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Los derechos de los no-musulmanes en el Islam (parte 1 de 13): La base islámica
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Descripción: Los principios de la religión que garantizan los derechos generales de los no-musulmanes en el Islam.
Por IslamReligion.com (Por: Dr. Saleh al-Aayed)
Publicado 19 Apr 2010 - Última modificación 20 May 2012
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> El Islam y los no-musulmanes
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Introducción
El Islam es una religión de misericordia
para todas las personas, sean musulmanes o no. El Profeta fue descrito en el
Corán como una misericordia, por el mensaje que trajo a la humanidad:
“Y no te hemos enviado sino como misericordia
para todos los mundos”. (Corán 21:107)
Cuando una persona analiza la
legislación del Islam con una mente abierta, la Misericordia mencionada en este
versículo se hace muy evidente. Uno de los aspectos que constituyen un epítome
de esta Misericordia, es la forma en que la legislación del Islam trata a la
gente de otras creencias. La actitud tolerante del Islam hacia los no-musulmanes,
ya sea que se trate de aquellos que viven en sus propios países o dentro de
tierras musulmanas, puede verse claramente a través de un estudio de la
historia. Este no es un hecho pretendido sólo por los musulmanes, sino aceptado
por muchos historiadores no-musulmanes. El Patriarca Ghaytho escribió:
“Los árabes, a quienes el Señor ha dado control sobre el mundo, nos
tratan como ya saben: no son enemigos de los cristianos. En realidad, ellos
elogian nuestra comunidad, tratan a nuestros sacerdotes y santos con dignidad, y
ofrecen ayuda a las iglesias y monasterios”.
Will Durant escribió:
“En la época del califato Omeya, la Gente del
Pacto, cristianos, zoroastrianos, judíos y sabeos, disfrutaron de un grado de
tolerancia que no se encuentra aún hoy en los países cristianos. Fueron libres
de practicar los rituales de su religión, y sus iglesias y templos fueron
preservados. Disfrutaron de una autonomía en la que estaban sujetos a las leyes
religiosas de los eruditos y jueces”.
Estas relaciones entre musulmanes y
personas de otras creencias no se debieron a la mera política desempeñada por
los gobernantes musulmanes, sino que fueron el resultado directo de las
enseñanzas de la religión del Islam, una de las cuales predica que la gente de
otras religiones es libre de practicar su propia fe, sólo aceptando por su
propia voluntad la guía ofrecida por el Islam. Dice Dios en el Corán:
“No hay coacción en asuntos de fe…” (Corán 2:256)
El Islam no sólo demanda su libertad en
la práctica religiosa, sino también que deben ser tratados con justicia como
cualquier otro ser humano. Advirtiendo contra cualquier abuso hacia los no-musulmanes
en una sociedad islámica, el Profeta declaró:
“¡Tengan
cuidado! Quien es cruel y duro con una minoría no-musulmana, restringiendo sus
derechos, cargando a estas gentes con más de lo que pueden soportar, o tomando
cualquier cosa de ellos en contra de su voluntad, yo (el Profeta Muhammad) reclamaré
en contra de esa persona el Día del Juicio”. (Abu Dawud)
¡Qué lejos de esta conducta están la
mayoría de las naciones, que hoy día no sólo suprimen los derechos de las
religiones extranjeras, sino también a los extranjeros y a otras razas! En
tiempos en que los musulmanes fueron torturados hasta la muerte en La Meca
pagana, los judíos fueron perseguidos en la Europa cristiana, y muchas otras
gentes fueron subyugadas por su raza o casta, el Islam llamó al justo trato de
todos los pueblos y religiones, debido a sus principios misericordiosos que le
dieron al género humano el derecho a su humanidad.
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Los derechos de los no-musulmanes en el Islam (parte 2 de 12): Los residentes no-musulmanes
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Descripción: Los tipos de sociedades no-musulmanas en una nación Islámica, y una introducción general a los derechos de los no-musulmanes en el Islam.
Por IslamReligion.com (Por: Dr. Saleh al-Aayed)
Publicado 26 Apr 2010 - Última modificación 26 Apr 2010
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> Asuntos actuales
> El Islam y los no-musulmanes
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Se habla mucho en estos días sobre la
tolerancia que tiene el Islam por las otras religiones en el mundo. Algunos
opinan que el Islam ordena a los musulmanes luchar contra el mundo hasta que
todos se conviertan en musulmanes, creando sentimientos de rencor sin saber
realmente lo que dice la religión respecto a ello, y menos aún sobre la
existencia de no-musulmanes en un país islámico.
En cuanto a la residencia dentro de una
sociedad musulmana, los no-musulmanes son clasificados en tres tipos. Para
entender estos tipos, es necesario profundizar en la comprensión de la relación
entre musulmanes y gentes de otras creencias en una sociedad islámica:
Clasificación de los no-musulmanes
A. Residentes permanentes
Los juristas musulmanes utilizan el
término “Gente de la Alianza’
(en árabe dimmi o Ahlul-Dimma) para referirse a los residentes no-musulmanes.
No es un término despectivo, como algunos han querido hacer ver. En lengua
árabe, la palabra dimma dignifica un tratado de protección para los no-musulmanes
que viven en un territorio musulmán. Un término similar, Ahlul-Dimma,
significa “Gente de la Alianza”, porque están protegidos bajo la alianza
extendida a ellos por el Profeta Muhammad y los musulmanes. Los no-musulmanes tienen
protección garantizada en la sociedad musulmana en tanto paguen un impuesto y
cumplan con las legislaciones específicas que se mencionan en la Ley Islámica.
Esta alianza de protección no está limitada a un término de tiempo específico.
Por el contrario, es efectiva en tanto quienes están cubiertos por dicha
alianza cumplan con sus condiciones.
La buena intención tras el término dhimmi puede verse en la carta
escrita por el Califa Abu Bakr as-Siddiq
a los no-musulmanes de Nayran:
“En el Nombre de Dios, el Clemente, el más Misericordioso. Esta es
la declaración escrita por el siervo de Dios, Abu Bakr, el sucesor de Muhammad,
el Profeta y Mensajero de Dios. Él ratificó para ustedes los derechos de un
vecino protegido, en sus personas, sus tierras, su comunidad religiosa, su riqueza,
sus criados y sirvientes, aquellos de ustedes que estén presentes o en el
extranjero, sus obispos y monjes, y los monasterios, y todo lo que poseen, sea
grande o pequeño. No serán privados de nada de eso, y tendrán total control
sobre ello…’
Otro ejemplo es la declaración de un
famoso erudito clásico del Islam, el Imán Awzai’
en su carta al gobernador abasí Salih b. Ali b. Abdul-Lah acerca de la Gente de
la Alianza, “ellos no son esclavos, así que ten cuidado de no cambiar su
situación después que han vivido en libertad. Son Gente libre de la Alianza”.
Reconociendo este hecho, Ron Landau escribió:
“En contraste con el Imperio Cristiano,
que procuró imponer el cristianismo a sus súbditos, los árabes extendieron el
reconocimiento a las minorías religiosas, y aceptaron su presencia. Judíos, cristianos
y zoroastrianos fueron conocidos como “Gente de la Alianza”, es decir, naciones
que disfrutaban de un estado de protección”.
B. Residentes temporales
Esta categoría incluye dos tipos:
1)
Los residentes de países no-musulmanes
que están en paz con los musulmanes a través de acuerdos de paz específicos,
tratados internacionales u otros mecanismos, quienes llegan a países musulmanes
temporalmente por trabajo, educación, negocios, en misiones diplomáticas u otros.
Los juristas musulmanes se refieren a ellos en árabe como mua-ahadún,
que significa, “aquellos con los que hay un pacto”.
2)
Los residentes de países no-musulmanes
con los que los musulmanes no tienen tratados de paz, o que pueden estar en
guerra contra los musulmanes, quienes llegan a países musulmanes temporalmente
por trabajo, educación, negocios, en misiones diplomáticas u otros. Los
juristas musulmanes se refieren a ellos en árabe como mustaminún, que
significa, “los que buscan protección”.
Todos estos tipos tienen derechos
generales comunes entre ellos, y derechos que son específicos de cada grupo. Limitaremos
nuestra exposición en especial a los derechos más generales y comunes, para
evitar detalles excesivos.
Los derechos generales de los no-musulmanes
La expresión “derechos humanos” es
relativamente nueva, habiendo entrado en el uso cotidiano apenas a partir de la
Segunda Guerra Mundial, al fundarse las Naciones Unidas en 1945, y con la
adopción por la Asamblea General de la ONU de la Declaración Universal de los
Derechos Humanos en 1948.
Aunque su aparición en el derecho internacional es relativamente reciente, la
idea de los derechos humanos no es nueva. Si uno estudia y compara la
Declaración Universal de los Derechos Humanos con los derechos humanos
reconocidos por el Islam hace 1400 años, se puede ver claramente el nivel de
alta moral logrado por el Islam antes de la Declaración Universal. Este modelo moral no fue el
resultado de un esfuerzo del intelecto humano. La fuente de la moral islámica
es Dios. La norma divina provee verdadera amplitud y profundidad en las
necesidades humanas. Prevé todo lo que beneficia a la raza humana y la protege
de cualquier daño. Un estudio objetivo puede concluir que “no hay religión o
código moral en la tierra que haya dado atención más generosa a afirmar
fielmente estos derechos que el Islam, detallándolos, clarificándolos y
expresándolos”.
La Sharíah, que es el código legal y
moral del Islam, no se limita a otorgar derechos sólo a los musulmanes. Una de
sus características distintivas es que los no-musulmanes comparten muchos de
estos derechos. Es un hecho que el principio general es que los no-musulmanes
tienen los mismos derechos y obligaciones que los musulmanes. Este aspecto de la religión es
único del Islam, y quizás no ha sido alcanzado por ninguna otra religión en el
mundo. Si miramos el cristianismo, por ejemplo, el Profesor Joseph Heath de la
Universidad de Toronto, dice: “No hace falta decir que usted puede revisar la
Biblia y no encontrar una sola mención de ‘derechos’. También, puede hurgar en
los últimos 1500 años de cristiandad sin encontrar ningún derecho. Esto es
porque la idea está totalmente ausente”.
