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Tanto el Islam como la cristiandad esperan
el retorno de Jesús al final de los tiempos, y ambos espera que ocurran pruebas
y tribulaciones en ese tiempo. Muchos de los temas de estas pruebas son
similares, pero ellas son también muy diferentes en detalle y definición. Ambas
religiones esperan que la nación de creyentes sean los vencedores finales, pero
el cristiano cree que estos están definidos como los creyentes en el Evangelio
del Nuevo Testamento y en Cristo como “el Salvador” y “la Encarnación de Dios”; mientras que el musulmán
sabe que ello se refiere a aquellos que creen en el monoteísmo puro, que
implica la sumisión al Único y Verdadero Dios.
El retorno de Jesús es
precedido en ambas religiones por signos, de nuevo similares en descripción
general, pero sutilmente diferentes en detalle. Ambas religiones enseñan que el
retorno de Jesús estará precedido por una grandiosa y poderosa figura de
falsedad y tentación, llamada Masih Ad-Dayyal (El Falso Mesías) por los musulmanes,
y el Anticristo por los cristianos. Antes de este evento, otros signos que
concuerdan uno con el otro incluyen un incremento general en la inmoralidad y la
fornicación, el asesinato y el crimen, la anarquía, el libertinaje y el alejamiento
general de la religión y el verdadero conocimiento. Acompañando a estos signos
de malestar civil habrá guerras fratricidas
y desastres naturales, siguiendo uno al otro de cerca. Los detalles y tiempos
de estos, sin embargo, son substancialmente diferentes, incluso dentro de creencias
particulares. Cómo la fe cristiana reconoce la segunda venida depende de la
visión doctrinal. Cuatro visiones generales son prominentes: Pre-milenialismo
Dispensacionalista e Histórico, y Preterismo Post y A-milenialista.
El Pre-milenialismo tiene
dos ramas de interpretación. Ambas postulan que Jesús vendrá y luego, después
de derrotar al Anti-Cristo, gobernará la tierra con los elegidos por 1.000 años
antes que las almas malas sean resucitadas y Satanás sea liberado en el Anti-Cristo resucitado. Ellos difieren
significativamente con relación a los eventos alrededor de la segunda venida.
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Pre-milenialismo Dispensacional
Mientras ambas concuerdan en
que esto ocurrirá durante un periodo de tribulación de 7 años cuando el Anticristo
reine, una ubica el retorno de los judíos a Israel y la reconstrucción del
templo durante este periodo de 7 años, mientras la otra sostiene que Jesús restablecerá
a Jerusalén como su Capital, reconstruyendo el templo durante su reinado. La primera
determina que los primeros elegidos de la Iglesia serán resucitados antes de
que la tribulación comience, y luego escogidos para gobernar con el descendido
Jesús; mientras que los judíos rectos serán resucitados junto con los héroes
que se levantaron contra el Anti-Cristo y murieron al final de la tribulación, anunciando
su reino de paz y abundancia. La segunda sostiene que el “rapto” de todos los
elegidos, siendo estos todos los santos muertos de la cristiandad y los justos
del judaísmo antes del advenimiento de Cristo, estarán en la segunda venida de
Jesús, y de allí en adelante constituirán, con su descendencia, los ciudadanos merecedores
del gobierno del milenio. Cuando Satanás sea finalmente liberado en el Anti-Cristo
resucitado, una gran batalla será peleada con sus secuaces y Satanás, el falso
profeta, será derrotado y arrojado al Infierno, conduciendo al fin del mundo. Aquí,
otra vez, las dos ramas difieren. El historicista ve a Gog y Magog como las
naciones que Satanás lidera en rebelión cuando él es liberado, mientras el
Dispensacionalista, aunque está de acuerdo en que Satanás liderará un ejército
de naciones engañadas, no ubica a Gog y Magog entre ellas.
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Pre-milenialismo Histórico
Luego
de la derrota de las fuerza del mal, las montañas se desmoronarán, la tierra se
volverá una llanura plana y el Juicio será instituido sobre la gente de la
tierra. Los verdaderos creyentes en Cristo serán recompensados con el Cielo y
la eterna comunión con Dios, y los incrédulos y pecadores que no se arrepientan
serán enviados al Infierno y la eterna separación de Dios.
