Lo que dicen sobre Muhammad (parte 1 de 3)
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Descripción: Declaraciones de eruditos occidentales que han estudiado el Islam, respecto al Profeta. Parte 1: Introducción.
Por iiie.net (editado por IslamReligion.com)
Publicado 05 Dec 2011 - Última modificación 05 Dec 2011
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Durante los siglos de las Cruzadas, todo
tipo de calumnias fueron inventadas en contra del Profeta Muhammad, que la
misericordia y las bendiciones de Dios sean con él. Con el nacimiento de la era
moderna, sin embargo, marcada por la tolerancia religiosa y la libertad de
pensamiento, ha habido un gran cambio en el enfoque de los autores occidentales
sobre su vida y su carácter. Las opiniones de algunos eruditos no musulmanes
respecto al Profeta Muhammad, que se ofrecen al final, justifican esta aseveración.
Occidente tiene todavía que dar un paso
adelante para descubrir la verdad sobre Muhammad: que era auténtico y el último
Profeta de Dios para toda la humanidad. A pesar de toda su objetividad e ilustración,
no ha habido un intento sincero e imparcial por parte de Occidente de entender
la Profecía de Muhammad. Es tan extraño que se le hayan ofrecido grandes
tributos por su integridad y sus logros, pero su declaración de ser el Profeta
de Dios ha sido rechazada de forma explícita e implícita. Es aquí que se
requiere una investigación detallada y una revisión de las evidencias. Los
siguientes hechos evidentes en la vida de Muhammad han sido proveídos para
facilitar una decisión imparcial, objetiva y lógica con respecto a su Profecía.
Hasta la edad de cuarenta años,
Muhammad no era conocido como estadista, predicador u orador. Jamás se lo vio
discutir los principios de la metafísica, la ética, las leyes, la política, la
economía o la sociología. Sin duda poseía un carácter excelente, modales
encantadores, y era muy culto. Sin embargo, no había nada tan profundamente
sorprendente ni tan radicalmente extraordinario en él que hiciera que los
hombres esperaran algo grande y revolucionario de su parte en el futuro. Pero
cuando volvió de la Cueva de Hira con un nuevo mensaje, estaba transformado por
completo. ¿Es posible que una persona con las cualidades mencionadas se
convirtiera de repente en un “impostor” y proclamara ser el Profeta de Dios y
así ganarse la ira de su pueblo? Uno podría preguntarse, ¿por qué razón sufrió
todas las dificultades que se le impusieron? Su pueblo le ofreció aceptarlo
como su rey y poner todas las riquezas de su tierra a sus pies sólo si
abandonaba la prédica de su religión. Pero él prefirió rechazar sus ofertas
tentadoras y continuar predicando su religión sin ayuda de nadie, enfrentando
todo tipo de insultos, el boicot social e incluso el ataque físico de su propia
gente. ¿No fue acaso sólo el apoyo de Dios y su firme decisión de difundir el
mensaje de Dios y su creencia profundamente arraigada de que al final el Islam
se erigiría como la única forma de vida para la humanidad, lo que lo afirmó
como una montaña frente a toda la oposición y las conspiraciones para
eliminarlo? Además, si él había llegado con una intención de rivalizar con los
cristianos y los judíos, ¿por qué debería haber hecho de la creencia en Jesús,
Moisés y otros Profetas de Dios, que Dios los bendiga a todos ellos, un
requerimiento básico de fe sin el cual no es posible ser musulmán?
¿No es una prueba incontrovertible de
su Profecía que, a pesar de ser analfabeto y haber llevado una vida muy normal
y tranquila durante cuarenta años, cuando comenzó a predicar su mensaje, toda
Arabia admiró y se sorprendió de su maravillosa elocuencia y su oratoria? Era
del todo incomprensible que toda la legión de poetas árabes, predicadores y
oradores del mayor calibre, fracasara en igualarlo. Y sobre todo, ¿cómo podía
él pronunciar entonces verdades de naturaleza científica contenidas en el Corán
que ningún ser humano podría haber desarrollado en aquella época?
Por último, pero no menos importante, ¿por
qué llevó una vida dura, incluso después de lograr poder y autoridad?
