Pureza de la intención en el ámbito mundano
Dado que el mensaje del hadiz discutido
en la parte uno es general, se entiende que una persona puede incluso ser
premiada por cada acto que realice en su actividad diaria normal, en tanto su
intención sea correcta y el acto no esté prohibido por la religión. La religión
del Islam ha animado e incluso a veces ha impuesto modales y costumbres
llegando a hacerlos obligatorios para los seres humanos, en lo referente a la
vida más allá de los actos de culto. Ha legislado varios métodos respecto a la
realización de actividades diarias, desde dormir hasta comer. Si una persona
realiza estas diferentes actividades de acuerdo a esta legislación, será
recompensada por ello.
Este aspecto de la intención permite
que la vida entera de uno se convierta en un acto de adoración, en tanto que el
objetivo de la vida es agradar a Dios, lo que se logra haciendo el bien y
absteniéndose del mal. Una persona puede convertir sus actividades diarias en
actos de adoración purificando su intención y buscando sinceramente agradar a
Dios a través de esas actividades. El Mensajero de Dios, que la misericordia y
las bendiciones de Dios sean con él, dijo:
“Ayudar a una persona a subir a su
montura o a cargar en ella sus pertenencias, es un acto de caridad. Una buena
obra es un acto de caridad. Cada paso que se da para ir a hacer las oraciones
es caridad. Quitar un obstáculo del camino, es caridad”. (Sahih Al-Bujari)
Ganarse la vida también puede ser
recompensado. Los Compañeros vieron a un hombre y se asombraron por su trabajo
duro y su diligencia. Se lamentaron diciendo: “Si él hiciera todo ese trabajo
sólo para agradar a Dios…”.
El Mensajero de Dios les contestó:
“Si él está trabajando para
sostener a sus hijos pequeños, entonces es para agradar a Dios. Si está
trabajando para mantener a sus padres ancianos, entonces es para agradar a
Dios. Si está trabajando para mantenerse ocupado y así tener sus deseos bajo
control, entonces es para agradar a Dios. Si, por otro lado, lo está haciendo
para lucirse y ganar fama, entonces su trabajo es para agradar a Satanás”. (Al-Mundiri,
As-Suyuti)
Uno puede ganar recompensa incluso por
los actos más naturales, por supuesto si ellos se acompañan de la intención
apropiada. El Mensajero de Dios dijo:
“Cuando uno de ustedes duerme con
su esposa, es un acto de caridad”. (Sahih Muslim)
Lo mismo se puede decir de comer,
dormir y trabajar, así como de los rasgos del buen carácter, como la veracidad,
honestidad, generosidad, valentía y humildad. Estos pueden convertirse en adoración
a través de la intención sincera y la obediencia deliberada a Dios.
Para que estos actos mundanos, que de
otro modo son triviales, sean merecedores de la recompensa divina, deben
cumplirse las siguientes condiciones:
A. El acto debe ser lícito en
sí mismo. Si la acción es algo prohibido, su perpetrador merece castigo. El
Mensajero de Dios dijo:
“Dios es puro y bueno, y Él sólo
acepta lo que es puro y bueno”. (Sahih Muslim)
B. Los dictados de la Ley
Islámica deben ser observados por completo. El engaño, la opresión y la
iniquidad deben ser evitados. El Mensajero de Dios dijo:
“Aquel que engaña no es de los
nuestros”. (Sahih Muslim)
C. La actividad no puede alejar
a la persona de realizar sus obligaciones religiosas. Dios dice:
“¡Oh, creyentes! Que vuestros bienes y
vuestros hijos no os distraigan del recuerdo de Dios…”. (Corán 63:9)
En esta exposición podemos ver la
grandeza de este hadiz y cuán importante es en la formación del concepto de la
aceptación de las acciones y su recompensa por parte de Dios. También vemos de
este hadiz que el concepto de adoración y servicio en el Islam no está limitado
a realizar ciertos actos rituales legislados, sino que abarca la vida entera
del musulmán, haciéndolo un verdadero siervo de Dios.
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