Breve historia del Islam (parte 1 de 5): El Profeta del Islam
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Descripción: El primer periodo de la vida del Profeta, antes de recibir la profecía, y una breve reseña de su misión en Meca.
Por Ismail Nawwab, Peter Speers y Paul Hoye (editado por IslamReligion.com)
Publicado 09 Feb 2009 - Última modificación 30 Mar 2009
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Cerca del año 570, nació un niño que
sería llamado Muhammad y que se convertiría en el Profeta de una de las
religiones más grandiosas del mundo, el Islam. Él nació dentro dentro de una
familia perteneciente a un clan de Quraish, la tribu gobernante de Meca, una
ciudad ubicada en la región del Hiyaz al noroeste de Arabia.
La Ka’bah, un antiguo santuario ubicado
en la ciudad de Meca que, debido a la decadencia de Arabia del sur, durante el
siglo VI se había convertido en un importante centro de comercio relacionado con
grandes potencias como los sasánidas, bizantinos y etíopes. Como resultado de
esto, la ciudad fue dominada por poderosas familias comerciantes, entre quienes
sobresalían los hombres de Quraish.
El padre de Muhammad, ‘Abdullah Ibn ‘Abd
Al-Muttalib, murió antes de que el niño naciera; su madre, Áminah, murió cuando
él tenía seis años. El huérfano fue confiado al cuidado de su abuelo, líder del
clan de Hashim. Después de la muerte de su abuelo, Muhammad fue criado por su
tío, Abu Talib. Como era costumbre, de pequeño Muhammad fue destinado a vivir
por uno o dos años con una familia beduina. Esta tradición, continuada hasta
hace poco por familias nobles de Meca, Medina, Taif y otros pueblos del Hiyaz,
influyó notablemente en Muhammad. Además de soportar las dificultades de la
vida del desierto, adquirió el gusto por la expresión refinada y la elocuencia,
algo muy apreciado por los árabes, para quienes la oratoria era el arte que más
los enorgullecía. También aprendió la paciencia y la abstinencia propia de los pastores,
cuya vida solitaria que en primera instancia compartió, y luego comprendió y
apreció.
Cerca del año 590, Muhammad, entonces
en sus 20 años, entró al servicio de una viuda comerciante llamada Jadiyah,
dedicada al comercio de caravanas hacia el norte. Algún tiempo después él se casó
con ella y tuvieron dos hijos –ninguno de los cuales sobrevivió– y cuatro
hijas.
A sus 40 años, Muhammad comenzó a retirarse
para meditar en una cueva en el monte Hira, en las afueras de Meca, donde
ocurrió el primero de los grandes eventos del Islam. Un día, mientras estaba
sentando dentro de la cueva, escuchó una voz, posteriormente identificada como
la del Ángel Gabriel, que le ordenó lo siguiente:
“¡Recita! [¡Oh, Muhammad!] En el nombre de tu
Señor, Quien creó todas las cosas. Creó al hombre de un cigoto”. (Corán 96:1-2)
Muhammad expresó tres veces que era incapaz
de hacerlo, pero cada vez el mandato se repetía. Finalmente, Muhammad recitó
las palabras que ahora se encuentran en los primeros cinco versículos del capítulo
96 del Corán, palabras que proclaman a Dios como el Creador del hombre y Fuente
de todo el conocimiento.
En un principio Muhammad narró su
experiencia solamente a su esposa y a su círculo más cercano. Pero cuando las
revelaciones le ordenaron que proclamara la unicidad de Dios abiertamente, sus
seguidores aumentaron, al comienzo entre los pobres y los esclavos, pero luego también
entre los hombres más ilustres de Meca. Tanto las revelaciones que recibió en
ese momento como las que recibió después, están incluidas en el Corán, las
Sagradas Escrituras del Islam.