Los no-musulmanes tienen muchos
derechos en el Islam. Limitaremos nuestra exposición a los más importantes de
ellos, como el de la libertad de credo, el derecho al trabajo y la vivienda, la
libertad de desplazamiento y de educación.
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Los derechos de los no-musulmanes en el Islam (parte 3 de 13): El derecho a la preservación de la dignidad como seres humanos I
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Descripción: El derecho de los no-musulmanes a la preservación de su dignidad humana, con una exposición de precedentes históricos y evidencia escrita.
Por IslamReligion.com (Por: Dr. Saleh al-Aayed)
Publicado 03 May 2010 - Última modificación 03 May 2010
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> Asuntos actuales
> El Islam y los no-musulmanes
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Dios ha creado a los seres humanos con
una dignidad confirmada, tanto musulmanes como no-musulmanes, y ha elevado su
estado muy por encima de Su creación. Dios dice en el Corán:
“Es cierto que hemos honrado a los hijos de
Adán. Los llevamos por la tierra y por el mar, les damos cosas buenas como
provisión y les hemos favorecido con gran preferencia por encima de muchas de
las criaturas”. (Corán 17:70)
Como símbolo honorífico y para elevar
su posición, Dios ordenó a los ángeles que se postraran con humildad ante Adán,
el padre de la humanidad. Dios nos informa en el Corán:
“Y cuando dijimos a los ángeles: Póstrense
ante Adán, y se postraron. Sin embargo, Iblís se negó”. (Corán 20:116)
Dios otorgó muchos favores a la
humanidad, algunos de los cuales son evidentes, mientras que otros están
ocultos. Por ejemplo, Él sometió a los cielos y a la tierra a los seres humanos
para honrarlos. Él dijo:
“Dios es quien ha creado los cielos y la
tierra y hace caer agua del cielo con la que hace que salgan frutos que les
sirven de provisión. Y les ha subordinado la nave que navega en el mar gracias
a Su mandato, y los ríos. Y les ha subordinado al sol y a
la luna, incesantes; y a la noche y al día. Y les ha dado de todo lo que han pedido.
Si tratan de contar las bendiciones de Dios, no podrán enumerarlas; es cierto
que el hombre es injusto, ingrato”. (Corán 14:32-34)
La posición que Dios ha dado a la
humanidad configura las bases del principio de dignidad humana en el Islam, sea
la persona musulmana o no. El Islam hace hincapié en que el origen de toda la
humanidad es uno; por lo tanto, todos los seres humanos tienen ciertos
derechos. Dios dice:
“¡Oh, humanos! Los hemos creado a partir
de un varón y de una hembra y los hemos hecho pueblos y tribus distintos para
que se reconozcan unos a otros. Y en verdad que el más noble de ustedes ante Dios
es el que más Le teme. Dios es Conocedor y está perfectamente informado (de
todas las cosas)”. (Corán 49:13)
El Mensajero de Dios declaró en su
sermón de despedida, dirigiéndose a la mayor de las reuniones en la historia
árabe hasta ese momento:
“Gente, sepan que su Señor es Uno
y que su padre es uno. Deben saber que un árabe no es superior a un no-árabe,
ni un no-árabe es superior a un árabe, ni un hombre rojo es superior a un
hombre negro, ni uno negro sobre uno rojo, excepto en términos de lo que cada
persona tiene de piedad. ¿He transmitido el mensaje?”
Un ejemplo de la preservación de la
dignidad humana de los no-musulmanes es el derecho de que sus sentimientos sean
respetados, por ejemplo, que se les muestren buenos modales en el discurso y en
el debate en obediencia al mandato divino:
“Y no discutan con
la Gente de la Alianza sino de la mejor manera, a excepción de los que hayan sido
injustos. Y digan: Creemos en lo que se nos ha hecho descender, nuestro Dios y su
Dios es Uno y nosotros estamos sometidos a Él (somos musulmanes)”. (Corán 29:46)
Los no-musulmanes tienen el derecho a
que no se haga burla de sus creencias. No es una exageración decir que no
existe otra religión o secta en el mundo que sea tan justa con las personas de
otras creencias como el Islam. Por ejemplo demos un vistazo al versículo del
Corán:
“Di: ¿Quién les da
la provisión desde los cielos y la tierra? Di: Dios. Y necesariamente uno de
los dos, o nosotros o ustedes, está guiado, mientras que los otros están en un
claro extravío”. (Corán 34:24)
El versículo termina con una pregunta
retórica, cuya respuesta es común al conocimiento de la audiencia a quien va
dirigida. El versículo mezcla la certeza con la duda: Los musulmanes siguen la
guía, y el error de los incrédulos se presenta como algo dudoso. Al hacer esto,
Dios enfatiza la verdad al permitir que el lector saque sus propias
conclusiones. Dios no declara en este versículo quién está siguiendo la guía y
quién no. El versículo trata al “oponente” ficticio con justicia al presentar
el argumento y permitir a quien lo escucha que lo juzgue. Az-Zamajshiri, un
lingüista clásico y exégeta del Corán, explica este punto con detalle:
“Este es un discurso equitativo: Quienquiera
que lo escuche, partidario o adversario, dirá que la persona que ha hablado ha
tratado con justicia a quienes ha dirigido la palabra. Lleva a quien escucha a
la conclusión inevitable, después que el argumento ha sido presentado, de forma
que no hay duda acerca de quién sigue la guía y quién está errado. La
indicación de los hechos, como si la pregunta fuera un acertijo, proporciona
una prueba más convincente de la verdad, el oponente es desarmado con
gentileza, sin recurrir a una pelea acalorada”.
Un ejemplo del estilo empleado por el
Corán sería que alguien dijera en un debate “Dios sabe quién dice la verdad y
quién miente”.
Dios también ha prohibido a los musulmanes
hablar mal de los dioses y divinidades adorados por los no-musulmanes, para que
ellos tampoco hablen mal del Único, el Dios Verdadero. Será difícil encontrar
un ejemplo similar en cualquier escritura de las grandes religiones del mundo.
Si los politeístas escucharan a los musulmanes hablar mal de sus dioses, esto
los llevaría a hablar mal de Allah (el nombre propio de Dios). Además, si los musulmanes
fueran a hablar mal de los dioses paganos, esto instigaría a los politeístas a
calmar sus sentimientos heridos hiriendo los sentimientos de los musulmanes.
Tal escenario va contra la dignidad humana de ambas partes y daría lugar al
odio y rechazo mutuos. Dios dice en el Corán:
“Y no insulten a los que ellos, fuera de Dios,
invocan; no sea que ellos insulten a Dios por reacción hostil y sin conocimiento.
Así es como hemos hecho que a cada comunidad le parecieran buenas sus acciones,
luego habrán de volver a su Señor que les hará saber lo que hacían”. (Corán
6:108)
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Los derechos de los no-musulmanes en el Islam (parte 4 de 13): El derecho a la preservación de la dignidad como seres humanos II
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Descripción: El derecho de los no-musulmanes a la preservación de su dignidad humana, con una exposición de precedentes históricos y evidencia escrita.
Por IslamReligion.com (Por: Dr. Saleh al-Aayed)
Publicado 10 May 2010 - Última modificación 10 May 2010
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> Asuntos actuales
> El Islam y los no-musulmanes
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Otro ejemplo de cómo el Islam da sentido
a la dignidad humana es el siguiente. Una historia famosa ilustra el grado con
el que los califas de los inicios del Islam protegieron la dignidad de los no-musulmanes.
Amr ibn al-As fue gobernador de Egipto. Uno de sus hijos le dio una golpiza con
un látigo a un cristiano copto diciendo: “¡Soy el hijo de un hombre noble!” El copto
se dirigió a Umar ibn al-Jattab, el califa musulmán que residía en la ciudad de
Medina, y presentó una denuncia. Estos son los detalles tal como los relató Anas
ibn Malik, el sirviente personal del Profeta durante su vida:
“Estábamos sentados con Umar ibn al-Jattab
cuando llegó un egipcio y dijo: “Emir de los creyentes, acudo a ti como
refugiado”. Entonces, Umar le preguntó sobre su problema y él contestó: “Amr
tenía la costumbre de dejar sus caballos correr libremente por Egipto. Un día,
llegué cabalgando mi yegua. Cuando pasé al lado de un grupo de personas, me
miraron. Muhammad, el hijo de Amr se levantó y se dirigió hacia mi diciendo:
‘Juro por el Señor de la Kaaba que esta es mi yegua!’ Yo respondí: ‘¡Juro por
el Señor de la Kaaba que esta yegua es mía!’ Se acercó y comenzó a golpearme
con un látigo, diciendo: ‘Debiste tomarla, porque soy el hijo de un hombre
noble (es decir, soy más generoso que tú)’. El incidente llegó hasta Amr, quien
temió que yo viniera a ti, por lo que me encarceló. Escapé y aquí estoy ante ti”.
Anas continuó:
“Juro por Dios, la única respuesta que Umar
dio al Egipcio fue que tomara asiento. Entonces, Umar escribió una carta a Amr,
diciéndole: ‘Cuando esta carta llegue a ti, ven y tráeme a tu hijo, Muhammad’. Luego,
le dijo al egipcio que permaneciera en Medina hasta que se le avisara que Amr
había llegado. Cuando Amr recibió la nota, llamó a su hijo y le preguntó: ‘¿Has
cometido un crimen?’ Su hijo sostuvo que no. Amr preguntó: ‘Entonces, ¿por qué Umar
me escribe acerca de ti?’ Ambos fueron a ver a Umar”.
