¿Puede el Cristianismo contestar esta pregunta?
En el Cristianismo, el significado de la vida está
arraigado en la fe en el evangelio de Jesucristo, aceptando a Jesús como el
Salvador.
“De tal manera amó Dios al mundo, que
ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda,
sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16)
Sin embargo, la proposición anterior no está exenta de serios
problemas.
Primero, si éste es el propósito de la creación y la
condición previa para la vida eterna, ¿por qué esto no fue enseñado por los
profetas enviados a todas las naciones del mundo? Segundo, si Dios se hubiese convertido
en hombre cerca del tiempo de Adán toda la humanidad habría tenido la misma
oportunidad de alcanzar la vida eterna, ¡a menos que aquéllos antes de la época
de Jesús tuvieran otro propósito para su existencia! Tercero, ¿cómo encaja esto
en las personas de hoy que no han oído hablar de Jesús? ¿Cómo se cumple en
ellos el propósito cristiano de la creación? Naturalmente, tal
propósito es demasiado estrecho y va contra la justicia divina.
La Respuesta
El Islam da la respuesta a los esfuerzos
de la humanidad por encontrar un significado trascendente. El propósito de la creación
para todos los hombres y mujeres durante todos los tiempos ha sido siempre uno:
conocer y rendir culto a Dios.
El Corán nos enseña que cada ser humano nace consciente de
Dios
“Y tu Señor creó a partir de Adán su
descendencia e hizo que todos ellos atestiguaran [diciéndoles]: ¿Acaso no soy
Yo vuestro Señor? Respondieron: Sí, lo atestiguamos. Esto es para que el Día
de la Resurrección no digáis: No sabíamos [que Allah era nuestro Señor]. O
digáis: Ciertamente nuestros padres eran idólatras, y nosotros sólo somos sus
descendientes. ¿Acaso vas a castigarnos por lo que cometieron quienes
siguieron una creencia falsa?” (Corán 7:172-173)
El Profeta del Islam nos enseña que Dios
creó esta necesidad primordial en la naturaleza humana en el momento en que
Adán fue creado. Dios hizo un pacto con Adán cuando lo creó. Dios extrajo a toda
la descendencia de Adán que todavía estaba por nacer, una generación después de
otra hasta el Día del Juicio, e hizo un convenio con ellos. Se dirigió a sus
almas directamente, haciéndoles testificar que Él es su Señor. Desde que Dios
hizo a todos los seres humanos jurar Su Divinidad cuando creó a Adán, este
juramento se imprime en el alma humana antes de que entre en el feto, y por eso
es que todo niño nace con una creencia natural en Dios. Esta creencia natural
se llama “fitra” en idioma árabe. Por consiguiente, cada persona lleva
la semilla de la creencia en Dios profundamente enterrada, aún si está bajo
capas de negligencia y o si su conciencia está afectada por el condicionamiento
social. Si un niño creciera solo, crecería con un conocimiento intuitivo de
Dios - un sólo Creador - pero los niños son afectados por el ambiente en el que
se desarrollan. El Profeta de Dios dijo:
“Todo niño nace en un estado de “fitra”,
luego sus padres le hacen judío o cristiano”.

Figura 1: La maravilla de la vida. Un feto
nonato que chupa su dedo pulgar.
De este modo, así como el cuerpo del niño se
somete a las leyes físicas creadas por Dios en la naturaleza, su alma se somete
naturalmente al hecho de que Dios es su Señor y Creador. Sin embargo, sus
padres lo condicionan para seguir sus enseñanzas. La religión que el niño
sigue en esta fase es el producto de la costumbre y de la educación; y Dios no
lo hará responder por esa religión. Cuando un niño madura y se convierte en
adulto, él o ella debe entonces seguir la religión del conocimiento y la razón,
este es el momento en que deja de seguir ciegamente a su entorno y comienza a
utilizar la razón como fundamento.
Como adultos, las personas deben luchar
ahora entre su disposición natural hacia Dios y sus deseos, para poder
encontrar el camino correcto. La llamada del Islam se dirige a esta naturaleza
primordial, la disposición natural, la impresión de Dios en el alma, la fitra
que orienta el alma de cada ser viviente hacia su Creador. Dice en el
Sagrado Corán:
“Por cierto que he creado a los genios y a los
hombres para que Me adoren”. (Corán 51:56)
Según el Islam, ha existido un mensaje
básico que Dios ha revelado a través de todos los Profetas, desde el tiempo de
Adán hasta el último de los Profetas, Muhammad, la paz de Dios sea con todos
ellos. Todos los profetas enviados por Dios vinieron con el mismo mensaje
esencial:
“Por cierto que enviamos a cada nación un
Mensajero [para que les exhortase a] adorar a Allah y a evitar al Seductor. Algunas
de estas naciones fueron guiadas por Allah, y a otras se les decretó el
extravío. Transitad por la Tierra y observad cómo fue el final de quienes
desmintieron [Nuestros signos]”. (Corán 16:36)
Los profetas trajeron la misma respuesta a
la pregunta más importante para la humanidad, una respuesta que encamina el
anhelo del alma por Dios.
¿Qué es la adoración?
‘Islam’ significa ‘sumisión’, y la
adoración en el Islam significa ‘la sumisión y obediencia a la voluntad de Dios’.
Cada ser creado se ‘somete’ al Creador siguiendo las
leyes físicas creadas por Dios:
“A Él pertenece cuanto hay en los cielos y en la
Tierra; todo Le obedece”. (Corán 30:26)
Sin embargo, si no se premiara ni
castigara por la sumisión del ser humano, esto no tendría ninguna importancia.
El premio es para aquéllos que rinden culto a Dios, que se someten a la Ley moral y religiosa de Dios por propia voluntad, sin ser coaccionados. Esta adoración es la
esencia del mensaje de todos los profetas enviados por Dios a la humanidad. Por
ejemplo, este entendimiento de la adoración fue expresado enfáticamente por Jesucristo:
« No todo el que me dice: “Señor,
Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi
Padre que está en los cielos. » (Mateo 7:21)
‘Voluntad’ significa ‘lo que Dios quiere
que los seres humanos hagan’. La Voluntad de Dios se encuentra en las leyes
divinamente reveladas que los profetas enseñaron a sus seguidores. Por
consiguiente, la obediencia a la ley divina es el fundamento de la adoración. Sólo
cuando los seres humanos adoren a Dios sometiéndose a Su ley religiosa y moral,
podrán encontrar la paz y armonía en sus vidas y la esperanza de alcanzar el Paraíso,
tal como el universo funciona en perfecta armonía sometido a las leyes físicas
impuestas por su Señor. Cuando se desecha la esperanza de alcanzar el Paraíso,
se pierde el principal valor y propósito de la vida.
De otro modo, ¿cuál sería la diferencia entre vivir una
vida de rectitud o una vida llena de vicios?, si el destino final de todos
sería el mismo de todas maneras.
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