No todos aceptaron el mensaje de Dios
transmitido por Muhammad. Incluso dentro de su mismo clan existieron quienes
rechazaron sus enseñanzas; de la misma manera, muchos comerciantes se opusieron
activamente al mensaje. Sin embargo, la oposición simplemente servía para reafirmar
en Muhammad el significado de la misión y su comprensión exacta de cómo el
Islam difería del paganismo. La creencia en la unicidad de Dios es de vital
importancia en el Islam, de esto se desprende el resto de sus doctrinas. Los
versículos del Corán enfatizan la singularidad de Dios, advierten a aquellos
que niegan esto del castigo inminente, y declaran Su compasión ilimitada para
aquellos que se someten a Su voluntad. Confirman el Juicio Final, cuando Dios,
el Juez, pondrá en la balanza la fe y las obras de cada ser humano,
recompensando a los seguidores fieles y castigando a los transgresores. Debido
a que el Corán rechazó el politeísmo y enfatizó la responsabilidad moral del
hombre con imágenes elocuentes, representaba un serio desafío a la vida mundana
de los mecanos.
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Breve historia del Islam (parte 2 de 5): La Hiyrah
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Descripción: La Hiyrah o emigración de los musulmanes hacia Medina y los principales desafíos en los comienzos de la estadía del Profeta en dicha ciudad.
Por Ismail Nawwab, Peter Speers y Paul Hoye (editado por IslamReligion.com)
Publicado 09 Feb 2009 - Última modificación 09 Feb 2009
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Después de que Muhammad hubiera
predicado públicamente por más de una década, la oposición alcanzó niveles tan
altos que, temeroso por la seguridad de sus seguidores, envió a algunos de ellos
a Etiopía. Allí, el gobernante cristiano les brindó su protección, y desde
entonces ese hecho es recordado con aprecio por los musulmanes. Pero en Meca la
persecución empeoró. Los seguidores de Muhammad fueron acosados, perseguidos y
hasta torturados. Finalmente, setenta de los seguidores de Muhammad, siguiendo sus
órdenes, partieron hacia el pueblo de Yazrib, en el norte, con la esperanza de iniciar
una nueva etapa del movimiento islámico. Esta ciudad sería luego refundada bajo
el nombre de Al Medina (“La ciudad”). Tiempo después, a inicios del otoño del
622, Muhammad junto a su amigo más cercano, Abu Baker as-Siddiq, se pusieron en
marcha para reunirse con el resto de los emigrantes. Este acontecimiento
coincidió con el complot de los líderes de Meca para asesinarlo.
En Meca, los conspiradores llegaron a
la casa de Muhammad para encontrar que su primo, ‘Ali, había tomado su lugar en
la cama. Enfurecidos, los mecanos pusieron precio a la cabeza de Muhammad e
iniciaron la persecución. Sin embargo, Muhammad y Abu Baker se refugiaron de
sus perseguidores en una cueva, donde permanecieron escondidos. Gracias a la
protección de Dios, los mecanos pasaron por la cueva sin notarlos, y Muhammad y
Abu Baker siguieron su viaje hacia Medina. Una vez allí, fueron recibidos con
gran júbilo por una multitud de medinenses y mecanos que se habían adelantado
para preparar el camino.
Esta fue la Hiyrah –palabra españolizada
como Hégira–, generalmente, aunque de manera incorrecta, traducida como “huída”,
a partir de la cual se inició la era musulmana. De hecho, la Hiyrah no fue una
huída, sino que fue una emigración cuidadosamente planeada que marca, no sólo
un cambio en la historia –el comienzo de la era islámica–, sino que además,
para Muhammad y los musulmanes, el inicio de una nueva forma de vida. De ahí
en más, el principio organizativo de la sociedad dejó de ser el simple
parentesco de sangre para transformarse en una hermandad más grande, la de
todos los musulmanes. Los hombres que acompañaron a Muhammad durante la Hiyrah
fueron llamados Muhayirun –“Aquellos que hicieron la Hégira o los
Emigrantes”–, mientras los que se convirtieron en musulmanes en Medina fueron llamados
Ansar o “los auxiliadores”.