Preterismo es el nombre general para el
punto de vista encontrado en ambas visiones que se oponen al Pre-milenialismo. Este
ve el retorno de Jesús como si ya hubiera sucedido en el momento de la
destrucción del templo de Jerusalén, al menos en términos del juicio. Es decir,
ellos ven a la gente como juzgada cuando mueren. Por lo tanto, este ve a la
tierra misma como imperecedera; y que perfeccionar nuestra fe y la verdad
acerca de Dios es una tarea que no tiene fin, la cual nos ha sido asignada por
Dios. Entre los preteristas
parciales, el momento de perfección es la segunda venida física de Jesús, quien
entonces reinará para siempre sobre aquellos que hayan alcanzado la salvación.
El Post-milenialismo ve el reinado de 1.000 años de Jesús como más figurativo que literal,
y que este ya ha comenzado. Jesús es literalmente el rey de la Tierra ahora, juzgando
a los muertos a medida que ellos mueren, y la iglesia cristiana está en el
proceso de perfeccionar la creencia en él y de derrotar a Satanás. Luego, Jesús
retornará para vencer al Anticristo, anunciando el fin del mundo, y establecer a
la Iglesia para gobernar con él.
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Post-milenialismo
El A-milenialismo también ve el reinado de 1.000 años como figurativo y ya establecido;
pero, como el pre-milenialismo, este ve el Día del Juicio como el día de
separar los buenos de los malos y consignarlos eternamente a sus respectivos
destinos.
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A-milenialismo
Estos puntos de vista con
frecuencia se superponen, por lo que uno no está seguro dónde una doctrina
termina y dónde comienza la otra. Ninguna de ellas, sin embargo, se ajusta a la
visión islámica del reino de Jesús y su papel en la segunda venida.
El Islam ve el retorno de Jesús
como la culminación de su vida y su misión, la cual dejó incompleta. Como el verdadero Mesías, sólo
él tiene el poder que le fue dado por Dios de vencer al falso Mesías al final
de los tiempos. Su gobierno será testigo de la invasión del Gog y Magog, a
quienes ni siquiera él será capaz de derrotar. En lugar de esto, él orará a
Dios, Quien entonces los destruirá. El fin del Gog y Magog anunciará el
comienzo de una hegemonía mundial en la cual todos creerán, o al menos se
someterán, en su reino como representante de Dios. Él gobernará con la Ley de
Dios como fue enseñada por Muhammad (es decir, con el Islam), que la paz y las
bendiciones de Dios sean con él, hasta que muera a la edad de 70 ó 75 años. En
este periodo de tiempo habrá abundancia para todos, y paz a lo ancho y largo del
mundo. Entonces, algún tiempo después de que él muera y sea enterrado, los
musulmanes serán atrapados por una brisa y llevados al Más Allá. La gente que
quede en la tierra serán incrédulos, y sólo ellos serán testigos del capítulo
final del mundo.
Muchos de estos eventos
descritos en el Islam hacen eco del concepto del Mesías al final de los tiempos
concebido en el Judaísmo, a pesar de que ellos creen que la Ley con la que él
reinará será la Ley de Moisés, en lugar de la de Muhammad, la paz sea con ambos.
Tanto el Islam como el Judaísmo ven a la venida del Mesías esencialmente para unir,
reunir a los creyentes de los confines de la tierra. Ambos ven su gobierno como
un regreso a los fundamentos de la fe y la Ley. Ambos ven su rol como el de un
líder que luchará la guerra de Dios contra las fuerzas del mal, y que esta
guerra será seguida por una hegemonía pacífica en la que la Ley de Dios
prevalecerá en todo el mundo.
En donde ambos difieren es en a
quién representa esta figura del final de los tiempos. Para los judíos, el
Mesías necesariamente será un líder Judío que restablece a Israel y al templo y
todos sus ritos en Jerusalén. Para los musulmanes, él representa la defensa del
Islam puro, separando a los hipócritas de los verdaderos creyentes.
Las tres visiones del Mesías al
final de los tiempos tienen algo en común. Sin embargo, en los cuatro
siguientes artículos expondremos la imagen islámica del futuro, el cual es
visto como algo muy cercano. Esta visión es muy clara y sujeta a una pequeña
variación doctrinal, a diferencia de los puntos de vista tanto judío como cristiano.
Es responsabilidad del lector trazar las similitudes aparentes y rechazar
aquello que no refleja la verdad representada aquí.
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