Anas narró el siguiente incidente:
“Juro por Dios, estábamos sentado con Umar,
y llegó Amr vistiendo ropas de gente común. Umar buscó al hijo con la mirada, y
lo vio de pie detrás de su padre (para ser menos visible). Umar preguntó: ‘¿Dónde
está el egipcio?’, y él respondió: “¡Aquí estoy!” Umar le dijo: ‘Aquí está el
látigo. Tómalo y golpea al hijo del hombre noble’. Así que él lo tomó y lo
golpeó con fuerza, mientras Umar decía una y otra vez: ‘Golpea al hijo del
hombre noble’. No lo hicimos detenerse hasta que estuvimos satisfechos de que
lo hubiera golpeado lo suficiente. Entonces, Umar dijo: ‘Ahora tú debes tomarlo
y golpearme en mi cabeza calva. Todo esto te ha ocurrido por el poder que tengo
sobre ti’. El egipcio respondió: ‘Estoy satisfecho y mi ira se ha calmado’.
Umar le dijo: ‘Si me hubieras golpeado, yo no te habría detenido hasta que lo
hubieras querido. Y tú, Amr, ¿desde cuándo has hecho de la gente tus esclavos?
Ellos nacieron libres’. Amr comenzó a disculparse, diciéndole: ‘No sabía que
era esto lo que ocurrió’. Entonces, Umar dijo volviéndose de nuevo al egipcio:
‘Puedes irte, y sé guiado. Si te ocurre cualquier cosa mala, escríbeme’”.
Ese fue Umar, quien dijo cuando recién
fue electo como Califa: “Los débiles serán hechos fuertes, porque tomaré para
ellos los que son sus derechos. Y los fuertes serán hechos débiles, porque
tomaré de ellos lo que no les pertenece por derecho”. La historia lo ha
registrado como un gobernante justo por su equidad para con los oprimidos,
independientemente de la condición social, y por su firmeza contra el opresor,
independientemente de su rango.
El valor de esta historia es que
registra cómo la gente tenía un sentido de su humanidad y de su dignidad bajo
el gobierno del Islam. Incluso un golpe injusto fue rechazado y despreciado. Muchos
incidentes de injusticia similares a esta historia ocurrieron en tiempos del
Imperio Bizantino, pero nadie se movió para corregirlos. Sin embargo, bajo la
protección del gobierno islámico, vemos un ejemplo de una persona oprimida que
tiene tan fuerte la convicción de su dignidad y el acceso a sus derechos, que
estuvo dispuesto a emprender los infortunios y privaciones de un viaje desde
Egipto hasta Medina, a causa de su confianza en que encontraría a alguien que
escuchara su denuncia.
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Los derechos de los no-musulmanes en el Islam (parte 5 de 13): El derecho a la libertad de culto I
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Descripción: El Islam da a los miembros de otras religiones el derecho a practicar sus creencias. Un análisis histórico del principio islámico de “no hay coacción en asuntos de fe”.
Por IslamReligion.com (Por: Dr. Saleh al-Aayed)
Publicado 17 May 2010 - Última modificación 17 May 2010
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> Asuntos actuales
> El Islam y los no-musulmanes
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El Islam no obliga a las personas de
otras creencias a convertirse. Se les ha dado completa libertad de mantener su
propia fe y a no ser forzados a abrazar el Islam. Esta libertad está
documentada tanto en el Corán como en las enseñanzas proféticas conocidas como
Sunnah. Dios indicó al Profeta Muhammad en el Corán:
“Si tu Señor hubiera
querido, todos los habitantes de la Tierra habrían creído. Tú [¡Oh, Muhammad!]
no podrás hacer que los hombres crean aunque se lo impongas”. (Corán 10:99)
El Profeta Muhammad, que la
misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, daba a la gente la opción de
entrar al Islam o mantener su religión. Les pedía que aceptaran el Islam sólo
después de haber hecho un acuerdo con ellos, una vez se volvían residentes en
el estado islámico y se sentían a salvo acerca de su seguridad personal y la de
sus propiedades. Esto les permitía apreciar la seguridad de la alianza con Dios
y Su Profeta. Es por ello precisamente que los ciudadanos no-musulmanes son
denominados dhimmis.
Cuando el Profeta de Dios enviaba al comandante de un ejército o batallón a la
guerra, le ordenaba que fuera consciente de Dios en su conducta y que tratara
bien a sus compañeros musulmanes. Luego, el Profeta de la Misericordia lo
instruía así:
“Lucha por la causa de Dios y
combate a aquellos que no creen en Él. Ve a la batalla, pero no te excedas, no
te comportes de manera traicionera, no mutiles sus cadáveres ni mates a sus
niños. Cuando te encuentres con tus enemigos, los incrédulos, ofréceles tres
opciones, y acepta la opción que acepten y cesa la batalla:
(a) Invítalos a unirse al Islam. Si están de acuerdo,
entonces acepta esto y termina la batalla. Luego, invítalos a emigrar de sus
tierras a la Tierra de los Inmigrantes (Medina), e infórmales que si hacen eso
tendrán los mismos privilegios y obligaciones que los demás migrantes. Si se
reúsan a migrar de sus tierras, infórmales que tendrán la misma posición que
los musulmanes nómadas: que estarán sujetos a la Ley de Dios, la cual aplica
para todo musulmán, y que no tendrán participación en las riquezas obtenidas de
la conquista, a menos que participen en el combate junto con los musulmanes.
(b) Si se reúsan, pídeles que paguen el yizia, y si están de acuerdo, entonces acéptalo y
termina la batalla.
(c) Si rechazan todo lo anterior, entonces busca la
ayuda de Dios y combátelos en batalla”.
Estas instrucciones del Profeta
obedecían a lo que Dios dijo en el Corán:
“No está permitido forzar a nadie a creer. La
guía se ha diferenciado del desvío. Quien se aparte de Satanás y crea en Allah,
se habrá aferrado al asidero más firme [el Islam], que nunca se romperá. Y Allah
es Omnioyente, Omnisciente”. (Corán 2:256)
Edwin Calgary, un erudito
estadounidense, escribió acerca de este versículo: “Hay un versículo en el
Corán que está lleno de verdad y sabiduría, y es conocido por todos los musulmanes.
Y todos los demás deben saberlo también, es aquel que dice que no cabe coacción
en asuntos de fe”.
Este versículo fue revelado en relación
a algunos de los residentes de Medina. Cuando ninguno de los hijos de alguna de
las mujeres paganas de Medina sobrevivía la infancia, ellas hacían el voto de
hacer al niño judío o cristiano si sobrevivía. Cuando el Islam llegó a Medina, ellas
tenían hijos adultos que eran judíos o cristianos. Los parientes trataron de
obligarlos a abrazar la nueva religión, así que este versículo fue revelado
para prevenirlos de hacer tal cosa. El versículo y la historia de su revelación
nos muestran que no es permisible forzar a nadie a hacerse musulmán. Este es el
caso incluso si es el padre quien quiere lo mejor para sus hijos, y ellos se
convierten a otra religión. El Corán rechaza el obligar a cualquiera a unirse
al Islam.
Dios dice en el Corán:
“Y diles: La Verdad proviene de vuestro
Señor. Quien quiera que crea y quien no quiera que no lo haga. Pero sabed que
tenemos preparado para los inicuos un fuego que les rodeará. Cuando sofocados
pidan de beber se les verterá un líquido como el metal fundido que les abrasará
el rostro. ¡Qué pésima bebida y qué horrible morada!” (Corán 18:29)
El Islam no sólo reconoce la libertad
de culto a los no-musulmanes, sino que sus leyes tolerantes se extienden a la
preservación de sus lugares de adoración.
Dios dice en el Corán:
“Ellos fueron expulsados injustamente de sus
hogares sólo por haber dicho: Nuestro Señor es Allah. Si Él no hubiera hecho
que los creyentes vencieran a los incrédulos, se habrían destruido monasterios,
iglesias, sinagogas y mezquitas en donde se recuerda frecuentemente el nombre
de Allah. Ciertamente Allah socorre a quien se esfuerza denodadamente por Su
religión, y Allah es Fuerte, Poderoso.” (Corán 22:40)
Los califas musulmanes acostumbraban
ordenar a sus líderes militares que salían en campañas bélicas, que tomaran
medidas para asegurar este asunto. El primer ejemplo es la orden de Abu Bakr a Usamah
bin Zayd:
“Te ordeno que hagas diez cosas: No
mates a ninguna mujer, a ningún niño ni a ninguna persona mayor; no cortes
árboles frutales ni destruyas hogares, ni hieras a una oveja o a un camello
excepto si debes comerlos; no inundes ni quemes las palmeras, ni seas
traicionero; no seas cobarde; y cuando pases por donde hay gente que se ha
dedicado con devoción a la vida religiosa, déjalos tranquilos con sus
devociones”.
El segundo ejemplo es el trato de Umar
ibn al-Jattab con la gente de Iliya (Jerusalén):
“Esta es la seguridad dada por el siervo de Dios, Umar, el Emir de
los creyentes, al pueblo de Iliya: Tienen garantizada la seguridad sobre sus personas,
posesiones, iglesias, crucifijos y todas las personas en ellas, sea que estén
enfermas o en buena salud, así como todos en su comunidad. Sus iglesias no
serán ocupadas o demolidas, y nada será tomado de ellas: ni muebles, ni
crucifijos ni dinero. No serán obligados a dejar su religión, ni serán
perjudicados a causa de ella”.
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Los derechos de los no-musulmanes en el Islam (parte 6 de 13): El derecho a la libertad de culto II
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Descripción: El Islam da a los miembros de otras religiones el derecho a practicar sus creencias. Un análisis histórico del principio islámico de “no coacción en asuntos de fe”. Parte 2.
Por IslamReligion.com (Por: Dr. Saleh al-Aayed)
Publicado 17 May 2010 - Última modificación 17 May 2010
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> Asuntos actuales
> El Islam y los no-musulmanes
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Los musulmanes protegieron las iglesias
cristianas en las tierras que ocuparon, de ser dañadas. En una carta a Simeón,
el Arzobispo de Rifardashir y líder de todos los obispos de Persia, el Patriarca
Nestoriano Geoff III escribió:
“Los árabes, a quienes Dios ha dado
poder sobre el mundo entero, saben qué tan ricos son ustedes, pues viven entre
ustedes. A pesar de esto, no atacan la religión cristiana. Por el contrario,
tienen simpatía por nuestra religión, y respetan a los sacerdotes y santos de
nuestro Señor, y donan gentilmente a nuestras iglesias y monasterios”.