Muhammad estaba bien enterado de la
situación en Medina. Antes de la Hiyrah, varios de sus habitantes arribaron a Meca
para participar de la peregrinación anual; y como el Profeta utilizaba esta
oportunidad para invitar a los peregrinos al Islam, el grupo proveniente de
Medina escuchó su llamado y se hicieron musulmanes. Ellos lo invitaron a
instalarse en Medina. Después de la Hiyrah, las excepcionales cualidades de
Muhammad impresionaron de tal manera a la gente de Medina, que las tribus
rivales y sus aliados se unieron temporalmente. El 15 de marzo del 624,
Muhammad y sus seguidores se enfrentaron a los paganos de Meca.
La primera batalla, que tuvo lugar
cerca de Bader –que ahora es un pequeño pueblo hacia el sudoeste de Medina–,
tuvo varios efectos importantes. En primer lugar, las fuerzas musulmanas,
superadas en un número de tres a uno, derrotaron a los mecanos. En segundo
lugar, la disciplina exhibida por los musulmanes demostró a los mecanos, quizás
por primera vez, las habilidades del hombre al cual habían expulsado de su
ciudad. En tercer lugar, una de las tribus aliadas que se había comprometido a
apoyar a los musulmanes en Bader, pero luego había demostrado indiferencia
cuando la batalla comenzó, fue expulsada de Medina un mes después. Aquellos
quienes afirmaron ser aliados de los musulmanes pero tácitamente se les
opusieron, fueron de este modo severamente advertidos: pertenecer a la
comunidad implicaba total apoyo a la causa.
Un año después los mecanos lanzaron su
contraataque. Un ejército montado de tres mil hombres se enfrentó a los musulmanes
en Uhud, un monte en las afueras de Medina. A pesar de su éxito inicial, los musulmanes
fueron duramente atacados y el mismo Profeta fue herido. Ya que los musulmanes aún
no estaban completamente derrotados, los mecanos, con un ejército de 10.000
hombres, otra vez atacaron Medina dos años después, pero con resultados muy
diferentes. En “la batalla de la trinchera”, también conocida como “la batalla
de los aliados”, los musulmanes obtuvieron una evidente victoria inaugurando
una nueva forma de defensa. Del lado de Medina, desde donde el ataque era esperado,
cavaron una fosa muy profunda para que la caballería de los mecanos no pudiera pasar
sin exponerse al ataque de los arqueros que estaban estratégicamente colocados
en el flanco de Medina. Finalmente, los mecanos fueron forzados a retirarse. A
partir de entonces, Medina quedó completamente en manos de los musulmanes.
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Breve historia del Islam (parte 3 de 5): La conquista de Meca
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Descripción: La última parte de la residencia del Profeta en Medina: desde el Tratado de Hudaybiah y la conquista de Meca, hasta su muerte.
Por Ismail Nawwab, Peter Speers y Paul Hoye (editado por IslamReligion.com)
Publicado 16 Feb 2009 - Última modificación 16 Feb 2009
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La Constitución de Medina –bajo la cual
los clanes que aceptaron a Muhammad como Profeta de Dios formaron una alianza o
confederación– data de este periodo. Eso demuestra que la conciencia política
de la comunidad musulmana había alcanzado un importante nivel, y por ello sus
miembros se definieron como una comunidad independiente. La Constitución
también definió el rol de los no musulmanes en la comunidad. Los judíos, por
ejemplo, formaban parte de la sociedad; ellos eran dhimmis, es decir,
personas protegidas, siempre y cuando acataran las leyes. Esto estableció un
precedente para la relación con otros pueblos vencidos durante conquistas
posteriores. Cristianos y judíos, sobre el pago de un impuesto simbólico, gozaban
de libertad religiosa y, aún manteniendo su condición de no musulmanes, eran
miembros adjuntos del Estado Musulmán. Sin embargo, esta posición no era
aplicable a los politeístas, ya que no podían ser tolerados dentro de una
sociedad que adoraba al Dios Único.