Reflexionemos sobre las palabras que pronunció al morir:
“Nosotros, los Profetas, no
heredamos. Cualquier cosa que dejemos al morir, es para caridad”.
De hecho, Muhammad es el último eslabón
en la cadena de Profetas enviados a diferentes lugares y épocas desde el
comienzo de la vida humana en este planeta. Los siguientes son los escritos de
algunos autores respecto a Muhammad.
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Lo que dicen sobre Muhammad (parte 2 de 3)
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Descripción: Declaraciones de eruditos occidentales que han estudiado el Islam, respecto al Profeta. Parte 2: Sus declaraciones.
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Publicado 05 Dec 2011 - Última modificación 05 Dec 2011
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Lamartine, Historie de la Turquie,
París 1854, Vol. II, pp. 276-77:
“Si la grandeza de los propósito, la
escases de los medios y los resultados sorprendentes son los tres criterios del
genio humano, ¿quién podría atreverse a comparar a cualquier gran hombre en la
historia moderna con Muhammad? Los hombres más famosos sólo crearon ejércitos,
leyes o imperios. Ellos fundaron, los que fundaron algo, nada más que poderes
materiales que a menudo se desmoronaron ante sus propios ojos. Este hombre (Muhammad)
movió no sólo ejércitos, legislaciones, imperios, pueblos y dinastías, sino a
millones de hombres en un tercio del mundo habitado entonces. Y más que eso,
movió los altares, los dioses, las religiones, las ideas, las creencias y las
almas… la tolerancia en la victoria, su ambición, que fue dedicada por completo
a una idea y no a luchar de forma alguna por un imperio. Sus oraciones
interminables, sus conversaciones místicas con Dios, su muerte y su triunfo
después de morir; todo esto da fe no de una impostura, sino de una firme
convicción que le dio el poder de restaurar un dogma. Este dogma fue doble: la
unidad de Dios y la inmaterialidad de Dios; el primero habla de lo que es Dios,
el segundo de lo que no es Dios; el primero derroca a los falsos dioses con la
espada, el otro a partir de una idea con palabras.”
“Filósofo, orador, apóstol,
legislador, guerrero, conquistador de ideas, restaurador de dogmas racionales,
de un culto sin imágenes; el fundador de veinte imperios terrestres y un
imperio espiritual, ese es Muhammad. En cuanto a todos los estándares por los que
la grandeza humana puede ser medida, podemos preguntarnos: ¿existe algún hombre
más grande que él?”
Edward Gibbon y Simon Ocklay, Historia
del Imperio Sarraceno, Londres, 1870, p. 54:
“No es la propagación sino la
permanencia de su religión la que merece nuestra admiración, la misma impresión
pura y perfecta que grabó en La Meca y en Medina se conserva, después de
revoluciones de doce siglos por parte de los seguidores indios, africanos y
turcos del Corán… los mahometanos
han resistido de manera uniforme la tentación de reducir el objeto de su fe y
devoción al nivel de los sentidos y la imaginación del hombre. ‘Creo en Un Dios
y Mahoma es el Apóstol de Dios’, es la profesión simple e invariable del Islam.
La imagen intelectual de la Deidad no ha sido degradada nunca por ningún ídolo
visible; los honores del profeta nunca han transgredido la medida de la virtud
humana, y sus preceptos de vida han refrenado la gratitud de sus discípulos
dentro de los límites de la razón y la religión”.
Bosworth Smith, Mahoma y el
Mahometismo, Londres 1874, p. 92:
“Él fue el César y el Papa en uno, pero
fue Papa sin las pretensiones papales y César sin las legiones de César: sin un
ejército permanente, sin guardaespaldas, sin fuerza policial, sin palacio, sin
ingresos fijos. Si alguna vez un hombre tuvo el derecho de decir que gobernó
por derecho divino, ese fue Mahoma, porque tenía todo el poder sin sus
instrumentos y sin sus apoyos”.