Uno de los califas musulmanes, Abdul-Malik,
tomó de los cristianos la Iglesia de Juan y la hizo parte de una mezquita. Cuando
Umar bin Abdulaziz lo sucedió en el califato, los cristianos denunciaron ante
él lo que su predecesor le había hecho a su iglesia. Umar escribió al
gobernador que la parte de la mezquita que en derecho les pertenecía les fuera
devuelta, si ellos no llegaban con él a un acuerdo monetario que les fuera
satisfactorio.
El Muro de las Lamentaciones en
Jerusalén es conocido por los historiadores como uno de los lugares de culto
más sagrados del judaísmo. Hace algún tiempo, fue enterrado por completo bajo
escombros y montones de ruinas. Cuando el califa otomano Sultán Sulaimán se
enteró de ello, ordenó a su gobernador en Jerusalén remover todos los escombros
y ruinas, limpiar el área, restaurar el Muro de las Lamentaciones, y hacerlo
accesible a los judíos para su visita.
Historiadores occidentales imparciales
reconocen estos hechos. LeBon escribe:
“La tolerancia de Muhammad hacia los judíos y los cristianos fue
verdaderamente grande. Los fundadores de otras religiones que aparecieron antes
que él, en particular el judaísmo y el cristianismo, no prescribieron tan buena
voluntad. Sus califas siguieron la misma política, y su tolerancia ha sido
reconocida por escépticos y creyentes cuando han estudiado la historia de los
árabes en profundidad”.
Robertson escribió:
“Sólo los musulmanes fueron capaces de
integrar su celo por su propia religión con la tolerancia hacia los seguidores
de otras religiones. Aún cuando llevaban espadas a la batalla por la libertad
de difundir su religión, permitieron a aquellos que no la deseaban adherirse a
sus propias enseñanzas religiosas”.
Sir Thomas Arnold, un orientalista
inglés, escribió:
“Nunca hemos escuchado de un reporte de
ningún intento planeado para obligar a las minorías no-musulmanas a aceptar el
Islam, ni de ninguna persecución organizada que pretendiera acabar con la
religión cristiana. Si alguno de los califas hubiera elegido alguna de estas
políticas, habrían sobrepasado a la cristiandad con la misma facilidad con que
Fernando e Isabel exiliaron el Islam de España, o con la que Luis XIV hizo del protestantismo
un crimen punible en Francia, o con la que los judíos fueron exiliados de
Inglaterra por 350 años. En aquel entonces, las iglesias de oriente estaban
completamente aisladas del resto del mundo cristiano. No tenían apoyo en el
mundo pues eran consideradas sectas heréticas de la cristiandad. Su mera
existencia al día de hoy es la evidencia más fuerte de la política de los
gobiernos islámicos tolerantes hacia ellas”.
El autor estadounidense Lothrop
Stoddard escribió: “El califa Umar tuvo el mayor cuidado de preservar la
santidad de los lugares sagrados cristianos, y quienes se convirtieron en
califas después de él siguieron sus pasos. Ellos no hostigaron a los peregrinos
de las diferentes denominaciones que llegaban de todos los rincones del mundo cristiano
cada año a visitar Jerusalén”.
La realidad es que los no-musulmanes
fueron tratados con más tolerancia entre los musulmanes que la que
experimentaron con otras sectas de su propia religión. Richard Stebbins dijo
respecto a la experiencia cristiana bajo el gobierno de los turcos:
“Ellos (los turcos) permitieron a todos ellos, católicos romanos y ortodoxos
griegos, preservar su religión y seguir sus conciencias como prefirieran: les
permitieron tener sus iglesias para realizar sus rituales sagrados en
Constantinopla y muchos otros lugares. Esto contrasta con el testimonio que
puedo dar tras vivir doce años en España; no sólo hemos sido forzados a asistir
a sus celebraciones papistas, sino que nuestras vidas y las vidas de nuestros
nietos han peligrado también”.
Thomas Arnold menciona en su Invitación
al Islam que hubo mucha gente en Italia que deseaba estar bajo el gobierno
otomano. Deseaban que se les pudiera garantizar la misma libertad y tolerancia
que los otomanos daban a sus súbditos cristianos, pues habían perdido la
esperanza de obtenerlos bajo cualquier gobierno cristiano. También, menciona
que un gran número de judíos huyó de la persecución en España a finales del
siglo XV y se refugió en la Turquía otomana.
Vale la pena resaltar de nuevo este
punto. La existencia de no-musulmanes por siglos a todo lo largo del mundo musulmán,
desde la España musulmana y el África subsahariana hasta Egipto, Siria, India e
Indonesia, es evidencia clara de la tolerancia religiosa extendida por el Islam
a gentes de otras creencias. Esta tolerancia llevó incluso a la eliminación de
los musulmanes, como ocurrió en España, donde los cristianos que allí residían
tomaron ventaja de la debilidad de los musulmanes, los atacaron y los
eliminaron de España, bien matándolos, forzándolos a convertirse al cristianismo
o expulsándolos. Etienne Denier escribió:
“Los Musulmanes son lo opuesto de lo
que mucha gente cree. Nunca usaron la fuerza fuera del Hiyaz. La presencia de cristianos es
prueba de este hecho. Ellos mantuvieron su religión con completa seguridad
durante los ocho siglos que los musulmanes gobernaron sus tierras. Algunos de
ellos ocuparon altos cargos en el palacio de Córdoba; pero cuando los mismos cristianos
obtuvieron el poder sobre el país, de pronto su primera preocupación fue la de
exterminar a los musulmanes”.
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Los derechos de los no-musulmanes en el Islam (parte 7 de 13): El derecho a seguir sus propias leyes religiosas
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Descripción: El derecho de los no-musulmanes de seguir sus propias leyes y a la no obligación de seguir la ley islámica.
Por IslamReligion.com (Por: Dr. Saleh al-Aayed)
Publicado 24 May 2010 - Última modificación 24 May 2010
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> Asuntos actuales
> El Islam y los no-musulmanes
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El Islam no obliga a los ciudadanos no-musulmanes
que viven en tierras musulmanas a regirse por las Leyes Islámicas. Están
exentos de pagar el Zakat.
Bajo la Ley Islámica, un musulmán que no paga el Zakat y se rehúsa a cumplir
esta obligación, se convierte en incrédulo. Igualmente, la Ley Islámica
requiere que todo musulmán que esté en capacidad haga el servicio militar, pero
los no-musulmanes están exentos de él, aún cuando éste es de beneficio para musulmanes
y no-musulmanes por igual. A cambio de estas dos exenciones, los ciudadanos no-musulmanes
pagan un impuesto nominal denominado Yizia. Sir Thomas Arnold escribió: “El
yizia era tan leve que no constituyó una carga para ellos, especialmente
cuando observamos que les eximía del servicio militar obligatorio, que era de
rigor para sus conciudadanos, los musulmanes”.
El Islam también permitió a los no-musulmanes
observar sus leyes civiles en asuntos tales como el matrimonio y el divorcio. En
cuanto a la justicia penal, los jueces musulmanes imponían a los no-musulmanes
sentencias en cuestiones consideradas pecado en su religión, como el robo, pero
los eximían de cuestiones que para ellos eran permisibles, como beber vino o
comer cerdo.
Esto se basa claramente en la práctica del Profeta, quien al llegar a Medina
estableció una “constitución”. Permitió a las tribus individuales que no eran musulmanas
remitirse a sus propias escrituras religiosas y a sus sabios en lo relacionado
a asuntos personales. Ellos podían también, si así lo querían, pedirle al
Profeta que juzgara entre ellos en sus asuntos. Dios dice en el Corán:
“…Y si se presentan ante ti [para que juzgues
entre ellos], hazlo o no intervengas…” (Corán 5:42)
Aquí vemos que el Profeta permitió a
cada religión juzgar sus propios asuntos de acuerdo a sus propias escrituras,
siempre y cuando esto no contraviniera los artículos de la constitución, un
pacto que tuvo en cuenta el mayor beneficio para la coexistencia pacífica de la
sociedad.
Umar ibn Abdulaziz, un gobernante musulmán,
encontró difícil de aceptar que los no-musulmanes continuaran siguiendo sus
normas sociales que iban contra los preceptos islámicos. Le escribió una carta
a Hasan al-Basri
buscando su consejo legal, diciendo: “¿Cómo es que los Califas Bien Guiados
antes de nosotros permitieron a la Gente de la Alianza casarse con sus
parientes cercanos,
y mantener cerdos y vino?” Hasan respondió: “Ellos pagan el yizia, así
que se les debe permitir que practiquen lo que creen, y tu sólo debes seguir la
Ley Islámica, no inventar algo nuevo”.
La Gente de la Alianza tenía sus
propias cortes para resolver sus disputas, pero si lo deseaban, podían recurrir
a las cortes Islámicas. Dios ordenó a Su Profeta:
“Y si se presentan ante ti [para que juzgues
entre ellos], hazlo o no intervengas [si no quieres]. Si no intervienes, no
podrán perjudicarte en absoluto; y si juzgas entre ellos, hazlo con equidad.
Allah ama a los justos”. (Corán 5:42)
Adam Metz, un historiador occidental,
escribió en Civilización Islámica en el Siglo IV de la Hégira:
“Puesto que la Ley Islámica fue especificada para los musulmanes, el
Estado Islámico permitió a la gente de otras religiones tener sus propias
cortes. Lo que sabemos de esas cortes es que había tribunales eclesiásticos, y
que los jueces principales eran destacados líderes espirituales. Ellos
escribieron una gran cantidad de libros sobre ley canónica, y sus resoluciones
no se limitaban a asuntos personales. Incluyeron problemas tales como la
herencia, y la mayor parte de los litigios entre cristianos que no involucraban
al Estado”.