Ibn Ishaq, uno de los primeros
biógrafos del Profeta, afirma que fue alrededor de ese período que Muhammad
envió cartas a los gobernantes de la tierra –el Rey de Persia, el Emperador de
Bizancio, los Negus de Abisinia, el gobernador de Egipto, entre otros–
invitándolos a abrazar el Islam. Nada puede ilustrar mejor la confianza de la
pequeña comunidad, ya que su poderío militar –a pesar de la batalla de la
trinchera– todavía era insignificante. Sin embargo, esa confianza no estaba
fuera de lugar. Muhammad fue estableciendo, de manera tan efectiva, una serie
de alianzas entre las tribus que, alrededor del año 628, él y 1.500 seguidores
pudieron exigir el acceso a la Ka’bah. Esto marcó un hito en la historia de los
musulmanes. Poco tiempo antes Muhammad había dejado la ciudad de su nacimiento
para fundar un Estado Islámico en Medina. Ahora, con sumo derecho, sus anteriores
enemigos lo trataban como a un líder. Al año siguiente, en el 629, regresó y
conquistó Meca sin derramar ni una gota de sangre y bajo un espíritu de
tolerancia, lo cual se estableció como un ideal para futuras conquistas.
También destruyó los ídolos restantes en la Ka’bah, con el objetivo de
finalizar para siempre las prácticas paganas en ese lugar. Mientras esto
transcurría, ‘Amr Ibn Al-’As, el futuro conquistador de Egipto, y Jalid Ibn Al-Walid,
la futura “Espada de Dios”, aceptaron el Islam y juraron lealtad a Muhammad. La
conversión de estos hombres fue especialmente notable debido a que habían estado
entre los más duros adversarios de Muhammad hacía poco tiempo atrás.
De alguna manera, el regreso de
Muhammad a Meca fue el clímax de su misión. En el 632, sólo tres años después,
enfermó repentinamente; y el 8 de Junio de ese año, estando a lado de ‘A’isha,
su tercera esposa, el Mensajero de Dios “murió con el calor del mediodía”.
La muerte de Muhammad fue una gran pérdida.
Para sus seguidores, este sencillo hombre de Meca era mucho más que un querido
amigo, mucho más que un talentoso administrador, mucho más que el gran líder
que había forjado un nuevo estado a partir de un grupo de tribus que estaban en
guerra. Muhammad era además un ejemplo de las enseñanzas que transmitía de
Dios: las enseñanzas del Corán que por siglos han guiado el pensamiento y la
acción, la fe y la conducta de innumerables hombres y mujeres, que llevaron a
una nueva era en la historia de humanidad. Su muerte, sin embargo, tuvo un
pequeño efecto sobre la dinámica de la sociedad que había creado en Arabia, y
no afectó para nada su principal misión: transmitir el Corán al mundo. Abu Baker
dijo: “Quien adoraba a Muhammad, sepa que Muhammad ha muerto; pero quien adoraba
a Dios, sepa que Dios vive y no muere”.
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Breve historia del Islam (parte 4 de 5): Los califatos de Abu Baker y Umar
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Descripción: El califato o sucesión de Abu Baker y Umar, dos de los más prominentes compañeros del Profeta. La extensión del Islam y la política exterior islámica respecto a los habitantes de las tierras conquistadas.
Por Ismail Nawwab, Peter Speers y Paul Hoye (editado por IslamReligion.com)
Publicado 16 Feb 2009 - Última modificación 17 Mar 2009
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Con la muerte de Muhammad, la comunidad
musulmana debía resolver la cuestión de la sucesión. ¿Quién sería su líder?