Annie Besant, Vida y Enseñanzas de
Muhammad, Madras 1932, p. 4:
“Es imposible para cualquiera que
estudie la vida y el carácter del gran Profeta de Arabia, que sepa cómo él
enseñó y cómo vivió, sentir algo menos que reverencia por ese poderoso profeta,
uno de los grandes mensajeros del Supremo. Y aunque en lo que les manifiesto
encontrarán muchas cosas que tal vez sean familiares a muchos de ustedes,
incluso yo misma siento, cada vez que las releo, una nueva forma de admiración,
un nuevo sentimiento de reverencia por este poderoso maestro árabe”.
W. Montgomery, Mohammad en La Meca,
Oxford 1953, p. 52:
“Su disposición a someterse a las
persecuciones por sus creencias, el elevado carácter moral de los hombres que
creyeron en él y lo vieron como su líder, y la grandeza de su último logro,
todo ello defiende su integridad fundamental. Suponer que Muhammad fue un
impostor plantea más problemas que soluciones. Además, ninguna de las grandes
figuras de la historia es tan poco apreciada en occidente como Muhammad”.
James A. Michener, Islam: La
Religión Incomprendida, en Selecciones de Reader’s Digest (Edición
Estadounidense), Mayo 1955, pp. 68-70:
“Muhammad, el hombre inspirado que
fundó el Islam, nació alrededor del año 570 d.C. en una tribu árabe que adoraba
ídolos. Huérfano de nacimiento, siempre fue particularmente solícito con los
pobres y necesitados, las viudas y los huérfanos, los esclavos y los oprimidos.
A los veinte años ya era un exitoso hombre de negocios y pronto se convirtió en
director de caravanas de camellos para una viuda rica. Cuando cumplió 25, su
empleadora, reconociendo sus méritos, le propuso matrimonio. A pesar de que él
era quince años menor, se casó con ella, y mientras vivía, fue un esposo
devoto.
“Como la mayoría de los grandes
profetas antes que él, Muhammad no se mostró dispuesto a servir como transmisor
de la palabra de Dios, sintiendo su propia insuficiencia. Pero el ángel le
ordenó: ‘Lee’. Por lo que sabemos, Muhammad era incapaz de leer o escribir,
pero él le comenzó a dictar aquellas palabras inspiradas que pronto
revolucionarían a una gran parte de la tierra: ‘Hay un solo Dios’.
“En todas las cosas Muhammad fue
profundamente práctico. Cuando su amado hijo Ibrahim murió, ocurrió un eclipse,
y rápidamente se levantaron rumores de la condolencia personal de Dios.
Respecto a esto, se dice que Muhammad anunció: ‘Un eclipse es un fenómeno
natural. Es absurdo atribuir tales cosas a la muerte o al nacimiento de un ser
humano’.
“A la muerte del propio Muhammad se
hizo un intento de deificarlo, pero el hombre que se convirtió en su sucesor
administrativo acabó la histeria con uno de los discursos más nobles en la
historia religiosa: ‘Si hay entre ustedes quien adoraba a Muhammad, sepa que él
está muerto. Pero si es Dios a quien adora, sepa que Él vive para siempre’”.
Michael H. Hart, Los 100: Ranking de
las Personas Más Influyentes en la Historia, Nueva York: Hart Publishing
Company, Inc. 1978, p. 33:
“Mi elección de que Muhammad lidere la
lista de las personas más influyentes del mundo puede sorprender a algunos
lectores y puede ser cuestionada por otros, pero él fue el único hombre en la
historia que fue extremadamente exitoso tanto a nivel religioso como a nivel
secular”.
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Lo que dicen sobre Muhammad (parte 3 de 3)
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Descripción: Declaraciones de eruditos occidentales que han estudiado el Islam, respecto al Profeta. Parte 3: Declaraciones adicionales.
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Publicado 12 Dec 2011 - Última modificación 12 Dec 2011
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Enciclopedia Británica:
“....una gran cantidad de detalles de
las fuentes más tempranas muestran que fue un hombre honesto y recto, que se
ganó el respeto y la lealtad de otros hombres que también eran honestos y
rectos”. (Vol. 12)
George Bernard Shaw dijo sobre él:
“Debe ser llamado el Salvador de la humanidad.
Creo que si un hombre como él asumiera la dictadura del mundo moderno, tendría
éxito en resolver sus problemas de forma que traería la tan necesaria paz y
felicidad”.