Por tanto, podemos ver que el Islam no
castiga a los no-musulmanes por hacer lo que ellos ven como permisible de
acuerdo a sus leyes religiosas, como consumir alcohol o comer cerdo, aunque
ello está prohibido en el Islam. La tolerancia extendida por el Islam hacia los
no-musulmanes no ha sido igualada por ninguna otra ley religiosa, gobierno
secular o sistema político que haya existido, aún hoy día. Gustav LeBon escribió:
“Los árabes pudieron ser fácilmente cegados por sus primeras conquistas
y haber cometido las injusticias que suelen ser cometidas por los
conquistadores. Podrían haber maltratado a sus oponentes derrotados u
obligarlos a abrazar su religión, la que deseaban difundir por todo el mundo. Pero
los árabes evitaron eso. Los primeros califas, que tenían un genio político
poco común entre los proponentes de nuevas religiones, se dieron cuenta que las
religiones y los sistemas no se imponen por la fuerza. Así que trataron a los
pueblos de Siria, Egipto, España y cada país que tomaron, con gran
benevolencia, como hemos visto. Mantuvieron sus leyes, regulaciones y creencias
intactas, y sólo les impusieron el yizia, que fue insignificante en
comparación con los impuestos que habían estado pagando anteriormente, a cambio
de mantener su seguridad. La verdad es que las naciones jamás han conocido
conquistadores más tolerantes que los musulmanes, ni religión más tolerante que
el Islam”.
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Los derechos de los no-musulmanes en el Islam (parte 8 de 13): El derecho a la justicia I
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Descripción: Ejemplos de justicia islámica hacia los no-musulmanes y la justicia como un derecho.
Por IslamReligion.com (Por: Dr. Saleh al-Aayed)
Publicado 24 May 2010 - Última modificación 24 May 2010
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> Asuntos actuales
> El Islam y los no-musulmanes
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Dios pide a los musulmanes que sean justos
en todos sus asuntos y que actúen de forma equitativa con toda persona. Dios
dice:
“Él elevó el cielo, y
estableció la balanza de la justicia. Para que no cometáis injusticias. Pesad
con equidad, sin mermar en la balanza”. (Corán 55:5-7)
Los musulmanes han recibido la orden
divina de actuar con justicia, aún si esto significa actuar contra sí mismos o contra
personas cercanas a ellos, como declara el Corán:
"¡Oh, creyentes! Sed realmente
equitativos cuando deis testimonio por Allah, aunque sea en contra de vosotros
mismos, de vuestros padres o parientes cercanos, sea [el acusado] rico o pobre;
Allah está por encima de ellos. No sigáis las pasiones ni seáis injustos. Si
dais falso testimonio o rechazáis prestar testimonio [ocultando la verdad]
sabed que Allah está bien informado de cuánto hacéis". (Corán 4:135)
Dios nos pide que apliquemos la
justicia en todo momento:
“Allah os ordena que
restituyáis a sus dueños lo que se os haya confiado, y que cuando juzguéis
entre los hombres lo hagáis con equidad. ¡Qué bueno es aquello a lo que Allah
os exhorta! Allah es Omnioyente, Omnividente". (Corán 4:58)
La justicia Islámica hacia los no-musulmanes
es multifacética. El Islam les brinda el derecho de ir primero a sus propias
cortes; también, les garantiza equidad cuando buscan justicia con los musulmanes,
si deciden presentar su caso ante una corte Islámica. Dios dice:
“Y si se presentan
ante ti [para que juzgues entre ellos], hazlo o no intervengas [si no quieres].
Si no intervienes, no podrán perjudicarte en absoluto; y si juzgas entre ellos,
hazlo con equidad. Allah ama a los justos”. (Corán
5:42)
Si un musulmán fuera a robar a un dhimmi
(no-musulmán), estaría sujeto a recibir el mismo castigo que recibiría un dhimmi
si robara a un musulmán. De igual forma, un musulmán está sujeto a recibir una
sentencia por difamación si calumnia a un hombre o una mujer protegidos por la
alianza.
La historia Islámica tiene algunos
bellos ejemplos de justicia impuesta por musulmanes hacia no-musulmanes. Un
hombre llamado Ta’ima robó una armadura de Qatada, su vecino. Qatada había
escondido la armadura dentro de un saco de harina, y cuando Ta’ima la tomó, la
harina se filtró por un agujero de la bolsa, dejando un rastro hasta su casa. A
fin de ocultar su crimen, Ta’ima puso la armadura bajo el cuidado de un judío
llamado Zayed, quien la guardó en su casa. Así, cuando la gente buscó la
armadura robada, siguió el rastro de harina hasta la casa de Ta’ima pero no la
encontró allí. Cuando fue confrontado, juró que no la había tomado y que no
sabía nada al respecto. La gente que estaba ayudando al propietario también
juró que lo habían visto irrumpir en la casa de Qatada durante la noche, y que
luego habían seguido el rastro de harina, que los había llevado hasta su casa. Sin
embargo, después de escuchar que Ta’ima juró ser inocente, lo dejaron y
buscaron otras pistas, hasta que hallaron un delgado rastro de harina que los
llevó a la casa de Zayed, así que lo arrestaron a él.
El judío les dijo que Ta’ima había
dejado la armadura con él, y algunos judíos confirmaron su declaración. La
tribu a la que pertenecía Ta’ima envió a algunos de sus hombres al Mensajero de
Dios para presentar su versión de la historia, y le pidieron que lo defendiera.
La delegación le dijo: “Si no
defiendes a nuestro compañero de clan, Ta’ima, él perderá su reputación y será
castigado con severidad, y el judío saldrá libre”. El Profeta se vio así
inclinado a creerles, y estaba a punto de castigar al judío, cuando Dios le
reveló los siguientes versículos del Corán para reivindicar al Judío. Estos versículos siguen siendo
recitados por los musulmanes de hoy día, como un recordatorio de que se debe
hacer justicia para todos:
“Por cierto que te
hemos revelado el Libro con la Verdad para que juzgues entre los hombres con lo
que Allah te inspira. No defiendas a los traidores. Pide perdón a Allah, porque
Allah es Absolvedor, Misericordioso. No defiendas a quienes se engañan a sí
mismos. Allah no ama al traidor, pecador. Pueden esconderse de los hombres pero
no de Allah. Él está con ellos cuando pasan la noche tramando lo que no Le
complace. Allah sabe bien todo cuanto hacen. Vosotros podéis defenderlos en
esta vida mundanal pero, ¿quién podrá defenderles de Allah el Día de la
Resurrección y quién será su protector?” (Corán 4:105-109)
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Los derechos de los no-musulmanes en el Islam (parte 9 de 13): El derecho a la justicia II
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Descripción: Ejemplos de justicia islámica hacia los no-musulmanes y la justicia como un derecho.
Por IslamReligion.com (Por: Dr. Saleh al-Aayed)
Publicado 07 Jun 2010 - Última modificación 13 Jun 2010
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> Asuntos actuales
> El Islam y los no-musulmanes
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Una vez, se suscitó una disputa entre Ali
bin Ali Talib, cuando era el Califa, y un judío que se presentó ante el juez Shuraih
al-Kindi. Shuraih relata los detalles de lo que ocurrió:
“Ali se percató que había perdido su
cota de malla, así que regresó a Kufa y la encontró en manos de un judío que la
estaba vendiendo en el mercado. Le dijo: ‘¡Oh, judío, esa cota de malla es mía!
¡No la he regalado ni la he vendido!’
El judío respondió: ‘Es mía, está en mi
poder’.
Ali dijo: ‘Haremos que la ley juzgue
esto por nosotros’.
Así que vinieron a mí y Ali se sentó a
mi lado y dijo: ‘Esa cota de malla es mía; no la he regalado ni vendido’.
El judío se sentó frente a mí y dijo: ‘Es
mi cota de malla, está en mi poder’.
Pregunté: ‘Oh, Emir de los creyentes,
¿tienes alguna prueba?’
‘Sí’, dijo Ali, ‘mi hijo Hasan y Qanbarah
pueden dar fe de que esa es mi cota de malla’.
Dije: ‘Emir de los creyentes, el
testimonio de un hijo a favor de su padre no es admisible en la corte’.
Ali exclamó: ‘¡Qué Perfecto es Dios! ¿No
puedes aceptar el testimonio de un hombre al que se le ha prometido el Paraíso?
Escuché al Mensajero de Dios decir que Hasan y Husain son los príncipes de los
jóvenes en el Paraíso’.
El Judío dijo (asombrado): ‘¡El Emir de los creyentes me lleva ante su propio juez y el juez
falla a mi favor en contra suya! Doy fe de que no existe más divinidad que Dios
y que Muhammad es Su mensajero [el judío aceptó el Islam], y que la cota de
malla es tuya, Emir de los creyentes. Se te cayó durante la noche y yo la
encontré”.
Otra historia maravillosa sobre la justicia
de los musulmanes hacia los no-musulmanes, se refiere a la conquista de la
ciudad de Samarcanda. Qutaiba, el general militar musulmán, no le dio la
posibilidad a los residentes de Samarcanda de elegir entre aceptar el Islam,
hacer una alianza de protección con los musulmanes, o enfrentarse en batalla.
Años después de la conquista, la gente de Samarcanda presentó una denuncia ante
Umar bin Abdulaziz, el décimo califa musulmán. Umar, al escuchar la denuncia,
ordenó al gobernador de la ciudad devolverla al pueblo y desalojarla, y luego
darle a la gente las tres alternativas para que eligieran. Asombrados por esta
muestra de justicia instantánea, ¡muchos de los residentes de Samarcanda
abrazaron el Islam!
