¿Quién necesita la adoración?
Dios no tiene ninguna necesidad de nuestra
adoración, es la humanidad la que necesita adorar a Dios. Si nadie en la Tierra
le rindiese culto a Dios, esto no restaría de forma alguna nada de Su gloria; y
si toda la humanidad se entregase fervorosamente a rendirle culto, esto no
agregaría nada a Su gloria. Somos nosotros quienes necesitamos de Dios:
“No pretendo de ellos ningún sustento, ni quiero
que Me alimenten. Allah es el Sustentador, y Él posee un poder grandioso.” (Corán
51:57-58)
“Se os pide contribuir por la causa de Allah, pero
entre vosotros hay quienes se muestran avaros. Sabed que la avaricia es en
perjuicio propio y que Allah prescinde de toda Su creación; y por cierto que
sois vosotros quienes necesitáis de Él. Si no creéis, Allah os sustituirá por
otros que no obrarán como vosotros [sino que creerán y obedecerán a Allah].” (Corán
47:38)
¿Cómo adorar a Dios, y por qué?
A Dios se le adora obedeciendo las leyes
que Él reveló a través de los profetas. Por ejemplo, en la Biblia, el Profeta Jesús señaló que la obediencia de las leyes divinas es la llave del Paraíso:
“Si quieres entrar en la vida eterna,
observa los mandatos [Divinos]”. (Mateo 19:17)
También del Profeta Jesús se informa en la Biblia que insistió mucho en la obediencia estricta a los mandatos divinos, diciendo:
“Quien trasgrede uno, aunque sea el
menor de estos mandatos, y enseña a los hombres a trasgredir, será el menor en
el reino del cielo; pero quien los cumple y los enseña, a él se lo llamará
grande en el reino de los cielos”. (Mateo 5:19)
¿Por qué los seres humanos necesitan adorar
a Dios obedeciendo las leyes divinas reveladas? La respuesta es simple: la
obediencia a la ley divina trae paz a esta vida y salvación en la próxima.
Las leyes divinas proporcionan a los seres
humanos un código claro para guiar cada esfera de la vida humana, tanto en lo
individual como en la interacción con los demás y con el medio que nos rodea. Sólo
el Creador puede saber qué es lo mejor para Su creación, Sus leyes protegen el
alma humana, el cuerpo y la sociedad de todo lo que ocasiona daño. Para que
los seres humanos cumplan su propósito en la creación, deben rendir culto a
Dios obedeciendo Sus mandatos.
Los dioses falsos de la modernidad
Dios es Quien da significado y orientación
a la vida. Por otro lado, la vida moderna carece de una simple orientación,
una simple meta, un simple propósito. No tiene ningún principio o pauta común.
Dado que el Islam considera a Dios como
una entidad a la que se sirve con amor, profundo respeto y anhelando una
recompensa, se puede decir que el mundo moderno sirve a muchos dioses. Los “dioses”
de la modernidad parecen a primera vista dar significado y contexto a la vida
del hombre moderno.
Nosotros vivimos en una constante comunicación,
y a través de nuestras palabras y expresiones nos ponemos en contacto con el
mundo. El nacionalismo, el feminismo, el liberalismo, el marxismo y,
dependiendo de cómo estos términos son empleados, pueden listarse también la democracia,
la libertad, e incluso la igualdad, entre estas ideologías indefinibles de estos
tiempos modernos. “Las palabras plásticas”, como las define el lingüista
alemán Uwe Poerksen, se han usado para usurpar el poder y la autoridad de Dios
para formar y definir la meta de la sociedad, o incluso de la humanidad. Estas
palabras tienen la apariencia de poseer cierta vinculación con un “estado de
bienestar”. Palabras indefinibles se convierten en ideales desmesurados. Persiguiendo
estos ideales desmesurados se despiertan necesidades interminables, y una vez que
estas necesidades se manifiestan, ellas parecen justificarse por sí mismas.
Es fácil entrar en el hábito de rendir
culto a los dioses falsos, las personas no tienen ninguna protección contra esa
multitud de dioses que las formas modernas de pensar les demandan servir. Las “palabras
plásticas” dan un gran poder a aquellos “profetas” que hablan en su nombre,
porque hablan en el nombre de verdades “auto-evidentes”, mientras las demás
personas aguardan calladas, alienadas. Estamos obligados a seguir su
autoridad; la autoridad axiomática de estos eruditos que dictan la Ley para
nuestra salud, bienestar y educación.
La ventana de la modernidad a través de la
que percibimos la realidad actual está marcada por varios rayones, manchas,
fisuras y filtros. Todo esto cubre la realidad. Y la realidad es que las
personas no tienen una necesidad verdadera, excepto de Dios. Pero hoy en día, estos
ídolos vacíos se han convertido en los objetos de la devoción de las personas y
se les rinde culto, tal como está escrito en El Corán:
“¿Acaso no reparas [¡Oh, Muhammad!] en aquel que
sigue sus pasiones como si estas fueran una divinidad?...” (Corán 45:23)
Cada una de esas “palabras plásticas” tiene
la propiedad de hacer parecer primitivas y anticuadas a las otras palabras. Los
devotos de los ídolos de la modernidad están orgullosos de rendir culto a estos
dioses; sus amigos y colegas los consideran ilustrados por lo que hacen. Aquéllos
que todavía insisten en aferrarse al “antiguo” Dios, lo disimulan, para no
tener que pasar vergüenza, adorando a los nuevos y “modernos” dioses junto con
Él. Entonces, muchas de las personas que dicen rendir culto al Dios “anticuado”
torcerán Sus enseñanzas tradicionales, para que Él también parezca estar diciéndonos
que debemos escuchar estas “palabras plásticas”.
El culto a los dioses falsos origina y
dispersa la corrupción, no sólo de los individuos y de la sociedad toda, sino
también del mundo natural. Cuando las personas se niegan a servir y adorar a
Dios de la manera en que ÉL lo ha establecido, no pueden cumplir las funciones
para las cuales han sido creadas. El resultado de esto es que nuestro mundo se
vuelve más y más caótico, tal y como nos dice el Corán:
“Se puede ver la devastación en la tierra y en
el mar como consecuencia de las acciones de los hombres. Esto es para
que padezcan [el resultado de] lo que han hecho, y puedan recapacitar.” (Corán
30:41)
La respuesta del Islam a cuál es el significado y
propósito de esta vida, satisface la necesidad humana fundamental: el retorno a
Dios. Sin embargo, todos estamos regresando involuntariamente a
Dios; entonces, la cuestión no es simplemente retornar a Dios, sino de qué
manera lo hacemos: ¿avergonzados y agonizantes esperando un castigo; o con
alegría, humildad y agradecimiento esperando la recompensa de Dios? Si usted
espera esto último, entonces sepa que a través del Corán y las enseñanzas de
Profeta Muhámmad, Dios guía a las
personas a Él de una manera que asegurará su felicidad eterna.
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