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El Islam no obliga a los ciudadanos no-musulmanes
que viven en tierras musulmanas a regirse por las Leyes Islámicas. Están
exentos de pagar el Zakat.
Bajo la Ley Islámica, un musulmán que no paga el Zakat y se rehúsa a cumplir
esta obligación, se convierte en incrédulo. Igualmente, la Ley Islámica
requiere que todo musulmán que esté en capacidad haga el servicio militar, pero
los no-musulmanes están exentos de él, aún cuando éste es de beneficio para musulmanes
y no-musulmanes por igual. A cambio de estas dos exenciones, los ciudadanos no-musulmanes
pagan un impuesto nominal denominado Yizia. Sir Thomas Arnold escribió: “El
yizia era tan leve que no constituyó una carga para ellos, especialmente
cuando observamos que les eximía del servicio militar obligatorio, que era de
rigor para sus conciudadanos, los musulmanes”.
El Islam también permitió a los no-musulmanes
observar sus leyes civiles en asuntos tales como el matrimonio y el divorcio. En
cuanto a la justicia penal, los jueces musulmanes imponían a los no-musulmanes
sentencias en cuestiones consideradas pecado en su religión, como el robo, pero
los eximían de cuestiones que para ellos eran permisibles, como beber vino o
comer cerdo.
Esto se basa claramente en la práctica del Profeta, quien al llegar a Medina
estableció una “constitución”. Permitió a las tribus individuales que no eran musulmanas
remitirse a sus propias escrituras religiosas y a sus sabios en lo relacionado
a asuntos personales. Ellos podían también, si así lo querían, pedirle al
Profeta que juzgara entre ellos en sus asuntos. Dios dice en el Corán:
“…Y si se presentan ante ti [para que juzgues
entre ellos], hazlo o no intervengas…” (Corán 5:42)
Aquí vemos que el Profeta permitió a
cada religión juzgar sus propios asuntos de acuerdo a sus propias escrituras,
siempre y cuando esto no contraviniera los artículos de la constitución, un
pacto que tuvo en cuenta el mayor beneficio para la coexistencia pacífica de la
sociedad.
Umar ibn Abdulaziz, un gobernante musulmán,
encontró difícil de aceptar que los no-musulmanes continuaran siguiendo sus
normas sociales que iban contra los preceptos islámicos. Le escribió una carta
a Hasan al-Basri
buscando su consejo legal, diciendo: “¿Cómo es que los Califas Bien Guiados
antes de nosotros permitieron a la Gente de la Alianza casarse con sus
parientes cercanos,
y mantener cerdos y vino?” Hasan respondió: “Ellos pagan el yizia, así
que se les debe permitir que practiquen lo que creen, y tu sólo debes seguir la
Ley Islámica, no inventar algo nuevo”.
La Gente de la Alianza tenía sus
propias cortes para resolver sus disputas, pero si lo deseaban, podían recurrir
a las cortes Islámicas. Dios ordenó a Su Profeta:
“Y si se presentan ante ti [para que juzgues
entre ellos], hazlo o no intervengas [si no quieres]. Si no intervienes, no
podrán perjudicarte en absoluto; y si juzgas entre ellos, hazlo con equidad.
Allah ama a los justos”. (Corán 5:42)
Adam Metz, un historiador occidental,
escribió en Civilización Islámica en el Siglo IV de la Hégira:
“Puesto que la Ley Islámica fue especificada para los musulmanes, el
Estado Islámico permitió a la gente de otras religiones tener sus propias
cortes. Lo que sabemos de esas cortes es que había tribunales eclesiásticos, y
que los jueces principales eran destacados líderes espirituales. Ellos
escribieron una gran cantidad de libros sobre ley canónica, y sus resoluciones
no se limitaban a asuntos personales. Incluyeron problemas tales como la
herencia, y la mayor parte de los litigios entre cristianos que no involucraban
al Estado”.
Por tanto, podemos ver que el Islam no
castiga a los no-musulmanes por hacer lo que ellos ven como permisible de
acuerdo a sus leyes religiosas, como consumir alcohol o comer cerdo, aunque
ello está prohibido en el Islam. La tolerancia extendida por el Islam hacia los
no-musulmanes no ha sido igualada por ninguna otra ley religiosa, gobierno
secular o sistema político que haya existido, aún hoy día. Gustav LeBon escribió:
“Los árabes pudieron ser fácilmente cegados por sus primeras conquistas
y haber cometido las injusticias que suelen ser cometidas por los
conquistadores. Podrían haber maltratado a sus oponentes derrotados u
obligarlos a abrazar su religión, la que deseaban difundir por todo el mundo. Pero
los árabes evitaron eso. Los primeros califas, que tenían un genio político
poco común entre los proponentes de nuevas religiones, se dieron cuenta que las
religiones y los sistemas no se imponen por la fuerza. Así que trataron a los
pueblos de Siria, Egipto, España y cada país que tomaron, con gran
benevolencia, como hemos visto. Mantuvieron sus leyes, regulaciones y creencias
intactas, y sólo les impusieron el yizia, que fue insignificante en
comparación con los impuestos que habían estado pagando anteriormente, a cambio
de mantener su seguridad. La verdad es que las naciones jamás han conocido
conquistadores más tolerantes que los musulmanes, ni religión más tolerante que
el Islam”.
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