Leemos también casos en los que la
población musulmana se preocupa de los derechos de las minorías no-musulmanas y
exigen a sus gobernantes que hagan justicia con los no-musulmanes. Walid ibn
Yazid, un califa omeya, exilió a los habitantes de Chipre y los forzó a
establecerse en Siria. Los eruditos del Islam no aprobaron su medida, y tras el
evento declararon que era opresivo. Cuando su hijo se hizo califa, ellos le
llevaron el asunto para que restableciera a estas gentes en su tierra natal. Él
estuvo de acuerdo con la propuesta y por ello es conocido como uno de los
gobernantes más equitativos de la dinastía omeya. Otro caso histórico similar
ocurrió cuando el gobernador del Líbano, Salih ibn Ali, expulsó a una villa
entera de no-musulmanes porque algunos de ellos se rehusaron a pagar el
impuesto sobre lo que producían. El gobernador era un asesor cercano al Califa,
sin embargo, el imán Awza’i, un famoso erudito musulmán de Siria, vino en
defensa de esta gente y escribió una carta de protesta. En parte de la carta se
lee:
“¿Cómo se puede castigar colectivamente
a un pueblo por las fechorías de unos pocos, yendo tan lejos como para
expulsarlos de sus casas? Dios declaró:
‘Nadie cargará con la carga de otro…’ (Corán 35:18)
Es la prueba más convincente a
considerar y seguir. Y la orden más digna del Profeta a preservar y seguir es:
‘Si alguien oprime a un dhimmi
o lo carga con algo que no puede soportar, yo abogaré en su contra el Día del
Juicio’.
Ellos no son esclavos a los cuales uno
pueda tomar de un lugar y trasladarlos a otro como a uno le plazca. Ellos son gente
libre de la Alianza.”
Los escritores e historiadores
seculares se han visto obligados a reconocer la justicia del Islam hacia los
no-musulmanes entre ellos. El historiador británico H.G. Wells, escribió lo
siguiente:
“Establecieron grandes tradiciones de
tolerancia. Inspiran a la gente con un espíritu de generosidad y tolerancia, y
son humanitarios y prácticos. Crearon una comunidad humana en la que era
extraño ver crueldad e injusticia social, a diferencia de cualquier comunidad
antes de ella”.
Estudiando las sectas cristianas en los
primeros siglos del gobierno Islámico, Sir Thomas Arnold escribió:
“Los principios islámicos de tolerancia
prohibieron estas acciones [anteriormente mencionadas], que siempre suponen una
opresión. Los musulmanes fueron lo contrario de los otros, y al parecer no
escatimaron esfuerzos en tratar a todos sus súbditos cristianos con justicia y
equidad. Un ejemplo fue la conquista de Egipto, cuando los jacobitas
aprovecharon la retirada de las autoridades bizantinas para despojar a los cristianos
ortodoxos de sus iglesias. Los musulmanes las devolvieron a sus legítimos
propietarios cuando los cristianos ortodoxos les mostraron pruebas de su
propiedad”.
Amari, un orientalista siciliano,
observó:
“En los tiempos del gobierno árabe musulmán,
los habitantes conquistados de la isla de Sicilia estaban más cómodos y
satisfechos que sus contrapartes italianas, que colapsaron bajo el yugo de lombardos
y francos”.
Nadhmi Luqa comentó:
“Ninguna ley puede erradicar la
justicia y los prejuicios mejor que una que declare:
‘…dad testimonio con
equidad, y que el rencor no os conduzca a obrar injustamente…’ (Corán 5:8)
Sólo cuando una persona se aferra a
estas normas, sin establecer otras, y se hace devoto a la religión con estos
nobles principios y rectitud, sin aceptar otros… sólo entonces puede pretender
haberse honrado a sí misma”.
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Los Derechos de los No-Musulmanes en el Islam (parte 10 de 13): Seguridad de la Vida, la Propiedad y el Honor
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Descripción: Protección de la vida, la propiedad y el honor de los no-musulmanes bajo la Ley Islámica.
Por IslamReligion.com (Por: Dr. Saleh al-Aayed)
Publicado 07 Jun 2010 - Última modificación 13 Jun 2010
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> Asuntos actuales
> El Islam y los no-musulmanes
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La Ley Islámica protege los derechos
humanos básicos como la preservación de la vida, la propiedad y el honor, tanto
para los musulmanes como para los no-musulmanes. Ya sea que los no-musulmanes fueran
residentes o visitantes, tienen garantizados estos derechos. Dichos derechos no
pueden ser retirados excepto en un caso justificado permitido por la ley. Por
ejemplo, a un no-musulmán no se le puede matar a menos que sea culpable de
asesinato. Dios dice:
“Diles: Venid que os informaré lo que vuestro
Señor os ha prohibido: No debéis asociarle nada y seréis benevolentes con
vuestros padres, no mataréis a vuestros hijos por temor a la pobreza, Nosotros
Nos encargamos de vuestro sustento y el de ellos, no debéis acercaros al
pecado, tanto en público como en privado, y no mataréis a nadie que Dios
prohibió matar, salvo que sea con justo derecho. Esto es lo que os ha ordenado
para que razonéis”. (Corán 6:151)
El Profeta del Islam declaró que la
vida de los residentes y visitantes no-musulmanes es inviolable cuando dijo:
“Quien mata a una persona con la
que tenemos un tratado, no se acercará al Paraíso lo suficiente como para
percibir su perfume, y eso que este perfume puede percibirse tan lejos como la
distancia recorrida en cuarenta años de viaje”. (Bujari)
El Islam no permite asaltar a un no-musulmán,
violar su honor o propiedad, o dañarlo. Si alguien roba a un dhimmi,
debe ser castigado. Si alguien pide prestado a un dhimmi, la propiedad
debe ser devuelta. El Profeta del Islam dijo:
“Debes saber que no es lícito para
ti tomar la propiedad de la Gente de la Alianza a menos que sea (en pago) por
algo”.
También dijo:
“De hecho, Dios, el Poderoso y
Majestuoso, no te ha permitido entrar a las casas de la Gente de la Alianza
excepto con su permiso, ni ha permitido que golpees a sus mujeres, ni comas sus
frutas si te dan lo que es obligatorio para ellos [del yizia]”. (Abu Dawud)
Hay una historia interesante de la era
de Ahmad ibn Tulun de Egipto. Un día, un monje cristiano fue al palacio de
Tulun para quejarse de su gobernador. Al verlo, un guardia le preguntó sobre el
problema. Después de haber comprobado que el gobernador había tomado 300
dinares del monje, el guardia se ofreció a pagarle al monje con la condición de
que no se quejara, y el monje aceptó su oferta.
El incidente llegó hasta Tulun quien
ordenó al monje, al guardia y al gobernador que se presentaran en su corte.
Tulun le dijo al gobernador: “¿No están todas tus necesidades satisfechas con
un ingreso suficiente? ¿Tienes necesidades que justifiquen tomar lo de otros?’
El gobernador reconoció la fuerza de su
argumento, aún así Tulun le siguió preguntando, y eventualmente lo removió de
su puesto. Tulun luego le preguntó al monje cuánto había tomado de él el
gobernador, y el monje le dijo que habían sido 300 dinares. Tulun dijo: “Es una
pena que no dijeras 3000, pues él necesita un castigo mayor, pero sólo puedo
basarme en tu declaración”, y tomó el dinero del gobernador, devolviéndoselo al
monje.
Los no-musulmanes tienen el derecho de
que su honor sea protegido. Este derecho se extiende no sólo a los no-musulmanes
residentes, sino también a los visitantes. Todos ellos tienen el derecho a
estar seguros y protegidos. Dios dice:
“Si alguno de los idólatras te pidiera protección, ampárale para
que así recapacite y escuche la Palabra de Dios, luego [si no reflexiona]
ayúdale a alcanzar un lugar seguro; esto es porque son gente ignorante”. (Corán 9:6)
El derecho de asilo hace obligatorio
para todo musulmán respetar y defender el asilo concedido por otro musulmán, de
acuerdo a la declaración del Profeta:
“La obligación impuesta por la
alianza es comunal, y el musulmán más cercano debe esforzarse en cumplirla. Cualquiera
que viole la protección concedida por un musulmán estará bajo la maldición de
Dios, los ángeles, y toda la gente, y en el Día del Juicio no será aceptada
intercesión alguna a su favor”.
Una de las compañeras, Umm Hani, le
dijo al Profeta:
“Mensajero de Dios, mi hermano Ali
proclama que está en guerra contra un hombre al que he concedido asilo, un
hombre llamado Ibn Hubaira”.
El Profeta le contestó:
“Umm Hani, cualquiera al que hayas
brindado asilo está bajo la protección de todos nosotros”.
El derecho de asilo y la protección
requieren que un musulmán brinde asilo y conceda seguridad a un no-musulmán que
lo solicite, y advierte de un castigo severo a cualquiera que lo viole. El
asilo garantiza protección de la agresión o el ataque a cualquiera a quien se
haya dado seguridad, un derecho que no se otorga explícitamente en ninguna otra
religión.
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Los Derechos de los No-Musulmanes en el Islam (parte 11 de 13): El Buen Trato
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Descripción: Recibir buen trato es un derecho de los no-musulmanes bajo el Islam, no sólo una cuestión de cortesía.
Por IslamReligion.com (Por: Dr. Saleh al-Aayed)
Publicado 14 Jun 2010 - Última modificación 14 Jun 2010
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> Asuntos actuales
> El Islam y los no-musulmanes
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El Corán enseña a los musulmanes a
tratar a los no-musulmanes cortésmente en un espíritu de bondad y generosidad, siempre
que no sean hostiles hacia los musulmanes. Dios dice:
“Dios no os prohíbe ser benevolentes y
equitativos con quienes no os han combatido por causa de la religión ni os han
expulsado de vuestros hogares, pues ciertamente Dios ama a los justos. Dios
sólo os prohíbe que toméis como aliados a quienes os han combatido por causa de
la religión y os han expulsado de vuestros hogares o han contribuido a vuestra
expulsión. Y sabed que quienes les tomen como aliados serán inicuos”. (Corán
60:8-9)
Al-Qarafi, un erudito musulmán clásico,
describe la profundidad del significado de “ser benevolentes” en este versículo. Él explica el término:
“…amabilidad
hacia el débil, proveyendo ropa para cubrirlo y hablándole con suavidad. Esto
debe hacerse con afecto y misericordia, no mediante intimidación o degradación.
