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El Profeta Muhammad, la paz y las
bendiciones de Dios sean con él, y su compañero cercano, Abu Baker, tenían una
diferencia de edad de menos de 3 años. Ambos nacieron en la misma tribu árabe, Quraish,
pero en diferentes clanes. El Profeta Muhammad pasó gran parte de sus primeros
años en relativa pobreza, mientras que Abu Baker venía de una familia bastante
acomodada. Ambos hombres vivían y se comportaban de forma tranquila y digna, y
ambos hombres habían rechazado la idolatría toda su vida. Cuando el Profeta Muhammad
recibió su misión de difundir el mensaje del Islam, el primer hombre que se
convirtió fue su amigo Abu Baker. Sin vacilar un instante, Abu Baker aceptó el Islam
y comenzó un viaje de dedicación y amor que duró el resto de su vida.
Abu Baker amaba a su querido amigo y
estaba listo y en condiciones de aceptar la verdad del Islam fácilmente. Cuando
escuchó el mensaje de que Dios es Uno, estaba preparado para aceptar lo que él
ya sabía que era cierto. Su hija Aisha narró que, en toda su vida, Abu Baker nunca
se postró ante un ídolo. El propio Abu Baker relató que cuando era niño, su
padre lo llevó al lugar de los ídolos y lo dejó allí entre las estatuas. El
joven muchacho miró los objetos inanimados que lo rodeaban y les preguntó cómo
podrían beneficiarlo. Cuando los ídolos fueron incapaces de responderle, Abu
Baker decidió que no adoraría a algo incapaz de ver u oír. Entendía de forma
innata que las estatuas y los ídolos no merecen adoración.
El amor de Abu Baker por el Único Dios
Verdadero y su apoyo a su amigo Muhammad le significaron ser perseguido, y a
menudo golpeado sin piedad, durante los primeros tiempos del Islam. La mayoría
de los mecanos odiaba escuchar el mensaje de Muhammad de reforma y rendición de
cuentas. Ellos eran los guardianes de la idolatría, y una gran cantidad de
ingresos era obtenida de los peregrinos que visitaban a uno o más de los ídolos
que eran adorados dentro y alrededor de La Meca. Si Muhammad tenía éxito en
unir al pueblo en la adoración al Único Dios, y si sus formas de corrupción
eran erradicadas, sus vidas cambiarían irreversiblemente.
La migración
El trato terrible, la tortura y la
brutalidad, dirigidos contra los musulmanes, significaron que el Profeta Muhammad
enviara lejos a muchos de ellos para protegerlos. La segunda de dos migraciones
fue a la cercana ciudad de Yatrib, que luego fue llamada Medina. Aunque a
menudo se le llama un “escape”, en realidad fue una migración cuidadosamente
planificada. Dos tribus de Yatrib habían negociado un tratado con el Profeta Muhammad
y le habían ofrecido su lealtad y protección; pero hasta ese momento el Profeta
Muhammad no había recibido permiso de Dios para abandonar La Meca. Sin embargo,
envió a sus seguidores a Yatrib en grupos lo suficientemente pequeños como para
no llamar la atención de los mecanos.
Un día, al calor del sol del mediodía,
el Profeta Muhammad visitó la casa de su amigo Abu Baker. Las calles de La Meca
estaban desiertas y Abu Baker supo que esa visita, a esa hora del día reservada
para el descanso, era de gran importancia. El Profeta Muhammad le pidió a Abu
Baker que “desocupara su casa”, queriendo decir que él tenía algo importante y
privado que discutir. Abu Baker respondió: “Esta es tu familia”. El Profeta Muhammad
entró en la casa y le reveló a su amigo que Dios le había dado permiso de dejar
La Meca. Aisha narra que su padre lloró cuando escuchó que sería el compañero
de viaje del Profeta Muhammad.
Abu Baker no lloraba de miedo, aunque
el viaje estaría lleno de peligros, sino de alegría. Esta fue una oportunidad
para él de dedicar más de diez días a viajar a solas con su compañero más querido.
Fue una oportunidad de pasar muchos días y noches bebiendo de la fuente de la
Profecía. Abu Baker anunció que tenía camellos preparados y listos para partir,
pues él también había estado esperando que su compañero Muhammad recibiera el
permiso de irse a Medina. Esa noche los dos amigos salieron por la puerta
trasera y se adentraron en el paisaje del desierto negro.
La búsqueda
Cuando los mecanos se dieron cuenta de
que el Profeta Muhammad había escapado de La Meca, eludiendo sus planes para
matarlo, se enfurecieron. Se inició de inmediato una búsqueda que cubrió los
alrededores. A pesar de que sospechaban que el Profeta Muhammad se dirigía a
Yatrib, enviaron exploradores en todas direcciones. Abu Baker y el Profeta Muhammad
pasaron tres días escondidos en una cueva al sur de La Meca.
En un momento dado, un grupo de
búsqueda llegó cerca de la entrada de esa cueva y Abu Baker pudo ver sus
zapatos sobre él. Estaba lleno de miedo y temblaba, no por él, pues era un
hombre valiente, sino por su amado amigo. Abu Baker susurró: “Mensajero de
Dios, ¡si ellos miran hacia sus pies, nos verán!” El Profeta Muhammad respondió:
“Abu Baker, ¿qué piensas de dos personas cuyo tercero es Dios?” Dios reveló
este versículo del Corán en respuesta a ese momento conmovedor:
“Si no lo socorréis [al Mensajero], sabed que
Allah [no necesita de vosotros, pues ya] lo auxilió aquella vez que los
incrédulos lo expulsaron [de La Meca], cuando estando en la caverna con su
compañero [Abu Baker] le dijo: No te entristezcas, pues Allah está con
nosotros. Entonces, Allah hizo descender Su sosiego sobre él [Abu Baker], los
socorrió con un ejército [de Ángeles] invisibles, y dispuso que el propósito de
los incrédulos se desvaneciera y que el Mensaje de Allah sea el que prevalezca.
Ciertamente Allah es Poderoso, Sabio”. (Corán 9:40)
Los mecanos enojados y desesperados
estaban afuera de la cueva, pero no entraron. Una araña había tejido una
delicada red cubriendo la entrada de la cueva, haciendo parecer que nadie había
entrado allí en mucho tiempo. Abu Baker entendió de las palabras de su amigo
amado que el poder de Dios a menudo se manifiesta en los lugares menos
esperados. Una araña pequeña y frágil tejiendo una red de encubrimiento fue más
fuerte que un ejército. Abu Baker, el primer hombre en entrar al Islam se
convirtió en uno de dos. Dos amigos unidos en una misión, determinados por su
amor mutuo y hacia la naciente nación musulmana, fortalecidos por su amor al
Único Dios Verdadero.
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