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27. La biblia reporta dos veces en que
a Jesús lo llamaron Dios, pero él lo negó en ambas ocasiones. Según la
biblia, algunos judíos dijeron que Jesús era Dios o igual a Dios, y Jesús los
refutó ambas veces. Cuando dijeron que él era igual a Dios, dijo
inmediatamente:
“El hijo
no puede hacer nada por sí mismo, sino lo que el Padre haga” (Juan 5:19, 30); e
inmediatamente después agrega:
“Yo no puedo hacer
nada según mi propio deseo”.
En la respuesta a quienes dijeron que era Dios, Jesús
fue tajante: “Las Escrituras no dicen que Moisés era un dios, ni que los
profetas sean dioses; yo no soy inferior a ellos, yo no me llamé Dios, soy sólo
el “hijo” de Dios” (Juan 10:34-36).
La afirmación de que él era Dios difícilmente pudo haber
sido la respuesta real de Jesús. Hastings, en “El Diccionario de la Biblia”,
dice: “Es muy dudoso que Jesús dejara alguna confusión”. La enciclopedia de
Grolier, bajo el título “Jesús Cristo”, dice: “es dudoso que idiomáticamente se
entendiera que las referencias a “padre” e “hijo” implicaran, de alguna manera,
la divinidad de Jesús (Marcos 18:32; Mateo. 11:25-27)”. En la Universidad de Richmond, el Dr. Robert Alley, después de realizar una profunda investigación
en los documentos más antiguos recientemente encontrados, concluye:
“.... En los pasajes (Bíblicos) donde Jesús habla sobre
el “Hijo de Dios”, existen agregados tardíos.... donde se suma lo que la
iglesia dijo sobre él. Que Jesús exigiera ser reconocido como una deidad, no se
condice con su forma de vida ni con nada de lo que sabemos sobre él. Durante
las primeras tres décadas después de la partida de Jesús, la cristiandad
continuó como una secta dentro de Judaísmo. Las primeras tres décadas de la
existencia de la iglesia estaban dentro de la sinagoga. Eso habría estado fuera
de la creencia si ellos (los seguidores de Jesús) hubieran proclamado la deidad
de Jesús”.
Jesús dijo que él era “hijo” de Dios, ¿qué significa? Es
primordial en este punto observar el idioma de los judíos a quienes él estaba
hablando.
La mayoría de las personas piensa que ningún otro verso
contradice o da el rango de “hijo divino” a otras personas en el Antiguo
Testamento o en el Nuevo. Pero según la Biblia, Dios tenía varios “hijos”: Adán,
Jacob es el hijo de Dios y primogénito, Salomón,
Efraín
es nombrado como “hijo” de Dios, todos son “hijos” de Dios
y, sin embargo, es evidente que eran personas. Los cuatro Evangelios registran
a Jesús diciendo: “Benditos los que promueven la paz; ellos se llamarán hijos
de Dios”.
La palabra “hijo” no puede, obviamente, ser leída
literalmente, porque en la Biblia Dios se dirige a muchos de sus siervos escogidos
como “hijo” e “hijos”.
Los hebreos creían que Dios no tenía ni
esposa ni hijos en sentido literal. Por consiguiente, es obvio que la
expresión “hijo de Dios” quiere decir “Siervo de Dios”; alguien que, debido
al servicio fiel, es íntimo y estimado por Dios, como un hijo lo es por su
padre. Posteriormente, los cristianos de habla griega o latina emplearon mal
este término. El “hijo de Dios” no significa una encarnación de un dios o
alguien nacido de una unión física entre un varón y dioses mujeres, aunque
estas ideas eran comunes entre los paganos de Grecia y el Imperio Romano. Esto
puede verse en Hechos 14: 11-13, donde vemos que cuando Pablo y Bernabé
predicaron en una ciudad de la actual Turquía, los paganos dijeron que ellos
eran dioses encarnados. Confundieron a Bernabé con el dios romano Júpiter, y a
Pablo con el dios Hermes.
Además, en el Nuevo Testamento, la palabra
griega traducida como “hijo” es “pias”, y la palabra “paida”, muy similar,
significa “siervo”, o “hijo” en el sentido de sirviente. Esta similitud
entre las palabras sin duda produjo muchos errores. Jesús simplemente estaba
diciendo que él era un siervo de Dios.
Según la iglesia, Dios tenía que tomar la forma de un
humano para entender la tentación y el sufrimiento del ser humano, pero el
concepto no está basado en ninguna palabra clara de Jesús. En contraste, Dios
no necesita ser tentado y sufrir para poder entender y perdonar los pecados del
hombre, porque Él es el Creador Omnisapiente del hombre. Esto se expresa en el
verso:
“Y el Señor dijo: “Yo
he visto la aflicción de Mi pueblo que está en Egipto, y yo he oído su lamento
debido a sus capataces; porque yo sé sus dolores” (Éxodo 3:7).
Dios perdonaba los pecados antes de la llegada de Jesús,
y Él continúa perdonando sin requerir ninguna ayuda. Cuando un creyente peca,
puede presentarse ante Dios con un arrepentimiento sincero para recibir su
perdón. De hecho, Dios acepta a quien se humilla ante Él, y ofrece su perdón
así a toda la humanidad.
“Y no hay ningún
Dios además de Mí; Soy un Dios justo y un Salvador; no hay ninguno a lado de Mí.
Ríndanse a Mí todos los confines de la tierra; porque Yo soy Dios, y no hay
ningún otro” (Isaías 45:21-22).
Bíblicamente, las personas pueden recibir perdón por sus
pecados a través del arrepentimiento sincero buscado directamente en Dios. Esto
es en todo momento y en todos los lugares. No ha existido nunca la necesidad de
intercesores del modo en que pretenden los trinitarios, diciendo que Jesús se
sacrifica logrando la expiación. Las escrituras hablan contra ellos. No hay
verdad en la creencia cristiana de que Jesús murió por nuestros pecados y que la
salvación sólo se alcanza a través de Jesús. ¿Qué hay sobre la salvación de las
personas antes de Jesús? La muerte de Jesús no trae ninguna expiación del
pecado, ni es de forma alguna el cumplimiento de una profecía bíblica.
Según los trinitarios, en el nacimiento de Jesús ocurrió
el milagro de la encarnación de Dios en la forma de un ser humano. Pero decir que
Dios se volvió de verdad un ser humano invita a realizar varias preguntas. Permitan
preguntar lo siguiente sobre el hombre-Dios Jesús: ¿Qué pasó con su prepucio
después de su circuncisión? (Lucas 2:21) ¿Ascendió al cielo, o se descompuso
como con cualquier pedazo humano de carne? Durante su vida… ¿qué le sucedió a
su pelo, sus uñas y la sangre de sus heridas? ¿Las células de su cuerpo
murieron como las de los seres humanos ordinarios? Si su cuerpo no funcionaba
de una manera humana, no podía ser verdaderamente humano, así como tampoco
verdaderamente un dios. Además, si su cuerpo funcionara exactamente como el de
un ser humano, esto anularía cualquier posibilidad de que fuese una divinidad.
Sería imposible para cualquier parte de Dios, aun cuando hubiese encarnado,
descomponerse de forma alguna y todavía ser considerado Dios. Él es un Dios Eterno,
en el todo o en la parte, no muere, no se desintegra ni se descompone:
“Porque Yo el
Señor, no cambio” (Malaquías 3:6).
¿Las carnes de Jesús moraron en la
seguridad después de su muerte? A menos que el cuerpo de Jesús nunca se
degradara durante su vida, él no podría ser Dios; pero si no sufrió
degradación, entonces no era verdaderamente humano.
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