Por otra parte, tolerar el hecho de que pueden ser vecinos molestos a los que
podrías obligar a mudarse, pero no lo haces por bondad hacia ellos, no por temor
o razones financieras. Además, rezar para que reciban guía y [así] se unan a
las filas de los bendecidos con recompensa externa, asesorándolos en todos los asuntos
mundanos y espirituales, protegiendo su reputación si son expuestos a calumnia,
y defendiendo su propiedad, familias, derechos e intereses. Ayudándolos contra
la opresión y concediéndoles sus derechos”.
Las órdenes divinas para tratar a los
no-musulmanes de esta forma fueron tomadas en serio por los musulmanes. No
fueron sólo versículos para ser recitados, sino Voluntad Divina a ser ejecutada.
El Profeta, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, fue la primera
persona en poner las órdenes divinas en práctica, seguido por sus califas y la
población general de creyentes. La historia de vida del Profeta del Islam
brinda varios ejemplos de este tipo, la coexistencia pacífica con los no-musulmanes.
Algunos de sus vecinos fueron no-musulmanes y el Profeta fue generoso con ellos
e intercambiaban regalos. El Profeta del Islam los visitaba cuando se sentían
enfermos y hacía negocios con ellos. Había una familia judía a la que él daba
caridad con frecuencia, y después de su muerte los musulmanes mantuvieron su
caridad hacia ellos.
Cuando una delegación cristiana de las
iglesias de Etiopía vino a Medina, el Profeta abrió su mezquita para que ellos
se quedaran allí, los organizó con generosidad, y sirvió personalmente sus
comidas. Él dijo:
“Ellos fueron generosos con
nuestros compañeros, así que deseo ser generoso con ellos en persona…”.
…refiriéndose
al tiempo cuando los cristianos dieron asilo a una cantidad de sus compañeros
después que huyeran de la persecución en Arabia y se asilaran en Abisinia. En otro ejemplo, un judío
llamado Zayd bin Sana se acercó al Profeta del Islam para reclamarle una deuda.
Él agarró al Profeta por su túnica y su capa, tirando de él hacia su cara, y
dijo: “Muhammad, ¿no vas a darme lo que me debes? ¡Tú y tu clan Banu Muttalib
nunca pagan las deudas a tiempo!” Omar, uno de los compañeros del Profeta, se
agitó y dijo: “Enemigo de Dios, ¿estoy escuchando realmente lo que acabas de
decirle al Profeta de Dios? ¡Juro por el Único, Quien lo envió con la verdad,
que si no temiera que él me lo recriminara, habría tomado mi espada y habría
cortado tu cabeza!” El Profeta miró calmado a Omar y lo censuró con amabilidad:
“Omar, no es lo que necesitamos
escuchar de ti. Debes aconsejarme que pague mis deudas a tiempo, y solicitarle
a él que cobre de manera respetuosa. Ahora, llévalo, págale su deuda de mi
dinero y dale veinte medidas extra de dátiles”.
El judío quedó
tan agradablemente sorprendido por el comportamiento del Profeta, ¡que de
inmediato declaró su aceptación del Islam!
Los compañeros
del Profeta Muhammad siguieron su ejemplo sobre cómo tratar a los no-musulmanes.
Omar estableció un pago permanente para la familia judía que el Profeta solía
cuidar durante su vida.
Él halló justificación para asignarle fondos a la Gente de la Alianza en el
siguiente versículo del Corán:
“Ciertamente que el Zakat es para los pobres,
los menesterosos, los que trabajan en su recaudación y distribución, aquellos
que [por haber mostrado cierta inclinación por el Islam o haberlo aceptado
recientemente] se desea ganar sus corazones, la liberación de los cautivos, los
endeudados, la causa de Dios y el viajero insolvente. Esto es un deber
prescrito por Dios, y Allah es Omnisciente, Sabio”. (Corán 9:60)
Abdullah ibn Amr, un famoso compañero
del Profeta, daba caridad con regularidad a sus vecinos. Enviaba a su sirviente
a llevar porciones de carne en ocasiones religiosas a su vecino judío. El
siervo, sorprendido, preguntó sobre la preocupación de Abdullah por su vecino judío.
Abdullah le comentó el dicho del Profeta Muhammad:
“El ángel Gabriel fue tan firme en
recordarme que fuera caritativo con mi vecino, que pensé que le asignaría parte
de la herencia (o sea que los hiciese herederos también)”.
Revisando páginas de la historia,
encontramos un ejemplo maravilloso de cómo un gobernante musulmán esperaba que
sus dirigentes trataran a la población judía. El Sultán de Marruecos, Muhammad
ibn Abdullah, publicó un edicto el 5 de febrero de 1864 d.C.:
“Para nuestros empleados civiles y
agentes que desempeñan sus servicios como representantes legales en nuestros
territorios, publicamos el siguiente edicto:
‘Deben tratar con los residentes judíos
de nuestros territorios de acuerdo a los modelos absolutos de justicia
establecidos por Dios. Los Judíos deben ser tratados por la ley sobre una base
de equidad con los demás, de modo que ninguno sufra la menor injusticia,
opresión o abuso. A nadie de dentro o fuera de nuestra propia comunidad le será
permitido cometer ninguna ofensa contra ellos o sus propiedades. Sus artesanos
y obreros no deben ser enlistados en la milicia contra su voluntad, y se les
debe pagar un sueldo completo por su servicio al estado. Cualquier opresión
hará que el opresor esté en la oscuridad el Día del Juicio y no aprobaremos de
nadie tales irregularidades. Toda persona es igual a la vista de nuestra ley, y
castigaremos, con ayuda divina, a cualquiera que cometa errores o agresiones
contra los judíos. Esta orden que hemos declarado aquí es la misma ley que
siempre hemos conocido, establecido y declarado. Hemos publicado este edicto
sólo para afirmar y prevenir a cualquiera que quiera dañarlos, así los judíos
tendrán un mayor sentido de seguridad y quienes deseen dañarlos pueden verse
disuadidos por una mayor sensación de temor’”.
Renault es uno de los historiadores
occidentales imparciales que ha reconocido el trato bueno y justo de los musulmanes
hacia las minorías no-musulmanas. Él comentó:
“Los musulmanes en las ciudades de la
España islámica trataron a los no-musulmanes de la mejor forma posible. A
cambio, los no-musulmanes mostraron respeto por las sensibilidades de los musulmanes,
circuncidaron a sus propios hijos y se abstuvieron de comer cerdo”.
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Los Derechos de los No-Musulmanes en el Islam (parte 12 de 13): Seguridad Social
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Descripción: Los no-musulmanes pobres y necesitados tienen el derecho a la seguridad social bajo la Ley Islámica. Ejemplos de la historia cuando a los no-musulmanes se les proveyó del tesoro público.
Por IslamReligion.com (Por: Dr. Saleh al-Aayed)
Publicado 14 Jun 2010 - Última modificación 14 Jun 2010
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> El Islam y los no-musulmanes
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Los estados benefactores modernos
proveen beneficios sociales a sus ciudadanos pobres, pero el Islam precedió a
todas las naciones en establecer servicios de seguridad social. La Ley Islámica
establece provisiones financieras para musulmanes necesitados a través del Zakat
(caridad obligatoria) y la sádaqa (caridad voluntaria). El Zakat
se hizo obligatorio para los musulmanes ricos para cuidar de los pobres,
mientras que la sádaqa se dejó a criterio personal para ayudar a los
necesitados. La seguridad social provista por el Islam incluye también a los
no-musulmanes. La Ley Islámica exige al estado proveer para sus ciudadanos con
discapacidades —musulmanes o no-musulmanes— que les impiden tener un empleo. A
ellos se les provee del tesoro público, y el gobernante es negligente en sus
funciones si no lo hace. Muchos ejemplos de musulmanes proveyendo seguridad
social a los ciudadanos no-musulmanes han sido registrados por la historia. Omar
ibn al-Jattab, el segundo Califa del Islam, una vez pasó por donde estaba un
hombre viejo y ciego frente a una casa. Omar le preguntó a qué comunidad
religiosa pertenecía. El hombre dijo que era judío. Omar entonces le preguntó: “¿Qué
te ha puesto en esta situación?” El viejo dijo: “No me preguntes, … pobreza y
vejez”. Omar llevó al hombre a su propia casa, lo ayudó con su propio dinero y
luego ordenó al tesorero: “Debes cuidar de este hombre y de otros como él. No
lo hemos tratado con justicia. No tenía que haber pasado los mejores años de su
vida entre nosotros para encontrar la miseria en su vejez”. Omar también lo
eximió a él y a otros en su situación de pagar el yizia.
Otro ejemplo se encuentra en la carta
de Jalid ibn al-Walid a la gente de la ciudad iraquí de Hira. Contiene los
términos de la tregua que les ofreció:
“Si Dios nos da la victoria, la Gente
de la Alianza será protegida. Ellos tienen derechos prometidos por Dios. Es la
alianza estricta que Dios ha hecho obligatoria a todos Sus profetas. Ellos
también tienen las obligaciones que ella les impone y que no deben violar. Si
son conquistados, vivirán confortablemente con todo lo que les corresponde.
Estoy obligado a eximir del yizia a las personas mayores que no puedan
trabajar, los discapacitados, y los pobres que reciben caridad de su propia
comunidad. El tesoro les proveerá para ellos y quienes de ellos dependan en
tanto vivan en tierras musulmanas o en las comunidades de musulmanes emigrantes.
Si se van de tierras musulmanas, ni ellos ni quienes dependen de ellos tendrán
derecho a ningún beneficio”.
En otro ejemplo, Omar ibn al-Jattab, el
califa musulmán, estaba visitando Damasco. Pasó por donde había un grupo de cristianos
leprosos. Ordenó que se les diera caridad y estipendios regulares para comida.
