La cuarta etapa
Con la conquista de La Meca en el año 8 H.; la guerra terminó en su mayor parte.
Después de esto, el Profeta no volvió a casarse. Esto muestra que él agregaba
esposas a su familia sólo en la época de inestabilidad y guerra, tanto para
protegerlas a ellas y a sus hijos, como para expandir y estabilizar la nación musulmana.
El hecho de que el Profeta Muhammad llevara
una vida virtuosa fue admirado por sus adversarios, y a esto se refiere el
Corán cuando Dios desafía a sus detractores preguntándoles de forma retórica si
pueden hallar algún defecto moral en su vida. Él le dijo al Profeta Muhammad que:
“… (Di), Vosotros bien conocéis mi lealtad y
confiabilidad, puesto que viví muchos años entre vosotros antes de la
revelación”. (Corán 10:16)
Nadie fue capaz de encontrar ninguna
falta en su carácter que pudiera ser utilizada en su contra. Asumiendo, en
contra de toda evidencia, que él era un impostor y el autor personal del Corán,
¿habría presentado su vida virtuosa como prueba de su declaración de ser Profeta
de Dios?
Su humilde forma de vida
Aquellos pocos años en Medina en los
que se llevaron a cabo la mayoría de sus matrimonios, no fueron años de lujo y
comodidad. Por el contrario, su vida fue dura, empañada con la lucha a muerte
contra los incrédulos. Grandes ejércitos estaban a las puertas de Medina listos
para aplastar a los musulmanes, y gran parte de Arabia se había unido en contra
suya. Las batallas debieron ser luchadas en rápida sucesión, sin tiempo para
descansar en los laureles de la victoria o las cenizas de la derrota entre
ellas. Para un líder responsable, no había tiempo para entregarse a las
pasiones, ni siquiera el hombre ordinario que tuviera tal inclinación hallaría
fácil el satisfacer sus pasiones en tales tiempos.
Huérfano desde pequeño, llegó a ser el
gobernante de una Arabia unificada, pero eso no cambió su sencilla forma de
vida. Comía la misma comida humilde y vestía la misma ropa que había llevado
desde su juventud, quizás incluso más simple y humilde que entonces. El
mobiliario de su dormitorio consistía de una estera hecha de hojas de palmera
datilera, que le dejaba marcas en el cuerpo; uno de sus más cercanos compañeros
le dijo al respecto:
“Oh, Mensajero de Dios, los
líderes de los Persas beben en copas de oro y plata, ¿y tú vives así?” (Ahmed)
Él a menudo se iba a la cama en la
noche sin comer, y en su casa pasaban días sin que se encendiera fuego para
cocinar. Cuando esto ocurría, toda la familia debía sobrevivir con dátiles y
agua, a pesar del hecho de que el tesoro público estaba a su disposición. El
Profeta pudo haber vivido con comodidad si lo hubiera deseado, ya que sus
seguidores, algunos de los cuales eran muy ricos, estaban dispuestos a sacrificar
cualquier cosa por él. Sin embargo, debido a la orden de Dios respecto al
comportamiento de los Profetas, él no aceptaría caridad para sí mismo ni para
su familia. Más aún, ya fuera en tiempos de pobreza o de riqueza, él no era un
hombre dedicado a los placeres de esta vida mundana.
Sus noches
El Profeta Muhammad tuvo muchas
esposas, pero no dedicaba la mayor parte de la noche en el disfrute conyugal
con ellas. El Profeta fue ordenado por Dios:
“Levántate en la noche y ora gran parte de
ella, la mitad, o un poco menos”. (Corán 73:2-4)
Sus esposas describieron cómo sus pies
se inflamaban de estar de pie orando. Esta ocupación habitual y constante
claramente no pertenece a la vida de un hombre entregado a los placeres
sensuales.
La vida sencilla de sus esposas
Después de la migración a Medina, el
comercio próspero cambió la condición de los musulmanes. Las conquistas
trajeron comodidades a la vida, y las esposas del Profeta naturalmente desearon
compartir las comodidades legítimas de la vida. Sin embargo, Dios reveló:
“¡Oh, Profeta! Diles a tus mujeres: Si
preferís la vida mundanal y sus placeres transitorios, venid que os dejaré en
libertad [divorciándoos] de buena forma. Pero si preferís a Allah y a Su
Mensajero, y la morada que os aguarda en la otra vida, ciertamente Allah tiene
una magnífica recompensa para quienes de vosotras obren el bien”. (Corán
33:28-29)
A todas las esposas se les ofrecieron
alternativas, pero ni una sola de ellas lo dejó por una vida más cómoda. Si
ellas hubieran sospechado que él era un impostor, o hubieran encontrado al
menos una falla en su carácter, o incluso si hubieran realmente deseado la vida
cómoda que se les ofrecía como alternativa a estar casadas con él, simplemente
pudieron haberlo dejado. En lugar de ello, cada una de ellas eligió el honor de
ser su esposa. De seguro si él hubiera sido un hombre sensual, no les hubiera
negado a sus esposas deseos como éste, ni hubiera estado dispuesto a
divorciarlas a todas si se hubieran inclinado, aunque fuera un poco, hacia los
placeres mundanos que ahora tenían a su disposición.
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