(El Islam Genuino, Singapur,
Vol. 1, No. 8, 1936)
Él fue de lejos el hombre más
extraordinario que jamás haya puesto un pie en esta tierra. Predicó la
religión, fundó un estado, construyó una nación, estableció un código moral,
inició numerosas reformas sociales y políticas, estableció una sociedad
poderosa y dinámica para practicar y representar sus enseñanzas, y revolucionó
por completo los mundos del pensamiento y del comportamiento humanos para todos
los tiempos por venir.
Su nombre es Muhammad. Nació en Arabia
en el año 570 d.C., comenzó su misión de predicar la religión de la Verdad, el
Islam (sumisión a Un Dios) a la edad de 40 y partió de este mundo a la edad de
63. Durante este corto período de tiempo de 23 años de su Profecía, cambió por
completo la Península Arábiga del paganismo y la idolatría a la adoración del
Dios Único; de las disputas y guerras tribales a la solidaridad y la cohesión
nacionales, de la embriaguez y el libertinaje a la sobriedad y la piedad, de la
corrupción y la anarquía a la vida disciplinada, de la ruindad total a los más
altos estándares de excelencia moral. La historia humana jamás ha conocido una
transformación tan completa de un pueblo o lugar antes o después, e imaginemos
todas esas maravillas increíbles en poco más de dos décadas.
El mundo ha tenido su parte de grandes
personalidades. Pero estas eran de un lado figuras que se distinguieron sólo en
uno o dos campos, como el pensamiento religioso o el liderazgo militar. Las
vidas y enseñanzas de estas grandes personalidades del mundo están envueltas en
la bruma del tiempo. Hay mucha especulación sobre la época y el lugar de su
nacimiento, el modo y estilo de sus vidas, la naturaleza y detalles de sus
enseñanzas, y el grado y medida de su éxito o fracaso, al punto que es
imposible para la humanidad reconstruir con precisión las vidas y enseñanzas de
estos hombres.
No ocurre así con este hombre. Muhammad,
que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, logró mucho en
campos muy diversos del pensamiento y el comportamiento humanos en pleno
resplandor de la historia humana. Cada detalle de su vida privada y sus
declaraciones públicas ha sido documentado con precisión, y fielmente
preservado hasta nuestros días. La autenticidad del registro así preservado ha
sido avalado no sólo por los seguidores creyentes sino incluso por sus críticos
prejuiciosos.
Muhammad fue un maestro religioso,
reformador social, guía moral, coloso administrativo, amigo fiel, compañero
maravilloso, esposo devoto, padre amoroso… todo en uno. Ningún otro hombre en
la historia jamás lo ha superado o siquiera igualado en cualquiera de estos
aspectos de la vida: sólo la personalidad desinteresada de Muhammad alcanzó una
perfección tan increíble.
Mahatma Gandhi, hablando respecto al
carácter de Muhammad, dijo en India Joven:
“Quería conocer lo mejor de uno que
tiene hoy un dominio indiscutible en el corazón de millones de personas… Estoy
más que convencido que no fue la espada la que ganó un lugar para el Islam en
aquellos días en el proyecto de la vida. Fue la completa sencillez, la absoluta
humildad del Profeta, el respeto escrupuloso de sus promesas, su devoción
intensa hacia sus amigos y seguidores, su intrepidez, su absoluta confianza en
Dios y en su propia misión. Esto, y no la espada, asumió todo lo que se le
presentó y superó todo obstáculo. Cuando cerré el segundo volumen (de la
biografía del Profeta), me sentí triste de no tener más qué leer sobre su gran
vida”.
Thomas Carlyle, en su Héroes y Heroísmo,
simplemente refiere asombrado:
“¿Cómo un solo hombre pudo fusionar las
tribus en guerra y los beduinos errantes en la nación más poderosa y
civilizada, en menos de dos décadas?”
Diwan Chand Sharma escribió:
“Muhammad era el alma de la bondad, y
su influencia fue sentida y nunca olvidada por quienes lo rodearon”. (D.C.