Había cuatro personas que con toda seguridad serían candidatas para el liderazgo:
Abu Baker as-Siddiq, quien además de haber acompañado a Muhammad hasta Medina
diez años atrás, había sido nombrado para tomar el lugar del Profeta como líder
de la oración grupal durante su última enfermedad; Umar Ibn Al-Jattab,
compañero fiel y de confianza del Profeta; Uzmán Ibn ‘Affan, un hombre respetado
que estuvo entre los primeros conversos; y ‘Ali Ibn Abi Talib, primo y yerno de
Muhammad. Todos ellos poseían el mismo nivel de excelentes virtudes y capacidad
para gobernar los asuntos de la Nación Islámica. En una reunión llevada a cabo
para decidir quién sería el nuevo líder, Umar, realizando la tradicional señal
de reconocimiento de un nuevo líder, tomó la mano de Abu Baker y le juró lealtad.
Para el anochecer todos estuvieron de acuerdo y Abu Baker fue nombrado el
Califa (sucesor) de Muhammad. La palabra Califa indica el rol de gobernar de
acuerdo al Corán y la práctica del Profeta.
El califato de Abu Baker fue breve pero
importante. Líder ejemplar, vivía de manera sencilla, cumplía con sus
obligaciones religiosas asiduamente, era accesible y amable con su gente.
También demostró firmeza cuando algunas tribus, que habían aceptado el Islam sólo
de palabra, renunciaron a él en cuanto falleció el Profeta. Un logro muy
importante fue que Abu Baker los disciplinó rápidamente. Mas tarde, consolidó
el apoyo de las tribus dentro de la Península Arábiga y posteriormente fusionó
sus energías contra los poderosos imperios de Oriente: los sasánidas en Persia
y los bizantinos en Siria, Palestina y Egipto. En pocas palabras, él demostró
la viabilidad del Estado Musulmán.
El segundo Califa, Umar, designado por
Abu Baker, continuó demostrando dicha viabilidad. Bajo el título de Amir Al-Muminin
(Líder de los creyentes), Umar extendió el dominio del Islam sobre Siria,
Egipto, Irak y Persia en lo que, desde un punto de vista puramente militar,
fueron victorias asombrosas. Cuatro años después de la muerte del Profeta, el
Estado Musulmán había extendido su influencia sobre toda Siria y había minado
el poder de los bizantinos –cuyo gobernante, Heraclio, poco tiempo atrás había
rechazado el llamado a aceptar el Islam– en una famosa batalla librada durante
una tormenta de arena cerca del Río Yarmuk.
Más asombroso aún, el Estado Musulmán
administró los territorios conquistados con una tolerancia casi sin precedentes
en ese tiempo. En Damasco, por ejemplo, el jefe musulmán, Jalid Ibn Al-Walid,
firmó un tratado que decía lo siguiente:
“Jalid Ibn Al-Walid le proporcionará a
los habitantes de Damasco lo siguiente: promete brindarles seguridad para sus
vidas, propiedades e iglesias. El muro de vuestra ciudad no será demolido y ninguno
de los musulmanes ocupará vuestras casas. Con ello les daremos el pacto de Dios
y la protección de Su Profeta, los califas y los creyentes. Mientras paguen el
impuesto correspondiente, nada excepto el bien les sucederá”.
Esta tolerancia era característica del
Islam. Un año después de Yarmuk, Umar, en el campamento militar de al-Yabiah,
sobre los Altos del Golán, recibió la noticia de que los bizantinos estaban
listos para entregar Jerusalén. Por consiguiente, se trasladó hasta allí para
aceptar la rendición en persona. De acuerdo a una descripción, entró a la
ciudad solo y vistiendo una túnica sencilla, dejando pasmado a un pueblo
acostumbrado a la vestimenta suntuosa y las ceremonias de las cortes bizantinas
y persas. Los sorprendió más aún cuando les quitó sus miedos al negociar un
generoso tratado en el cual les decía: “En el nombre de Dios... sus iglesias
serán absolutamente aseguradas, no serán ocupadas por musulmanes ni destruidas”.
