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La poligamia ha sido practicada por la
humanidad durante miles de años. Muchos de los antiguos israelitas eran
polígamos, y algunos tuvieron cientos de esposas. Se dice que el rey Salomón
llegó a tener 700 esposas y 200 concubinas. Su padre, David, tuvo 99; y Jacobo,
de quien descienden las tribus de Israel, tuvo cuatro.
Algunos hombres sabios judíos han aconsejado que ningún hombre debe casarse con
más de cuatro esposas.
Ninguna de las primeras sociedades puso
restricciones al número de esposas ni puso condición alguna sobre la forma en
que debían ser tratadas. Tan recientemente como en el siglo XVII, la poligamia
era practicada y aceptada por algunas sectas de la Iglesia Cristiana. Los
mormones (Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días) han permitido
y practicado la poligamia en los Estados Unidos, incluso hoy en día.
La monogamia fue introducida en el
cristianismo en la época de Pablo, cuando se llevaron a cabo muchas revisiones
en las doctrinas cristianas. Esto se hizo para que la Iglesia se adaptara a la
cultura grecorromana dominante, en la que los hombres eran monógamos pero
tenían muchas esclavas a quienes utilizaban libremente: En otras palabras,
ellos también practicaban una forma de poligamia sin restricciones.
Los primeros cristianos inventaron ideas
de que las mujeres estaban “llenas de pecado” y el hombre estaba en mejor
situación si “nunca se casaba”. Dado que esto sería el fin de la humanidad si
se pusiera en práctica, esta misma gente cedió y dijo “cásense con sólo una”.
Es frecuente que en la sociedad
estadounidense, cuando las relaciones se ponen tensas, el marido simplemente abandone
a la esposa. Entonces puede cohabitar con una prostituta o con otra mujer
inmoral, sin pasar por el ritual de la legalización del matrimonio. Las mujeres
en ocasiones se comportan de igual manera, abandonan a sus esposos y luego
viven con un nuevo compañero en una relación inmoral. Más común, sin embargo,
es la práctica de la inmoral “unión libre” premarital, para poder probar muchas
parejas antes de decidirse a casarse con una.
Hoy día hay tres clases de poligamia
practicada en las sociedades occidentales:
(1) Poligamia serial, es decir,
matrimonio, divorcio, matrimonio, divorcio, matrimonio, divorcio, y así
sucesivamente muchas veces más.
(2) Un hombre se casa con una mujer,
pero tiene y mantiene a una o más amantes.
(3) Un hombre soltero tiene varias
amantes.
El Islam tolera pero desalienta la primera
y prohíbe las otras dos.
Las guerras pueden provocar que el número
de mujeres exceda por mucho al número de hombres. En una sociedad monógama
estas mujeres, al quedarse sin marido o apoyo, llegan a recurrir a la
prostitución, las relaciones ilegales con hombres casados, dando como resultado
hijos ilegítimos por quienes no responde el padre, o viven una soltería o
viudez solitaria.
Algunos hombres en Occidente toman la
posición de que la monogamia protege los derechos de la mujer. ¿Pero estos
hombres se preocupan en realidad por los derechos de la mujer? La sociedad
tiene muchas prácticas que explotan y reprimen a las mujeres, y esto es lo que
ha llevado a la formación de los movimientos de liberación femenina, desde las
sufragistas de principios del siglo XX a las feministas de hoy, y que todavía
llevan a estos movimientos a continuar sus campañas para obtener un trato
igualitario en la sociedad, así como ante la ley.
La verdad del asunto es que la monogamia
protege al hombre, permitiéndole “jugar por ahí” sin responsabilidad. El fácil
control de la natalidad y los abortos legales accesibles han abierto la puerta
para el sexo ilícito con mujeres, y ellas han sido atraídas por la llamada
“revolución sexual”. Pero ellas siguen siendo las que sufren los traumas del
aborto y los efectos colaterales de los métodos de planificación.
Haciendo a un lado las plagas de las
enfermedades venéreas, herpes y SIDA, los hombres continúan disfrutando sin
preocupaciones. Los hombres son los protegidos por la monogamia, mientras las
mujeres siguen siendo víctimas de los deseos de los hombres. La poligamia es
todo lo opuesto a la sociedad dominada por los hombres, ya que obliga a los
hombres a encarar sus responsabilidades y su fidelidad. Ella los obliga a tomar
responsabilidad por sus inclinaciones polígamas, y a proteger y mantener a las
mujeres e hijos.
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