro musulmán, de
acuerdo a la declaración del Profeta:
“La obligación impuesta por la
alianza es comunal, y el musulmán más cercano debe esforzarse en cumplirla. Cualquiera
que viole la protección concedida por un musulmán estará bajo la maldición de
Dios, los ángeles, y toda la gente, y en el Día del Juicio no será aceptada
intercesión alguna a su favor”.
Una de las compañeras, Umm Hani, le
dijo al Profeta:
“Mensajero de Dios, mi hermano Ali
proclama que está en guerra contra un hombre al que he concedido asilo, un
hombre llamado Ibn Hubaira”.
El Profeta le contestó:
“Umm Hani, cualquiera al que hayas
brindado asilo está bajo la protección de todos nosotros”.
El derecho de asilo y la protección
requieren que un musulmán brinde asilo y conceda seguridad a un no-musulmán que
lo solicite, y advierte de un castigo severo a cualquiera que lo viole. El
asilo garantiza protección de la agresión o el ataque a cualquiera a quien se
haya dado seguridad, un derecho que no se otorga explícitamente en ninguna otra
religión.
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