Esta política demostró ser exitosa en
todas partes. En Siria, por ejemplo, muchos cristianos que habían estado
involucrados en serias disputas teológicas con las autoridades bizantinas –y fueron
perseguidos por ello– le dieron la bienvenida al Islam como una forma de
finalizar la tiranía. Y en Egipto, tierra que ‘Amr Ibn Al-As, tomó de los
Bizantinos luego de una audaz marcha a través de la Península del Sinaí, los
cristianos coptos no sólo dieron la bienvenida a los árabes, sino que además
los ayudaron con entusiasmo.
Este modelo se repitió a través de todo
el Imperio Bizantino. El conflicto entre los griegos ortodoxos, sirios monofisitistas,
coptos y cristianos nestorianos contribuyó al fracaso de los bizantinos
–siempre considerados como intrusos– para desarrollar el apoyo popular;
mientras que la tolerancia que los musulmanes mostraron hacia cristianos y judíos,
quitó la principal causa de oposición.
Umar también tomó esta actitud respecto
a los asuntos administrativos. Aunque asignó gobernadores musulmanes para las
nuevas provincias, los gobiernos bizantinos y persas existentes fueron
conservados donde fue posible. De hecho, durante 50 años el idioma griego
permaneció como la lengua utilizada por la corte de justicia de Siria, Egipto y
Palestina; mientras que el pahlavi, la lengua de las cortes de justicia de los sasánidas,
continuó siendo utilizado en Mesopotamia y Persia.
Umar, quien se desempeñó como califa
durante diez años, terminó su mandato con una importante victoria sobre el Imperio
Persa. La disputa con el Reino Sasánida había comenzado en el año 636 en Al-Qadisiah,
cerca de Ctesifonte en Irak, donde la caballería musulmana se había enfrentado
con éxito a los elefantes utilizados por los persas como una especie de tanques
primitivos. Ahora, con la batalla de Nihavand, llamada “la conquista de
conquistas”, Umar selló el destino de Persia; que a partir de entonces se
convirtió en una de las provincias más importantes del Imperio Musulmán.
Su califato marcó un punto importante
en los inicios de la historia islámica. Fue famoso por su justicia, ideales
sociales, administración y arte de gobernar. Sus emprendimientos fueron
notables en cuanto al apoyo del bienestar social, los impuestos y la estructura
financiera y administrativa del creciente imperio.
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Una breve historia del Islam (parte 5 de 5): El Califato de Uzmán ibn Affan
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Descripción: La elección, forma de gobierno y carácter del tercer Califa del Islam.
Por Amatullah Abdullah (editado por IslamReligion.com)
Publicado 16 Mar 2009 - Última modificación 16 Mar 2009
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Elección de Uzmán
Umar ibn Al-Jattab, el segundo Califa del
Islam, fue apuñalado mientras lideraba la oración del Fayr por un esclavo persa
llamado Abu Lu’lu’ah, un zoroastra. Mientras Umar yacía en su lecho de muerte, la
gente a su alrededor le pidió que nombrara un sucesor. Umar nombró un comité de
seis personas para que escogieran el sucesor entre ellos mismos.
Este comité estaba conformado por Ali
ibn Abi Talib, Uzmán ibn Affan, Abdur-Rahman ibn Awf, Sad ibn Abi Waqqas,
Az-Zubayr ibn Al-Awam y Talhah ibn Ubayd Allah, quienes estaban entre los más
eminentes compañeros del Profeta, que la paz y las bendiciones
de Dios sean con él, y quienes
habían recibido en su tiempo de vida las nuevas del Paraíso.