Omar ibn Abdul-Aziz, otro califa musulmán,
escribió a su agente en Basra, Iraq: “Busca entre la Gente de la Alianza de tu
área a quienes se han hecho viejos y no pueden devengar, y proporciónales
estipendios regulares del tesoro para cubrir sus necesidades”.
Algunos de los primeros musulmanes acostumbraban distribuir parte
de su caridad al concluir Ramadán (zakat ul-fitr) entre los monjes cristianos,
basados en su entendimiento del versículo del Corán:
“Dios no os prohíbe ser benevolentes y
equitativos con quienes no os han combatido por causa de la religión ni os han
expulsado de vuestros hogares, pues ciertamente Dios ama a los justos. Dios
sólo os prohíbe que toméis como aliados a quienes os han combatido por causa de
la religión y os han expulsado de vuestros hogares o han contribuido a vuestra
expulsión. Y sabed que quienes les tomen como aliados serán inicuos”. (Corán
60:8-9)
Finalmente, hay otros derechos que no
hemos discutido aquí debido a que asumimos que son elementales y se dan por
sentados, como el derecho al trabajo, la vivienda, al transporte, a la
educación, y otros.
Sin embargo, antes de concluir, quisiera hacer la siguiente observación.
Nuestra exposición ha aclarado cómo los no-musulmanes que viven en países musulmanes
disfrutan de derechos que no les serían otorgados en países no-musulmanes.
Algunos lectores podrían responder con la objeción de que esos derechos pueden
haber existido en la historia, pero la experiencia de los no-musulmanes en
países musulmanes hoy día es diferente. La observación personal del autor es
que los no-musulmanes aún disfrutan de muchos de esos mismos derechos en la
actualidad, quizás aún más. Dios Todopoderoso nos ha ordenado decir la verdad
en el versículo:
“¡Oh, creyentes! Sed realmente equitativos
cuando deis testimonio por Dios, aunque sea en contra de vosotros mismos, de
vuestros padres o parientes cercanos, sea [el acusado] rico o pobre; Allah está
por encima de ellos. No sigáis las pasiones y seáis injustos. Si dais falso
testimonio o rechazáis prestar testimonio [ocultando la verdad] sabed que Dios
está bien informado de cuánto hacéis.” (Corán 4:135)
Además, cuando comparamos las
condiciones de los no-musulmanes que viven en países musulmanes con la
situación de las minorías musulmanas que viven en países no-musulmanes, ya sea en
la actualidad o en el pasado, vemos una profunda diferencia. ¿Qué les ocurrió a
los musulmanes durante las Cruzadas, bajo la Inquisición española, en la China
comunista o en la Unión Soviética? ¿Qué les está ocurriendo hoy día en los
Balcanes, Rusia, Palestina e India? Valdría la pena reflexionar a fin de dar
una respuesta basada en la equidad y la declaración de la verdad y la justicia.
Dios es el mejor de los jueces, y Él declara:
“¡Oh, creyentes! Sed firmes con [los
preceptos de] Dios, dad testimonio con equidad, y que el rencor no os conduzca
a obrar injustamente. Sed justos, porque de esta forma estaréis más cerca de
ser piadosos. Y temed a Dios; Allah está bien informado de lo que hacéis”. (Corán
5:8)
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Los Derechos de los No-Musulmanes en el Islam (parte 13 de 13): Protección Contra la Agresión Extranjera
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Descripción: El derecho de los no-musulmanes a ser protegidos de agresiones externas a cambio del pago del yizia.
Por IslamReligion.com (Por: Dr. Saleh al-Aayed)
Publicado 21 Jun 2010 - Última modificación 21 Jun 2010
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> Asuntos actuales
> El Islam y los no-musulmanes
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Los ciudadanos no-musulmanes tienen el
mismo derecho que los musulmanes a ser protegidos de enemigos externos. El pago
del yizia les garantiza protección contra la agresión externa, defensa
contra los enemigos, y el pago del rescate a su favor en caso de que sean
tomados prisioneros por un enemigo.
Escribiendo unos siglos atrás, Ibn
Hazm, un erudito clásico del Islam, dijo:
“Si somos
atacados por una nación enemiga cuyo objetivo es la Gente de la Alianza que
vive entre nosotros, se impone salir totalmente armados y listos a morir en la
batalla por ellos, para resguardar a aquellas personas que están protegidas por
la alianza de Dios y Su Mensajero. Hacer menos que esto y entregarlos sería una
negligencia reprobable de una promesa sagrada”.
La historia ha registrado muchos
ejemplos de musulmanes cumpliendo su sagrada promesa hacia los dhimmis. El
compañero del Profeta, Abu Ubayda al-Yarrah, fue el líder del ejército que
conquistó Siria. Él hizo un acuerdo con aquel pueblo para que pagara el yizia.
Consciente de la lealtad fiel de los musulmanes,
el pueblo sirio de la alianza resistió a los enemigos de los musulmanes y ayudó
a los musulmanes contra ellos. Los residentes de cada ciudad enviaron a algunos
de entre su gente para espiar a los bizantinos, quienes transmitieron a los
comandantes de Abu Ubayda la noticia de la reunión del ejército bizantino. Por
último, cuando los musulmanes temieron que no podrían garantizarles protección,
Abu Ubayda escribió a sus comandantes para que devolvieran todo el dinero que
habían recolectado como yizia con el siguiente mensaje para los sirios:
“Les estamos devolviendo su dinero
porque nos han llegado noticias de ejércitos a la espera. La condición de
nuestro acuerdo es que nosotros los protejamos, y somos incapaces de hacerlo;
por tanto, les estamos devolviendo lo que hemos tomado de ustedes. Si Dios nos
da la victoria, cumpliremos nuestro acuerdo”.
Cuando sus comandantes devolvieron el
dinero y transmitieron el mensaje, la respuesta siria fue:
“Que Dios los traiga a salvo de regreso
a nosotros. Quiera Él darles la victoria. Si los bizantinos hubieran estado en
su lugar, no nos habrían devuelto nada, habrían tomado todo lo que tenemos y
nos habrían dejado sin nada”.
Los musulmanes vencieron en la batalla.
Cuando la gente de otras ciudades vio cómo sus aliados fueron derrotados,
intentaron negociar una tregua con los musulmanes. Abu Ubayda entró en tregua
con todos ellos con todos los derechos que se habían extendido en los primeros
tratados. Ellos pidieron también que los bizantinos ocultos entre ellos
tuvieran tránsito seguro de regreso a casa, con sus familias y posesiones, sin
sufrir daño alguno, a lo que Abu Ubayda accedió.
Entonces, los sirios enviaron el yizia
y abrieron sus ciudades para dar la bienvenida a los musulmanes. En el camino
de regreso a casa, Abu Ubayda fue recibido por los representantes de los
pobladores y aldeanos, pidiéndole que extendiera el tratado a ellos también, lo
que él hizo con alegría.
Otro ejemplo de musulmanes defendiendo
a los ciudadanos no-musulmanes puede verse en los actos de Ibn Taimiah. Él fue
a ver al líder de los tártaros después que saquearon Siria, con el fin de
liberar a sus prisioneros. El líder tártaro acordó liberar a los prisioneros musulmanes,
pero Ibn Taimiah protestó:
“Sólo estaremos satisfechos si todos
los judíos y cristianos prisioneros son liberados también. Ellos son Gente de
la Alianza. No abandonamos a un prisionero, sea de nuestro propio pueblo o de
aquellos bajo alianza”.
Persistió hasta que los tártaros los
liberaron a todos ellos.
Por otra parte, los juristas musulmanes
han declarado que proteger a los no-musulmanes de la agresión externa es un
deber, al igual que su protección contra el acoso interno. Al-Mawardi declaró:
“El pago del yizia da a la Gente
de la Alianza dos derechos. Primero, que se les deje en paz. Segundo, que deben
ser custodiados y protegidos. De este modo, ellos pueden estar seguros en la
sociedad y protegidos de amenazas externas”.
El Islam considera que abandonar la
protección de sus ciudadanos no-musulmanes es una forma de maldad y de opresión
que está prohibida. Dios dice:
“…y a quien de ustedes sea injusto le haremos
probar un enorme castigo”. (Corán 25:19)
Por lo tanto, dañar u oprimir a la
Gente de la Alianza se considera un pecado grave. Defender los tratados con
ellos es una obligación del califa musulmán y sus representantes. El Profeta
prometió abogar el Día del Juicio a favor de los dhimmi contra
cualquiera que los haya dañado:
“¡Tengan cuidado! El que es cruel
y duro con una minoría no-musulmana, limita sus derechos, los carga con más de
lo que pueden soportar, o toma cualquier cosa de ellos contra su libre
albedrío, yo (el Profeta Muhammad) me quejaré contra esa persona en el Día del
Juicio”. (Abu Dawud)
Toda la evidencia en la Ley Islámica
apunta hacia la protección de la Gente de la Alianza. Al-Qarafi, otro erudito musulmán
clásico, escribió:
“La alianza es un contrato que tiene
condiciones que son obligatorias para nosotros, por aquellos que están bajo
nuestra protección como vecinos, y la alianza de Dios y Su Mensajero, y la
religión del Islam. Si alguien los lastima con lenguaje inapropiado,
difamación, cualquier tipo de hostigamiento, o es cómplice de tales actos,
entonces ha prendido fuego a la alianza de Dios, Su Mensajero y el Islam”.
Omar, el segundo Califa del Islam,
preguntaba a los visitantes que venían a reunirse con él desde otras provincias
acerca de la situación de la Gente de la Alianza, y decía: “Debemos saber que
el tratado sigue siendo respetado”.
En su lecho de muerte, se informa que Omar dijo: “Ordeno a quien se convierta
en califa después de mí, que trate bien a la Gente de la Alianza, defendiendo
el tratado, peleando contra cualquiera que quiera hacerles daño, y no
abrumándolos con cargas”.
Los escritos de los eruditos musulmanes
y los actos de muchos gobernantes musulmanes demuestran el compromiso islámico,
desde los primeros tiempos, con este derecho de los no-musulmanes.
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