Sharma, El Profeta de Oriente, Calcuta, 1935, pp. 12)
Muhammad no fue más ni menos que un ser
humano. Pero fue un hombre con una misión noble, la de unir a la humanidad en
la adoración al Uno y Único Dios Verdadero, y enseñarle el camino para vivir en
la honestidad y la rectitud con base en los mandamientos de Dios. Siempre se
describió a sí mismo como “un siervo y mensajero de Dios” y, de hecho, cada uno
de sus actos proclamó que ello era cierto.
Hablando sobre el aspecto de la
igualdad ante Dios en el Islam, la famosa poetisa de India, Sarojini Naidu,
dijo:
“Fue la primera religión que predicó y
practicó la democracia, ya que en la mezquita, al sonar la llamada para la
oración, los fieles se congregan y la democracia del Islam se materializa cinco
veces al día, cuando el campesino y el rey se arrodillan uno al lado del otro y
proclaman: ‘Sólo Dios es Grande’… Me he sorprendido una y otra vez por esta
unidad indivisible del Islam, que hace al hombre instintivamente un hermano”. (S.
Naidu, Ideales del Islam, Discursos y Escritos, Madras, 1918, p. 169)
En palabras del Profesor Hurgronje:
“La liga de naciones fundada por el
profeta del Islam, puso los principios de la unidad internacional y la
hermandad humana en fundamentos tan universales que son una luz para otras
naciones”. Él continúa: “El hecho es que ninguna otra nación en el mundo puede
mostrar un paralelo a lo que el Islam ha hecho hacia la realización de la idea
de Liga de Naciones”.
El mundo no ha dudado en elevar al
rango de divinidad a individuos cuyas vidas y misiones se han perdido en la
leyenda. Históricamente hablando, ninguna de estas leyendas alcanzó siquiera
una fracción de lo que logró Muhammad. Y todo su esfuerzo fue con el único
propósito de unir a la humanidad en la adoración al Dios Único sobre el código
de la excelencia moral. Muhammad ni sus seguidores proclamaron jamás en ninguna
época que él fuera un Hijo de Dios o Dios encarnado o un hombre con divinidad.
Por el contrario, él siempre fue y hoy día sigue siendo considerado como sólo
un Mensajero elegido por Dios.
K. S. Ramakrishna Rao, un Profesor de
Filosofía de India, en su libro “Muhammad, El Profeta del Islam”, lo
llama el “modelo perfecto de vida humana”.
El Profesor Ramakrishna Rao explica su
opinión diciendo:
“Es muy difícil llegar a la verdad
completa sobre la personalidad de Muhammad. Sólo una idea de ella podemos
captar. ¡Qué dramática sucesión de escenas pintorescas! Allí está Muhammad, el
Profeta. Y allí, Muhammad, el Guerrero; Muhammad, el Comerciante; Muhammad, el
Estadista; Muhammad, el Orador; Muhammad, el Reformador; Muhammad, el Refugio
de los Huérfanos; Muhammad, el Protector de los esclavos; Muhammad, el
Emancipador de las mujeres; Muhammad, el Juez; Muhammad, el Santo. Todo en
todos esos papeles magníficos, en todas esas dimensiones de las actividades
humanas, él es como un héroe”.
Hoy, después de un lapso de catorce
siglos, la vida y las enseñanzas de Muhammad han sobrevivido sin la más mínima
pérdida, alteración o interpolación. Ofrecen la misma esperanza imperecedera
para el tratamiento de muchos males de la humanidad, que ofrecían cuando estaba
vivo. Este no es un alegato de los seguidores de Muhammad, sino la conclusión
inevitable impuesta por una historia crítica e imparcial.
Lo menos que puedes hacer como ser
humano pensante y consciente, es detenerte a pensar por un momento y
preguntarte: ¿Estas declaraciones que suenan tan extraordinarias y
revolucionarias, pueden ser verdad? Y suponiendo que realmente fueran ciertas,
y que no conozcas a este hombre Muhammad o no hayas escuchado sobre él, ¿no es
momento de que respondas a su tremendo desafío y pongas algún esfuerzo en
conocerlo?
No te costará nada, pero puede llegar a
ser el comienzo de una era completamente nueva en tu vida.
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