Las instrucciones de Umar fueron que el
Comité de elección debería escoger al sucesor dentro de tres días, y que él
debería asumir su puesto en el cuarto día. Como pasaron dos días sin ninguna
decisión, los miembros se sintieron ansiosos ya que el tiempo se estaba acabando
rápidamente y aún no aparecía a la vista la solución del problema. Abdur-Rahman
ibn Awf ofreció olvidar su propia reivindicación si otros acordaban sumarse a
su decisión. Todos aceptaron permitir que Abdur-Rahman escogiera al nuevo Califa.
Él entrevistó a cada nominado y fue por Medina preguntando a la gente sobre su
elección. Finalmente, seleccionó a Uzmán como el nuevo Califa, dado que la
mayoría de la gente lo escogió a él.
Su Vida como Califa
Uzmán llevó una vida simple incluso
luego de convertirse en el líder del Estado Islámico. Hubiera sido fácil para
un exitoso hombre de negocios, tal como él, llevar una vida lujosa, pero él
nunca apuntó a llevar tal forma de vida en este mundo. Su único propósito fue alcanzar
el placer del más allá, pues él conocía que este mundo es una prueba y es temporal.
La generosidad de Uzmán continuó luego de que se convirtió en Califa.
Los Califas eran pagados por sus
servicios del tesoro público, pero Uzmán nunca tomó ningún salario por sus
servicios al Islam. No solo eso, sino que también desarrolló la costumbre de
liberar esclavos cada viernes, se preocupó por las viudas y huérfanos, y dio
caridad casi sin límites. Su paciencia y resistencia estaban entre las
características que lo hicieron un líder exitoso.
Uzmán logró mucho durante su gobierno. Le
dio impulso a la pacificación de Persia, continuó defendiendo al Estado Musulmán
contra los bizantinos, y lo que hoy se conoce como
Libia y gran parte de Armenia pasaron a ser territorios musulmanes. Uzmán también, a través de su primo
Mu'awiyah ibn Abi Sufyan, el gobernador de Siria, estableció una armada musulmana
que peleó una serie de luchas importantes con los bizantinos.
De mucha mayor importancia para el Islam,
sin embargo, fue la compilación que hizo Uzmán del texto del Corán como fue revelado
al Profeta. Dándose cuenta de que el mensaje original de Dios podía ser
inadvertidamente distorsionado por variantes en la
forma de recitar, el nombró un comité para recopilar todos los versículos del
Corán en dialecto árabe de Quraish (el más difundido) y eliminar los pergaminos
escritos en los otros dialectos”. El resultado fue el texto
que es aceptado hoy en día a través del mundo musulmán.
La oposición y el Final
Durante su califato, Uzmán enfrentó
mucha hostilidad de nuevos musulmanes nominales en nuevas tierras islámicas, que
empezaron a acusarlo de no seguir el ejemplo del Profeta y de los califas
precedentes en materias concernientes a la forma de gobernar. Sin embargo, los
Compañeros del Profeta siempre lo defendieron. Estas acusaciones nunca lo
cambiaron. Él permaneció paciente para ser un gobernante misericordioso. Incluso
durante el tiempo cuando sus enemigos lo atacaron, el no usó los fondos del
tesoro para proteger su casa o a él mismo. Como fue previsto por el Profeta Muhammad,
los enemigos de Uzmán se opusieron a él implacablemente, haciéndole muy difícil
gobernar. Sus oponentes finalmente conspiraron contra él, rodeando su casa, y
alentaron a la gente a matarlo.
Muchos de sus asesores le pidieron
detener el asalto pero él no lo hizo, hasta que fue asesinado mientras recitaba
el Corán exactamente como el Profeta había predicho. Uzmán murió como un mártir.
Anas ibn Malik narró lo siguiente:
“El Profeta una vez subió a la
montaña Uhud con Abu Bakr, Umar y Uzmán. La montaña tembló con ellos. El Profeta
le dijo (a la montaña): ‘¡Mantente firme, Oh Uhud! Pues sobre ti hay un Profeta,
un temprano y verdadero seguidor mío y dos mártires’”. (Sahih al-Bujari)
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