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Esta hermandad universal predicada por el Islam fue
liderada por los Compañeros del Profeta luego de él. Cuando el Compañero Ubada
bin As-Samit lideró una delegación ante Muqawqis, el patriarca cristiano de
Alejandría, este exclamó: “¡Llévense a este hombre negro lejos de mí, y en su
lugar traigan a otro que me hable!... ¿Cómo pueden ustedes estar contentos de
que un hombre negro sea el primero entre ustedes? ¿No sería mejor que él esté
por debajo de ustedes?” “¡En verdad no!”, replicaron los camaradas de Ubada, “aunque
él sea negro, como tú puedes ver, él es el primero en posición, inteligencia y
sabiduría entre nosotros; pues la persona negra no es despreciada entre
nosotros”.
“En verdad, los creyentes son todos hermanos
entre sí…” (Corán 49:10)
Es el Hayy o peregrinaje a La Meca lo que
permanece como el símbolo máximo de unidad y hermandad del hombre. Aquí, los
ricos y los pobres, provenientes de todas las naciones, se inclinan y se
levantan al unísono ante Dios en lo que es la más grande reunión de la
humanidad, testificando acerca de las palabras del Profeta cuando él dijo:
“Verdaderamente no hay superioridad
de un árabe sobre un no árabe o de un no árabe sobre un árabe, o de un hombre
blanco sobre un hombre negro o de un hombre negro sobre un hombre blanco,
excepto por la piedad”. (Ahmad)
Y esto confirma al Corán cuando dice:
“¡Oh, humanos! Os hemos creado a partir de un
hombre y una mujer, y os congregamos en pueblos y tribus para que os conozcáis
los unos a los otros. En verdad, el más honrado de vosotros ante Dios es el más
piadoso”. (Corán 49:13)
En lo que respecta al nacionalismo, el
cual busca crear facciones entre musulmanes por líneas étnicas y tribales, ello
es considerado una innovación malvada.
“Diles [¡Oh, Muhammad!]: Si vuestros padres,
hijos, hermanos, esposas y familiares, los bienes que hayáis adquirido, los
negocios que temáis perder y las propiedades que poseáis y os agraden son más
amados para vosotros que Dios, Su Mensajero y la lucha por Su causa, pues
entonces esperad que os sobrevenga el castigo de Dios; y sabed que Dios no guía
a los corruptos”. (Corán 9:24)
El Profeta dijo:
“... quien
luche bajo la bandera de los ciegos, volviéndose iracundo por el nacionalismo,
llamando al nacionalismo o asistiendo al nacionalismo, y muere, entonces, habrá
sido como si hubiese muerto en la yahiliia (es decir, ignorancia e incredulidad
pre-islámica)”. (Sahih Muslim)
En lugar de esto, el Corán dice:
“Cuando los incrédulos cerraron sus corazones a
la Verdad como en la época de la ignorancia [previa al Islam], Dios hizo
descender el sosiego sobre Su Mensajero y sobre los creyentes, y les infundió
el completo sentido de la piedad, pues eran los más dignos de ella; y Dios todo
lo sabe”. (Corán 48:26)
De hecho, los musulmanes constituyen un solo
cuerpo y una supra-nación, como el Profeta explicó:
“La parábola de los creyentes en su
amor y misericordia mutuos es como un cuerpo vivo: si una de las partes siente
dolor, todo el cuerpo sufre de insomnio y fiebre”. (Sahih
Muslim)
El Corán confirma esta unidad:
“Hicimos de vosotros una comunidad moderada y
justa, a fin de que fuerais testigos ante la humanidad [de la llegada de los profetas
anteriores], y fuera el Mensajero vuestro testigo”. (Corán
2:143)
Tal vez, una de las más grandes barreras
para la aceptación de Islam por parte de muchos occidentales es la falacia de
que es principalmente una religión para orientales o para personas de piel
oscura. Sin duda, las injusticias raciales en contra de muchos negros, ya sean
esclavos abisinios de la Arabia pre-islámica o afroamericanos del siglo XX, han
llevado a muchos a acoger el Islam. Pero esto no viene al caso. El mismo Profeta
Muhammad fue de tez blancuzca, descrito por sus Compañeros como “blanco y colorado”
–una descripción que decenas de millones de creyentes árabes, berberíes y
persas comparten–. Incluso los rubios de ojos azules no son tan raros entre los
nuevos habitantes del Cercano Oriente. Más aún, Europa tiene más musulmanes
blancos que inmigrantes “de color”. Los bosnios, por ejemplo, cuyo número fue diezmado
a finales del siglo XX pero quienes, debido a su heroísmo y tradición de
tolerancia, han contribuido mucho a la paz y la estabilidad de los Balcanes. Igualmente
los albanos, descendientes de los antiguos ilirios de Europa, son también en su
mayoría musulmanes. De hecho, uno de los principales eruditos musulmanes del
siglo XX, el Imam Muhammad Nasir-Ud-Deen Al-Albani, era, como su título lo
sugiere, albano.
“…ciertamente creamos al hombre con la más
bella conformación”. (Corán 5:4)
Los blancos han sido llamados “caucásicos”
siempre, desde que los antropólogos declararon a las Montañas del Cáucaso,
hogar de los picos más altos de Europa, como la “cuna de la raza blanca”. Hoy
en día, los nativos de esas montañas son musulmanes. Entre una de las poco
conocidas tribus de fieros montañeses y agraciadas mujeres están los circasianos,
afamados por su bravura y su belleza, y quienes, como gobernantes mamelucos de
Siria y Egipto, ayudaron a defender al mundo civilizado y a salvaguardar sus
tierras santas de los asaltos de las hordas mongolas. Luego, están los brutalmente
perseguidos chechenos, discutiblemente las más indómitas de todas las criaturas
de Dios, cuya tenacidad y resistencia les han ayudado a evitar el destino de
los circasianos. Por otro lado, más de 1.000.000 de blancos caucásicos americanos
y del norte de Europa –anglosajones, francos, alemanes, escandinavos y celtas
incluidos– ahora profesan el Islam. De hecho, el Islam entró pacíficamente a ciertas
partes de Europa antes que la cristiandad: “Hace mucho tiempo, cuando el eslavo
ruso no había empezado a construir iglesias cristianas en el Oká ni había conquistado
estos lugares en nombre de la civilización europea, el búlgaro ya estaba oyendo
el Corán en las orillas del Volga y del Kama”. (Solov’ev, 1965) [El 16 de mayo de
922, el Islam se convirtió en la religión oficial del estado de los búlgaros
del Volga, con quienes los búlgaros de hoy comparten un ancestro común.]
Toda fe aparte del Islam llama de alguna
manera al culto de algún ser creado. Más aún, la raza y el color juegan un
papel central y divisivo en casi todos los sistemas de creencia no islámicos. Una
deificación cristiana de Jesús y de los santos o una deificación budista de
Buda y de los Dalai Lamas, tiene a gente de una raza y un color en particular siendo
adorados en derogación de Dios. En el judaísmo, la salvación es apartada de los
gentiles no judíos. El sistema de castas hinduista aparta igualmente las
aspiraciones espirituales, socio-políticas y económicas de las castas bajas “impuras”.
El Islam, a pesar de esto, busca unificar a todas las criaturas del mundo
alrededor de la Unidad y la Unicidad de su Creador. De esta forma, sólo el
Islam libera a todas las personas, razas y colores mediante la adoración
exclusiva a Dios.
“Y entre Sus signos está la creación de los
cielos y de la Tierra, la diversidad de vuestras lenguas y razas. Por cierto
que en esto hay signos para quienes los comprenden”. (Corán 30:22)
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